sábado, 30 de marzo de 2013

Extraditaron desde Brasil al represor de la ESMA, Claudio Vallejos

El represor que habló sobre el pianista
Vallejos dio detalles del secuestro en Buenos Aires de Francisco Tenorio Cerqueira Júnior, el pianista que acompañaba a Vinicius de Moraes durante su gira porteña en el verano del ’76. La posible participación de diplomáticos brasileños.
Página/12 En Brasil Por Darío Pignotti Desde Brasilia @
El secuestro y desaparición de Francisco Tenorio Cerqueira Júnior, el pianista que acompañaba a Vinicius de Moraes durante su gira porteña en los últimos días del verano del ’76 refuerza la tesis de que el Cóndor hablaba en portugués y posiblemente más de lo sospechado. Es lo que afirmó a Página/12 la abogada Rosa Maria Cardoso da Acunha, designada en la Comisión de la Verdad por la presidenta Dilma Rousseff, quien ha investigado el capítulo verdeamarillo del terrorismo sudamericano e interrogó largamente al argentino Claudio Vallejos, ex agente de la ESMA que el jueves aterrizó, deportado, en Argentina, custodiado por efectivos de Interpol.

La ley de amnistía vigente, promulgada por el dictador Joao Baptista Figueiredo para garantizar la impunidad de los militares, no permite que Brasil procese a sus propios “cóndores” ni a Vallejos por la desaparición del pianista, pero nada impide que lo haga la Justicia argentina, que ahora podrá indagarlo y, tal vez, reconstruir un caso plagado de indicios sobre la complicidad entre la Armada y antiguos miembros del Palacio Itamaraty, sede del Ministerio de Relaciones Exteriores, en Brasilia.

“Vallejos declaró durante horas y horas ante la Comisión de la Verdad. Lo escuchamos en Brasilia y viajamos a Florianópolis, donde estaba preso. Queríamos hacerlo porque es un personaje que estuvo envuelto, esto es lo que él dice, en el secuestro del pianista Francisco Tenorio Cerqueira Júnior, el 18 de marzo de 1976. El secuestro es uno de los once casos de brasileños víctimas del Cóndor en Argentina que nosotros estamos investigando con mucho interés en la comisión. Y habló bastante de la conexión represiva entre Brasil y Argentina durante los años del Plan Cóndor”, cuenta Cardoso da Acunha.

El Gordo Vallejos escapó a Brasil presumiblemente a comienzo de los años ’80, cuando maduraban las leyes de obediencia debida y punto final. Hizo una larga confesión de su pasado marinero a la revista brasileña Senhor, publicada en dos ediciones, en la que formuló varias afirmaciones que repitió a fines de 2012 ante la comisión creada por la presidenta Dilma Rousseff.

Embaucador y buscavidas, Vallejos dio varios golpes en el sur brasileño hasta que, a principios de 2012, cayó preso bajo cargos de estafador.

Cuando la embajada argentina tomó conocimiento del caso, a través de la noticia publicada por este diario, envió un diplomático hasta la cárcel de Xanxeré para constatar que se trataba del represor Vallejos y después de confirmar la identidad del detenido, presentó ante el gobierno brasileño el pedido de extradición ejecutado anteayer.

–¿Vallejos participó en el asesinato del pianista?

–El nos dijo que no torturó al prisionero y dijo claramente que ni siquiera asistió a su ejecución, que fue con un tiro después de ser sometido a varias sesiones de tortura –contestó Cardoso da Acunha, quien fue la defensora de la presidenta Rousseff cuando estuvo presa durante la dictadura.

Vallejos hizo un relato bastante detallado, aunque a veces volvía atrás y se desdecía, de la noche del 18 de marzo, cuando Tenorio, después de un recital con Vinicius, sale del hotel para ir a comprar algo a una farmacia, la policía lo ve con aspecto extraño –medio de “subversivo”, dijo Vallejos, por su barba y aspecto desaliñado– y lo apresa.

