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jueves, 11 de abril de 2013

Los tormentos en la primera ESMA: "Uno no era ni siquiera una cucaracha, porque una cucaracha tenía libertad"

Declaró en la causa ESMA, Mirta Pérez, secuestrada el 24 de abril de 1976
En la jornada de ayer, Mirta fue aplaudida por su valentía por estudiantes de derecho de Junín.
Su testimonio fue contundente.

Con el testimonio de la mujer se buscó aportar datos sobre unas 25 caídas ocurridas entre el 19 y el 26 de abril de 1976. “Ellos disponían de la vida de uno, que no era ni siquiera una cucaracha, porque una cucaracha tenía libertad”, aseguró Mirta Pérez.

Por Alejandra Dandan
En el juicio se está buscando reconstruir los primeros meses de 1976 en la ESMA.

Audiencia tras audiencia, cada testimonio logra sumar una parte del período tal vez más oscuro de la Escuela de Mecánica de la Armada: los primeros meses de 1976, donde los sobrevivientes casi no existieron. En este momento, el juicio oral intenta reconstruir unas 25 caídas sucedidas entre el 19 y el 26 de abril de 1976, secuestros vinculados con la columna norte de Montoneros y con la base territorial construida en la Unidad Básica de Mitre y Malaguer, de Vicente López, la casa del Nono Jorge Lizaso y la China María Rosa Núñez, punto de confluencia del frente fabril. Muchos de los 25 desaparecieron o fueron asesinados, pero hubo sobrevivientes. Mirta Pérez era enfermera, delegada de Osplad. La secuestraron el 24 de abril a la noche desde adentro del policlínico de los docentes, intervenido por la Marina y ubicado en Lavalle y Azcuénaga. Entraron dos represores a buscarla.

Uno de los hombres era de altura mediana, ni gordo ni flaco, dijo ayer ante el Tribunal Oral Federal 5. Otro era alto, rubio, de ojos claros y con una itaka: “Lo vi en la guardia, parado con la itaka y me pareció que medía tres metros del susto que me pegué. Me llevan al noveno piso, revisan mi placard diciéndome si no tenía panfletos, drogas. Y yo no tenía nada de todo eso. Uno de los dos me saca mi ropa y se la lleva, yo bajo de uniforme y cartera y así sigo el resto del camino desde que me ponen en el piso de un auto, creo que era un Falcon, y así estoy: nunca tuve otra ropa hasta después de dos meses que me dieron la libertad”.

Mirta no había militado en la JP ni en otra agrupación. Algunos de sus compañeros estaban vinculados con la UB del Nono Lizaso y eran cuadros de Montoneros. Los marinos venían haciendo dos tipos de pesquisas en torno del grupo y en simultáneo: una cercó a familiares y a los militantes territoriales y la otra entró

en el área de Osplad, desde donde se produjeron 10 de los 25 secuestros.

Uno de los fiscales le preguntó a Mirta cómo fue el ingreso a la ESMA. “Lo que siento es susto... a lo mejor lo único que siento es que tenía mucho frío”, explicó. “Me daba cuenta que había gente, que estaban ahí y caminaban, no tan cerca de donde yo me encontraba. No sé si los otros estarían sentados o qué obstáculos había ahí”. A ella la sentaron atada con sogas en una silla, vendada. Le pareció estar al aire libre y como era enfermera, enseguida notó la lógica del centro clandestino. “Lo peor me pasaba a mí, la mayor tortura –dijo–, era escuchar a los otros que se quejaban, oía que pedían guías, sueros, como yo entendía de qué se hablaba, me daba cuenta que era como que estaban reanimando a alguna persona, se sentían físicamente mal los que habían torturado, se notaba que estarían deshidratados por el suero y las guías.” Estuvo encapuchada al comienzo, luego con capucha y una venda. “A mí me decían con un papelito en la mano y hasta el cansancio: ‘vos estás en una lista voladora’; ‘entrás y no salís’, ‘no estás’.”

Como en una cuenta pendiente desde hace tiempo, y en ese trabajo de memoria militante, también ella se puso a dar cuenta de los nombres. Sumó nombres, uno tras otro. Pero no de quienes vio o sabe que estuvieron con ella. Sino de lo que a esta altura aparece como uno de los pocos caminos abiertos para la reconstrucción: los nombres de las personas por las que le preguntaron los marinos. Situó a Lizaso, la China, a Jorge.

Mirta no sabía ni de la Unidad Básica, ni del Nono, ni de a la China.
En nombre de
mi propio secuestro

–Usted dijo que fue sometida a torturas– le dijo la fiscal.

–Las torturas eran seguidas, diarias, supongo –dijo Mirta–. Después fueron como más espaciadas. Imposibles de describir, supongo que no necesita detalle. Las partes sensibles, mucosas y sensibilidad. Esto era espantosamente humillante y también las violaciones eran humillantes. Primero estuve en una silla pero después de tres o cuatro días me pusieron en una cama, me esposaron, era limpia y después cuando les quedaba cómodo me violaban. Para describir estas personas, uno era alto, gordo, corpulento. Otro de mediana estatura y el otro como más normal. Y supongo también que era de noche.

Mirta no habló mas. Pidió un poco de agua. Después siguió con claridad.

No le anunciaron la liberación. Fueron a buscarla como siempre, ella imaginó una sesión de tortura. La pusieron en un auto bajito, le dijeron que la iban a llevar a otro lado. “Me largan cerca del Jardín Botánico, en Santa Fe y Malabia. Me dicen que me baje, que si me daba vuelta iba a ser boleta. Era tal el terror que tenía, creí que no lo iba a poder contar porque aparte de las violaciones, las torturas psicológicas frecuentes, ellos eran los poderosos, ellos disponían de la vida de uno, que no era ni siquiera una cucaracha, porque una cucaracha tenía libertad. Cada minuto era un siglo, uno estaba tan denigrado. Primero encapuchado y segundo desnudo, es muy humillante, por decir algo.”

En Palermo era de noche. Ella estaba de nuevo vestida de enfermera con su cartera. Subió a un colectivo, se tiró en un asiento y cuando se miró en al espejo no se reconoció. En el espejo vio un reloj: una de la mañana. “Bueno, me matan acá”, pensó y volvió a pensarlo en Constitución cuando tomó el Cañuelas a Ezeiza. Y cuando se bajó en Ezeiza para caminar hasta la casa de sus padres y cada vez que salía en colectivo y los colectivos eran parados por operativos. Como dijo Mirta, ella salía del centro clandestino cuando todo estaba empezando.

lunes, 8 de abril de 2013

El represor que ganaba premios con fotografías de sus víctimas

La negra historia de Orlando "Hormiga" González
Una rara avis en la ESMA: presumía de ser un artista sensible. Y las revistas especializadas lo describían como una promesa en el arte del retrato. En realidad, se trataba de un torturador de fuste. Los detalles de una trama increíble.

Por: Ricardo Ragendorfer
 
Orlando González era un laborioso cultor de la fotografía artística. En 1979, esa actividad lo condujo a los umbrales de la consagración, al obtener el Gran Premio de Honor Cóndor de la Federación Argentina de Fotografía (FAF), el más prestigioso del país. Sus obras galardonadas fueron Una luna, una tarde y un viejo amor y La Parca. Ambas aparecerían publicadas en el número 138 de la revista Fotomundo (ver recuadro), junto con un elogioso comentario acerca de la segunda foto, que muestra, en clave difusa, una silueta femenina con una capa, detrás de una calavera. Lo cierto es que el peso misterioso de esa imagen aún hoy perdura, aunque no precisamente por razones estéticas.
A los 32 años, González solía alternar ocasionales changas fotográficas con el ejercicio artístico del asunto.

En cuanto a las changas, hay por lo menos una que merece ser mencionada: en junio de 1979 –cuando esa edición de Fotomundo estaba en los kioscos–, a él se lo vio en la Plaza 18 de Julio, de Montevideo, retratando a una mujer de mediana edad con la estatua de Artigas como fondo, en lo que parecía ser una producción periodística.
En cuanto al ejercicio artístico del asunto, poco después, en septiembre de ese año, se lo vio retratando a otra mujer en alguna isla del Tigre. Al igual que en su consagrada foto La Parca, ella posaba con una capa.
Ahora se sabe la identidad de sus modelos.
La primera: Thelma Jara de Cabezas, quien desde abril permanecía cautiva en la ESMA. Las fotos que González le sacó en la capital uruguaya –a donde la llevaron en un avión de línea– fueron publicadas el 22 de agosto en el diario News World, del reverendo Sun Myung Moon. Ahí ella fue presentada como la "madre de un guerrillero muerto" que se escondía de los montoneros. Otra nota de idéntico talante salió el 10 de septiembre en la revista Para Ti.
La segunda: Lucía Deón, quien desde diciembre de 1978 permanecía cautiva en la ESMA, tras una breve escala por el centro clandestino Olimpo. González la fotografió en la isla El Silencio, una propiedad de la Iglesia Católica sobre el río Chañá Mini, en donde los marinos escondieron a sus prisioneros ante la visita al país de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)..  

