martes, 26 de marzo de 2013
jueves, 21 de marzo de 2013
Revelador testimonio de la represión en la Comisión Nacional de Energía Atómica
El ingeniero químico Carlos Calle reconstruyó ante el Tribunal Oral Federal 5 su secuestro, cuatro días después del golpe de Estado de 1976. La persecución del vicealmirante Carlos Castro Madero. Sus compañeros de cautiverio.
Por: Gerardo Aranguren
Por: Gerardo Aranguren
El mismo día del golpe cívico militar de 1976 la Armada designó como interventor de la estratégica Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) al vicealmirante Carlos Castro Madero. Cuatro días después de ese nombramiento, el ingeniero químico Carlos Calle fue sacado de su casa en la madrugada. Esposado y con una capucha en la cabeza fue subido a un vehículo militar mientras le apuntaban con un fusil en las costillas: "Si te movés, sos hombre muerto", le advirtió su custodio. El trayecto desde su casa en Ituzaingó hasta su lugar de detención duró alrededor de una hora. A pesar de la capucha y el terror, pudo reconocer el recorrido que había hecho muchas veces: había llegado a la ESMA, justo enfrente de la sede central de la CNEA.
Calle declaró ayer luego de un largo exilio en Italia. Se presentó como testigo ante el Tribunal Oral Federal 5, en el juicio que se sigue por delitos de lesa humanidad en el centro clandestino de detención de la ESMA. Si bien son 68 los acusados en este debate, ayer sólo estuvo presente en la sala AMIA de Comodoro Py Ricardo Cavallo, miembro del Grupo de Tareas 3.3.2.
Al recordar detalles de su secuestro y cautiverio, el testigo narró también la dura represión que desató la Marina sobre los trabajadores y sindicalistas de la CNEA y que dejó como huella 15 personas desaparecidas y otras 11 que, luego de su secuestro fueron liberadas, como su propio caso. En 1976, Calle integraba junto con muchos de sus compañeros un grupo de discusión peronista en la CNEA y era un activo participante de las asambleas que se desarrollaban allí. Justamente esa militancia fue el foco del único interrogatorio que sufrió durante su cautiverio. Estaba encerrado en una celda pequeña y tabicado cuando dos hombres le preguntaron sobre "la organización de su célula" en la CNEA. "Casi una hora después me amenazaron: como usted no quiere colaborar, es muy difícil que vuelva a ver a su familia", recordó ayer el testigo.
Permaneció en la ESMA dos o tres días. Una noche fue cargado en un camión donde reconoció a su jefe en la Comisión, Santiago Morazzo, quien había sido secuestrado el mismo día y llevado a la ESMA, y ambos fueron trasladados a otro centro de detención: un buque de la Marina que luego identificarían como Bahía Aguirre. "Ahí nos dieron una paliza terrible. Yo me desmayé y cuando me desperté estaba estaqueado", recordó.
Luego de pasar varios días en ese sitio, lo subieron a una lancha y a un auto para finalmente llevarlo al penal de Devoto. "Ahí me encontré con muchos de mis compañeros de la comisión", contó. Junto a él viajaron otros integrantes de la CNEA que habían sido detenidos en sus domicilios o en sus lugares de trabajo, como Máximo Victoria, Eduardo Cuello o Pedro Landeyro, secuestrados en la misma comisión, y luego reunidos en el buque de la Armada. Luego de pasar unos meses en Devoto, en el sector de presos políticos, y en la Unidad 9 de La Plata, en octubre de 1976 el grupo fue liberado casi en simultáneo.
Al cabo de 37 años, Calle declaró ayer durante dos horas ante los jueces Daniel Obligado, Adriana Palliotti, Pablo Bertuzzi y Leopoldo Bruglia, y responsabilizó al interventor Castro Madero, quien en pocos días como autoridad de la CNEA instauró un "clima de terror". "Metió presas a otras diez personas y después empezó una campaña de eliminación de gente en la comisión: hubo unos 200 cesanteados, 11 secuestrados y 15 desaparecidos. Además, estoy seguro de que el departamento de personal tenía legajos con la caracterización política de cada uno", reconstruyó.
Justamente, entre las pruebas de la causa figura un documento de la Gerencia de Logística de la CNEA en el que cita informes secretos de organismos de seguridad y advierte sobre este grupo de trabajadores, luego secuestrados, a los que consideró "un factor real o potencial de perturbación del normal funcionamiento de esta Comisión". «
Las víctimas de la CNEA
Además de Calle y Morazzo, quien también declarará como testigo en los próximos días en el juicio de la ESMA, hay otras víctimas de la CNEA que pasaron por ese centro clandestino. Uno de los casos que se tratará en el debate es el secuestro y desaparición de Graciela Barroca y Gerardo Strejilevich. La pareja compartía los estudios de Ciencias Exactas de la UBA. Ella era técnica en la Comisión y a él la SIDE le había rechazado un pedido de beca en la Comisión, según los registros de la Comisión de Derechos Humanos del Personal de CNEA (CDHPCNEA). Fueron secuestrados en julio de 1977 y llevados a la ESMA.
También se juzgará la desaparición de José Badillo y de Daniel Rus. Badillo era un trabajador de una empresa contratista de la Central Nuclear Atucha I y fue secuestrado en la madrugada del 8 de julio de 1977. Rus, por su parte, era becario en la CNEA y fue secuestrado en su lugar de trabajo el 15 de julio de 1977.
En los archivos de la CDHPCNEA figuran además otros 11 casos de trabajadores desaparecidos en la última dictadura que no pasaron por la ESMA.
Además de Calle y Morazzo, quien también declarará como testigo en los próximos días en el juicio de la ESMA, hay otras víctimas de la CNEA que pasaron por ese centro clandestino. Uno de los casos que se tratará en el debate es el secuestro y desaparición de Graciela Barroca y Gerardo Strejilevich. La pareja compartía los estudios de Ciencias Exactas de la UBA. Ella era técnica en la Comisión y a él la SIDE le había rechazado un pedido de beca en la Comisión, según los registros de la Comisión de Derechos Humanos del Personal de CNEA (CDHPCNEA). Fueron secuestrados en julio de 1977 y llevados a la ESMA.
También se juzgará la desaparición de José Badillo y de Daniel Rus. Badillo era un trabajador de una empresa contratista de la Central Nuclear Atucha I y fue secuestrado en la madrugada del 8 de julio de 1977. Rus, por su parte, era becario en la CNEA y fue secuestrado en su lugar de trabajo el 15 de julio de 1977.
En los archivos de la CDHPCNEA figuran además otros 11 casos de trabajadores desaparecidos en la última dictadura que no pasaron por la ESMA.
miércoles, 20 de marzo de 2013
“Los vuelos de la muerte fueron muchos”
Federico Talavera declaró como testigo y dijo que era chofer en El Olimpo. Contó desde qué bases aéreas salían los vuelos
para arrojar a detenidos desaparecidos, dio nombres de víctimas y de
miembros de las Fuerzas Armadas que participaban de los operativos.
Por Irina Hauser
“Los vuelos de la muerte fueron varios, muchos. Los traslados se hacían de noche, desde Aeroparque, y los que hacían los vuelos eran el segundo comandante Guillermo Cardozo, de Gendarmería; Eugenio Pereira Apestegui, de Inteligencia de Gendarmería; el Turco Julián, y el principal Rosas, de apodo ‘Clavel’, que era de la Policía Federal (...) Las personas iban vivas, drogadas, sedadas, iban libres, deliraban, no estaban esposadas, iban vestidos. Se les decía que iban a un campo. Ninguno tenía ya capuchas ni vendas. No les importaba mucho que vieran a las personas que los llevaban.”
