martes, 12 de marzo de 2013

Se inició la declaración de Carlos Lordkipanidse, presidente de la AEDD(*)

“Era una situación de esclavitud”

Carlos “El Sueco” Lordkipanidse,
ex detenido desaparecido que estuvo dos años y medio en la ESMA, aportó detalles que desviaron la atención hacia otros represores y centros de detención menos conocidos.

 Por Alejandra Dandan

Costó, aun así el engranaje se puso en marcha. El megajuicio por los crímenes unificados de la Escuela Mecánica de la Armada recibió las primeras declaraciones de testigos que ya habían declarado en otros juicios. El debate puso en escena así el nuevo esquema de preguntas: un testigo habla luego de que todas las partes hayan visto o leído sus declaraciones anteriores. Las preguntas son complementarias. El testigo no cuenta todo lo que ya contó en otras ocasiones, entre otras razones para no volver al agujero.

Declaró durante la mañana Carlos “El Sueco” Lordkipanidse, ex detenido desaparecido que permaneció dos años y medio dentro de la ESMA, hizo tareas de fotógrafo e imprenta en un contexto que ayer volvió a redefinir ya no como “trabajo esclavo”, sino en “situación de esclavo”. “Mucho tiempo entendimos que esto de ser sometidos como prisioneros sobreviviendo era una situación de trabajo esclavo, ahora redefinimos esto”, dijo. “No fuimos trabajadores, no recibimos remuneración, no había relación de trabajo de dependencia, la esclavitud es cuando si alguien se niega o se queja a hacer una tarea que manda el patrón y al patrón no lo reditúa, lo elimina. Entonces las condiciones en las que nos tuvieron en la ESMA son una situación de esclavitud.” Lordkipanidse es un testigo histórico.

Ayer, en el nuevo contexto, con un juicio en el que su propia historia no ejerce un rol de centralidad, se abrieron una tras otra más ventanas ocultas de la ESMA. Roles, posiciones y la vida de esos represores más oscuros y menos revisados en las páginas de historia que son los que ahora adquieren centralidad. Entre otros, por ejemplo, Orlando González, un auxiliar de inteligencia, al que le decían “Hormiga Negra”, de piel oscura. “Tenía una carácter muy particular que lo hacía especialmente enemigo mío por una cuestión muy superficial: él era fotógrafo y me consideraba a mí mal fotógrafo.”

En ese momento había una revista que se llamaba Foto Mundo que hacía concursos para descubrir talentos. Orlando González competía por ocupar los mejores puestos, mandó una foto y ganó un premio: “Hizo posar a una compañera, Lucía León, en una foto donde la retrataba como ‘La Parca’. Eso le valió también un llamado de atención por cómo jetoneaba de esa forma, con su nombre real sabiendo que podían reconocerlo”. En el testimonio habló de los diez rollos de microfilms que le hicieron copiar en tres archivos, de los 500 nombres cada uno, según calcularon en ese momento y los llevó a estimar las 5000 víctimas de la ESMA. Hubo dos aspectos importantes: un pedido sobre la isla El Silencio del Tigre donde los prisioneros permanecieron casi 30 días cuando los marinos buscaron esconderlos por la visita de la OEA. Y la visita a la ESMA del entonces secretario de Hacienda de la dictadura Juan Aleman que está en juicio por la desaparición de Orlando Ruiz y Silvia Dameri, secuestrados con sus dos hijos, Marcelo Mariano y María de las Victorias. Silvia estaba embarazada, parió en la ESMA y su hija Carla fue apropiada por Juan Antonio Azic, como Victoria Donda.

La isla y Aleman


Sobre la isla, El Sueco mostró fotos de noviembre pasado. “Están los utensilios usados en esa época, la cocina de hierro, está la sala pequeña del subsuelo de la casa superior, la casa de palos y todas las características” que ellos vieron y denunciaron hace tiempo. “Siguen existiendo, tomamos fotos porque nos habían llegado noticias de que la casa iba a cambiar de manos.” Pidió al tribunal una inspección ocular a la isla porque “nunca” fue inspeccionada. Pidió que “se investigue la propiedad del espacio que pertenecía a la revista Esquiú”, dependiente de la curia. Y dijo: “Hemos ido al campo de deportes (de la ESMA), pero la isla del Tigre es una parte sustancial de esta causa en el sentido que es parte predeterminada de un plan de ocultamiento”. La fiscalía luego pidió también la inspección.

