viernes, 16 de abril de 2010

Alfredo Astiz se escondió mientras declaraba Gabrielle Domon, hermana de Alice Domon

Gabrielle Domon, hermana de una de las dos monjas francesas secuestradas por un grupo de tareas de la ESMA en 1977, expresó hoy su esperanza "de que este juicio llegue a la verdad", al brindar un testimonio en el que intentó "hacer comprender que esta mujer no era una terrorista". Astiz escuchó en un cuarto contiguo
La hermana de la religiosa Alice Domon, secuestrada el 8 de diciembre de 1977 junto el primer grupo de Madres de Plaza de Mayo al término de una misa en la Iglesia de la Santa Cruz de esta capital, se constituyó hoy en la primer testigo en declarar en el juicio que lleva adelante el Tribunal Oral Federal 5.
 
El principal imputado por este hecho, el ex marino Alfredo Astiz, alias "El Ángel Rubio", y quien se infiltró en el grupo como presunto familiar de un desaparecido, prefirió no escuchar a la testigo en persona y hacerlo desde un cuarto contiguo.
La mujer, junto con varios de sus cinco hermanos, hijos y sobrinos viajaron especialmente desde Francia para esta audiencia, aunque aclaró que desde hace ya algunos años están aquí "siguiendo los pasos de Alice en la Argentina". "Busco hacer comprender que esta mujer no era una terrorista", afirmó la pariente de la religiosa al justificar las cartas recibidas en los años anteriores al secuestro de su hermana en las cuales ratificaba "su compromiso con los pobres y los más necesitados".
 
A su vez, dijo que junto con sus familiares directos se hallaban "felices de participar (en el juicio) para que se haga justicia", a la vez que expresó su esperanza de que se "llegue a la verdad y tal vez dé alguna respuesta a nuestras demandas".
El inicio de la audiencia se demoró más de una hora debido a las dificultades en el traslado de los detenidos, por lo que además de Astiz, no estuvo presente -entre otros acusados- el ex represor Jorge "El Tigre" Acosta.
 
La testigo reconoció la letra de una carta que habría escrito su hermana durante su cautiverio en la ESMA obligada por sus secuestradores, y dirigida al titular de la Orden religiosa a la cual pertenecía, junto a la otro monja secuestrada, Leonie Duquet.
Junto a ella se le exhibió una copia de la fotografía de las dos monjas debajo de una bandera de la organización Montoneros, que fue tomada en los sótanos de la ESMA y difundida luego en los medios internacionales, para hacerlas aparecer como integrantes de esa organización armada.
En su relato de aproximadamente dos horas, leyó párrafos de aquellas cartas enviadas por su hermana a principios de 1977 a su regreso de Francia en las que daba cuenta de la "difícil situación" que se vivía en la Argentina, donde "la persecución es cada vez más grande".
"Vale la pena dar la vida solidaria con los que sufren por la misma causa", señala la religiosa en ese texto en el que da cuenta además de su "acompañamiento" a los primeros grupos de madres que buscaban a sus hijos desaparecidos.
Al respecto, Alice Domon decía tener "miedo de dejarlas solas" y por esa razón estaba organizando retiros espirituales "para que juntos meditemos en el sacrificio que les es pedido para no correr el riesgo de estar desesperadas en el momento que mas necesiten de Dios".

Respecto de la desaparición de su hermana, recordó haberse enterado el 10 de diciembre de 1977 del secuestro de las dos religiosas a través de un cable de la agencia AFP y que de inmediato su padre y el resto de su familia se movilizó ante el Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia.
"En el momento pensamos que habría un juicio y que las íbamos a encontrar. Si bien estaban en prisión (pensaban) que les iban a hacer algún reproche y que iban a salir", recordó.
Al respecto la jerarquía eclesiástica de Francia y el gobierno realizaron los primeros reclamos, pero las respuestas del gobierno argentino fueron meramente formales, sin dar datos concretos acerca del paradero de las monjas.
Igual suerte corrieron las cartas enviadas al Vaticano y al Papa "gestiones que eran respondidas de manera administrativa expresando el apoyo pero nada concreto".
"A través de los años mi padre dio su vida y no sabía a dónde dirigirse para saber lo que había pasado con su hija", explicó, a la vez que recordó que Astiz había sido juzgado en rebeldía por la justicia francesa y condenado a prisión perpetua el 16 de marzo de 1990. 