Ambas mujeres sobrevivieron a las mazmorras de la última dictadura.
González, en realidad, era agente de inteligencia de la Armada e integraba el Grupo de Tareas (GT) 3.3.2 de la ESMA. Su nombre de guerra: "Hormiga".
Ahora, a los 68 años, es uno de los 68 represores de la Armada juzgados por delitos de lesa humanidad cometidos allí contra 789 víctimas.
La cuestión de su faceta artística estalló en medio del debate, luego de que un testigo, el sobreviviente Carlos Lordkipanidse, se refiriera a esa vieja nota de Fotomundo –exhibida por el propio "Hormiga" entre los secuestrados– y a los retratos que él le hizo a Lucía Deón en El Silencio. ¿Acaso es posible que González consumara sus obras con personas cautivas? La pregunta ahora flota bajo el techo del tribunal.

EL AUTODIDACTA. Atildado y medido. Así se mostraba "Hormiga" ante la superioridad. El capitán de fragata Guido Paolini, uno de los calificadores de su legajo, tenía de él un excelente concepto y estampó con su puño y letra el siguiente comentario: "Tiene excelentes conocimientos de fotografía, tanto para la toma como para el proceso de revelado y copia."
Quizás otro capitán de fragata, Luis D'Imperio –el sucesor de Jorge "Tigre" Acosta en la jefatura del GT 3.3.2–, no considerara debidamente tal cualidad, puesto que, con un ejemplar de Fotomundo ante los ojos, bramó: "¡Usted es un pelotudo!" No le había causado demasiado beneplácito que el artículo en cuestión incluyera el nombre verdadero y otros datos personales de alguien que pertenecía a una unidad clandestina de combate antisubversivo. "¡Usted es un pelotudo!", repitió, sin dar crédito a sus ojos.

Frente a él, González permanecía firme y en silencio.
El tipo, oriundo de la ciudad chubutense de Esquel, había ingresado en la fuerza a los 17 años; ahora, tres lustros después, tenía grado de suboficial mayor, tras desempeñarse en el área de contrainfiltración y, después, como secretario privado de algún jerarca del Servicio de Inteligencia Naval (SIN).  
En la ESMA, a donde llegó como auxiliar de inteligencia en 1977, estaba a sus anchas. Tenía un escritorio en un rincón del llamado Salón Dorado, nada menos que el centro de operaciones de ese inframundo. Allí, él se encargaba de las comunicaciones, también ordenaba papeles y hasta tenía a su cargo el envío a reparaciones de picanas con problemas técnicos. Tampoco era inusual su presencia en interrogatorios; allí –según las víctimas– solía administrar dosis eléctricas con una actitud casi deportiva. A la vez cultivaba un trato amable con los prisioneros sometidos a trabajo esclavo; en especial, con las mujeres, a las que insistía en impresionar.
En todo momento hacía gala de sus pretensiones intelectuales. En ello habría una razón de peso: dado su rango subalterno en una estructura elitista como la de la Armada, él se sentía subestimado por sus camaradas de armas. Creía que "estaba para más", y se lo quería demostrar a sus superiores.

"¡Usted es un pelotudo!", le repitió D'Imperio por última vez.
Esas cuatro palabras, a través del boca a boca, circularían por los pasillos de la ESMA como un reguero de pólvora.
¿Cómo era la existencia de "Hormiga" fuera de ese lugar? González vivía con su mujer en una casa situada en la calle Tomás Le Bretón, de Villa Urquiza. Los vecinos tenían de él un vidrioso concepto, alimentado por sus idas y llegadas al hogar en vehículos con antenitas y sin identificación. No ocultaba, en cambio, su pasión por la fotografía. Tanto es así que fue muy común verlo en el barrio con su cámara Asahi Pentax K 1000 colgada del cuello. No menos común fue su presencia en el Foto Club Marina, en donde acostumbraba a participar en exposiciones y concursos. Claro que el codiciado premio de la FAF haría de él una celebridad en el pequeño mundillo de la fotografía. No obstante, su estilo no era muy estimado por sus colegas, ya que muchos de ellos consideraban a González un vulgar imitador del famoso fotógrafo ruso Leonid Tugalev. Ello no impidió que su obra maestra, La Parca, se alzara en 1979 con la máxima cucarda del certamen fotográfico más importante del país. Cabe destacar que, en esa ocasión, su gran derrotado fue el mundialmente Pedro Luis Raota. Los detractores de "Hormiga" aseguran que la decisión del jurado estuvo teñida de extrañas presiones. Ello no fue un obstáculo para que la revista Fotomundo le diera su espaldarazo editorial. Al parecer, la hija del director Lorenzo Mangialardi, una joven retratista cuyo nombre era Silvia, le tenía una gran simpatía. ¿Sabía ella su pertenencia el GT de la ESMA? No es improbable; ella era ingeniera naval y poseía un cargo directivo en una revista de Defensa, muy frecuentada por militares y marinos, tanto retirados como en actividad. Además, tenía un cargo ejecutivo en el directorio del astillero Pedro Domecq, muy relacionado con la Armada. Allí, por cierto, trabajaría González unos años después.  

CAMARA OCULTA. Lucía Deón, quien en la actualidad vive en una pequeña localidad de Córdoba, atendió la llamada de Tiempo Argentino sin manifestar mucha sorpresa. Y, casi a boca de jarro, reconoció haber sido retratada en El Silencio por "Hormiga".
–Él presumía de ser fotógrafo, y me hizo posar entre unos arbustos y con una mantilla. "Hormiga" decía que debía representar la muerte.
–¿Acaso dijo "la parca"?
–Creo que sí. Es que pasó mucho tiempo…
–¿Fue voluntaria o forzada su participación en esas fotos?
–Y… ¿a usted que le parece?

La mujer, sin esperar la respuesta, pasó a un comentario:

–Con una de esas fotos hasta ganó un premio muy importante.

Al parecer, las fotos que González le hizo en El Silencio habrían sido casi idénticas a las del premio de la FAF. De hecho, ya se sabe que estas últimas fueron reproducidas por Fotomundo en junio; es decir, tres meses antes. Ella, tras observar una copia enviada por el autor de esta nota, no se reconoció. En consecuencia, persiste el enigma sobre quién fue retratada en la foto galardonada por la FAF. Es muy probable –aseguran sobrevivientes y abogados querellantes– que esa también haya sido una víctima en situación de cautiverio.
En tanto, la vida de "Hormiga" se recicló en la democracia sin contratiempos. Recién se retiró de la Armada en 1992, tras prestar servicios en la agregaduría naval de la embajada argentina en Chile. En el medio, hizo cursos de Derecho en la Universidad de Buenos Aires, fue alumno del prestigioso jurista Roberto Bergalli y obtuvo un título en Criminalística con inmejorables notas. A la vez, trabajó en Tecnipol y Saprán, dos empresas de Alfredo Yabrán, fue gerente de un aserradero en Esquel, y escribió un libro sobre peritajes para seguros, por cuenta de Ediciones Larocca.
El 4 de marzo de 2009 fue detenido en la localidad chubutense de Corcovado por orden del juez Federal Sergio Torres. Desde entonces, su lugar de residencia es el penal de Marcos Paz.
Ahora deberá pagar sus crímenes. Y también sus fotografías.

* Informe: Laura Lifschitz

Trabajar en la sombra, con luz difusa

Por momentos, el artículo de la revista Fotomundo sobre las virtudes artísticas del represor Orlando González no tienen desperdicio. Tanto es así que este –según aclara la revista– considera su fotografía La Parca una obra "casual". Porque la idea original "fue simbolizar la protección de una mujer hacia un niño. Pero la imagen que logró fue algo dantesca, con esos árboles detrás de ella. Por otro lado, le rondaba la idea de un castillo medieval, con una calavera delante del mismo. De la conjunción de ambas ideas surgió La Parca, una fotografía distinta que González compuso utilizando la mujer y la calavera del castillo".