Luego de muchas preguntas, la abogada querellante Liliana Alaniz de Justicia Ya! le preguntó si conocía a Juan Aleman. Los defensores, sobre todo la defensa oficial para sorpresa de las partes, objetó la pregunta con el mismo lenguaje con el que los abogados retrasaron durante horas el comienzo de la audiencia y dentro de la sala se leyeron como “chicanas”. Las objeciones tocaron distintos puntos. El tema procedimental: cómo se harían las preguntas ahora que estaban en marcha las reglamentaciones de Casación. Insistieron con el testigo sentado en la sala. Luego objetaron el tipo de preguntas. Dijeron que preguntar nombres era “indicativo”. Fiscalía y querellas se opusieron. Primero porque la palabra “conoció a” no era lo mismo que “torturó a”. Y segundo porque como dijo el fiscal Guillermo Friele: “Esto es una megacausa con 67 imputados, distintos tramos, muchas víctimas y pensar que sólo el testigo puede acordarse de todos esos nombres es pedirle algo fuera de lo común y fuera de lo humano”.

Así, El Sueco, que padece problemas de presión, pudo volver a Aleman. Le objetaron que “había sido muy puntilloso” ya en su declaración anterior y un defensor le pidió que en todo caso hable para agregar algo. El Sueco tomó el guante y respondió: “Si el abogado me permite explayarme, me había olvidado de detalles que hacen a lo que a él interesa –dijo–, entre otras, que en oportunidad de la visita de Aleman a la ESMA, más especialmente al sótano, más especialmente a la sala de torturas de la huevera, tuve oportunidad de hablar con Orlando Ruiz, recién secuestrado”. Orlando esperaba en el cuarto de interrogatorio del fondo, con otra detenida. “Venía de Suiza, era un exiliado político que había ingresado al país con intención de accionar contra la dictadura, especialmente en interferencias de comunicaciones y que me dijo que lo iban a someter a una situación en la que iba a estar presente Aleman, para hacerse cargo del intento de atentado (que había recibido).” El Sueco pensó que Orlando iba a salvarse. “No queda otra que lo vayan a blanquear –se dijo–, había caído con dos niños y la mujer embarazada.” En ese momento, también pensó que él mismo podía salvarse.

El Tigre Acosta le había dicho alguna vez que iba a ser boleta, pero esa visita, de un funcionario civil dentro de la ESMA, alentó alguna esperanza. “(Aleman) pasa por adelante mío y me dije: ‘Me salvo yo también y se rompe la promesa del Tigre Acosta’. A lo mejor el destino es el que me manda justo por donde pasa un funcionario civil del gobierno...”. El presidente del tribunal, Daniel Obligado, le preguntó si recordaba dónde se produjo el encuentro visual. “Claro que me acuerdo –dijo El Sueco–: es uno de los momentos más imborrables de mi vida, porque yo había puesto esperanza en que ese hecho pudiese salvar mi vida. Yo estaba en el pasillo del sector 4, cuartos de un lado y del otro, frente al comedor, contiguo a la entrada de la huevera. Yo estoy adelante y él ingresa a la huevera. Era 1980 y yo ya llevaba bastante tiempo ahí, casi dos años.”

La visita de Aleman a la ESMA fue imborrable, entre otras cuestiones por el contexto. Los marinos habían mandado limpiar todo el sótano y había olor a lavandina. El Sueco andaba con el antifaz “a media asta”, así que algo veía. Los guardias metieron a todos en el comedor. A él lo agarró uno. “De pronto en la entrada se pone en posición de firme, me agarra el brazo. Yo tenía el antifaz a media asta y lo único que puedo hacer es quedarme ahí parado. Todos nos pusimos de pie y rendimos respeto al ingreso de Aleman que no era un visitante más que llevaban a ver la escuelita del horror, era el jefe de todos los demás, le rendían homenajes.” En ese contexto, contó de un hecho anterior: 31 de diciembre de 1976 y una fiesta de fin de año de la que participó la actriz Katja Aleman, medio hermana del secretario. Un vecino denunció la fiesta y llevaron a las 20 personas a la comisaría 19. La medio hermana de Aleman reportó su filiación y Aleman sacó a todos los muchachos. Esto le permitió a Lordkipanidse situar el peso de Aleman antes de 1980, pero además dar cuenta de su rol en el aparato del Estado terrorista. “Yo me puse a pensar en que si él hubiese querido se hubiesen salvado Ruiz y su señora y la mala historia de sus hijos.”


(*)Asociación Ex Detenidos Desaparecidos

jueves, 7 de marzo de 2013

Maria Eva Basterra y Daniel Tarnopolsky

Una beba en el centro clandestino

 Por Alejandra Dandan

La audiencia del juicio unificado de la ESMA fue intensa. Declararon durante el día otras tres víctimas: María Eva Basterra, la hija de Víctor Basterra, el fotógrafo que sacó las primeras fotos de los marinos del centro clandestino de la Armada; la madre de Cecilia Viñas y Daniel Tarnopolsky, el único sobreviviente de una familia sobre la que los marinos dieron uno de sus mayores golpes, al secuestrar y asesinar a sus padres, dos hermanos, su cuñada y una de sus primas. Durante la audiencia, Daniel sacó una foto con unas quince personas y les habló directo a los jueces: “Esta es la peligrosidad de mi familia”.