Este relato es un tramo de la declaración testimonial que prestó la semana pasada el ex gendarme Federico Talavera ante el fiscal Federico Delgado, en la que reconstruyó los “traslados” en los que tuvo participación cuando era chofer asignado al centro clandestino El Olimpo.
Talavera aportó, junto con su descripción directa como engranaje del aparato represivo, algunos detalles: un mapa de las bases aéreas de donde salían los vuelos desde los cuales se arrojaba a los detenidos desaparecidos, el uso de aviones sin identificación militar, los nombres de víctimas y de miembros de las fuerzas de seguridad que participaban de estos operativos, algunos ya condenados y otros no. Su testimonio plantea una encrucijada para Delgado y el juez Daniel Rafecas, que tendrán que definir si convertirlo en imputado y disponer su detención o priorizar sus aportes como testigo, para conocer la verdad.
Talavera fue interrogado en una causa específica sobre los “traslados” de prisioneros desde centros clandestinos del Primer Cuerpo de Ejército. Esta línea de investigación quedó abierta el año pasado por el juez Rafecas, después de procesar a siete represores por el asesinato de 19 personas llevadas el 6 de diciembre de 1978 desde El Olimpo, previo suministro de un “tranquilizante”, a un avión desde donde serían arrojadas al mar. Rafecas definió que “los traslados no eran otra cosa que el homicidio y el garantizar la desaparición del cuerpo de la víctima”, con lo cual daba por probados los asesinatos aun cuando no se hubieran identificado los restos de los detenidos. Eso le permitió procesar por homicidio, lo que habilita penas de prisión perpetua, a quienes hasta entonces eran imputados por secuestros y torturas, con penas menores.
El ex gendarme le dijo al fiscal Delgado que trabajó en Gendarmería entre 1975 y 1980. Desde el destacamento de Campo de Mayo le dieron funciones como chofer de camiones en El Olimpo. En 1995 declaró, en forma más genérica, ante la Cámara Federal y habló en una entrevista sobre los vuelos de la muerte. La fiscalía lo buscó mucho tiempo y, ante pistas de que vivía en Paraguay, pidió a Migraciones que si cruzaba la frontera le notificaran que debía presentarse. Lo hizo, finalmente, el 15 de marzo.
“Eramos tres choferes”, narró, aunque sólo recordaba a un tal Vera. “Nos iban tocando de manera alternada distintas noches de traslados (...) Fueron muchos los vuelos que se hicieron para ‘trasladar’ a los detenidos de El Olimpo, allí había más de cien personas y todos se hacían desde Aeroparque y después se levantaba a los que participaban en Ezeiza”, precisó. Involucró a los gendarmes Cardozo y Pereira Apestegui y a los policías Julio Simón (“Turco Julián”) y Roberto Rosa (alias “Clavel”), que ya fueron condenados por los crímenes en el circuito Atlético-Banco-Olimpo. Incluyó al mayor Guillermo Minicucci (fallecido) y a un grupo de procesados: el oficial de inteligencia Eduardo Angel Cruz (“Crámer”), el oficial Juan Carlos Mario Chacra (“Paco”) y al gendarme Juan Miguel Méndez (“Nelson”). Agregó nombres que los investigadores deberán identificar: los cabos Luque y Godoy, el principal Soto y el sargento Luna, y Estévez todos de Gendarmería. Añadió al gendarme Jorge Torres, hasta ahora testigo.
“Había otros vuelos de la muerte que salían de El Palomar”, dijo Talavera. Supone que “eran los de la ESMA” y “los del Pozo de Banfield”, porque “los de Campo de Mayo tenían su propio aeropuerto”. Como algo novedoso mencionó que los aviones “eran los Fokker 27 civiles (...) no eran de ninguna fuerza de seguridad ni del Ejército”, aunque no recuerda a qué empresa pertenecían.
Dentro de El Olimpo dijo que casi no estuvo. Alguna vez le encomendaron llevar al Batallón de Inteligencia escuchas telefónicas y listados de detenidos. Lo que sabe, enfatizó, es que en ese centro clandestino “murieron varias personas”. “Los torturaban ahí mismo y los sacaban muertos. Los quemaban en tachos”, dijo. “También en El Olimpo hubo muchas embarazadas (...) Todas iban a parir al Hospital Militar y luego desaparecían. El oficial que las llevaba era el que se iba a hacer cargo de la criatura. Pero no recuerdo el nombres (...) sí que eran de Ejército o de Policía”, relató.
Se detuvo en dos casos puntuales. Dijo que recordaba haber llevado a Marta Inés Vaccaro a unos de los vuelos que partían de Aeroparque, en 1979. Marta fue secuestrada 1978 junto con su pareja. El sigue desaparecido, igual que el bebé. Al referirse a otros traslados, el ex gendarme recordó haber llevado a parir al Hospital Militar a quien sería, por la descripción, Lucía Tartaglia. Relató que la acompañó “Paco”, y que después del parto le pidieron a él que la llevara en el baúl hasta el destacamento policial de Puente 12 cuando, supone, estaba sin vida.
Luciano Hazan, abogado de Abuelas de Plaza de Mayo, evaluó: “En el caso de Tartaglia, se confirma que hubo un parto; queremos que amplíe su declaración para mostrarle fotos de otras embarazadas”. El abogado Pablo Llonto, que representa a la familia de Carlos Pacino (cuyo cuerpo es uno de los hallados en la costa atlántica), sostuvo: “Es necesario que Talavera aporte la mayor cantidad de datos y que luego se resuelva su situación procesal. Hay que corroborar sus dichos. Es el primero que habla de vuelos no identificados, tiene que precisar qué vio”.
Hasta ahora, los represores que reconocieron algo sobre los vuelos de la muerte lo hicieron en declaraciones públicas o ante organismos extrajudiciales. Los acusados en el juicio de ESMA los niegan. Sólo Adolfo Scilingo aportó datos ante la Justicia española.
lunes, 18 de marzo de 2013
Lordkipanidse y Basterra, una charla entre dos testigos del horror en la ESMA
LA RETAGUARDIA
Comenzó la ronda de testimonios en el tercer tramo del juicio por los delitos de lesa humanidad cometidos en la ESMA. Uno de los primeros en declarar fue Carlos Lordkipanidse, de la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos (AEDD), con quien dialogamos sobre esta experiencia. También participó de la conversación Víctor Basterra, quien probablemente declare la próxima semana. Los dos se autodefinieron como “hermanos del alma”, ya que compartieron parte del cautiverio: “estuvimos un año y medio juntos solos en la Escuela de Mecánica de la Armada, como no lo voy a conocer a Víctor”, graficó Lordkipanidse; luego compartieron muchos más años de lucha. Tanto tiempo de vivencias similares, conocimiento y confianza se reflejó en varios momentos de la entrevista, en la que no faltaron risas, palabras serias, frases cómplices y profundas reflexiones. Una charla que finalizó con la convocatoria a marchar el próximo 24 de marzo, al cumplirse un nuevo aniversario del inicio de la última dictadura cívico militar en 1976.