Vallejos contó que ese día él estaba participando en un operativo de la ESMA por el centro de Buenos Aires, cuando recibió la orden de recoger a un sospechoso preso en una comisaría. El se presenta como alguien de los servicios y la policía le entrega a Tenorio, que es trasladado por él a la ESMA, donde llega con vida y sin ser golpeado, según dice Vallejos.

–¿Massera fue informado?

–Vallejos dijo que Massera fue informado de todo lo que iba pasando con el pianista Tenorio, paso a paso hasta su muerte, que habría sido el 25 de marzo de 1976.

–¿La embajada brasileña lo supo?

–Según lo que nos dijo Vallejos, fue informada más de una vez y, sigo basándome en lo que dijo el argentino, personas de la embajada estuvieron en la ESMA.

–¿Cuando el pianista estaba con vida?

–Dijo Vallejos que sí, y que inclusive llegaron a entregarlos a los torturadores una minuta con preguntas sobre el movimiento de músicos contestatarios que había en Rio en esa época, donde estaba Chico Buarque y más gente contraria a la dictadura.

–¿Cree que hubo participación de diplomáticos?

–No lo sé con seguridad, para nosotros será de mucha utilidad lo que averigüe la Justicia argentina. Y si la Justicia nos lo pide, podemos enviar una copia de lo que habló Vallejos con nosotros.

–¿La Comisión de la Verdad está informada del CIEX (Centro de Informaciones en el Exterior de la Cancillería)?

–Hemos tenido conocimiento del CIEX.

La respuesta de Rosa Maria Cardoso da Acunha es telegráfica, tal vez para evitar hacer comentarios precipitados sobre el Centro de Informaciones en el Exterior, una red de espionaje internacional al servicio de la dictadura, surgido a fines de los años ’60 y al que se podría caracterizar como el brazo diplomático del Cóndor brasileño.

Si bien los dichos del Gordo Vallejos hay que tomarlos como de quien vienen, pueden contener alguna información verdadera, y esto es lo que parece haber entendido la Comisión de la Verdad brasileña al indagarlo dos veces. Parte de su testimonio relativo a la complicidad u omisión de la Embajada de Brasil encaja con informaciones obtenidas por periodistas serios y especializados en el Cóndor, como Stella Calloni.

Ella escribió hace trece años en el diario La Jornada de México que documentos encontrados en los archivos de la policía política brasileña, el DOPS (Dirección de Orden Política y Social), refieren a un mensaje dirigido por la ESMA a la embajada brasileña informándola sobre el fallecimiento del pianista Tenorio secuestrado y torturado desde el 18 de marzo.

La Comisión de la Verdad recibió recientemente un pedido para que se esclarezcan las causas de la muerte del ex presidente Joao Goulart, el 6 de diciembre de 1976, en Argentina. La ministra de Derechos Humanos, Maria do Rosario Nunes, admitió por primera vez que el ex mandatario derrocado por el golpe de 1964 pudo haber sido asesinado.

Hace dos años, su hijo, Joao Vicente Goulart, en una entrevista de este corresponsal, hizo una declaración que recobra interés ahora. “Nosotros, la familia Goulart, estamos seguros de que nuestro padre fue víctima de una conspiración del Cóndor urdida por Brasil, Argentina, Uruguay y Estados Unidos”, dijo Joao Vicente Goulart. Y remató: “En los meses previos a la muerte de mi padre había un número inaudito de agregados militares en la embajada, y la mayoría se desplazaba utilizando armas. Alguien tendrá que explicar alguna vez esa historia y averiguar a qué se dedicaban tantos agremil (agregados militares) en esos años del Cóndor”.

jueves, 21 de marzo de 2013

Revelador testimonio de la represión en la Comisión Nacional de Energía Atómica

El ingeniero químico Carlos Calle reconstruyó ante el Tribunal Oral Federal 5 su secuestro, cuatro días después del golpe de Estado de 1976. La persecución del vicealmirante Carlos Castro Madero. Sus compañeros de cautiverio.