La jornada empezó con el testimonio de María Eva. Cuando los jueces le preguntaron si estaba allí para que se hiciera justicia, ella les hizo una aclaración: “Que se haga justicia, y vayan todos presos”, explicó. María Eva estuvo en la ESMA una semana secuestrada, tenía dos meses de edad, estuvo detenida-desaparecida con sus padres. Cuando uno de los marinos la entregó en custodia a una ex detenida, le dijo que no se le ocurriera pronunciar el nombre de la niña. “Como tenía los pirinchos parados me ponen Cepillito de sobrenombre”, dijo ella. Durante los años que siguieron, la vida estuvo marcada por las entradas y salidas de su padre a la ESMA, las mudanzas en casas de amigos y familiares, los cambios de escuela y el escape de los tres a Neuquén ya en democracia, cuando los marinos todavía seguían manteniendo controles sobre los ex detenidos.

“Yo quería decir que todo, más allá de mi paso por la ESMA, que no fue poco, las consecuencias de esta vivencia, me gustaría que se tomen como parte de lo que se condena”, dijo al final. “El desarraigo, los miedos al abandono, son parte fundamental de las consecuencias y del plan que los tipos pensaron. No es sólo el paso de cinco días por un lugar terrible, sino todo el miedo y amedrentamiento que sufrimos todas las personas que pasamos por ese lugar y los familiares. Sería bueno que se tome en cuenta. Estoy feliz por ser parte de este momento histórico en el que al fin tenemos voz los hijos y los sobrevivientes y los familiares después de todo el tiempo de silencio por los miedos o por preservación o por las dos cosas. De alguna forma soy feliz, pero sé que falta mucho.”

Un dato molesto de la audiencia fueron algunas de las intervenciones de los abogados de la defensa. María Eva había hablado de la militancia de sus padres, de sus búsquedas. Dos de los abogados defensores de los marinos, además de continuar con la línea de preguntas que intenta impugnar esa militancia, ahora le preguntaron a ella por sus propias inscripciones políticas. “¿Usted pertenece a alguna agrupación?”, lanzó Guillermo Jesús Fanego, voz cantante del grupo. Los abogados de las querellas se opusieron.

Declaración de Vera Jarach, mamá de Franca, desparecida en la ESMA,

“A la Justicia le pedimos justicia”

Les habló a los jueces de su hija, para “que la conozcan, que sepan quién fue, cómo fue esta muchacha maravillosa, alegre, pero también muy pensativa”. Aportó una grabación con un llamado que Franca hizo desde la ESMA.

 Por Alejandra Dandan

El pelo blanco, los ojos chiquitos, la voz de roble. En un momento, Vera Jarach buscó casi a tientas algunas caras en la sala: “No veo si están los acusados, pero con los ojos de mi alma sí los veo –les dijo–. Y si están, les pido a ellos que rompan ese tan cruel pacto de silencio alguna vez, que nos digan qué pasó con todos y cada uno de nuestros hijos, y a la Justicia, a la Justicia, le pedimos justicia”.

Frente suyo una hilera de Madres llenó la sala de Comodoro Py con sus pañuelos. Vera fue a declarar a la segunda audiencia de testigos de este juicio por los crímenes de la Escuela Mecánica de la Armada para hablar de su hija. A Franca la secuestraron el 25 de junio de 1976, en la esquina de un bar del centro de Buenos Aires; había sido abanderada del Nacional Buenos Aires, delegada por el centro de estudiantes e integrante de la UES.
“Nosotros también tuvimos un calvario, un muro de silencio, pero antes de eso quiero enfrentarlos con Franca”, dijo al tribunal y también a la sala. “Que la conozcan, que sepan quién fue, cómo fue esta muchacha maravillosa. Amada y admirada por muchos, dejó mucho y eso es una herencia también. Alegre, pero también muy pensativa. Defendía lo justo y cuanta causa hubiera. Era muy, muy generosa y atenta a todo, apasionada y también tenía un profundo sentido critico, incluso en la militancia, de la que voy a hablar.”