Ya de por sí, que alguien se proponga representar una imagen maternal y que termine delineando un estereotipo mortuorio es ya de por sí una curiosidad psiquiátrica. Claro que la revista Fotomundo explica semejante metamorfosis de otra manera: "Una obra de arte implica planificación y trabajo. Es decir que entre la idea del autor y la obra realizada media un extenso camino de errores y aciertos que van construyendo lo que será esa foto final, que va configurando la expresión más cercana de lo que queremos decir y también de lo que somos."
Más adelante se ampliaría tal concepto: "Este trabajo de planificación, búsqueda, concepción, bocetos, descartes de imágenes, conjunción y encuentro de la expresión buscada, en una fotografía distinta de la inicial, es la "casualidad" de la que habla González. Es lo que otros llaman inspiración, aunque ambos conceptos no aclaren el camino real de la obra de arte, como vimos cuando el autor de La Parca nos describió los pasos que había seguido para darle forma y donde su propio trabajo traspuso los límites de la casualidad. Quizás porque el arte no es sólo un problema de buenas intenciones sino del talento con el que se trabaja."
La revista Fotomundo presenta al represor de la ESMA como un "autodidacta que se vale de toda la información que rescata de las publicaciones especializadas en fotografía. Luego describe las características técnicas del equipo utilizado por el hombre al cual en las catacumbas de la Armada llamaban "Hormiga". Y, finalmente, aclara: "Las drogas en su gran mayoría son preparadas por él mismo y algo de suma importancia y que merece ser tenido muy en cuenta es que González se vale siempre de la luz natural".

Al respecto, el propio "Hormiga" explicaría tal asunto con palabras que son en sí mismas una declaración de principios: "Nunca, en ninguna oportunidad he recurrido a la luz artificial. Me gusta la luz natural y muy especialmente trabajo en la sombra, con luz difusa. Aun allí, donde la luz envuelve al sujeto, es posible encontrar sombras y controlar los diferentes contrastes que posee el original". ¿Qué hubiese dicho el gran Lacan al respecto?

lunes, 18 de marzo de 2013

El testimonio de Liliana Chiernajowsky en el juicio por los crímenes en la ESMA

La insoportable imagen de los vuelos

Ante los jueces, Chiernajowsky reconstruyó los últimos días de su hermano Miguel en la ESMA, luego víctima de los vuelos de la muerte. Pidió “ahondar en las responsabilidades” de quienes condujeron el plan de exterminio y “quienes condujeron los aviones”.

 Por Alejandra Dandan

Hay una cosa entre todas que Liliana Chiernajowsky intentó decirle al Tribunal. “No quería conocer los detalles de la desaparición de mi hermano Miguel, me resultaba insoportable la imagen que mejor representaba el exterminio y que mi madre repetía como una letanía: ‘a tu hermano lo tiraron vivo al mar’. Me llevó años querer saber aquello a lo que yo no me quería aproximar y que había tomado el alma de mi madre, hasta hacerla enloquecer”, les dijo a los jueces. “Pero desde hace años el tema vuelos me importa sobremanera. Valoro estos juicios, que son ejemplares y reparatorios para cada uno de nosotros, para la sociedad y la humanidad. Y por eso ya ganaron un lugar trascendente en la historia”, dijo. “Pero es preciso ahondar en las responsabilidades de quienes tuvieron la conducción del plan de exterminio y quienes condujeron los aviones, hasta quienes estudiaron las coordenadas previstas para arrojar su luctuosa carga al mar.”

Liliana declaró en la causa unificada por los crímenes cometidos durante la dictadura en la Escuela de Mecánica de la Armada, donde uno de los casos abarcados es el de su hermano. “Es preciso que este tribunal ordene que se profundice y acelere la investigación: como querellante representada por Pablo Llonto solicité en el juzgado de instrucción a cargo de Sergio Torres que se impute a los máximos responsables de la Aviación Naval y la Aviación de Prefectura y que se cite a declarar a todos los conscriptos que hicieron su servicio militar en esas reparticiones.”

“Mi nombre es Mirta Liliana Chiernajowsky, hermana de Miguel Ricardo”, dijo al empezar. “Soy licenciada en Ciencias de la Comunicación. Fui detenida política durante siete años, seis de los cuales estuve a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. Cuando recuperé la libertad en 1981, todavía no había finalizado la dictadura militar pero la enorme tragedia en la vida social y personal que significó el genocidio de mi generación ya casi había sido perpetrada. Aunque todavía faltaban los crímenes de Malvinas, que afectaron a otra generación.”

Ella todavía sigue reconstruyendo la estadía de su hermano en la ESMA. Lo hace entre los integrantes del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), en entrevistas con sobrevivientes o en las audiencias del juicio que terminó hace poco más de un año. Miguel viajó de Comodoro Rivadavia a Buenos Aires cuando terminó el secundario y se integró a Montoneros antes del golpe. El día del secuestro también cayó uno de sus compañeros, Rolando Jeckel. Liliana recogió en estos últimos años tres testimonios que los ubican juntos dentro del centro clandestino de la Armada; por esos testimonios ella supo además que pudieron haber caído en el mismo operativo.

A Miguel lo vieron Miguel Lauletta, Daniel Lastra y Marta Alvarez, “a quienes agradezco su testimonio”, dijo ella. Llegó a Lauletta cuando Maco Somigliana del EAAF le dijo que él había visto en el baño de la ESMA a un chico delgado, rubio y con una tonada indefinible, ni porteña ni del norte, que podría ser su hermano. Liliana le mostró fotos a Lauletta. Lauletta lo reconoció y declaró en el juzgado de Torres el 25 de septiembre de 2009. En ese momento, supo además que ese día, en el baño, había otro prisionero con el que podría hablar, pero no supo que ese prisionero, Daniel Lastra, no había vuelto a decir nada de su estadía en la ESMA durante más de treinta años. Durante su declaración, también le hizo un homenaje.

“Lastra fue el segundo sobreviviente que me ayudó a reconstruir la estadía de Miguel en la ESMA”, dijo. “Cuando lo llamé por teléfono me dijo que no había hablado prácticamente con nadie sobre su permanencia en la ESMA durante más de 30 años. Me comentó que siempre había pensado que lo iban a llamar a declarar por uno de los compañeros que cayó con él y murió en la tortura –se refería a Martín, sobrenombre de Carlos Chipolini–. La conversación se prolongó por más de una hora, estaba muy conmovido. Al finalizar le pedí si podía pasar por el juzgado para dejar un testimonio adelantado. Me dijo que lo pensaría, que era algo que debía consultar con su familia. Me llamó a la semana y confirmó que lo haría porque recordaba muy bien a ese chico y no testimoniar sería como desaparecerlo dos veces.” Daniel Lastra declaró en el juzgado de Torres el 27 de noviembre de 2009, también habló sobre otros desaparecidos, como Chipolini y Ricardo Pedro Sáenz, reconocido como “El Topo”. “A los pocos meses supe que había fallecido repentinamente de un paro cardíaco. Quiero dejar constancia pública de mi consideración y agradecimiento a él y a su familia. También a todos los sobrevivientes, sin cuyo testimonio estos juicios no hubiesen sido posibles.”

Lastra vio a Miguel dos veces. Una, en el baño cuando un “verde”, uno de los guardias apodado Manzanita, llevó a un grupo de prisioneros. Vio en el espejo a un chico acuclillado en el inodoro. Le preguntó cómo había llegado a la ESMA y Miguel le dijo que había caído con Rolando Jeckel. “Esa fue la única vez que conversó con él y lo vio sin capucha; en otra ocasión lo vio por la mirilla cuando lo llevaban al baño. Lastra calculó que uno o dos miércoles después lo trasladaron, sería a fines de marzo o principios de abril. Estuvo muy poco tiempo en la ESMA.”

Liliana entendió que Marta Alvarez también podría haber visto a su hermano cuando la escuchó declarar en el juicio oral que terminó hace más de un año. Marta le confirmó que lo había visto con Rolando Jeckel en la avenida de la Felicidad; lo describió como un chico joven, flaco, alto. “Esto es lo que sé sobre los últimos días de mi hermano, pero no quiero terminar esta declaración sin referirme a la forma en que sabemos que asesinaron a Miguel y a tantos miles: quiero referirme brevemente a los llamados Vuelos de la Muerte”, explicó.

Los vuelos

Cuando escuchó el testimonio de Alicia Milia de Pirles, Liliana se quedó “estupefacta”, dijo. “Ella contó que hablaba a menudo con Alfredo Astiz y un día se animó a preguntarle por los centros de recuperación vinculados a los traslados. Fue entonces que el imputado le dio una explicación acabada de la solución final: ‘el mar nos ayuda, porque el río los había devuelto, pero en cambio el mar es duro, cuando los cuerpos caen se desnucan. Luego las orcas hacen lo suyo’. La testigo contó que ella preguntó por las orcas y el marino se puso a darle una clase. Esa fue para mí una de las más reveladoras referencias a lo siniestro, aquello a lo que yo no me quería aproximar y que había tomado el alma de mi madre, hasta hacerla enloquecer.”