Tras su declaración testimonial, como una de las cabezas de la querella de Justicia Ya, Carlos Lordkipanidse rescató que por fin se está ante un verdadero juicio, donde se juzga por los delitos cometidos contra setecientas víctimas, a casi setenta represores, algunos de uniforme y otros civiles, entre ellos Juan Alemann, quien fuera secretario de Hacienda y mano derecha de José Alfredo Martínez de Hoz. Además, destacó la implementación de un nuevo sistema de juicio: “algo que nos costó mucho imponer, entendiendo que antiguamente se juzgaba de acuerdo al código penal antiguo, con juicios propios para ladrones de gallinas y no para genocidas. En esta oportunidad se están teniendo en cuenta las declaraciones efectuadas en otros juicios anteriores, en forma de video a la que tienen acceso las partes, lo que evita la revictimización del testigo al punto de tener que contar una y otra vez cada uno de los detalles de lo acontecido, y en estas oportunidades se puede ir directamente al grano, a los hechos que se juzgan en este tramo del juicio, ESMA III, entendiendo el primero por el de Febres, el segundo contra dieciséis represores cuando se condenó a Acosta, Astiz y todos los famosos, y ahora este tercero donde son sesenta y ocho represores, porque lamentablemente dos fallecieron esperando el juicio”.
En su declaración, Lordkipanidse aportó varios elementos a la causa. Uno está relacionado con su explicación de por qué se debe dejar de utilizar el concepto de que los secuestrados en la ESMA fueron sometidos a trabajo esclavo sino que directamente hay que hablar directamente de esclavitud: “desde un principio contra lo que hubo que luchar fue contra una palabra nefasta que nos endilgaron como sobrevivientes que fue el de la colaboración. Hubo que luchar contra esa palabra en el sentido de que uno no colaboró en ese lugar voluntariamente, sino que fue obligado a hacer determinadas tareas. Con el tiempo nos fuimos dando cuenta de que en realidad nos tuvieron en situación de trabajo esclavo, quiere decir que nos asignaban algún trabajo para hacer, y nuestra situación era de esclavitud porque no teníamos un poder de decisión acerca de lo que podíamos hacer o no porque corrían peligro nuestras propias vidas. Y en definitiva si uno se pone a hurgar claramente de lo que se trata, decimos que no hubo una situación de trabajo entendido en el sentido de la remuneración, del trabajo en blanco, la posibilidad de afiliarse a un sindicato, y demás cuestiones no existieron en la ESMA, no hubo remuneración, ni convenio colectivo de trabajo ni cosa por el estilo, hubo una situación de esclavitud. Entiendo que si estos juicios existen son para tener una clara noción de lo ocurrido y eso manifestarlo en palabras, porque volver a los hechos no se puede, entonces a lo que nos estamos refiriendo es que a nosotros nos tuvieron ahí como esclavos. Hay que redefinir las palabras, y a la vez poner al represor en el lugar que le corresponde porque si no parece que nos hubiesen dado la posibilidad de trabajar, como una obra benéfica, y eso confunde. Yo creo que nos convirtieron de prisioneros, secuestrados que éramos en ese momento, en esclavos”.
Al respecto, Víctor Basterra aportó que en ese momento la disyuntiva era de vida o muerte: “trabajás o te morís, así era la palabra de los tipos. Ellos manejaban el concepto del trabajo, nosotros el de la esclavitud”. Y Lordkipanidse agregó: “vale la pena definir toda esta situación investigada y puesta sobre la mesa en los juicios orales y públicos, esto merece ser tratado con las palabras correctas, por ejemplo que lo que ocurrió en la Argentina fue un genocidio, no un simple asesinato masivo de personas”.
Los compañeros de secuestro y lucha también se refirieron al mes que durante, su cautiverio, fueron trasladados hasta en una isla del Tigre, ante la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 1979. Lordkipanidse afirmó que con el tiempo y producto de investigaciones particulares supieron que ese predio llamado “El Silencio” y ubicado en la tercera sección del Tigre, pertenecía en ese momento a la Revista Esquiú, vocero oficial de la Iglesia Católica Argentina: “ahora sabemos que cambió de dueño, que el muelle que existía para desembarcar en ese lugar ya no existe. Pero es una pieza tan importante dentro del rompecabezas de lo que sucedió en la ESMA que cubre la parte de la intencionalidad del ocultamiento, no se trata de ocultarnos ante la visita de las monjitas de no sé dónde, venía la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a la Argentina, entonces modificaron toda la estructura del edificio de oficiales de la ESMA y a todos los prisioneros nos llevaron a una isla oculta en el Tigre, con la excepción de dos compañeros que estaban en Capucha en ese momento, el Topo Sáenz y otro compañero del que nunca supimos el apellido pero le decían ‘Tachito’, que no llegaron a la isla. Por lo tanto, la isla forma parte fundamental en la investigación de lo sucedido. Como así también el campo de deportes que está contiguo a la ESMA, a orillas del río donde se incineraban los cadáveres de nuestros compañeros en los famosos ‘asaditos’. En el campo de deportes hicimos inspección ocular con el Tribunal Oral Federal, en la ESMA también, pero ¿cómo puede ser que no estemos yendo a la isla, donde sucedieron todas las cosas que ocurrieron y que forma parte del plan general del funcionamiento de la ESMA? Entonces lo que hice fue acercarme a la isla con la ayuda de una compañera periodista, escritora y fotógrafa, entramos a la casa, fuimos al lugar donde estaban los de capucha, sacamos fotos (algunas de ellas acompañan esta nota, debajo), y eso lo presenté el otro día en el tribunal pidiendo una inspección ocular y una medida de no innovar, que quiere decir que en ese lugar hay pruebas, yo sé que las hay, acerca de nuestro paso por ese lugar. Entre otras cosas hay utensilios en la casa que todavía se preservan, que eran de esa época, por ejemplo la cocina económica, de hierro, vieja, que se usaba con leña; un armario en el comedor; los aparatos del baño; y demás cuestiones que se preservan increíblemente, entonces le pedimos al tribunal una medida de no innovar, veremos ahora qué resuelve”.
Según describieron Basterra y Lordkipanidse, en el predio había dos edificaciones, separadas por un arroyo, a una cuadra más o menos de distancia. En la casa más chica estaban los secuestrados en situación de capucha, en condiciones infrahumanas. Actualmente, viven allí dos personas que como caseros cuidan el lugar. El resto está prácticamente igual. Basterra formaba parte del grupo de personas secuestrado en la llamada ‘casa menor’: “el problema nuestro era que no teníamos agua potable, estábamos engrillados y esposados, con la capucha, tirados en el piso sobre un plástico y las colchonetas, que cuando subía un poco el agua uno se mojaba. Los guardias no se animaban a entrar por el olor que había porque nosotros estábamos todos descompuestos. Hemos hablado en el juzgado sobre la necesidad de preservar este lugar pero aparentemente no sabían, seguramente el juez tenía bien en claro lo que no quería hacer o lo que quería hacer. Los colaboradores de él estaban un poco confusos y molestos. Sabíamos que la isla pertenecía a la curia, no sabíamos que era de la Revista Esquiú, esto había que reactualizarlo, y me parece muy bien lo que hizo Carlos, haciendo in situ la investigación y presentándola como prueba”, relató.
Lordkipanidse explicó que también presentó ante el tribunal imágenes aéreas con aproximación hacia el techo de la casa, sacadas a partir del sitio de internet Google Earth: “es impresionante, el tribunal quedó con la boca abierta con el trabajo que les presentamos porque es ineludible; si no hacen inspección ocular, si eso no se preserva el lugar, será una actitud jodida, tal vez comprensible porque también se pidió la investigación de la curia en la misma oportunidad, entendiendo que ese lugar en ese momento pertenecía a la curia, y ahora ante los nuevos acontecimiento papales quiero saber qué es lo que van a hacer, si van a comprometer realmente a la curia argentina en cuanto a lo ocurrido con la represión y demás cuestiones. En los papales y en los hechos está todo demostrado, y me parece que no queda más que actuar”, afirmó, refiriéndose a la reciente coronación de Jorge Bergoglio como Sumo Pontífice de la Iglesia Apostólica Cristiana.