Vera, que era periodista en ANSA cuando secuestraron a su hija, hilvanó trazos de la vida política de Franca. Contó cómo la expulsaron del Buenos Aires en tiempos de la Triple A, después de una asamblea ya prohibida y organizada por los estudiantes para evitar el desplazamiento del rector. Echaron a 14 y por una gestión de los padres volvieron a incorporarlos a todos excepto a Franca, que no quiso volver. Rindió exámenes libres “brillantes”, se disponía a estudiar Ciencias de la Educación “porque pensaba en los grandes cambios sociales, que era la meta de todos estos jóvenes”. Empezó a trabajar en un pequeño taller, hacía cajitas y se anotó en un curso poligráfico. “Como tengo que decir toda la verdad, pero no puedo asegurarlo, digo que creo que tuvo militancia dentro de ese ámbito. Como tenía ese espíritu crítico, tardó mucho en militar en una institución organizada; cuando lo decidió, entró en la UES, y cuando tomaba una decisión lo hacía muy, muy en serio, quería decir que estaba convencida de lo que hacía.” Para entonces pasó de la UES a la Juventud Trabajadora Peronista.
El llamado

A Franca la secuestraron un viernes. Vera la esperaba al otro día en el Tigre. La buscó en hospitales, en la morgue, presentó hábeas corpus y durante años no supo nada. “Tenía 18 años de edad; mi marido y yo tratamos de localizarla, de salvarla; desgraciadamente fue en vano. Pasaron muchos años, más de veinte, antes de que yo pudiera saber la verdad, y esa verdad es el lugar donde Franca fue llevada después del secuestro.”

Franca estuvo en la ESMA. “Fue un verdadero infierno”, dijo. Vera supo eso a través de Marta Alvarez, una de ex detenida. “Quizá no sea mucho –dijo–, pero para mí es muchísimo, tengo algunas pruebas y en esas pruebas, una de las fundamentales es una grabación de la que ahora les cuento.”

Franca llamó a sus padres el 11 de julio desde un lugar de la ESMA que Vera reconoció años mas tarde. “Para nosotros significó que estaba viva, ahí están las voces de Franca y de mi marido que contestó, para mí es estremecedor volver a escuchar esas voces, pero sé que es una prueba importante por su contenido, así que estoy dispuesta a escucharlo de nuevo.”

En la sala se oyó esa grabación. Vera se quedó en la silla. Franca, rápida, joven, apurada, perforó el tiempo desde otro lado del espacio. Preguntó por todos: “¿Cómo están? ¿Cómo está mamá?”. Les dijo: “Estoy detenida”. Su padre preguntó un poco en italiano y en español. “¿Dónde estás? ¿Cómo estás? ¿Cuándo volvés?” Franca responde y responde: “No sé, la verdad, es que no sé”, dice.

–Bueno, chau...

–Que Dios te bendiga –dice su padre.

–Chau, papito, chau.


“Es como que hay dos grabaciones en mi memoria”, dijo Vera. “Todo lo que nos dijo Marta Alvarez y después esto, que es una prueba. Hacían esos llamados para frenar, se supone, nuestras denuncias y búsquedas, cosa que por supuesto no hicimos.”

Vera no paró de hablar; sólo en una ocasión los jueces le preguntaron si necesitaba un momento, porque los ojos se le llenaron de lágrimas. Alguien en el fondo murmuró: “¡No la conocen!”. Claro, no dejó de hablar. Cuando empezó, habló de Auschwitz y de las dos cosas que marcaron su vida. “La historia nos enseña que lo que ha sucedido una vez puede volver a ocurrir, y de hecho en mi historia esto se ha demostrado. En 1943 deportaron a Auschwitz a mi abuelo materno; más tarde mi hija Franca, secuestrada y llevada a la ESMA; dos historias, no hay tumbas, están la cámara de gas y los vuelos de la muerte.”

Al final, el presidente del tribunal le preguntó si quería decir algo más. Ella recordó a un chico de una escuela de Italia que le preguntó si estaba satisfecha con su vida. “¿Qué pregunta, no?”, dijo Vera con humor. “Le dije que sí, realmente he tenido mucho en mi vida, nos salvamos de la Shoá y tuve una vida normal hasta que suceden las dos tragedias: en el ’43 mi abuelo y luego mi hija, y tengo que decir que es como esa canción de Violeta Parra: la  vida me ha dado tanto, pero también me ha quitado. Quiero decirles a ustedes que agradezco haber estado acá. Y acá Franca conmigo pide justicia...”

—¡Mírenla, mírenla! –les dijo a los jueces. Y dejó a Franca, en la foto, arriba del escritorio.

martes, 26 de febrero de 2013

Los mellizos represores de la ESMA

Los García Velazco se hacen pasar uno por otro en los juicios por violaciones a los derechos humanos

Debido a la confusión sobre su identidad, Pablo Eduardo García Velazco, alias Serra, fue absuelto en el primer juicio de la ESMA. Ahora, en el segundo proceso, ambos hermanos están acusados y detenidos por delitos de lesa humanidad.