En ese momento, Liliana, frente al Tribunal, habló de los vuelos, de lo que le costó empezar a pensarlos y de lo que todavía queda pendiente en la investigación. Pero también de lo que significa en términos personales y colectivos la idea de una justicia. “Señor presidente”, le dijo al juez Daniel Obligado. “Voy a decir algo políticamente incorrecto. Cuando salí de la cárcel, a los 29 años, no busqué justicia, no creía en la Justicia. Y no por haber estado siete años presa por una causa menor, de los cuales seis fueron a disposición del PEN, es decir de la suprema voluntad de los militares que también habían asesinado a mi hermano. No fue por eso que no creía en la Justicia, sino porque pertenezco a una generación que vivió en un país sin justicia, sin respeto al Estado de derecho, con golpes de Estado permanentes y la proscripción de la mayoría política y electoral, condiciones hoy inimaginables para nosotros. Como todos los jóvenes de mi generación no tuve la oportunidad de formarme en una cultura democrática. Creímos en la violencia revolucionaria en un país y un contexto donde la violencia y la violación de la ley eran el aire que respirábamos.”

A las nueve de la noche del 18 de marzo de 1977 la compañera de Miguel, María Luz Vega, cayó en una emboscada del grupo de tareas. Liliana contó algunos detalles durante la audiencia, a partir de una reconstrucción que pudo hacer en diálogo con algunos de los vecinos, datos claves hoy para la causa porque hay poca información. “Los impactos de bala aún pueden encontrarse en un mármol negro a la altura de Santo Tomé al 2983”, dijo. “La mayoría la vio tirada en el piso después de ser atravesada por fuego cruzado y observó cuando la colocaron en el baúl de un Ford Falcon. María Luz Vega tenía 18 años, está desaparecida, su cadáver nunca apareció.”

viernes, 15 de marzo de 2013

Las fotos probatorias de la isla ignorada

Vista posterior de la casa de la Isla El Silencio, en el Tigre en la actualidad. Lugar donde fueron llevados los desaparecidos mantenidos en cautiverio para ser escondidos ante la visita de la CIDH en 1979.
Fue, entre otras, presentada por la querella "Walsh-Lordkipanidse" ante el Tribunal que juzga los delitos cometidos en la causa ESMA III.
Se solicitó inspeccion ocular y preservación del predio para que no sea modificado.

Elementos probatorios aportados por Carlos Lordkipanidse

Vista de la "casa chica" de la Isla El Silencio donde estuvieron los desaparecidos en situacion de "capucha".
Esta foto tambien fue presentada como prueba.
Resulta increíble la falta de voluntad del Estado que fuerza a las víctimas a buscar por sus propios medios la pruebas necesarias para condenar a los genocidas.
En este lugar infecto fueron mantenidas una importante cantidad de compañeros/as durante mas de un mes en condiciones infrahumanas.

jueves, 14 de marzo de 2013

Segunda parte declaración Carlos Lordinpanidse e inicio de Patricia Walsh

“Fue su testamento político”
La hija de Rodolfo Walsh habló de la Carta Abierta de su padre a la Junta Militar. También se refirió al campo de deportes de la ESMA, donde cree que pudo ser cremado el escritor y periodista. Mostró que allí se hacen campeonatos de fútbol llamados Copa Cablevisión.

 Por Alejandra Dandan
Patricia Walsh mostró con fotos que en el campo de deportes de la ESMA se realizan torneos de fútbol.

Hacía una hora que había comenzado el testimonio de Patricia Walsh. La fiscalía le había preguntado por las fuentes con las que su padre escribió la Carta Abierta a la Junta Militar. “No entiendo por qué se ríen en la sala”, dijo de pronto mirando a los integrantes del tribunal Oral Federal 5. “Lo digo por un grupo de abogados defensores”, explicó. El presidente del tribunal intentó componer las cosas, indicó que probablemente no era por ella, pero les recomendó a los defensores compostura. Casi en ese momento, las comunicaciones que entraban vía Twitter a la sala acercaban el dato del papado de Jorge Bergoglio. Entre el eco de las risas, podían oírse comentarios sobre las veces en que el ahora papa fue convocado por los testigos en este juicio a dar explicaciones por dos sacerdotes de su congregación detenidos en la ESMA.

Patricia Walsh declaró después de Carlos Lordkipanidse. Ninguno contó todo lo que ya contó en otros juicios porque esos testimonios se dan por sabidos. En ese contexto, lo que aparece son otros huecos de memoria, nombres que disparan imágenes hasta ahora no revisadas y acusados recreados en nuevas escenas porque ahora sí son “acusados” en un juicio. Esto mismo dijo Lordkipanidse ante preguntas en ocasiones molestas y chicaneras de la defensa oficial; y despiadadas de los abogados privados: “¿Le quedaron marcas a su hijo después de la tortura?”, preguntó el defensor Guillermo Jesús Fanego, voz cantante de los marinos.

Los fiscales le preguntaron a Patricia Walsh sobre las fuentes en que su padre se basó para escribir la carta a la Junta Militar. “La Carta Abierta en mi opinión es el texto más brillante y lúcido de mi padre Rodolfo Jorge Walsh”, dijo. “Estuvo trabajando los tres últimos meses de su vida, lo supe porque él mismo me lo contó. Mi padre, que había hecho la investigación de los fusilamientos clandestinos en José León Suárez en los años ’50, llamó a esa investigación Operación Masacre y cuando ocurrió lo que fue pasando en 1976, nos decía y me decía a mí que lo que estaba ocurriendo era una gran masacre. Cuando escribe sabía que era posible que le costara la vida, pero si lo hacía lo que no iban a poder quitarle era dar testimonio de ese momento.” Da las primeras cifras de muertos, de presos, desaparecidos, dijo. “Y si bien esas cifras se incrementaron luego, lo cierto es que en marzo del ’77 sentía la obligación moral de escribir esa carta y siempre entendí que era su testamento político.”

Un eje del testimonio fue el campo de deportes de la ESMA, todavía ocupado por la Marina. Patricia llevó fotos para mostrar que se juegan campeonatos de fútbol llamados Copa Cablevisión. En ese lugar cree que pudo haber sido cremado su padre y otros desaparecidos. En ese sentido, recordó que su hija María Eva Fuentes le habló del rol de un ex teniente de la ESMA al que los marinos pedían combustible cuando moría un secuestrado en un momento de la semana en el que no estaban previstos los vuelos de la muerte. “Si había alguna víctima que llegaba herida y moría en la ESMA –dijo– hacían lo que ellos llamaban como ‘el asadito’: solicitaban al teniente Vaca (el civil Gonzalo Torres de Tolosa), encargado de los automotores, combustible, cubiertas en desuso, para llevarlas a ese lugar llamado Campo de Deportes de la ESMA y se deshacían de los cuerpos porque no tenían, digamos, una tecnología alternativa.”

Con las fotos en la pantalla dijo dos cosas. Mostró una cruz al costado del predio. Explicó que la cruz antes estaba en la ESMA y alguien la trasladó en el contexto de la expropiación. Se preguntó quién y qué significa el lugar donde está ahora. Y pidió al tribunal lo que viene pidiendo hace tiempo: una medida de no innovar en un lugar “que ni siquiera está señalizado”. La fiscalía acompañó el pedido.

miércoles, 13 de marzo de 2013

La historia sin fin de la ESMA

La Armada mantiene el campo de deportes. Denuncias por restos humanos.

Sobrevivientes de la ESMA le pidieron a la Justicia que dispusiera medidas para “preservar y dar con nuevas pruebas que permitan identificar los restos humanos” que pudieran aún ser encontrados en el campo de deportes del ex centro clandestino.

 Por Adriana Meyer

Aunque el predio de la ex Escuela de Mecánica (ESMA) fue recuperado y convertido en el Espacio para la Memoria, el campo de deportes quedó en manos de la Armada. Allí se habrían quemado cuerpos de detenidos durante la dictadura, según confesaron varios represores y declararon algunos sobrevivientes de ese centro clandestino. Por ese motivo, la hija de uno de ellos solicitó a la Justicia que dispusiera medidas para “preservar y dar con nuevas pruebas que permitan identificar los restos humanos” que pudieran aún ser encontrados. Además, denunció que no se está cumpliendo la medida de no innovar dictada por el juez federal Sergio Torres en la causa ESMA, porque en esos terrenos fueron construidas “dos nuevas canchas de rugby”. Laura Villaflor sospecha que su padre pudo haber sido víctima de lo que los marinos denominaban “el asadito”, al referirse a la incineración de cuerpos que no podían, por diversas circunstancias, hacer desaparecer en los “vuelos de la muerte”.