Por: Gerardo Aranguren

El mismo día del golpe cívico militar de 1976 la Armada designó como interventor de la estratégica Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) al vicealmirante Carlos Castro Madero. Cuatro días después de ese nombramiento, el ingeniero químico Carlos Calle fue sacado de su casa en la madrugada. Esposado y con una capucha en la cabeza fue subido a un vehículo militar mientras le apuntaban con un fusil en las costillas: "Si te movés, sos hombre muerto", le advirtió su custodio. El trayecto desde su casa en Ituzaingó hasta su lugar de detención duró alrededor de una hora. A pesar de la capucha y el terror, pudo reconocer el recorrido que había hecho muchas veces: había llegado a la ESMA, justo enfrente de la sede central de la CNEA.
Calle declaró ayer luego de un largo exilio en Italia. Se presentó como testigo ante el Tribunal Oral Federal 5, en el juicio que se sigue por delitos de lesa humanidad en el centro clandestino de detención de la ESMA. Si bien son 68 los acusados en este debate, ayer sólo estuvo presente en la sala AMIA de Comodoro Py Ricardo Cavallo, miembro del Grupo de Tareas 3.3.2.
Al recordar detalles de su secuestro y cautiverio, el testigo narró también la dura represión que desató la Marina sobre los trabajadores y sindicalistas de la CNEA y que dejó como huella 15 personas desaparecidas y otras 11 que, luego de su secuestro fueron liberadas, como su propio caso. En 1976, Calle integraba junto con muchos de sus compañeros un grupo de discusión peronista en la CNEA y era un activo participante de las asambleas que se desarrollaban allí. Justamente esa militancia fue el foco del único interrogatorio que sufrió durante su cautiverio. Estaba encerrado en una celda pequeña y tabicado cuando dos hombres le preguntaron sobre "la organización de su célula" en la CNEA. "Casi una hora después me amenazaron: como usted no quiere colaborar, es muy difícil que vuelva a ver a su familia", recordó ayer el testigo.
Permaneció en la ESMA dos o tres días. Una noche fue cargado en un camión donde reconoció a su jefe en la Comisión, Santiago Morazzo, quien había sido secuestrado el mismo día y llevado a la ESMA, y ambos fueron trasladados a otro centro de detención: un buque de la Marina que luego identificarían como Bahía Aguirre. "Ahí nos dieron una paliza terrible. Yo me desmayé y cuando me desperté estaba estaqueado", recordó.
Luego de pasar varios días en ese sitio, lo subieron a una lancha y a un auto para finalmente llevarlo al penal de Devoto. "Ahí me encontré con muchos de mis compañeros de la comisión", contó. Junto a él viajaron otros integrantes de la CNEA que habían sido detenidos en sus domicilios o en sus lugares de trabajo, como Máximo Victoria, Eduardo Cuello o Pedro Landeyro, secuestrados en la misma comisión, y luego reunidos en el buque de la Armada. Luego de pasar unos meses en Devoto, en el sector de presos políticos, y en la Unidad 9 de La Plata, en octubre de 1976 el grupo fue liberado casi en simultáneo.

Al cabo de 37 años, Calle declaró ayer durante dos horas ante los jueces Daniel Obligado, Adriana Palliotti, Pablo Bertuzzi y Leopoldo Bruglia, y responsabilizó al interventor Castro Madero, quien en pocos días como autoridad de la CNEA instauró un "clima de terror". "Metió presas a otras diez personas y después empezó una campaña de eliminación de gente en la comisión: hubo unos 200 cesanteados, 11 secuestrados y 15 desaparecidos. Además, estoy seguro de que el departamento de personal tenía legajos con la caracterización política de cada uno", reconstruyó.