Amalia Larralde sobreviviente de la ESMA, relató desde su secuestro el 15 de agosto de 1978, a partir del cual fue sometida a sesiones de torturas en dicho centro clandestino de detención.
Quien constituyó la primera testigo en haber vivido personalmente los horrores propios y de otros detenidos ratificó la existencia de "traslados", nombre con el que eufemísticamente se denominaba a los llamados "vuelos de la muerte" y la aplicación de inyecciones de "pentonaval" a los prisioneros que luego iban a ser arrojados a las aguas del Río de la Plata.
Entre ellos mencionó al dirigente Daniel Echeverría, quien había sido herido en una pierna y quien fue inyectado por "un enfermero".
Larralde hizo referencia al parto de la detenida embarazada Patricia Rosemblit, a quien asistió junto con un médico de apellido Magnasco, a la vez que recordó que "muchos oficiales estaban al corriente de esto".
A su vez, mencionó que Acosta le había advertido: "vos no viste nada de esto", en ocasión de asistir a otras mujeres a punto de que dieran a luz en la ESMA, en colaboración de otra sobreviviente Sara Solarz.
También recordó que en el último tiempo de permanencia en la ESMA se vivió un clima "esquizofrénico" cuando Acosta, jefe de Inteligencia y del grupo de Tareas 3.3.2 iba a ser trasladado.
"Los mandos le criticaban haber dejado gente viva" y se reprochaban "haber construido un monstruo difícil de controlar", explicó
Respecto de la primera de esas aseveraciones, Larralde coincidió con los dichos de Acosta en este mismo juicio semanas atrás, y la segunda frase se atribuye al ex comandante en Jefe de la Armada Eduardo Emilio Massera.
"Acosta pidió ir a España pero los reyes no quisieron", relató a la vez que mencionó que por esa época "nos llevaban a comer afuera y tanto él como sus oficiales eran imbancables".
 

miércoles, 14 de abril de 2010

"Vuelos de la muerte": el represor Julio Poch será extraditado de España antes del 7 de mayo

La extradición desde  España del represor Julio Alberto Poch, acusado de participar de los "vuelos de la muerte” desde los cuales se arrojaban vivos a las aguas a prisioneros del centro clandestino de detención que funcionaba en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), se realizará antes del 7 de mayo.

Fuentes allegadas a la investigación revelaron que el juez federal Sergio Torres, quien lleva adelante la "megacausa ESMA”, recibió esta mañana una comunicación oficial de INTERPOL Argentina donde señala que las autoridades de ese organismo en España solicitan que las autoridades locales "se hagan cargo del detenido” antes de esa fecha.

El mensaje dirigido  calificado como ”muy urgente” lo firma el principal a cargo de la Sección Extradiciones del Departamento INTERPOL y se da cuenta de una comunicación recibida de la delegación en España.
"Para su conocimiento y posterior traslado a sus autoridades competentes se informa que autoridades españolas han autorizado la entrega en extradición del reclamado Julio Alberto Poch a tales efectos se solicita que nos comuniquen planes de desplazamiento de sus funcionarios a Madrid con antelación suficiente”, se indica en el texto.

INTERPOL solicitó al magistrado que "autorice la conformación de una comisión policial que deberá trasladarse  de España, para efectivizar la extradición recientemente concedida, rogando nos indique el lugar donde deberá ser alojado una vez arribado a nuestro país y en qué calidad (comunicado o incomunicado)”.

La comunicación se realiza a las pocas horas que el Consejo de Ministros español aceptase que el ex teniente de fragata Poch fuera extraditado a Argentina acusado por más de ocho centenares de "detenciones ilegítimas, torturas, lesiones, desapariciones y muertes" producidos en el centro clandestino que funcionaba en la ESMA.