Cuando en septiembre de 2007 la ESMA quedó vacía de marinos y sus pertenencias, los gobiernos nacional y porteño crearon un ente interjurisdiccional denominado “Espacio para la Memoria y para la promoción y defensa de los derechos humanos”. Todo el predio fue restituido a la ciudad de Buenos Aires, a excepción del campo de deportes, situado entre la Avenida Lugones y el Río de la Plata, que sigue en manos de la Armada.

No hay un puente, es un camino que sale de la parte de atrás del ex Casino de Oficiales, pasa por el costado de la Escuela Raggio, sigue por debajo de la General Paz y lleva directo al campo. En una recorrida realizada el sábado, los sobrevivientes y este diario comprobaron que en el Campo de Deportes cabo primero Ernesto del Monte se juegan los partidos de La Corpo, torneo de fútbol interempresarial, donde sus miembros se “distienden” y reemplazan “las responsabilidades de la vida cotidiana por un pantalón corto, pasto verde y una pelota”, según dicen en su sitio web. También practica ese deporte el equipo masculino de la Universidad Católica Argentina, y el Colegio Manuel Belgrano disputa su torneo de papi fútbol. Las flamantes canchas de rugby son utilizadas por la Universidad del Salvador y por Fiuba Rugby. Para que el disfrute sea completo hay un resto-bar y un estacionamiento, pero en el ingreso hay que anunciarse con el guardia de la garita. Los marinos construyeron una pequeña costanera que bordea el río, y desde allí también puede verse una lengua de tierra ganada al agua y unos matorrales con desperdicios que serían de la ESMA.

Con esta información, Villaflor se dirigió al juzgado de Torres para decirle que “no se está cumpliendo la medida cautelar” emitida oportunamente. “Se están poniendo en juego valiosas pruebas con relación al asesinato de mi padre y de los crímenes de lesa humanidad que se cometieron en todo el perímetro de la ESMA y sus adyacencias”, expresó. Raimundo Villaflor habría muerto en la ESMA por los golpes recibidos luego de una sesión de tortura. En el escrito que presentó, con los abogados Myriam Bregman y Luis Bonomi, pidió que sea citado a prestar declaración el cabo segundo Jorge Carlos Torres, quien había declarado ante la Conadep sobre la quema de cadáveres y sobre el hallazgo de una bolsa con un feto en el Campo de Deportes de la ESMA. Torres mencionó a otros dos marinos de apellidos Rolando y Amarillo.

Otro testimonio citado es el del ex capitán de corbeta Adolfo Scilingo, quien en su libro Por siempre nunca más denominó a la cremación de cuerpos como “asado”. Esto fue recogido por la Audiencia Nacional de España, que en 1997 determinó que “en el tiempo en que Scilingo estuvo destinado en la ESMA se produjeron siete u ocho cremaciones de cuerpos (“asados”) (...) Que esa cuestión era comentada en el salón de oficiales y durante una comida a la que Scilingo asistió se comentó la duda de si alguno de los incinerados pudiera estar vivo por el movimiento del cuerpo, a lo que uno de los médicos explicó que eso era debido al calor, que hacía contraer los cuerpos dando la sensación de movimientos espasmódicos”. Más allá del método de hacer desaparecer los cuerpos arrojándolos anestesiados, y aún con vida, en los “vuelos de la muerte”, los marinos habrían acudido a la quema de los cadáveres de detenidos asesinados durante el secuestro o la tortura. “Cada vez que iba a realizar uno (‘asado’) acudían al taller de automotores para solicitar cubiertas viejas, aceite de quemar, gasoil, o bien un camión para el transporte de leña”, detalló ese tribunal.

También fueron pedidos los testimonios de Enrique Fukman, Héctor Coquet y de Elisa Tokar. Esta sobreviviente aseguró que Ana María Ponce y Ricardo Moyano habrían muerto en la tortura y que un “verde” le dijo: “Ahora están en el campo de deportes”. Y solicitaron que sean interrogados los imputados Carlos Capdevila y Juan Antonio Azic, mencionados en la declaración del represor Víctor “Lindoro” Olivera, quien se quebró y confesó que hacían desaparecer cuerpos incinerándolos en el “asadito”.

Esto se suma al reciente hallazgo de marcas de sobrevivientes en algunos sectores del ex Casino de Oficiales, que motivó una medida cautelar de la Justicia para preservar la tarea de los conservadores del Instituto Espacio para la Memoria. Pero la sospecha de la existencia de restos humanos en el Campo de Deportes de la ex ESMA abona la exigencia de estos querellantes, que pidieron al juez Torres el “desalojo inmediato” del predio que los marinos siguen administrando.

martes, 12 de marzo de 2013

Se inició la declaración de Carlos Lordkipanidse, presidente de la AEDD(*)

“Era una situación de esclavitud”

Carlos “El Sueco” Lordkipanidse,
ex detenido desaparecido que estuvo dos años y medio en la ESMA, aportó detalles que desviaron la atención hacia otros represores y centros de detención menos conocidos.

 Por Alejandra Dandan

Costó, aun así el engranaje se puso en marcha. El megajuicio por los crímenes unificados de la Escuela Mecánica de la Armada recibió las primeras declaraciones de testigos que ya habían declarado en otros juicios. El debate puso en escena así el nuevo esquema de preguntas: un testigo habla luego de que todas las partes hayan visto o leído sus declaraciones anteriores. Las preguntas son complementarias. El testigo no cuenta todo lo que ya contó en otras ocasiones, entre otras razones para no volver al agujero.

Declaró durante la mañana Carlos “El Sueco” Lordkipanidse, ex detenido desaparecido que permaneció dos años y medio dentro de la ESMA, hizo tareas de fotógrafo e imprenta en un contexto que ayer volvió a redefinir ya no como “trabajo esclavo”, sino en “situación de esclavo”. “Mucho tiempo entendimos que esto de ser sometidos como prisioneros sobreviviendo era una situación de trabajo esclavo, ahora redefinimos esto”, dijo. “No fuimos trabajadores, no recibimos remuneración, no había relación de trabajo de dependencia, la esclavitud es cuando si alguien se niega o se queja a hacer una tarea que manda el patrón y al patrón no lo reditúa, lo elimina. Entonces las condiciones en las que nos tuvieron en la ESMA son una situación de esclavitud.” Lordkipanidse es un testigo histórico.

Ayer, en el nuevo contexto, con un juicio en el que su propia historia no ejerce un rol de centralidad, se abrieron una tras otra más ventanas ocultas de la ESMA. Roles, posiciones y la vida de esos represores más oscuros y menos revisados en las páginas de historia que son los que ahora adquieren centralidad. Entre otros, por ejemplo, Orlando González, un auxiliar de inteligencia, al que le decían “Hormiga Negra”, de piel oscura. “Tenía una carácter muy particular que lo hacía especialmente enemigo mío por una cuestión muy superficial: él era fotógrafo y me consideraba a mí mal fotógrafo.”

En ese momento había una revista que se llamaba Foto Mundo que hacía concursos para descubrir talentos. Orlando González competía por ocupar los mejores puestos, mandó una foto y ganó un premio: “Hizo posar a una compañera, Lucía León, en una foto donde la retrataba como ‘La Parca’. Eso le valió también un llamado de atención por cómo jetoneaba de esa forma, con su nombre real sabiendo que podían reconocerlo”. En el testimonio habló de los diez rollos de microfilms que le hicieron copiar en tres archivos, de los 500 nombres cada uno, según calcularon en ese momento y los llevó a estimar las 5000 víctimas de la ESMA. Hubo dos aspectos importantes: un pedido sobre la isla El Silencio del Tigre donde los prisioneros permanecieron casi 30 días cuando los marinos buscaron esconderlos por la visita de la OEA. Y la visita a la ESMA del entonces secretario de Hacienda de la dictadura Juan Aleman que está en juicio por la desaparición de Orlando Ruiz y Silvia Dameri, secuestrados con sus dos hijos, Marcelo Mariano y María de las Victorias. Silvia estaba embarazada, parió en la ESMA y su hija Carla fue apropiada por Juan Antonio Azic, como Victoria Donda.

La isla y Aleman


Sobre la isla, El Sueco mostró fotos de noviembre pasado. “Están los utensilios usados en esa época, la cocina de hierro, está la sala pequeña del subsuelo de la casa superior, la casa de palos y todas las características” que ellos vieron y denunciaron hace tiempo. “Siguen existiendo, tomamos fotos porque nos habían llegado noticias de que la casa iba a cambiar de manos.” Pidió al tribunal una inspección ocular a la isla porque “nunca” fue inspeccionada. Pidió que “se investigue la propiedad del espacio que pertenecía a la revista Esquiú”, dependiente de la curia. Y dijo: “Hemos ido al campo de deportes (de la ESMA), pero la isla del Tigre es una parte sustancial de esta causa en el sentido que es parte predeterminada de un plan de ocultamiento”. La fiscalía luego pidió también la inspección.