Justamente, entre las pruebas de la causa figura un documento de la Gerencia de Logística de la CNEA en el que cita informes secretos de organismos de seguridad y advierte sobre este grupo de trabajadores, luego secuestrados, a los que consideró "un factor real o potencial de perturbación del normal funcionamiento de esta Comisión". «
 
Las víctimas de la CNEA

Además de Calle y Morazzo, quien también declarará como testigo en los próximos días en el juicio de la ESMA, hay otras víctimas de la CNEA que pasaron por ese centro clandestino. Uno de los casos que se tratará en el debate es el secuestro y desaparición de Graciela Barroca y Gerardo Strejilevich. La pareja compartía los estudios de Ciencias Exactas de la UBA. Ella era técnica en la Comisión y a él la SIDE le había rechazado un pedido de beca en la Comisión, según los registros de la Comisión de Derechos Humanos del Personal de CNEA (CDHPCNEA). Fueron secuestrados en julio de 1977 y llevados a la ESMA.
También se juzgará la desaparición de José Badillo y de Daniel Rus. Badillo era un trabajador de una empresa contratista de la Central Nuclear Atucha I y fue secuestrado en la madrugada del 8 de julio de 1977. Rus, por su parte, era becario en la CNEA y fue secuestrado en su lugar de trabajo el 15 de julio de 1977.
En los archivos de la CDHPCNEA figuran además otros 11 casos de trabajadores desaparecidos en la última dictadura que no pasaron por la ESMA.

miércoles, 20 de marzo de 2013

“Los vuelos de la muerte fueron muchos”

Federico Talavera declaró como testigo y dijo que era chofer en El Olimpo. Contó desde qué bases aéreas salían los vuelos para arrojar a detenidos desaparecidos, dio nombres de víctimas y de miembros de las Fuerzas Armadas que participaban de los operativos.

Por Irina Hauser
“Los vuelos de la muerte fueron varios, muchos. Los traslados se hacían de noche, desde Aeroparque, y los que hacían los vuelos eran el segundo comandante Guillermo Cardozo, de Gendarmería; Eugenio Pereira Apestegui, de Inteligencia de Gendarmería; el Turco Julián, y el principal Rosas, de apodo ‘Clavel’, que era de la Policía Federal (...) Las personas iban vivas, drogadas, sedadas, iban libres, deliraban, no estaban esposadas, iban vestidos. Se les decía que iban a un campo. Ninguno tenía ya capuchas ni vendas. No les importaba mucho que vieran a las personas que los llevaban.”

Este relato es un tramo de la declaración testimonial que prestó la semana pasada el ex gendarme Federico Talavera ante el fiscal Federico Delgado, en la que reconstruyó los “traslados” en los que tuvo participación cuando era chofer asignado al centro clandestino El Olimpo.

Talavera aportó, junto con su descripción directa como engranaje del aparato represivo, algunos detalles: un mapa de las bases aéreas de donde salían los vuelos desde los cuales se arrojaba a los detenidos desaparecidos, el uso de aviones sin identificación militar, los nombres de víctimas y de miembros de las fuerzas de seguridad que participaban de estos operativos, algunos ya condenados y otros no. Su testimonio plantea una encrucijada para Delgado y el juez Daniel Rafecas, que tendrán que definir si convertirlo en imputado y disponer su detención o priorizar sus aportes como testigo, para conocer la verdad.

Talavera fue interrogado en una causa específica sobre los “traslados” de prisioneros desde centros clandestinos del Primer Cuerpo de Ejército. Esta línea de investigación quedó abierta el año pasado por el juez Rafecas, después de procesar a siete represores por el asesinato de 19 personas llevadas el 6 de diciembre de 1978 desde El Olimpo, previo suministro de un “tranquilizante”, a un avión desde donde serían arrojadas al mar. Rafecas definió que “los traslados no eran otra cosa que el homicidio y el garantizar la desaparición del cuerpo de la víctima”, con lo cual daba por probados los asesinatos aun cuando no se hubieran identificado los restos de los detenidos. Eso le permitió procesar por homicidio, lo que habilita penas de prisión perpetua, a quienes hasta entonces eran imputados por secuestros y torturas, con penas menores.