 Por Alejandra Dandan

Los García Velazco son dos marinos, hermanos mellizos, que usaron distintos apodos durante la última dictadura. Los dos estuvieron en la Escuela de Mecánica de la Armada, pero desde hace años se hacen pasar uno por otro para sembrar dudas sobre sus identidades en las causas de lesa humanidad. Esto le facilitó a uno de ellos ser absuelto en el último juicio de la ESMA. En el nuevo juicio, están acusados los dos. La reconstrucción de legajos y el cruce de testimonios dejaron claras sus trayectorias en la Armada, sus roles y la relación entre los nombres y los alias. Uno es Miguel Angel García Velazco, alias Dante, y el otro, Pablo Eduardo García Velazco, alias Serra. En las últimas semanas, los dos fueron indagados. Primero Dante y ayer Serra. En la declaración nuevamente intentaron confundirlo todo, pero sobre todo lo hizo Dante, que se autodefinió como Serra para seguir construyéndose una máscara.

Entre uno y otro mellizo hubo diferencias de tareas y hay distinciones en sus trayectorias, de las que dieron cuenta desde siempre los sobrevivientes, y que permitieron ir reconstruyendo sus perfiles a lo largo de estos años. Miguel Angel García Velazco (Dante) integró el Grupo de Tareas 3.3.2, fue oficial de Inteligencia y era uno de los hombres “permanentes” de la ESMA. Se casó con una española y se estableció en España. En este momento está con prisión domiciliaria.

Pablo Eduardo García Velazco (Serra) era oficial de Inteligencia del Servicio de Inteligencia Naval (SIN), que tenía un área dentro de la ESMA. Se lo conoce también como Fernando Serra, Sierra, Jorge o Juan. Es soltero, vivió con su madre (hoy de 94 años) durante 34 años en Ramos Mejía. A la salida de la Armada trabajó como productor de seguros y ahora está detenido en el penal de Ezeiza. El es quien además interpuso un recurso para volver a vivir con su madre, dice que tiene que volver a trabajar para mantenerla. El caso es analizado por los jueces del Tribunal Oral Federal 5, que se vieron interviniendo casi como un tribunal de familia: convocaron a declarar a las dos personas que cuidan a la mujer, leyeron las cartas de la madre en las que defiende a Serra, pero no así a Dante, pidieron informes de sueldos a la Armada para analizar los ingresos, hicieron una audiencia con el hermano que no aporta y ahora esperan una respuesta de la Anses para dar una respuesta definitiva.

“Una vez más los mellizos intentan sembrar dudas en relación con su identidad, aunque sólo uno de ellos, Miguel Angel (Dante), es el que quiere hacerse pasar por el otro”, dice la fiscal Mercedes Soiza Reilly. “Pablo García Velazco siempre sostuvo lo mismo. En cambio Miguel, en este juicio afirma ser quien no es. Ambos usaban apodos, ambos intervinieron en la represión de Estado, ambos estuvieron en la ESMA, ambos estuvieron dispuestos a aniquilar a la subversión. Por eso, ambos fueron condecorados por Massera en 1978.”

En el juicio anterior, el Tribunal absolvió a Serra luego de que la fiscalía sostuvo que se había confundido de acusado. La sentencia estableció en ese sentido que “durante el curso del debate se procuró averiguar, con total certeza, si Pablo Eduardo García Velazco en algún momento se desempeñó como miembro integrante de la Unidad de Tareas 3.3.2, si actuó bajo el seudónimo Dante, si contrajo matrimonio con una ciudadana española, si tenía una herida de bala en su pierna y en su caso si era aviador naval”. La sentencia respondió a esos interrogantes con lo siguiente: “Pablo Eduardo García Velazco se desempeñó en el SIN”, reconstrucción que se hizo a partir de su legajo. “Su apodo era Sierra, Serra, Jorge o Juan. Este extremo lo prueban los testimonios.” Descartaron otros dos ejes de confusión: la existencia de la herida en una pierna, descartada por un pericia médica, y que haya sido piloto de avión, a través de su legajo, rol que sí tuvo su hermano.

Ayer, en la audiencia, Serra dijo su nombre: “Soy Pablo Eduardo García Velazco, argentino, soltero, fecha de nacimiento: 10 de noviembre de 1946, resido en Ramos Mejía desde hace 34 años. Nunca he residido en el extranjero, me desempeñé como productor de seguros desde mi retiro en la Armada. En la Escuela Naval mis compañeros me decían Caroli”.

–¿Cómo? –repreguntó el presidente del TOF 5, Leopoldo Bruglia.

–Caroli.

Frente a los jueces rechazó “todos y cada uno de los cargos, nada tengo que ver con los mismos toda vez que yo prestaba servicios en un lugar distinto de la ESMA y fuera del espacio físico de la ESMA”, mintió, porque el SIN tuvo un lugar en la ESMA. Y se quejó porque “hasta el mismo juzgado” se confundía con la identidad: indicó que le prescribió un tratamiento por cardiopatía vascular, una patología que él no tenía.