Luego de muchas preguntas, la abogada querellante Liliana Alaniz de Justicia Ya! le preguntó si conocía a Juan Aleman. Los defensores, sobre todo la defensa oficial para sorpresa de las partes, objetó la pregunta con el mismo lenguaje con el que los abogados retrasaron durante horas el comienzo de la audiencia y dentro de la sala se leyeron como “chicanas”. Las objeciones tocaron distintos puntos. El tema procedimental: cómo se harían las preguntas ahora que estaban en marcha las reglamentaciones de Casación. Insistieron con el testigo sentado en la sala. Luego objetaron el tipo de preguntas. Dijeron que preguntar nombres era “indicativo”. Fiscalía y querellas se opusieron. Primero porque la palabra “conoció a” no era lo mismo que “torturó a”. Y segundo porque como dijo el fiscal Guillermo Friele: “Esto es una megacausa con 67 imputados, distintos tramos, muchas víctimas y pensar que sólo el testigo puede acordarse de todos esos nombres es pedirle algo fuera de lo común y fuera de lo humano”.

Así, El Sueco, que padece problemas de presión, pudo volver a Aleman. Le objetaron que “había sido muy puntilloso” ya en su declaración anterior y un defensor le pidió que en todo caso hable para agregar algo. El Sueco tomó el guante y respondió: “Si el abogado me permite explayarme, me había olvidado de detalles que hacen a lo que a él interesa –dijo–, entre otras, que en oportunidad de la visita de Aleman a la ESMA, más especialmente al sótano, más especialmente a la sala de torturas de la huevera, tuve oportunidad de hablar con Orlando Ruiz, recién secuestrado”. Orlando esperaba en el cuarto de interrogatorio del fondo, con otra detenida. “Venía de Suiza, era un exiliado político que había ingresado al país con intención de accionar contra la dictadura, especialmente en interferencias de comunicaciones y que me dijo que lo iban a someter a una situación en la que iba a estar presente Aleman, para hacerse cargo del intento de atentado (que había recibido).” El Sueco pensó que Orlando iba a salvarse. “No queda otra que lo vayan a blanquear –se dijo–, había caído con dos niños y la mujer embarazada.” En ese momento, también pensó que él mismo podía salvarse.

El Tigre Acosta le había dicho alguna vez que iba a ser boleta, pero esa visita, de un funcionario civil dentro de la ESMA, alentó alguna esperanza. “(Aleman) pasa por adelante mío y me dije: ‘Me salvo yo también y se rompe la promesa del Tigre Acosta’. A lo mejor el destino es el que me manda justo por donde pasa un funcionario civil del gobierno...”. El presidente del tribunal, Daniel Obligado, le preguntó si recordaba dónde se produjo el encuentro visual. “Claro que me acuerdo –dijo El Sueco–: es uno de los momentos más imborrables de mi vida, porque yo había puesto esperanza en que ese hecho pudiese salvar mi vida. Yo estaba en el pasillo del sector 4, cuartos de un lado y del otro, frente al comedor, contiguo a la entrada de la huevera. Yo estoy adelante y él ingresa a la huevera. Era 1980 y yo ya llevaba bastante tiempo ahí, casi dos años.”

La visita de Aleman a la ESMA fue imborrable, entre otras cuestiones por el contexto. Los marinos habían mandado limpiar todo el sótano y había olor a lavandina. El Sueco andaba con el antifaz “a media asta”, así que algo veía. Los guardias metieron a todos en el comedor. A él lo agarró uno. “De pronto en la entrada se pone en posición de firme, me agarra el brazo. Yo tenía el antifaz a media asta y lo único que puedo hacer es quedarme ahí parado. Todos nos pusimos de pie y rendimos respeto al ingreso de Aleman que no era un visitante más que llevaban a ver la escuelita del horror, era el jefe de todos los demás, le rendían homenajes.” En ese contexto, contó de un hecho anterior: 31 de diciembre de 1976 y una fiesta de fin de año de la que participó la actriz Katja Aleman, medio hermana del secretario. Un vecino denunció la fiesta y llevaron a las 20 personas a la comisaría 19. La medio hermana de Aleman reportó su filiación y Aleman sacó a todos los muchachos. Esto le permitió a Lordkipanidse situar el peso de Aleman antes de 1980, pero además dar cuenta de su rol en el aparato del Estado terrorista. “Yo me puse a pensar en que si él hubiese querido se hubiesen salvado Ruiz y su señora y la mala historia de sus hijos.”


(*)Asociación Ex Detenidos Desaparecidos

jueves, 7 de marzo de 2013

Maria Eva Basterra y Daniel Tarnopolsky

Una beba en el centro clandestino

 Por Alejandra Dandan

La audiencia del juicio unificado de la ESMA fue intensa. Declararon durante el día otras tres víctimas: María Eva Basterra, la hija de Víctor Basterra, el fotógrafo que sacó las primeras fotos de los marinos del centro clandestino de la Armada; la madre de Cecilia Viñas y Daniel Tarnopolsky, el único sobreviviente de una familia sobre la que los marinos dieron uno de sus mayores golpes, al secuestrar y asesinar a sus padres, dos hermanos, su cuñada y una de sus primas. Durante la audiencia, Daniel sacó una foto con unas quince personas y les habló directo a los jueces: “Esta es la peligrosidad de mi familia”.

La jornada empezó con el testimonio de María Eva. Cuando los jueces le preguntaron si estaba allí para que se hiciera justicia, ella les hizo una aclaración: “Que se haga justicia, y vayan todos presos”, explicó. María Eva estuvo en la ESMA una semana secuestrada, tenía dos meses de edad, estuvo detenida-desaparecida con sus padres. Cuando uno de los marinos la entregó en custodia a una ex detenida, le dijo que no se le ocurriera pronunciar el nombre de la niña. “Como tenía los pirinchos parados me ponen Cepillito de sobrenombre”, dijo ella. Durante los años que siguieron, la vida estuvo marcada por las entradas y salidas de su padre a la ESMA, las mudanzas en casas de amigos y familiares, los cambios de escuela y el escape de los tres a Neuquén ya en democracia, cuando los marinos todavía seguían manteniendo controles sobre los ex detenidos.

“Yo quería decir que todo, más allá de mi paso por la ESMA, que no fue poco, las consecuencias de esta vivencia, me gustaría que se tomen como parte de lo que se condena”, dijo al final. “El desarraigo, los miedos al abandono, son parte fundamental de las consecuencias y del plan que los tipos pensaron. No es sólo el paso de cinco días por un lugar terrible, sino todo el miedo y amedrentamiento que sufrimos todas las personas que pasamos por ese lugar y los familiares. Sería bueno que se tome en cuenta. Estoy feliz por ser parte de este momento histórico en el que al fin tenemos voz los hijos y los sobrevivientes y los familiares después de todo el tiempo de silencio por los miedos o por preservación o por las dos cosas. De alguna forma soy feliz, pero sé que falta mucho.”

Un dato molesto de la audiencia fueron algunas de las intervenciones de los abogados de la defensa. María Eva había hablado de la militancia de sus padres, de sus búsquedas. Dos de los abogados defensores de los marinos, además de continuar con la línea de preguntas que intenta impugnar esa militancia, ahora le preguntaron a ella por sus propias inscripciones políticas. “¿Usted pertenece a alguna agrupación?”, lanzó Guillermo Jesús Fanego, voz cantante del grupo. Los abogados de las querellas se opusieron.

martes, 26 de febrero de 2013

Los mellizos represores de la ESMA

Los García Velazco se hacen pasar uno por otro en los juicios por violaciones a los derechos humanos

Debido a la confusión sobre su identidad, Pablo Eduardo García Velazco, alias Serra, fue absuelto en el primer juicio de la ESMA. Ahora, en el segundo proceso, ambos hermanos están acusados y detenidos por delitos de lesa humanidad.

 Por Alejandra Dandan

Los García Velazco son dos marinos, hermanos mellizos, que usaron distintos apodos durante la última dictadura. Los dos estuvieron en la Escuela de Mecánica de la Armada, pero desde hace años se hacen pasar uno por otro para sembrar dudas sobre sus identidades en las causas de lesa humanidad. Esto le facilitó a uno de ellos ser absuelto en el último juicio de la ESMA. En el nuevo juicio, están acusados los dos. La reconstrucción de legajos y el cruce de testimonios dejaron claras sus trayectorias en la Armada, sus roles y la relación entre los nombres y los alias. Uno es Miguel Angel García Velazco, alias Dante, y el otro, Pablo Eduardo García Velazco, alias Serra. En las últimas semanas, los dos fueron indagados. Primero Dante y ayer Serra. En la declaración nuevamente intentaron confundirlo todo, pero sobre todo lo hizo Dante, que se autodefinió como Serra para seguir construyéndose una máscara.