El ex gendarme le dijo al fiscal Delgado que trabajó en Gendarmería entre 1975 y 1980. Desde el destacamento de Campo de Mayo le dieron funciones como chofer de camiones en El Olimpo. En 1995 declaró, en forma más genérica, ante la Cámara Federal y habló en una entrevista sobre los vuelos de la muerte. La fiscalía lo buscó mucho tiempo y, ante pistas de que vivía en Paraguay, pidió a Migraciones que si cruzaba la frontera le notificaran que debía presentarse. Lo hizo, finalmente, el 15 de marzo.

“Eramos tres choferes”, narró, aunque sólo recordaba a un tal Vera. “Nos iban tocando de manera alternada distintas noches de traslados (...) Fueron muchos los vuelos que se hicieron para ‘trasladar’ a los detenidos de El Olimpo, allí había más de cien personas y todos se hacían desde Aeroparque y después se levantaba a los que participaban en Ezeiza”, precisó. Involucró a los gendarmes Cardozo y Pereira Apestegui y a los policías Julio Simón (“Turco Julián”) y Roberto Rosa (alias “Clavel”), que ya fueron condenados por los crímenes en el circuito Atlético-Banco-Olimpo. Incluyó al mayor Guillermo Minicucci (fallecido) y a un grupo de procesados: el oficial de inteligencia Eduardo Angel Cruz (“Crámer”), el oficial Juan Carlos Mario Chacra (“Paco”) y al gendarme Juan Miguel Méndez (“Nelson”). Agregó nombres que los investigadores deberán identificar: los cabos Luque y Godoy, el principal Soto y el sargento Luna, y Estévez todos de Gendarmería. Añadió al gendarme Jorge Torres, hasta ahora testigo.

“Había otros vuelos de la muerte que salían de El Palomar”, dijo Talavera. Supone que “eran los de la ESMA” y “los del Pozo de Banfield”, porque “los de Campo de Mayo tenían su propio aeropuerto”. Como algo novedoso mencionó que los aviones “eran los Fokker 27 civiles (...) no eran de ninguna fuerza de seguridad ni del Ejército”, aunque no recuerda a qué empresa pertenecían.

Dentro de El Olimpo dijo que casi no estuvo. Alguna vez le encomendaron llevar al Batallón de Inteligencia escuchas telefónicas y listados de detenidos. Lo que sabe, enfatizó, es que en ese centro clandestino “murieron varias personas”. “Los torturaban ahí mismo y los sacaban muertos. Los quemaban en tachos”, dijo. “También en El Olimpo hubo muchas embarazadas (...) Todas iban a parir al Hospital Militar y luego desaparecían. El oficial que las llevaba era el que se iba a hacer cargo de la criatura. Pero no recuerdo el nombres (...) sí que eran de Ejército o de Policía”, relató.

Se detuvo en dos casos puntuales. Dijo que recordaba haber llevado a Marta Inés Vaccaro a unos de los vuelos que partían de Aeroparque, en 1979. Marta fue secuestrada 1978 junto con su pareja. El sigue desaparecido, igual que el bebé. Al referirse a otros traslados, el ex gendarme recordó haber llevado a parir al Hospital Militar a quien sería, por la descripción, Lucía Tartaglia. Relató que la acompañó “Paco”, y que después del parto le pidieron a él que la llevara en el baúl hasta el destacamento policial de Puente 12 cuando, supone, estaba sin vida.

Luciano Hazan, abogado de Abuelas de Plaza de Mayo, evaluó: “En el caso de Tartaglia, se confirma que hubo un parto; queremos que amplíe su declaración para mostrarle fotos de otras embarazadas”. El abogado Pablo Llonto, que representa a la familia de Carlos Pacino (cuyo cuerpo es uno de los hallados en la costa atlántica), sostuvo: “Es necesario que Talavera aporte la mayor cantidad de datos y que luego se resuelva su situación procesal. Hay que corroborar sus dichos. Es el primero que habla de vuelos no identificados, tiene que precisar qué vio”.

Hasta ahora, los represores que reconocieron algo sobre los vuelos de la muerte lo hicieron en declaraciones públicas o ante organismos extrajudiciales. Los acusados en el juicio de ESMA los niegan. Sólo Adolfo Scilingo aportó datos ante la Justicia española.