Víctor Basterra debía declarar en este juicio el jueves 14 de marzo, pero su audiencia fue pospuesta seguramente para la próxima semana; quien sí pudo brindar testimonio fue su hija María Eva, Evita, también secuestrada en la ESMA: “yo siempre digo ‘mis hijas, mi orgullo’, porque tienen una impronta muy bien asimilada de lo que es jugarse por las causas justas, y la participación en este juicio es una causa justa, y así lo vio ella y se desenvolvió con total firmeza. Yo le dije que vaya tranquila, con serenidad y dignidad, y creo que lo hizo de esa forma. Esta es la primera declaración que hace. Nuestras declaraciones son aportes a la memoria, para la construcción de un futuro, y también lo hacemos con una mirada estratégica para no dejarles el manejo de los conceptos y los valores a tipos que no se merecen manejarlos, como son muchas veces los emergentes del sistema como los medios de comunicación que han acopiado toda la información y la van manejando para ir formando una opinión totalmente equivocada y al servicio de los poderosos. Nosotros rompemos un poco eso, por lo menos es nuestra intención tratando de establecer nuevas formas. Ellos decían 'delató o entregó información', nosotros decimos le arrancaron información, y se van extendiendo esas cosas para tratar de entender un poco cómo era el sistema para lograr información por parte de los militares. Estos son los aportes que uno hace a la memoria colectiva y creo que son importantes”, reflexionó Víctor.
La extensa charla permitió tocar otros temas relacionados de alguna manera con los años de dictadura, como la designación de Jorge Bergoglio como Francisco. Este hecho despertó humoradas pero también indignación de parte de Basterra y Lordkipanidse.
“Me pareció absolutamente insólito y me vino a la mente esa vieja expresión que decía ‘dios es peronista’, porque el enviado del señor es de San Lorenzo y fue de Guardia de Hierro. Así que estamos acercándonos al paraíso”, comenzó Basterra, lanzando una sonora carcajada, aunque inmediatamente se puso serio y agregó: “de las organizaciones no democráticas o que menos usan el estado de derecho como visión general, la iglesia es una de ellas. No sé qué atractivo puede tener para nosotros, para los que hemos pasado por tantas cosas. Yo soy agnóstico así que solo sé que en algún momento va a expresar sus pareceres (el Papa)”. En el mismo sentido, Lordkipanidse sumó: “a mí lo que me llama muchísimo la atención es que el año pasado, en el juicio anterior de ESMA, Bergoglio fue indagado por lo ocurrido con los padres Yorio y Jalics, porque él era el superior de ellos, así que a instancias de las querellas participantes en el juicio, a partir de las denuncias en concreto que hicieron los padres que estuvieron secuestrados en la ESMA, se le tomó declaración indagatoria al que ahora es Papa, es una cosa realmente insólita. Es como si hubiesen nombrado a Menéndez como Comandante en Jefe de la OTAN, es un mono con navaja. Bergoglio fue indagado acerca de una acusación surgida en un juicio. Los testigos se ofrecen en este tipo de juicios en forma previa, en el ofrecimiento de pruebas; ahora, si en el desarrollo del juicio oral y público surgen nuevas contingencias en lo que respecta al contenido del juicio, por ejemplo nombres de represores nuevos, a éstos se los cita a declaración indagatoria, y si no se presentan se los declara rebeldes. Este señor como en ese momento era Arzobispo de la Ciudad de Buenos Aires, antepuso su condición como hacen los diputados y senadores, entonces tuvo que ir todo el tribunal al lugar donde se encontraba este señor que es la casa de gobierno de la iglesia a tomarle la indagatoria en ese lugar. Y en una indagatoria absolutamente plagada de mentiras, y de imprecisiones que se pisaba solo una vez arriba de la otra, algo vergonzoso, que de no haber sido una personalidad tan destacada lo que hubiese correspondido era el inmediato arresto por lo menos por falso testimonio. Los jueces perdieron esa oportunidad de pasar a la historia por haber metido preso al que iba a ser Papa un año después”, concluyó, también riéndose.
Antes de cerrar la entrevista, Lordkipanidse convocó a la movilización que el Encuentro Memoria Verdad y Justicia realizará como todos los años el próximo 24 de marzo desde Congreso a Plaza de Mayo, a partir de las 15.30. Será “para reclamar por los derechos humanos de ayer y de hoy” y también: “por las violaciones contra los derechos humanos que se cometieron en la época de los treinta mil desaparecidos, como las violaciones que se están cometiendo el día de hoy con los hermanos Qom, la criminalización de la protesta, el procesamiento de cinco mil luchadores sociales, con lo que pasó en la Sala Alberdi, acá el asunto es que no se bajaron las banderas de la lucha por los derechos humanos y contra la impunidad, eso lo vamos a ir a demostrar el 24 de marzo”.
La charla finalizó con sobradas palabras y demostraciones de afecto de dos personas que compartieron los peores momentos de sus vidas y que tantos años después aún continúan, desde diferentes lugares, el camino hacia la justicia:
Víctor: Un abrazo querido
Carlos: Victorio, mi viejo del alma, a ver si me llamas y nos encontramos esta semana a tomar un par de cervezas.
Víctor: Listo, hermanito, un abrazo grandísimo.
Carlos: gracias, te quiero mucho.
Víctor: Chau hermano, suerte, yo también.
Comenzó la ronda de testimonios en el tercer tramo del juicio por los delitos de lesa humanidad cometidos en la ESMA. Uno de los primeros en declarar fue Carlos Lordkipanidse, de la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos (AEDD), con quien dialogamos sobre esta experiencia. También participó de la conversación Víctor Basterra, quien probablemente declare la próxima semana. Los dos se autodefinieron como “hermanos del alma”, ya que compartieron parte del cautiverio: “estuvimos un año y medio juntos solos en la Escuela de Mecánica de la Armada, como no lo voy a conocer a Víctor”, graficó Lordkipanidse; luego compartieron muchos más años de lucha. Tanto tiempo de vivencias similares, conocimiento y confianza se reflejó en varios momentos de la entrevista, en la que no faltaron risas, palabras serias, frases cómplices y profundas reflexiones. Una charla que finalizó con la convocatoria a marchar el próximo 24 de marzo, al cumplirse un nuevo aniversario del inicio de la última dictadura cívico militar en 1976.
Tras su declaración testimonial, como una de las cabezas de la querella de Justicia Ya, Carlos Lordkipanidse rescató que por fin se está ante un verdadero juicio, donde se juzga por los delitos cometidos contra setecientas víctimas, a casi setenta represores, algunos de uniforme y otros civiles, entre ellos Juan Alemann, quien fuera secretario de Hacienda y mano derecha de José Alfredo Martínez de Hoz. Además, destacó la implementación de un nuevo sistema de juicio: “algo que nos costó mucho imponer, entendiendo que antiguamente se juzgaba de acuerdo al código penal antiguo, con juicios propios para ladrones de gallinas y no para genocidas. En esta oportunidad se están teniendo en cuenta las declaraciones efectuadas en otros juicios anteriores, en forma de video a la que tienen acceso las partes, lo que evita la revictimización del testigo al punto de tener que contar una y otra vez cada uno de los detalles de lo acontecido, y en estas oportunidades se puede ir directamente al grano, a los hechos que se juzgan en este tramo del juicio, ESMA III, entendiendo el primero por el de Febres, el segundo contra dieciséis represores cuando se condenó a Acosta, Astiz y todos los famosos, y ahora este tercero donde son sesenta y ocho represores, porque lamentablemente dos fallecieron esperando el juicio”.