Entre los cargos que el represor deberá afrontar están los secuestros, tormentos y desaparición de las monjas francesas Alice Domón y Leonie Duquet, el periodista y escritor Rodolfo Walsh, y de la joven sueca Dagmar Hagelin, entre otros delitos de ”lesa humanidad” cometidos durante la última dictadura militar.

Poch, de 55 años, tiene doble nacional, argentina y holandesa. y fue detenido en el aeropuerto internacional de Manises, Valencia, el 22 de septiembre cuando piloteaba una nave de la compañía Transavia ante cuyos compañeros de trabajo solía "jactarse” de su accionar represivo.
 

15 de abril - 9 hs. - Acompañamos a Gabrielle Domon, hermana Alice Domon

El jueves 15 de abril dará testimonio en el juicio por los crímenes de la ESMA Gabrielle Domon, hermana de Alice Domon. Convocamos a todos a acompañar este primer testimonio en los tribunales de Comodoro Py. Allí a las 9 hs., además denunciaremos el crimen de Silvia Suppo y convocaremos a la marcha exigiendo su investigación.
 
Marchamos el martes 20 de abril, desde 9 de Julio y Av. De Mayo hasta Plaza de Mayo  con las consignas:

JULIO LOPEZ - SILVIA SUPPO

EXIGIMOS AL GOBIERNO NACIONAL Y GOBIERNOS PROVINCIALES EL ESCLARECIMIENTO DE LOS HECHOS Y EL CASTIGO A LOS RESPONSABLES MATERIALES E INSTIGADORES
DESMANTELAMIENTO DEL APARATO REPRESIVO DE LA DICTADURA
JUICIOS A TODOS LOS GENOCIDAS POR TODOS LOS COMPAÑEROS
CARCEL COMUN Y EFECTIVA YA A TODOS LOS GENOCIDAS!
PRÓXIMA REUNIÓN DEL ENCUENTRO MEMORIA VERDAD Y JUSTICIA
VIERNES 16 DE ABRIL 18,30 HS. EN LAS OFICINAS DE LIBERPUEBLO
RIVADAVIA 2206 5 “A”

viernes, 9 de abril de 2010

Prisión preventiva y embargo contra suboficiales de la ESMA

El juez federal Sergio Torres dictó el procesamiento con prisión preventiva y un embargo de 650.000.000 de pesos al suboficial de la marina Carlos Galián, por su presunta participación en ilícitos cometidos en la Escuela de Mecánica de la Armada durante la última dictadura militar.

En esa misma causa y también por los supuestos delitos de imposición de tormentos y privaciones ilegales de la libertad, la Cámara Federal confirmó el procesamiento con prisión preventiva y embargo de 94.000.000 de pesos al ex agente de inteligencia de la Prefectura Naval Jorge Manuel Díaz Smith.

Fuentes judiciales aclararon que el monto del embargo determinado por el magistrado responde al criterio de fijar 1.000.000 de pesos por cada supuesto ilícito. Se atribuye a Galián, alias "Pedro Bolita", responsabilidad como "partícipe necesario", en 635 casos de tormentos y privaciones de la libertad, algunos de ellos seguidos de muerte.

Galián, detenido semanas atrás, aparece sindicado por testigos de la causa como un "pieza clave" y de "máxima confianza" como represor en el establecimiento que funcionó como un centro de detención clandestino durante el último gobierno de facto.
El procesado, de 66 años, vivía en una casa ubicada en Magallanes al 700, en la localidad bonaerense de Ciudadela, cuando por disposición de Torres, fue detenido por efectivos policiales.

La detención de Galián fue el resultado de un "exhaustivo" cotejo de pruebas reunidas en la causa, ya que el ex suboficial de la marina solo aparecía con su apodo en los testimonios y constancias sumariales que instruye el juez con el fiscal Eduardo Taiano.
Tras la identificación, para la cual fue "muy importante" el reconocimiento a través de fotografías, Torres ordenó el allanamiento a la finca ubicada en Ciudadela y se procedió a la detención de Galián. Varios testigos contaron que los "Pedros" eran los guardias que custodiaban a los prisioneros y Gaitán tenía su seudónimo debido a sus marcados rasgos de los individuos del altiplano.