Entre uno y otro mellizo hubo diferencias de tareas y hay distinciones en sus trayectorias, de las que dieron cuenta desde siempre los sobrevivientes, y que permitieron ir reconstruyendo sus perfiles a lo largo de estos años. Miguel Angel García Velazco (Dante) integró el Grupo de Tareas 3.3.2, fue oficial de Inteligencia y era uno de los hombres “permanentes” de la ESMA. Se casó con una española y se estableció en España. En este momento está con prisión domiciliaria.

Pablo Eduardo García Velazco (Serra) era oficial de Inteligencia del Servicio de Inteligencia Naval (SIN), que tenía un área dentro de la ESMA. Se lo conoce también como Fernando Serra, Sierra, Jorge o Juan. Es soltero, vivió con su madre (hoy de 94 años) durante 34 años en Ramos Mejía. A la salida de la Armada trabajó como productor de seguros y ahora está detenido en el penal de Ezeiza. El es quien además interpuso un recurso para volver a vivir con su madre, dice que tiene que volver a trabajar para mantenerla. El caso es analizado por los jueces del Tribunal Oral Federal 5, que se vieron interviniendo casi como un tribunal de familia: convocaron a declarar a las dos personas que cuidan a la mujer, leyeron las cartas de la madre en las que defiende a Serra, pero no así a Dante, pidieron informes de sueldos a la Armada para analizar los ingresos, hicieron una audiencia con el hermano que no aporta y ahora esperan una respuesta de la Anses para dar una respuesta definitiva.

“Una vez más los mellizos intentan sembrar dudas en relación con su identidad, aunque sólo uno de ellos, Miguel Angel (Dante), es el que quiere hacerse pasar por el otro”, dice la fiscal Mercedes Soiza Reilly. “Pablo García Velazco siempre sostuvo lo mismo. En cambio Miguel, en este juicio afirma ser quien no es. Ambos usaban apodos, ambos intervinieron en la represión de Estado, ambos estuvieron en la ESMA, ambos estuvieron dispuestos a aniquilar a la subversión. Por eso, ambos fueron condecorados por Massera en 1978.”

En el juicio anterior, el Tribunal absolvió a Serra luego de que la fiscalía sostuvo que se había confundido de acusado. La sentencia estableció en ese sentido que “durante el curso del debate se procuró averiguar, con total certeza, si Pablo Eduardo García Velazco en algún momento se desempeñó como miembro integrante de la Unidad de Tareas 3.3.2, si actuó bajo el seudónimo Dante, si contrajo matrimonio con una ciudadana española, si tenía una herida de bala en su pierna y en su caso si era aviador naval”. La sentencia respondió a esos interrogantes con lo siguiente: “Pablo Eduardo García Velazco se desempeñó en el SIN”, reconstrucción que se hizo a partir de su legajo. “Su apodo era Sierra, Serra, Jorge o Juan. Este extremo lo prueban los testimonios.” Descartaron otros dos ejes de confusión: la existencia de la herida en una pierna, descartada por un pericia médica, y que haya sido piloto de avión, a través de su legajo, rol que sí tuvo su hermano.

Ayer, en la audiencia, Serra dijo su nombre: “Soy Pablo Eduardo García Velazco, argentino, soltero, fecha de nacimiento: 10 de noviembre de 1946, resido en Ramos Mejía desde hace 34 años. Nunca he residido en el extranjero, me desempeñé como productor de seguros desde mi retiro en la Armada. En la Escuela Naval mis compañeros me decían Caroli”.

–¿Cómo? –repreguntó el presidente del TOF 5, Leopoldo Bruglia.

–Caroli.

Frente a los jueces rechazó “todos y cada uno de los cargos, nada tengo que ver con los mismos toda vez que yo prestaba servicios en un lugar distinto de la ESMA y fuera del espacio físico de la ESMA”, mintió, porque el SIN tuvo un lugar en la ESMA. Y se quejó porque “hasta el mismo juzgado” se confundía con la identidad: indicó que le prescribió un tratamiento por cardiopatía vascular, una patología que él no tenía.

En el juicio, ésta será la última semana de indagatorias de los 67 acusados. Ayer también declararon otros dos marinos. Pedro Antonio Santamaría, vicealmirante retirado de la Armada, que afronta su primer juicio, está imputado por más de 300 víctimas, entre ellos 15 niños apropiados. En la declaración negó los cargos. Luego declaró el marino Raúl Enrique Scheller, alias Pingüino, Schelling, Mariano y Miranda, oficial retirado de la Armada e integrante del sector Inteligencia del Grupo de Tareas 3.3.2 de la ESMA. Es el segundo juicio que enfrenta, en 2011 recibió prisión perpetua. En este juicio está imputado por más de 150 víctimas, entre ellas 12 niños apropiados. Scheller debía haber declarado semanas atrás, pero se pospuso porque les pidió a los jueces autorización para incorporar una película como prueba, llamada Guerra en Argentina. El Tribunal no se lo permitió porque se presentó fuera de tiempo, y ayer él aprovechó la indagatoria para expresar su disgusto. Con una escarapela en el traje, dijo: “La imagen de los hechos ocurridos cuarenta años atrás ayuda a que esa población que era muy joven pueda ver la realidad de vivir en un país sumido por la violencia”.

El marino, que es abogado, leyó el resto de la declaración. Reiteró la hipótesis de guerra y una y otra vez llamó “relato” a las causas de lesa humanidad.

Las audiencias continúan miércoles y jueves. Están previstas las últimas indagatorias a Julio Antonio Torti, Antonio Vañek y Carlos Orlando Generoso, que declarará, si todo sigue como hasta ahora, desde el hospital. Y pasado mañana están previstas indagatorias a Carlos Jaime Fraguio y Eduardo Morris Girling. El Tribunal adelantó una semana el comienzo de las testimoniales, que empezarían el lunes próximo.

domingo, 20 de enero de 2013

Los "asaditos" en la ESMA tienen una connotación peligrosa y desconsiderada

Carlos Loza, un sobreviviente de la ESMA, centro clandestino de detención, tortura y exterminio por el que pasaron alrededor de 5000 detenidos desaparecidos, redactó un comunicado que difundimos. Junto con la Asociación de ex Detenidos Desaparecidos, la Asociación Trabajadores del Estado (ATE), la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA) liderada por Pablo Micheli, entre muchos otros (Ver nota más arriba), convoca para el martes 8 de enero, a las 12 horas, a un acto de repudio al asado-brindis que el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación organizó en el mencionado CCD para despedir el año 2012.

Me ha llegado un comunicado de ustedes haciendo consideraciones sobre el trabajo que realizan en la ESMA, lugar por demás simbólico, donde se perpetró el GENOCIDIO, junto a otros Centro Clandestinos de Detención.

Desde nuestra organización sindical estuvimos junto a ustedes en todas las oportunidades en que se han manifestado por sus legítimos derechos (reconocimiento de la organización sindical en el sector, pase a planta, acceso a los derechos a participar de paritarias, reincorporación de despedidos, etc.).

La Junta Interna de ATE-Justicia tiene el legítimo derecho a manifestarse en contra de ser obligados a participar en actos de la patronal, en este caso el Estado). Nadie ha menoscabado su trabajo que tan responsablemente ejecutan. De la misma manera otros trabajadores y trabajadoras del Estado realizamos nuestro trabajo en otras reparticiones.

No es práctica en nuestra organización cuestionar a trabajadores de otra Junta Interna denunciando hechos en su sector de trabajo y mucho menos hacerlo públicamente. Recuerdo cuando ustedes volantearon la marcha del último 24 de Marzo pidiendo la reincorporación de dos compañeros del organismo. Muchos opinaban que era incorrecto traer un problema sectorial a una movilización donde el protagonismo es la memoria de los 30.000 compañeros. Otros entendimos que su voz debía ser escuchada y el reclamo debía atenderse.

En muchos de nuestros organismos se realizan fiestas de fin de año organizadas por los funcionarios o los gremios. A nadie se lo obliga a concurrir. Tal vez en vuestro comunicado faltó hacerse solidarios con los compañeros/as que fueron obligados a concurrir o justificar su ausencia.

Me permito hacer esta observación como integrante de la Junta Interna de ATE en la Administración General de Puertos que también ha proporcionado su cuota de desaparecidos y sobrevivientes en el Centro Clandestino de Detención y Exterminio ESMA.

Por otra parte y en mi carácter de miembro de la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos (AEDD) quisiera reflexionar sobre estos hechos. En el mes de Diciembre de 1976 siendo trabajador portuario, y con otros tres compañeros, miembros del Cuerpo de Delegados, fuimos secuestrados, llevados a la Seccional 30 de La Policía Federal y esa misma noche llevados a la ESMA. Ustedes conocen perfectamente cada uno de los lugares donde 5000 compañeros/as fueron golpeados, torturados, asesinados, violados, despojados de sus hijos, etc.etc.