En su declaración, Lordkipanidse aportó varios elementos a la causa. Uno está relacionado con su explicación de por qué se debe dejar de utilizar el concepto de que los secuestrados en la ESMA fueron sometidos a trabajo esclavo sino que directamente hay que hablar directamente de esclavitud: “desde un principio contra lo que hubo que luchar fue contra una palabra nefasta que nos endilgaron como sobrevivientes que fue el de la colaboración. Hubo que luchar contra esa palabra en el sentido de que uno no colaboró en ese lugar voluntariamente, sino que fue obligado a hacer determinadas tareas. Con el tiempo nos fuimos dando cuenta de que en realidad nos tuvieron en situación de trabajo esclavo, quiere decir que nos asignaban algún trabajo para hacer, y nuestra situación era de esclavitud porque no teníamos un poder de decisión acerca de lo que podíamos hacer o no porque corrían peligro nuestras propias vidas. Y en definitiva si uno se pone a hurgar claramente de lo que se trata, decimos que no hubo una situación de trabajo entendido en el sentido de la remuneración, del trabajo en blanco, la posibilidad de afiliarse a un sindicato, y demás cuestiones no existieron en la ESMA, no hubo remuneración, ni convenio colectivo de trabajo ni cosa por el estilo, hubo una situación de esclavitud. Entiendo que si estos juicios existen son para tener una clara noción de lo ocurrido y eso manifestarlo en palabras, porque volver a los hechos no se puede, entonces a lo que nos estamos refiriendo es que a nosotros nos tuvieron ahí como esclavos. Hay que redefinir las palabras, y a la vez poner al represor en el lugar que le corresponde porque si no parece que nos hubiesen dado la posibilidad de trabajar, como una obra benéfica, y eso confunde. Yo creo que nos convirtieron de prisioneros, secuestrados que éramos en ese momento, en esclavos”.
Al respecto, Víctor Basterra aportó que en ese momento la disyuntiva era de vida o muerte: “trabajás o te morís, así era la palabra de los tipos. Ellos manejaban el concepto del trabajo, nosotros el de la esclavitud”. Y Lordkipanidse agregó: “vale la pena definir toda esta situación investigada y puesta sobre la mesa en los juicios orales y públicos, esto merece ser tratado con las palabras correctas, por ejemplo que lo que ocurrió en la Argentina fue un genocidio, no un simple asesinato masivo de personas”.
Los compañeros de secuestro y lucha también se refirieron al mes que durante, su cautiverio, fueron trasladados hasta en una isla del Tigre, ante la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 1979. Lordkipanidse afirmó que con el tiempo y producto de investigaciones particulares supieron que ese predio llamado “El Silencio” y ubicado en la tercera sección del Tigre, pertenecía en ese momento a la Revista Esquiú, vocero oficial de la Iglesia Católica Argentina: “ahora sabemos que cambió de dueño, que el muelle que existía para desembarcar en ese lugar ya no existe. Pero es una pieza tan importante dentro del rompecabezas de lo que sucedió en la ESMA que cubre la parte de la intencionalidad del ocultamiento, no se trata de ocultarnos ante la visita de las monjitas de no sé dónde, venía la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a la Argentina, entonces modificaron toda la estructura del edificio de oficiales de la ESMA y a todos los prisioneros nos llevaron a una isla oculta en el Tigre, con la excepción de dos compañeros que estaban en Capucha en ese momento, el Topo Sáenz y otro compañero del que nunca supimos el apellido pero le decían ‘Tachito’, que no llegaron a la isla. Por lo tanto, la isla forma parte fundamental en la investigación de lo sucedido. Como así también el campo de deportes que está contiguo a la ESMA, a orillas del río donde se incineraban los cadáveres de nuestros compañeros en los famosos ‘asaditos’. En el campo de deportes hicimos inspección ocular con el Tribunal Oral Federal, en la ESMA también, pero ¿cómo puede ser que no estemos yendo a la isla, donde sucedieron todas las cosas que ocurrieron y que forma parte del plan general del funcionamiento de la ESMA? Entonces lo que hice fue acercarme a la isla con la ayuda de una compañera periodista, escritora y fotógrafa, entramos a la casa, fuimos al lugar donde estaban los de capucha, sacamos fotos (algunas de ellas acompañan esta nota, debajo), y eso lo presenté el otro día en el tribunal pidiendo una inspección ocular y una medida de no innovar, que quiere decir que en ese lugar hay pruebas, yo sé que las hay, acerca de nuestro paso por ese lugar. Entre otras cosas hay utensilios en la casa que todavía se preservan, que eran de esa época, por ejemplo la cocina económica, de hierro, vieja, que se usaba con leña; un armario en el comedor; los aparatos del baño; y demás cuestiones que se preservan increíblemente, entonces le pedimos al tribunal una medida de no innovar, veremos ahora qué resuelve”.
Según describieron Basterra y Lordkipanidse, en el predio había dos edificaciones, separadas por un arroyo, a una cuadra más o menos de distancia. En la casa más chica estaban los secuestrados en situación de capucha, en condiciones infrahumanas. Actualmente, viven allí dos personas que como caseros cuidan el lugar. El resto está prácticamente igual. Basterra formaba parte del grupo de personas secuestrado en la llamada ‘casa menor’: “el problema nuestro era que no teníamos agua potable, estábamos engrillados y esposados, con la capucha, tirados en el piso sobre un plástico y las colchonetas, que cuando subía un poco el agua uno se mojaba. Los guardias no se animaban a entrar por el olor que había porque nosotros estábamos todos descompuestos. Hemos hablado en el juzgado sobre la necesidad de preservar este lugar pero aparentemente no sabían, seguramente el juez tenía bien en claro lo que no quería hacer o lo que quería hacer. Los colaboradores de él estaban un poco confusos y molestos. Sabíamos que la isla pertenecía a la curia, no sabíamos que era de la Revista Esquiú, esto había que reactualizarlo, y me parece muy bien lo que hizo Carlos, haciendo in situ la investigación y presentándola como prueba”, relató.
Lordkipanidse explicó que también presentó ante el tribunal imágenes aéreas con aproximación hacia el techo de la casa, sacadas a partir del sitio de internet Google Earth: “es impresionante, el tribunal quedó con la boca abierta con el trabajo que les presentamos porque es ineludible; si no hacen inspección ocular, si eso no se preserva el lugar, será una actitud jodida, tal vez comprensible porque también se pidió la investigación de la curia en la misma oportunidad, entendiendo que ese lugar en ese momento pertenecía a la curia, y ahora ante los nuevos acontecimiento papales quiero saber qué es lo que van a hacer, si van a comprometer realmente a la curia argentina en cuanto a lo ocurrido con la represión y demás cuestiones. En los papales y en los hechos está todo demostrado, y me parece que no queda más que actuar”, afirmó, refiriéndose a la reciente coronación de Jorge Bergoglio como Sumo Pontífice de la Iglesia Apostólica Cristiana.