Los testigos agregaron que Galián tenía a su cargo "el traslado de los detenidos al lugar desde el cual se realizaba el despegue de los `vuelos de la muerte`" como se llamaban a aquellos desde los cuales las víctimas eran arrojadas desde aviones al mar.
También se le atribuyó haber participado en la custodia de mujeres embarazadas que permanecían secuestradas en la ESMA y estar vinculado a la apropiación de niños nacidos cuando sus madres se hallaban privadas de la libertad, en lo que fue el instituto de formación naval.

La Sala II de la Cámara confirmó la medida de primera instancia que Torres le dictó a Smith, ex jefe de las divisiones de Operaciones y Logística de la Prefectura Naval Argentina, y se afirma que Smith, "muy apto para tareas de inteligencia", según un informe de sus superiores, habría actuado como oficial de "enlace" con los represores de la ESMA.
Carlos Lordkipanidse, sobreviviente de la ESMA, rastreó los datos del prefecto Díaz Smith durante diez años; y extendió su rastreo desde Misiones hasta Necochea y organizó escraches cuando aún no había orden de detención.
Díaz Smith secuestró, torturó, falsificó documentos y le robó el bebé a una mujer que parió en el sótano de la ESMA. Ya en democracia, siguió controlando los días y las noches de quienes sobrevivieron a aquel infierno. Con sus delitos a cuestas, el prefecto Jorge Manuel Díaz Smith logró escabullirse. Los datos que ayudaron a rastrear al represor fueron aportados por un ex detenido-desaparecido que, tal como hizo con otros de sus verdugos, durante todo este tiempo fue juntando información sobre la vida en libertad de Smith.
Carlos Lordkipanidse aportó hace años gran cantidad de documentación y recuerda a Díaz Smith como un hombre rubio, de bigote fino y casi pelado que en 1979 llegó al sector 4, en el subsuelo del centro clandestino, donde se hizo cargo de las salas de torturas, de la falsificación de documentos y del control telefónico.
“Su alias era Luis y también se hacía llamar Horacio Lázaro. No sólo actuaba adentro de la ESMA. También participó de algunos operativos de secuestros, como el de René Haidar, uno de los tres sobrevivientes de la Masacre de Trelew, a quien fue a buscar a Brasil”, relató el sobreviviente.

jueves, 1 de abril de 2010

El represor que no aparecía por "motivos de salud"

Néstor Omar Savio, también conocido como "Halcón", fue integrante del sector Logística del GT 3.3.2 de la ESMA. Capitán de fragata retirado, se encuentra detenido en el Instituto Penal de las Fuerzas Armadas de Campo de Mayo, hoy bajo la órbita del SPF. Por razones de salud, se suspendió el proceso para este imputado.

Es necesario aclarar que este represor fue identificado en numerosas ocasiones por los sobrevivientes, y está imputado en diferentes procedimientos judiciales, como en la causa denominada "ESMA",  había logrado eludir hasta el momento el procesamiento por los crimenes comentidos en la ESMA.

martes, 23 de marzo de 2010

ESMA: detuvieron a un ex marino acusado de participar en los vuelos de la muerte

El presunto ex represor de la ESMA Carlos Galián, un ex suboficial conocido en ese campo de concentración como el "Pedro Bolita", fue detenido luego de pasar varios años prófugo. El juez Sergio Torres le imputó su presunta participación en 600 delitos, entre ellos, los "vuelos de la muerte".

Según informaron fuentes judiciales, el marino retirado fue localizado ayer en una casa de la en la Ciudadela, en la calle Magallanes al 700.

Algunos sobrevivientes dijeron que era el encargado de llevar a los prisioneros a "El Dorado", la antesala del traslado a los aviones navales de los "vuelos de la muerte". Además, explicaron que era quien atendía a las parturientas a quienes después se les robaban sus bebés.