En el juicio, ésta será la última semana de indagatorias de los 67 acusados. Ayer también declararon otros dos marinos. Pedro Antonio Santamaría, vicealmirante retirado de la Armada, que afronta su primer juicio, está imputado por más de 300 víctimas, entre ellos 15 niños apropiados. En la declaración negó los cargos. Luego declaró el marino Raúl Enrique Scheller, alias Pingüino, Schelling, Mariano y Miranda, oficial retirado de la Armada e integrante del sector Inteligencia del Grupo de Tareas 3.3.2 de la ESMA. Es el segundo juicio que enfrenta, en 2011 recibió prisión perpetua. En este juicio está imputado por más de 150 víctimas, entre ellas 12 niños apropiados. Scheller debía haber declarado semanas atrás, pero se pospuso porque les pidió a los jueces autorización para incorporar una película como prueba, llamada Guerra en Argentina. El Tribunal no se lo permitió porque se presentó fuera de tiempo, y ayer él aprovechó la indagatoria para expresar su disgusto. Con una escarapela en el traje, dijo: “La imagen de los hechos ocurridos cuarenta años atrás ayuda a que esa población que era muy joven pueda ver la realidad de vivir en un país sumido por la violencia”.

El marino, que es abogado, leyó el resto de la declaración. Reiteró la hipótesis de guerra y una y otra vez llamó “relato” a las causas de lesa humanidad.

Las audiencias continúan miércoles y jueves. Están previstas las últimas indagatorias a Julio Antonio Torti, Antonio Vañek y Carlos Orlando Generoso, que declarará, si todo sigue como hasta ahora, desde el hospital. Y pasado mañana están previstas indagatorias a Carlos Jaime Fraguio y Eduardo Morris Girling. El Tribunal adelantó una semana el comienzo de las testimoniales, que empezarían el lunes próximo.

martes, 19 de febrero de 2013

Repudio: el embajador de Holanda acompaña a genocida de la ESMA

Comunicado de prensa - H.I.J.O.S. Capital
18/2/2013
Expresamos nuestro más enérgico repudio al apoyo brindado por el embajador de Holanda en Argentina Hein De Vries al genocida Julio Poch, piloto de los vuelos de la muerte, quien declaró hoy en el juicio por la megacausa ESMA.

El embajador De Vries presenció el juicio junto al público integrado por los familiares de los imputados, en el sector destinado a ellos y los acusados, en lugar de hacerlo en el sector destinado a la prensa, los familiares de las víctimas, los organismos de derechos humanos y el público en general. Pero no sólo optó por ubicarse ahí, sino que además saludó al imputado Poch, quien le agradeció ante los jueces la presencia en la sala durante su declaración indagatoria por delitos de lesa humanidad.

De Vries estaba, según Poch, para “monitorear” el juicio. Nos parece un hecho de gravedad institucional que no puede pasar desapercibido, porque agravia a nuestro proceso histórico de Memoria, Verdad y Justicia. El Estado holandés tiene la posibilidad de gestionar todo tipo de reuniones con las instituciones del Estado argentino pertinentes para resolver las cuestiones que crea necesarias: no precisa mostrarse junto a los asesinos de nuestro pueblo para evaluar un proceso judicial histórico, que es inédito en el mundo.

Lo que hizo De Vries es inadmisible: acompañó a un genocida y eso está agravado por su condición de funcionario público. ¿Debemos entender que Holanda apoya a los genocidas de la ESMA? Hasta que no haya una comunicación oficial que indique lo contrario, el mensaje que recibimos hoy los familiares de desaparecidos que estuvimos en el juicio es ese: Holanda acompaña a los genocidas que son juzgados en la Argentina.

Este comportamiento de un representante del Estado holandés se contradice con la actitud del pueblo de Holanda durante la última dictadura cívico-militar de nuestro país, cuando fue uno de los pocos países que denunció el terrorismo de Estado y dio difusión a los reclamos de las Madres de Plaza de Mayo en pleno Mundial de Fútbol de 1978.

Esperamos la inmediata reacción de Holanda ante este hecho por el cual los familiares nos hemos sentido agraviados. Vemos en este acto una falta de respeto enorme, no vista hasta entonces por representante alguno de ningún Estado.

H.I.J.O.S. Capital
Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio
www.hijos-capital.org.ar

lunes, 18 de febrero de 2013

La declaración de Julio Poch sobre su participación en los vuelos de la muerte.

El piloto de la muerte ahora niega todo
Poch dijo que no participó en vuelos desde los que se arrojaban personas al mar y argumentó que no les confesó a sus compañeros de una aerolínea holandesa haberlo hecho, sino que se trató de un malentendido idiomático.