Víctor Basterra debía declarar en este juicio el jueves 14 de marzo, pero su audiencia fue pospuesta seguramente para la próxima semana; quien sí pudo brindar testimonio fue su hija María Eva, Evita, también secuestrada en la ESMA: “yo siempre digo ‘mis hijas, mi orgullo’, porque tienen una impronta muy bien asimilada de lo que es jugarse por las causas justas, y la participación en este juicio es una causa justa, y así lo vio ella y se desenvolvió con total firmeza. Yo le dije que vaya tranquila, con serenidad y dignidad, y creo que lo hizo de esa forma. Esta es la primera declaración que hace. Nuestras declaraciones son aportes a la memoria, para la construcción de un futuro, y también lo hacemos con una mirada estratégica para no dejarles el manejo de los conceptos y los valores a tipos que no se merecen manejarlos, como son muchas veces los emergentes del sistema como los medios de comunicación que han acopiado toda la información y la van manejando para ir formando una opinión totalmente equivocada y al servicio de los poderosos. Nosotros rompemos un poco eso, por lo menos es nuestra intención tratando de establecer nuevas formas. Ellos decían 'delató o entregó información', nosotros decimos le arrancaron información, y se van extendiendo esas cosas para tratar de entender un poco cómo era el sistema para lograr información por parte de los militares. Estos son los aportes que uno hace a la memoria colectiva y creo que son importantes”, reflexionó Víctor.
La extensa charla permitió tocar otros temas relacionados de alguna manera con los años de dictadura, como la designación de Jorge Bergoglio como Francisco. Este hecho despertó humoradas pero también indignación de parte de Basterra y Lordkipanidse.
“Me pareció absolutamente insólito y me vino a la mente esa vieja expresión que decía ‘dios es peronista’, porque el enviado del señor es de San Lorenzo y fue de Guardia de Hierro. Así que estamos acercándonos al paraíso”, comenzó Basterra, lanzando una sonora carcajada, aunque inmediatamente se puso serio y agregó: “de las organizaciones no democráticas o que menos usan el estado de derecho como visión general, la iglesia es una de ellas. No sé qué atractivo puede tener para nosotros, para los que hemos pasado por tantas cosas. Yo soy agnóstico así que solo sé que en algún momento va a expresar sus pareceres (el Papa)”. En el mismo sentido, Lordkipanidse sumó: “a mí lo que me llama muchísimo la atención es que el año pasado, en el juicio anterior de ESMA, Bergoglio fue indagado por lo ocurrido con los padres Yorio y Jalics, porque él era el superior de ellos, así que a instancias de las querellas participantes en el juicio, a partir de las denuncias en concreto que hicieron los padres que estuvieron secuestrados en la ESMA, se le tomó declaración indagatoria al que ahora es Papa, es una cosa realmente insólita. Es como si hubiesen nombrado a Menéndez como Comandante en Jefe de la OTAN, es un mono con navaja. Bergoglio fue indagado acerca de una acusación surgida en un juicio. Los testigos se ofrecen en este tipo de juicios en forma previa, en el ofrecimiento de pruebas; ahora, si en el desarrollo del juicio oral y público surgen nuevas contingencias en lo que respecta al contenido del juicio, por ejemplo nombres de represores nuevos, a éstos se los cita a declaración indagatoria, y si no se presentan se los declara rebeldes. Este señor como en ese momento era Arzobispo de la Ciudad de Buenos Aires, antepuso su condición como hacen los diputados y senadores, entonces tuvo que ir todo el tribunal al lugar donde se encontraba este señor que es la casa de gobierno de la iglesia a tomarle la indagatoria en ese lugar. Y en una indagatoria absolutamente plagada de mentiras, y de imprecisiones que se pisaba solo una vez arriba de la otra, algo vergonzoso, que de no haber sido una personalidad tan destacada lo que hubiese correspondido era el inmediato arresto por lo menos por falso testimonio. Los jueces perdieron esa oportunidad de pasar a la historia por haber metido preso al que iba a ser Papa un año después”, concluyó, también riéndose.
Antes de cerrar la entrevista, Lordkipanidse convocó a la movilización que el Encuentro Memoria Verdad y Justicia realizará como todos los años el próximo 24 de marzo desde Congreso a Plaza de Mayo, a partir de las 15.30. Será “para reclamar por los derechos humanos de ayer y de hoy” y también: “por las violaciones contra los derechos humanos que se cometieron en la época de los treinta mil desaparecidos, como las violaciones que se están cometiendo el día de hoy con los hermanos Qom, la criminalización de la protesta, el procesamiento de cinco mil luchadores sociales, con lo que pasó en la Sala Alberdi, acá el asunto es que no se bajaron las banderas de la lucha por los derechos humanos y contra la impunidad, eso lo vamos a ir a demostrar el 24 de marzo”.
La charla finalizó con sobradas palabras y demostraciones de afecto de dos personas que compartieron los peores momentos de sus vidas y que tantos años después aún continúan, desde diferentes lugares, el camino hacia la justicia:
Víctor: Un abrazo querido
Carlos: Victorio, mi viejo del alma, a ver si me llamas y nos encontramos esta semana a tomar un par de cervezas.
Víctor: Listo, hermanito, un abrazo grandísimo.
Carlos: gracias, te quiero mucho.
Víctor: Chau hermano, suerte, yo también.
El testimonio de Liliana Chiernajowsky en el juicio por los crímenes en la ESMA
La insoportable imagen de los vuelos
Ante los jueces, Chiernajowsky reconstruyó los últimos días de su hermano Miguel en la ESMA, luego víctima de los vuelos de la muerte. Pidió “ahondar en las responsabilidades” de quienes condujeron el plan de exterminio y “quienes condujeron los aviones”.
Por Alejandra Dandan
Hay una cosa entre todas que Liliana Chiernajowsky intentó decirle al Tribunal. “No quería conocer los detalles de la desaparición de mi hermano Miguel, me resultaba insoportable la imagen que mejor representaba el exterminio y que mi madre repetía como una letanía: ‘a tu hermano lo tiraron vivo al mar’. Me llevó años querer saber aquello a lo que yo no me quería aproximar y que había tomado el alma de mi madre, hasta hacerla enloquecer”, les dijo a los jueces. “Pero desde hace años el tema vuelos me importa sobremanera. Valoro estos juicios, que son ejemplares y reparatorios para cada uno de nosotros, para la sociedad y la humanidad. Y por eso ya ganaron un lugar trascendente en la historia”, dijo. “Pero es preciso ahondar en las responsabilidades de quienes tuvieron la conducción del plan de exterminio y quienes condujeron los aviones, hasta quienes estudiaron las coordenadas previstas para arrojar su luctuosa carga al mar.”
Liliana declaró en la causa unificada por los crímenes cometidos durante la dictadura en la Escuela de Mecánica de la Armada, donde uno de los casos abarcados es el de su hermano. “Es preciso que este tribunal ordene que se profundice y acelere la investigación: como querellante representada por Pablo Llonto solicité en el juzgado de instrucción a cargo de Sergio Torres que se impute a los máximos responsables de la Aviación Naval y la Aviación de Prefectura y que se cite a declarar a todos los conscriptos que hicieron su servicio militar en esas reparticiones.”
“Mi nombre es Mirta Liliana Chiernajowsky, hermana de Miguel Ricardo”, dijo al empezar. “Soy licenciada en Ciencias de la Comunicación. Fui detenida política durante siete años, seis de los cuales estuve a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. Cuando recuperé la libertad en 1981, todavía no había finalizado la dictadura militar pero la enorme tragedia en la vida social y personal que significó el genocidio de mi generación ya casi había sido perpetrada. Aunque todavía faltaban los crímenes de Malvinas, que afectaron a otra generación.”