En el centro clandestino que funcionó en la ESMA, los oficiales del grupo de tareas 3.3.2 llamaban a todos los suboficiales por el apodo de "Pedro" y en el caso de Galián le sumaron "Bolita" por sus rasgos aborígenes del altiplano.

La identificación de Galián, que en el expediente sólo figuraba como "Pedro Bolita", fue posible por el reconocimiento de varios sobrevivientes mediante el cotejo de fotografías del plantel de personal destinado en la ESMA.

El juez federal Sergio Torres, con intervención del secretario Pablo Yadarola, le imputó su presunta participación en 600 hechos de torturas, privación ilegal de la libertad, y apropiación de menores.

viernes, 19 de marzo de 2010

El Tigre Acosta continúa en las amenazas : “La guerra revolucionaria podría reactivarse”

El marino reveló que en la Armada, tras el retorno a la democracia, consideraban que uno de los grandes problemas había sido “dejar gente viva”. Al igual que Adolfo Donda, se quejó por la actitud de los jefes que no se hicieron cargo de las órdenes.
   
Por Diego Martínez

El capitán Jorge Acosta, ex jefe de inteligencia de la Unidad de Tareas 3.3.2 de la ESMA, se definió ayer como “un combatiente”. No precisó en qué batallas intervino. Aseguró con voz pausada que “jamás buscó la muerte”, aunque admitió “algunas causadas por mi accionar militar”. No especificó si con fusil o picana. Tampoco el destino de los cuerpos de sus enemigos. Criticó a sus superiores por no haberse responsabilizado de los trabajos sucios encomendados y aseguró que “uno de los grandes problemas” de la conducción naval tras el retorno democrático fue “haber dejado gente viva”. “La guerra revolucionaria terrorista podría reactivarse en tono gramsciano”, alertó, y para conocer “la verdad” aconsejó no leer Página/12, sugerencia que incumplieron los camaradas de la bandeja superior. Luego declaró el capitán Raúl Scheller, quien leyó antiguas declaraciones en las que admitió su actuación como interrogador en la ESMA. El juicio en Comodoro Py continuará hoy a las nueve y media.

Acosta sobreactuó desde el comienzo. Cuando le preguntaron si tenía apodos contó que de niño le decían Gales y se explayó sobre una nota de Miguel Bonasso en Página/12. “Gales no les pinchaba los ojos a los pajaritos. Gales tenía dos palomas a las que quería mucho, un pato y un gato a los que quería mucho. Hoy tengo una perra a la que quiero mucho”, dijo. En referencia a una periodista que se permitió dudar de la capacidad para “amar terriblemente a los chicos” de quien se ufanaba de decidir vidas y muertes, explicó que la expresión se basa en “una concepción cristiana: amar hasta que duela”. Agregó que en la Escuela Naval le decían Chupete (no explicó el motivo) y “no tengo ningún otro apodo”, aseguró, contrariando a los sobrevivientes y a su amigo abogado Mariano Gradín, que al verlo ingresar a la sala durante la audiencia inicial levantó los brazos y con voz de ultratumba gritó: “¡Tigre!”.

–¿Va a prestar declaración? –le preguntó el juez Daniel Obligado.

–Afirmativo.

Acosta admitió su “actividad antiterrorista” entre mediados de 1976 y principios de 1979, y agradeció al tribunal la decisión, rechazada por el fiscal Pablo Ouviña, de no incorporar como pruebas las declaraciones ante jueces militares. Es comprensible: en 1986 se explayó sobre la importancia de obtener información en tiempo record, admitió que los detenidos llegaban vendados y “acostados en el asiento de atrás”, y explicó que “actuamos militarmente matando a quien utilizaba un arma en combate”.

La declaración comenzó con un “absoluto homenaje” a las víctimas de “los desencuentros violentos que tuvimos los argentinos”. Acosta admitió que “algunas” muertes fueron “causadas por mi accionar militar”, pese a que “la Unidad de Tareas 3.3.2 jamás buscó la muerte”. Sin escalas saltó al presente. Dijo que hasta hace tres meses “estaba convencido de que esta guerra había terminado” pero que comenzó a dudar a partir de declaraciones de la diputada Victoria Donda (“la lucha no terminó”), del músico Andrés Calamaro (“los represores de la ESMA tendrían que estar muertos”, dice que dijo) y de la sobreviviente Graciela Daleo, sobre la importancia de que los procesados excarcelados no circulen impunes por las calles.