 Por Alejandra Dandan

Esta vez, el piloto Julio Poch estuvo sin carteles colgados en el pecho. Sentado en una silla, a las 12.29 del mediodía empezó con la indagatoria de cuatro horas, un descargo para el que recurrió al Power Point, reproducciones en pantalla gigante de notas y de su libro de vuelos. Tomó párrafos del Nunca más, donde dijo haber leído por primera vez acerca de los vuelos de la muerte: “Por supuesto que, como a la mayoría de los que vivimos ese período, me provocó incredulidad y rechazo”. Se refirió a las confesiones de Adolfo Scilingo en el libro El vuelo, de Horacio Verbitsky, y explicó que cuando un pariente suyo le habló del caso, le respondió que “la Armada nunca haría cosas como ésas”. Volvió a negar su intervención en los vuelos de la muerte como lo hizo en la instrucción y también haberles confesado su participación en los vuelos a sus compañeros de tripulación en la isla de Bali en 2003. “No participé de los vuelos de la muerte ni como piloto, copiloto ni tripulante”, indicó, pero no dijo nada que no hubiera dicho en las etapas anteriores.

Uno de los datos más novedosos de la declaración sucedió casi al comienzo, y despertó malestar y repudio entre las víctimas presentes en la sala. Poch tiene ciudadanía holandesa. El embajador de Holanda, Henry Juriaan de Vries, estuvo en la sala. Poch intentó abrazarlo cuando llegó y desde el micrófono le agradeció su presencia, que se sumó a un apoyo que el piloto recibió del Ministerio de Relaciones Exteriores de ese país. Poch lleva adelante en Holanda una campaña para proclamar su inocencia. En un cuarto intermedio, un torbellino de periodistas holandeses se cruzó en los pasillos con abogados, fiscales, querellas. Alguien dijo que el embajador estaba ahí porque Poch era ciudadano holandés. Una de las investigadoras de la causa rápidamente aclaró: “Eso está bien si el ciudadano holandés es una ‘víctima’, pero otra cosa es que lo hagan cuando lo que existen son presunciones sólidas acerca de un imputado en crímenes de lesa humanidad”. De saco azul, camisa celeste con el cuello abrochado a dos botones, corbata y lentes, el piloto leyó su declaración, mientras iba y venía con las imágenes en la pantalla. “Siento una tremenda indignación por encontrarme en este juicio, acusado, procesado y arrastrado aquí ante ustedes, y además privado de mi libertad. Me encuentro aquí por un terrible malentendido, mis palabras se tergiversaron de una conversación”. Y luego afirmó: “Estoy injustamente acusado de crímenes y tormentos que no he cometido”. El piloto criticó al Estado argentino por “detenciones arbitrarias como la mía”, y dijo que era una “verdadera vergüenza” estar ahí “sólo por haber dado mi opinión personal con colegas holandeses, en la isla de Bali en 2003, sobre la política argentina”. Cuando habló de los vuelos, dijo varias veces lo mismo: “No tengo conocimiento de si existieron o no sino a partir de lo que he leído publicado por los medios. Si existieron, es algo terrible, aberrante e inhumano. Nunca dije haber estado involucrado en ellos”.

Sobre las acusaciones, el piloto repitió el esquema de su estrategia de la indagatoria. Primero negó haber volado aviones con capacidad de transportar pasajeros y dijo que sólo se instruyó una vez que entró a Aerolíneas Argentinas en 1981. Sobre este punto, el juez de instrucción Sergio Torres dio por probado –a través de documentación de la Armada, entre otras cosas– que voló aviones con capacidad de carga y descarga, y por lo tanto con capacidad de transportar pasajeros. Un tema que en cambio está en duda es la cantidad de hechos adjudicados. Hasta ahora, Poch está acusado por 30 hechos, entre ellos las víctimas de la Santa Cruz, “trasladadas” en un vuelo de una fecha en la que él dice haber estado en otro lado. “Como les aseguré a Torres y (al fiscal Eduardo) Taiano, jamás estuve en la ESMA, ni destinado, ni en comisión, ni siquiera un día de visita, no integré ninguno de los grupos de tareas. No participé de la lucha contra el terrorismo en los años que estuve en la Armada, no tuve nada que ver con los vuelos de la muerte; pero por último quiero agregar que no confesé nada porque no tengo nada que confesar.”

Uno de los ejes de la causa es la cena en el restaurante Gado Gado de Bali en 2003. Fue entonces cuando Poch admitió haber piloteado aviones de los vuelos de la muerte, según la denuncia que luego hicieron algunos de sus compañeros. El juez Torres indicó en el expediente que los testigos recibieron más tarde una serie de e-mails de amigos de Poch indicándoles que cambiaran la declaración y con sugerencias de aquello que debían decir. Uno de los argumentos centrales de la defensa desde siempre fue apelar a una supuesta confusión de idiomas y traducciones.