Ella todavía sigue reconstruyendo la estadía de su hermano en la ESMA. Lo hace entre los integrantes del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), en entrevistas con sobrevivientes o en las audiencias del juicio que terminó hace poco más de un año. Miguel viajó de Comodoro Rivadavia a Buenos Aires cuando terminó el secundario y se integró a Montoneros antes del golpe. El día del secuestro también cayó uno de sus compañeros, Rolando Jeckel. Liliana recogió en estos últimos años tres testimonios que los ubican juntos dentro del centro clandestino de la Armada; por esos testimonios ella supo además que pudieron haber caído en el mismo operativo.
A Miguel lo vieron Miguel Lauletta, Daniel Lastra y Marta Alvarez, “a quienes agradezco su testimonio”, dijo ella. Llegó a Lauletta cuando Maco Somigliana del EAAF le dijo que él había visto en el baño de la ESMA a un chico delgado, rubio y con una tonada indefinible, ni porteña ni del norte, que podría ser su hermano. Liliana le mostró fotos a Lauletta. Lauletta lo reconoció y declaró en el juzgado de Torres el 25 de septiembre de 2009. En ese momento, supo además que ese día, en el baño, había otro prisionero con el que podría hablar, pero no supo que ese prisionero, Daniel Lastra, no había vuelto a decir nada de su estadía en la ESMA durante más de treinta años. Durante su declaración, también le hizo un homenaje.
“Lastra fue el segundo sobreviviente que me ayudó a reconstruir la estadía de Miguel en la ESMA”, dijo. “Cuando lo llamé por teléfono me dijo que no había hablado prácticamente con nadie sobre su permanencia en la ESMA durante más de 30 años. Me comentó que siempre había pensado que lo iban a llamar a declarar por uno de los compañeros que cayó con él y murió en la tortura –se refería a Martín, sobrenombre de Carlos Chipolini–. La conversación se prolongó por más de una hora, estaba muy conmovido. Al finalizar le pedí si podía pasar por el juzgado para dejar un testimonio adelantado. Me dijo que lo pensaría, que era algo que debía consultar con su familia. Me llamó a la semana y confirmó que lo haría porque recordaba muy bien a ese chico y no testimoniar sería como desaparecerlo dos veces.” Daniel Lastra declaró en el juzgado de Torres el 27 de noviembre de 2009, también habló sobre otros desaparecidos, como Chipolini y Ricardo Pedro Sáenz, reconocido como “El Topo”. “A los pocos meses supe que había fallecido repentinamente de un paro cardíaco. Quiero dejar constancia pública de mi consideración y agradecimiento a él y a su familia. También a todos los sobrevivientes, sin cuyo testimonio estos juicios no hubiesen sido posibles.”
Lastra vio a Miguel dos veces. Una, en el baño cuando un “verde”, uno de los guardias apodado Manzanita, llevó a un grupo de prisioneros. Vio en el espejo a un chico acuclillado en el inodoro. Le preguntó cómo había llegado a la ESMA y Miguel le dijo que había caído con Rolando Jeckel. “Esa fue la única vez que conversó con él y lo vio sin capucha; en otra ocasión lo vio por la mirilla cuando lo llevaban al baño. Lastra calculó que uno o dos miércoles después lo trasladaron, sería a fines de marzo o principios de abril. Estuvo muy poco tiempo en la ESMA.”
Liliana entendió que Marta Alvarez también podría haber visto a su hermano cuando la escuchó declarar en el juicio oral que terminó hace más de un año. Marta le confirmó que lo había visto con Rolando Jeckel en la avenida de la Felicidad; lo describió como un chico joven, flaco, alto. “Esto es lo que sé sobre los últimos días de mi hermano, pero no quiero terminar esta declaración sin referirme a la forma en que sabemos que asesinaron a Miguel y a tantos miles: quiero referirme brevemente a los llamados Vuelos de la Muerte”, explicó.
Los vuelos
Cuando escuchó el testimonio de Alicia Milia de Pirles, Liliana se quedó “estupefacta”, dijo. “Ella contó que hablaba a menudo con Alfredo Astiz y un día se animó a preguntarle por los centros de recuperación vinculados a los traslados. Fue entonces que el imputado le dio una explicación acabada de la solución final: ‘el mar nos ayuda, porque el río los había devuelto, pero en cambio el mar es duro, cuando los cuerpos caen se desnucan. Luego las orcas hacen lo suyo’. La testigo contó que ella preguntó por las orcas y el marino se puso a darle una clase. Esa fue para mí una de las más reveladoras referencias a lo siniestro, aquello a lo que yo no me quería aproximar y que había tomado el alma de mi madre, hasta hacerla enloquecer.”
En ese momento, Liliana, frente al Tribunal, habló de los vuelos, de lo que le costó empezar a pensarlos y de lo que todavía queda pendiente en la investigación. Pero también de lo que significa en términos personales y colectivos la idea de una justicia. “Señor presidente”, le dijo al juez Daniel Obligado. “Voy a decir algo políticamente incorrecto. Cuando salí de la cárcel, a los 29 años, no busqué justicia, no creía en la Justicia. Y no por haber estado siete años presa por una causa menor, de los cuales seis fueron a disposición del PEN, es decir de la suprema voluntad de los militares que también habían asesinado a mi hermano. No fue por eso que no creía en la Justicia, sino porque pertenezco a una generación que vivió en un país sin justicia, sin respeto al Estado de derecho, con golpes de Estado permanentes y la proscripción de la mayoría política y electoral, condiciones hoy inimaginables para nosotros. Como todos los jóvenes de mi generación no tuve la oportunidad de formarme en una cultura democrática. Creímos en la violencia revolucionaria en un país y un contexto donde la violencia y la violación de la ley eran el aire que respirábamos.”
A las nueve de la noche del 18 de marzo de 1977 la compañera de Miguel, María Luz Vega, cayó en una emboscada del grupo de tareas. Liliana contó algunos detalles durante la audiencia, a partir de una reconstrucción que pudo hacer en diálogo con algunos de los vecinos, datos claves hoy para la causa porque hay poca información. “Los impactos de bala aún pueden encontrarse en un mármol negro a la altura de Santo Tomé al 2983”, dijo. “La mayoría la vio tirada en el piso después de ser atravesada por fuego cruzado y observó cuando la colocaron en el baúl de un Ford Falcon. María Luz Vega tenía 18 años, está desaparecida, su cadáver nunca apareció.”
Ante los jueces, Chiernajowsky reconstruyó los últimos días de su hermano Miguel en la ESMA, luego víctima de los vuelos de la muerte. Pidió “ahondar en las responsabilidades” de quienes condujeron el plan de exterminio y “quienes condujeron los aviones”.
Por Alejandra Dandan
Hay una cosa entre todas que Liliana Chiernajowsky intentó decirle al Tribunal. “No quería conocer los detalles de la desaparición de mi hermano Miguel, me resultaba insoportable la imagen que mejor representaba el exterminio y que mi madre repetía como una letanía: ‘a tu hermano lo tiraron vivo al mar’. Me llevó años querer saber aquello a lo que yo no me quería aproximar y que había tomado el alma de mi madre, hasta hacerla enloquecer”, les dijo a los jueces. “Pero desde hace años el tema vuelos me importa sobremanera. Valoro estos juicios, que son ejemplares y reparatorios para cada uno de nosotros, para la sociedad y la humanidad. Y por eso ya ganaron un lugar trascendente en la historia”, dijo. “Pero es preciso ahondar en las responsabilidades de quienes tuvieron la conducción del plan de exterminio y quienes condujeron los aviones, hasta quienes estudiaron las coordenadas previstas para arrojar su luctuosa carga al mar.”