Saben también que los días miércoles se hacían los "traslados" que significaba la desaparición definitiva de los detenidos-desaparecidos. Muchas veces en los operativos se producían asesinatos o los compañeros/as quedaban muy mal heridos. Ello no impedía que sus cuerpos fueran llevados a la ESMA. Muy infrecuentemente se entregaban los cadáveres a sus familias. Tal es el caso de Rodolfo Walsh, asesinado en las primeras horas de la tarde del viernes 25 de Marzo de 1977 o el caso de Enrique "Quique" Juárez, quien junto a Marcelo Cerviño y Lidia Zunino fueron baleados en la localidad de Martínez entre las 20.30 y las 21 horas del viernes 10 de Diciembre de 1976. Llegaron muertos a la ESMA. Es muy larga la lista de compañeros y compañeras en situaciones similares.

Conocen también que la no existencia de cámaras que conserven los cuerpos obligaban a deshacerse de los cuerpos, cremándolos. En la jerga del campo se llamaba "asadito". Desde ese momento y especialmente del lugar de lo simbólico los vocablos "asadito" y esma quedaron indisolublemente ligados. Lo mismo sucede con los términos vuelos, parrilla, capucha, capuchita, traslados, entre otros. Evocan necesariamente en el inconsciente de cada uno de los sobrevivientes esa marca perpetua. El genocidio nazi evoca de la misma manera los términos crematorio, esvástica, noche y niebla, etc.

Ello implica prohibir el uso de esa palabra. De ninguna manera. No debe pasarse por alto que estas asociaciones remiten para muchas de las víctimas, hayan pasado o no por los campos, a recuerdos o imágenes que hieren innecesariamente.

Nosotros compartimos la idea de recuperar la memoria sobre la vida de los compañeros y compañeras más que recordar insistentemente su martirio, asesinato y desaparición.

Una larga lucha se inició en soledad por parte de madres, compañeros y amigos ante cada una de las desapariciones desde el mismo 24 de Marzo de 1976. Los sobrevivientes han permitido la sustanciación de los juicios. Lamentablemente los tribunales y el Código Procesal Penal, en el que se basan los hechos tienen como casi único elemento de prueba el testimonio de los que estuvimos en esos centros clandestinos de Detención. Digo lamentable porque existen pruebas dentro del propio Estado para probar los hechos. Por ejemplo los 478 decretos secretos de la dictadura que aún no pueden ser consultados a pesar del decreto firmado por la presidente de la Nación hace menos de dos meses.

A pesar de ello seguimos testimoniando, como lo hicimos en todos los tribunales en que hemos sido citados como víctimas o testigos de otros casos. Muchos de ellos víctimas de los "asaditos". ¿Qué carne había dentro de esos dos pedazos de pan conque en forma escasa nos alimentaban? ¿Sería carne humana? No lo creo, pero lo pensé y pienso muchas veces.

La memoria que evocamos es la de la vida. En primer lugar la de los compañeros y compañeras que no están. Sus profundas convicciones en pos de la REVOLUCIÓN y el SOCIALISMO le permitieron soportar el martirio. No quisiera olvidarme de Jorge Mendé que ante los golpes y en estado de inconsciencia absoluta les repetía "Oficial Primero Montonero médico". Hemos atravesado la muerte, de la cual él no volvió, pues algunas horas después de la Navidad de 1976 fue muerto a patadas en el altillo de la ESMA en horas de la tarde, posteriormente envuelto en una frazada y retirado al anochecer. Todo ello a uno o dos metros nuestro. Tardamos 32 años en identificarlo. ¿Habrá formado parte de los "asaditos"?. Esa memoria anterior pretendemos rescatar. La de la militancia cotidiana en las fábricas, las villas, las escuelas, la universidad, los barrios, las parroquias, el ámbito rural, especialmente el campesinado pobre. La memoria en la construcción de boletines de fábrica y periódicos que denuncian cualquier avasallamiento a los derechos de los trabajadores, en cualquier lugar y en cualquier momento.

Los "asaditos" en ESMA tienen una connotación peligrosa y desconsiderada, muy especialmente para esas Madres que con más de 80 y 90 años esperan conocer la verdad sobre el destino de sus hijos e hijas, por más dolorosa que fuera. El ámbito judicial es un lugar para construir pruebas, un espacio para condenar a los 68 represores acusados por las 796 víctimas. Juicio que ha comenzado el 28 de Noviembre y que no ha podido contar con la presencia de funcionarios y tampoco de muchas víctimas y familiares como deseamos. Quisiera invitarlos a participar en los juicios y proponerles tener en cuenta estos espacios para construcción de memoria, especialmente de los testimonios de las propias víctimas. Hemos podido cuestionar en forma exitosa la teoría de los dos demonios, pretendemos ahora rescatar la vida plena de los compañeros y compañeras en su lucha contra el capitalismo y el imperialismo.

Finalmente quisiera mantener una reunión con ustedes e invitarlos al acto que haremos el martes 8 de Enero a partir de las 12 hs. en la sede del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, Sarmiento 329.

Quisiera despedirme de ustedes con el compromiso y afecto de siempre y con la siguiente frase: "Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas", Rodolfo Walsh.

sábado, 25 de febrero de 2012

Detuvieron al genocida Claudio Vallejos, por "estafa"

El represor argentino Claudio Vallejos, que actuó en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), fue detenido en Santa Catarina, estado del sur brasileño, el 4 de enero pasado por estafa, informó este viernes un funcionario de la cárcel donde está alojado.

"Claudio Vallejos está acá desde el 4 de enero, en una celda con otros presos, nosotros lo tenemos por estafa, no sabemos casi nada de lo que él hizo cuando era represor, nos estamos enterando ahora", declaró Luis Brandielli, director de la cárcel de Xanxeré, interior de Santa Catarina.

"Vallejos no está condenado todavía y nosotros no hemos recibido ningún pedido para extraditarlo a Argentina, él todavía no tiene condena y si el juez lo ordena puede salir", agregó Brandielli en diálogo con ANSA.

Criminal

Según organizaciones de derechos humanos de la Argenitna, durante la dictadura el exsuboficial Vallejos, quien tiene un frondoso prontuario en el país vecino, oficiaba como chofer de altos mandos militares e integraba un grupo de tareas en el que actuó entre 1976 y 1979. En ese periodo participó de secuestros y torturas de distintas personas contrarias a la dictadura.

En los '80, el propio Vallejos vendía información sobre los delitos de lesa humanidad. En una entrevista a la revista La Semana reveló, entre otros crímenes, el haber participado del secuestro, asesinato y desaparición del diplomático radical Hidalgo Solá.

Además, Vallejos, quien reside en Brasil hace años, declaró a medios locales en 1986 que actuaba en la ESMA en marzo de 1976 cuando, según su relato, el excapitán de la marina Alfredo Astiz asesinó al pianista Francisco Tenório Cerqueira Junior.

El músico brasileño continúa desaparecido hasta hoy y fue secuestrado cuando se encontraba de gira en Buenos Aires integrando la agrupación del poeta y exdiplomático Vinicius de Moraes.

martes, 23 de marzo de 2010

ESMA: detuvieron a un ex marino acusado de participar en los vuelos de la muerte

El presunto ex represor de la ESMA Carlos Galián, un ex suboficial conocido en ese campo de concentración como el "Pedro Bolita", fue detenido luego de pasar varios años prófugo. El juez Sergio Torres le imputó su presunta participación en 600 delitos, entre ellos, los "vuelos de la muerte".

Según informaron fuentes judiciales, el marino retirado fue localizado ayer en una casa de la en la Ciudadela, en la calle Magallanes al 700.

Algunos sobrevivientes dijeron que era el encargado de llevar a los prisioneros a "El Dorado", la antesala del traslado a los aviones navales de los "vuelos de la muerte". Además, explicaron que era quien atendía a las parturientas a quienes después se les robaban sus bebés.

En el centro clandestino que funcionó en la ESMA, los oficiales del grupo de tareas 3.3.2 llamaban a todos los suboficiales por el apodo de "Pedro" y en el caso de Galián le sumaron "Bolita" por sus rasgos aborígenes del altiplano.

La identificación de Galián, que en el expediente sólo figuraba como "Pedro Bolita", fue posible por el reconocimiento de varios sobrevivientes mediante el cotejo de fotografías del plantel de personal destinado en la ESMA.

El juez federal Sergio Torres, con intervención del secretario Pablo Yadarola, le imputó su presunta participación en 600 hechos de torturas, privación ilegal de la libertad, y apropiación de menores.