Ayer, Poch mostró fotos, una sucesión de hora por hora de la cena. Para probar cómo estaban las cosas al comienzo de la charla central hasta proyectó una imagen con una mesa y cafés: el comienzo de una sobremesa. “En febrero del año anterior, Máxima se había casado con el príncipe de Holanda –dijo–. Muchos holandeses cuestionaban a su padre Jorge Zorreguieta, a ese señor no se le permitió asistir a la boda. Uno de los holandeses dijo que le parecía bien porque Zorreguieta había sido parte del gobierno de la dictadura argentina. Yo opiné que por ser el padre de la novia no me parecía tan bien, sino que debía habérsele permitido. Dije que había sido secretario de Agricultura durante el gobierno militar, y mi opinión fue recibida como si defendiera a Zorreguieta y al gobierno militar (...). Les dije que estaban equivocados sobre lo que había pasado en la Argentina, era mi opinión, les dije que había una situación caótica en el país después de la muerte de Perón, violencia terrorista que azotaba todos los días con atentados y bombas, enfrentamientos armados, secuestros extorsivos y ataques militares, etcétera. Era mi opinión. Les dije que había un conflicto interno con víctimas de ambos lados.”

En ese contexto, aseguró, les dijo que había sido militar. Uno de los presentes le preguntó si era cierto que se arrojaban opositores al mar. “Eso me recordó lo de Scilingo –dijo él–. Yo les dije lo que era de público conocimiento, supuestamente, pero que no se tenía confirmación. No defendí esos hechos sino a mi país y la Armada.” En ese momento, su compañero Tim Weert le dijo aquello sobre lo que Poch basó su estrategia: “How terrible that you have to do that” (“Qué terrible que tuviste que hacer eso”). Poch planteó que entendió aquel “tuviste” por un “tuvieron”, aunque nunca aclaró que en español aquello también indica un “nosotros inclusivo”. Además del “you”, lo que Poch subraya de ese relato es que el contexto de la charla operó como confusión.

Una y otra vez, Poch repitió, sobre los vuelos de la muerte, aquello de “no me constan”. “Estoy muy orgulloso de mi corta carrera naval –dijo–, la misma está detallada en mi legajo de servicio... No recibí ninguna orden para dañar a una persona o hacerle mal a nadie.” A las 17.30, la presidenta del TOF, Adriana Paliotti, lo despidió. La indagatoria había terminado.

ESMA: hallan una inscripción que podría pertenecer a un detenido en dictadura

En una de las paredes del Casino de Oficiales del ex centro clandestino de la Armada

 El mensaje "C P C c Vega 17-5-1980" fue descubierto en el sótano del edificio, tallado con un objeto punzante en el hueco de una ventana. El juez Torres ordenó una pericia a la Policía Federal. El antecedente de otros casos similares.

Por: Gerardo Aranguren


 Mientras se desarrolla el tercer juicio oral por delitos de lesa humanidad en la ESMA, el Equipo de Conservación del Instituto Espacio para la Memoria (IEM) descubrió en el edificio del Casino de Oficiales una nueva inscripción que habría sido hecha durante la última dictadura cívico-militar.

En el sótano del edificio, donde eran descendidos los detenidos desaparecidos recién llegados al edificio, se encontró la inscripción “C P C c Vega 17-5-1980”, aunque se desconoce todavía quien puede haberla realizado. El escrito, tallado con un objeto punzante sobre la pared, fue hallado en el hueco de la primera ventana del sótano de la cocina, en el lado sur del Casino, durante una revisión que efectuó el personal de Conservación del edificio, que funcionó como centro clandestino de detención del terrorismo de Estado.

Según los archivos del IEM, en esa fecha, 17 de junio de 1980, se conoce que en la ESMA estaban detenidos Graciela Alberti, Silvia Dameria, Alcira Machi Boero, Orlando Ruiz Farías y Ricardo Soria Suárez, todos ellos desaparecidos. También permanecía allí Víctor Basterra, quien sobrevivió y se convirtió en uno de los testigos principales en los juicios que se desarrollaron luego. Al ser informado por el Instituto sobre el descubrimiento, el juzgado federal de Sergio Torres, que lleva la megacausa ESMA, resolvió ordenar una pericia sobre la inscripción en la pared a la División Scopometría de la Policía Federal.

En los últimos años, se descubrieron varias inscripciones más en las paredes del Casino de oficiales por donde se calcula que pasaron 5000 detenidos. Una perteneció a Horacio Domingo Maggio: "27/12/77 cio Maggio". Otra inscripción, "De Marco - PC", en el último piso del edificio, fue atribuida a Ernesto de Marco