Liliana declaró en la causa unificada por los crímenes cometidos durante la dictadura en la Escuela de Mecánica de la Armada, donde uno de los casos abarcados es el de su hermano. “Es preciso que este tribunal ordene que se profundice y acelere la investigación: como querellante representada por Pablo Llonto solicité en el juzgado de instrucción a cargo de Sergio Torres que se impute a los máximos responsables de la Aviación Naval y la Aviación de Prefectura y que se cite a declarar a todos los conscriptos que hicieron su servicio militar en esas reparticiones.”
“Mi nombre es Mirta Liliana Chiernajowsky, hermana de Miguel Ricardo”, dijo al empezar. “Soy licenciada en Ciencias de la Comunicación. Fui detenida política durante siete años, seis de los cuales estuve a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. Cuando recuperé la libertad en 1981, todavía no había finalizado la dictadura militar pero la enorme tragedia en la vida social y personal que significó el genocidio de mi generación ya casi había sido perpetrada. Aunque todavía faltaban los crímenes de Malvinas, que afectaron a otra generación.”
Ella todavía sigue reconstruyendo la estadía de su hermano en la ESMA. Lo hace entre los integrantes del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), en entrevistas con sobrevivientes o en las audiencias del juicio que terminó hace poco más de un año. Miguel viajó de Comodoro Rivadavia a Buenos Aires cuando terminó el secundario y se integró a Montoneros antes del golpe. El día del secuestro también cayó uno de sus compañeros, Rolando Jeckel. Liliana recogió en estos últimos años tres testimonios que los ubican juntos dentro del centro clandestino de la Armada; por esos testimonios ella supo además que pudieron haber caído en el mismo operativo.
A Miguel lo vieron Miguel Lauletta, Daniel Lastra y Marta Alvarez, “a quienes agradezco su testimonio”, dijo ella. Llegó a Lauletta cuando Maco Somigliana del EAAF le dijo que él había visto en el baño de la ESMA a un chico delgado, rubio y con una tonada indefinible, ni porteña ni del norte, que podría ser su hermano. Liliana le mostró fotos a Lauletta. Lauletta lo reconoció y declaró en el juzgado de Torres el 25 de septiembre de 2009. En ese momento, supo además que ese día, en el baño, había otro prisionero con el que podría hablar, pero no supo que ese prisionero, Daniel Lastra, no había vuelto a decir nada de su estadía en la ESMA durante más de treinta años. Durante su declaración, también le hizo un homenaje.
“Lastra fue el segundo sobreviviente que me ayudó a reconstruir la estadía de Miguel en la ESMA”, dijo. “Cuando lo llamé por teléfono me dijo que no había hablado prácticamente con nadie sobre su permanencia en la ESMA durante más de 30 años. Me comentó que siempre había pensado que lo iban a llamar a declarar por uno de los compañeros que cayó con él y murió en la tortura –se refería a Martín, sobrenombre de Carlos Chipolini–. La conversación se prolongó por más de una hora, estaba muy conmovido. Al finalizar le pedí si podía pasar por el juzgado para dejar un testimonio adelantado. Me dijo que lo pensaría, que era algo que debía consultar con su familia. Me llamó a la semana y confirmó que lo haría porque recordaba muy bien a ese chico y no testimoniar sería como desaparecerlo dos veces.” Daniel Lastra declaró en el juzgado de Torres el 27 de noviembre de 2009, también habló sobre otros desaparecidos, como Chipolini y Ricardo Pedro Sáenz, reconocido como “El Topo”. “A los pocos meses supe que había fallecido repentinamente de un paro cardíaco. Quiero dejar constancia pública de mi consideración y agradecimiento a él y a su familia. También a todos los sobrevivientes, sin cuyo testimonio estos juicios no hubiesen sido posibles.”
Lastra vio a Miguel dos veces. Una, en el baño cuando un “verde”, uno de los guardias apodado Manzanita, llevó a un grupo de prisioneros. Vio en el espejo a un chico acuclillado en el inodoro. Le preguntó cómo había llegado a la ESMA y Miguel le dijo que había caído con Rolando Jeckel. “Esa fue la única vez que conversó con él y lo vio sin capucha; en otra ocasión lo vio por la mirilla cuando lo llevaban al baño. Lastra calculó que uno o dos miércoles después lo trasladaron, sería a fines de marzo o principios de abril. Estuvo muy poco tiempo en la ESMA.”
Liliana entendió que Marta Alvarez también podría haber visto a su hermano cuando la escuchó declarar en el juicio oral que terminó hace más de un año. Marta le confirmó que lo había visto con Rolando Jeckel en la avenida de la Felicidad; lo describió como un chico joven, flaco, alto. “Esto es lo que sé sobre los últimos días de mi hermano, pero no quiero terminar esta declaración sin referirme a la forma en que sabemos que asesinaron a Miguel y a tantos miles: quiero referirme brevemente a los llamados Vuelos de la Muerte”, explicó.
Los vuelos
Cuando escuchó el testimonio de Alicia Milia de Pirles, Liliana se quedó “estupefacta”, dijo. “Ella contó que hablaba a menudo con Alfredo Astiz y un día se animó a preguntarle por los centros de recuperación vinculados a los traslados. Fue entonces que el imputado le dio una explicación acabada de la solución final: ‘el mar nos ayuda, porque el río los había devuelto, pero en cambio el mar es duro, cuando los cuerpos caen se desnucan. Luego las orcas hacen lo suyo’. La testigo contó que ella preguntó por las orcas y el marino se puso a darle una clase. Esa fue para mí una de las más reveladoras referencias a lo siniestro, aquello a lo que yo no me quería aproximar y que había tomado el alma de mi madre, hasta hacerla enloquecer.”
En ese momento, Liliana, frente al Tribunal, habló de los vuelos, de lo que le costó empezar a pensarlos y de lo que todavía queda pendiente en la investigación. Pero también de lo que significa en términos personales y colectivos la idea de una justicia. “Señor presidente”, le dijo al juez Daniel Obligado. “Voy a decir algo políticamente incorrecto. Cuando salí de la cárcel, a los 29 años, no busqué justicia, no creía en la Justicia. Y no por haber estado siete años presa por una causa menor, de los cuales seis fueron a disposición del PEN, es decir de la suprema voluntad de los militares que también habían asesinado a mi hermano. No fue por eso que no creía en la Justicia, sino porque pertenezco a una generación que vivió en un país sin justicia, sin respeto al Estado de derecho, con golpes de Estado permanentes y la proscripción de la mayoría política y electoral, condiciones hoy inimaginables para nosotros. Como todos los jóvenes de mi generación no tuve la oportunidad de formarme en una cultura democrática. Creímos en la violencia revolucionaria en un país y un contexto donde la violencia y la violación de la ley eran el aire que respirábamos.”
A las nueve de la noche del 18 de marzo de 1977 la compañera de Miguel, María Luz Vega, cayó en una emboscada del grupo de tareas. Liliana contó algunos detalles durante la audiencia, a partir de una reconstrucción que pudo hacer en diálogo con algunos de los vecinos, datos claves hoy para la causa porque hay poca información. “Los impactos de bala aún pueden encontrarse en un mármol negro a la altura de Santo Tomé al 2983”, dijo. “La mayoría la vio tirada en el piso después de ser atravesada por fuego cruzado y observó cuando la colocaron en el baúl de un Ford Falcon. María Luz Vega tenía 18 años, está desaparecida, su cadáver nunca apareció.”
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