“¿Qué odio hay todavía? ¿Qué pretenden? ¿Un nuevo enfrentamiento? ¿Serán estos juicios que lo están desatando?”, planteó con humos de filósofo. “La guerra revolucionaria terrorista podría reactivarse, ya no en sentido trotskista, sino en tono gramsciano. Esto es un alerta”, advirtió.

Igual que Astiz el día anterior, historió los años previos al golpe con especial énfasis en la amnistía de 1973. “Terroristas que hoy están en el gobierno como Eduardo Luis Duhalde o el procurador (Esteban) Ri-ghi abrieron las puertas de la cárcel”, liberando a “jóvenes ávidos de venganza, porque no eran profesionales de la guerra”, dijo. Agregó que “se aglutinaron en la patria socialista”, admitió a pie de página sus lecturas dominicales de José Pablo Feinmann y se detuvo en “la patria peronista, que comenzó a sembrar la muerte en la Argentina”. Desatada “la guerra interna, había subrepticiamente cuadros de las fuerzas armadas de uno y otro lado, tal vez más en la patria peronista”, admitió. “Estalló la guerra”, dijo, y para justificar el golpe invocó “la imperiosa necesidad de las Fuerzas Armadas, por haber sido superadas las fuerzas policiales y de seguridad”.

Hizo una pausa y saltó sin escalas a 1983. “Fin de la guerra, restauración de la paz, con muchas víctimas”, resumió en tono de estadista, y retomó a Adolfo Donda para criticar a la conducción que les soltó la mano. Centró la responsabilidad en los vicealmirantes Barry Melbourne Hussey, Argimiro Luis Fernández (jefe del Servicio de Inteligencia Naval) y Adolfo Arduino, su comandante en 1976. “Uno de los grandes problemas” que se planteó la Armada en democracia fue “haber dejado gente viva”, admitió, y negó su colaboración en proyectos de Emilio Eduardo Ma-ssera. “No me quise ir, me retiró la Armada. No tengo aspiraciones políticas, soy un militarcito”, dijo. Renegó porque la justicia militar encubrió a sus superiores y con un organigrama repasó la línea de comando de la que dependía.

“Me niego a aceptar los hechos”, dijo en referencia a los secuestros, torturas y asesinatos que se le imputan en las causas conocidas como Testimonios A y B. Dedicó un párrafo especial a Rodolfo Walsh. “Analicé su desempeño, su capacidad intelectual, su trabajo al servicio del terrorismo, y tengo la certeza de que no quería ser detenido con vida. Esa era su convicción”, afirmó como quien devela un secreto de Estado.

Por último denunció “una persecución política-jurídica desde hace tiempo” y aclaró que no ratificaba sus declaraciones anteriores. “Entre la guerra y la paz, propongo la paz”, dijo. Y “si esta guerra no terminó, yo estaré del lado de la racionalidad y la proporcionalidad”, el mismo término que con citas de Juan Pablo II usó en 1986 para justificar sus crímenes: “La ESMA actuó con proporcionalidad. Actuamos militarmente matando a quien utilizaba un arma en combate”.

A las cuatro de la tarde pasó al frente Scheller. A diferencia de Acosta, lejos de renegar de sus antiguas declaraciones las leyó en voz alta. Comenzó por las de 1985, cuando integraba el Estado Mayor General de la Armada. El juez militar le tiraba nombres sobre la mesa, Scheller decía una y otra vez no conocerlos, hasta que se detenía en algunos, siempre sobrevivientes, “terroristas que pretenden ensuciar a la Armada”, y detallaba antecedentes lejanos e informaciones aportadas en interrogatorios.

–¿Incluían torturas? –preguntaba el juez.

–Negativo, señor.