sábado, 8 de junio de 2013

Visita colectiva a la ESMA organizada por la AEDD, el 1/06/13


VISITA AL ESPACIO MEMORIA ESMA – 1 de junio 2013

Introducción

El Casino de Oficiales fue el principal inmueble utilizado por los genocidas para la detención y desaparición de personas dentro del predio donde funcionara el Centro Clandestino de Detención y Exterminio ESMA. Desde el año 2004 se inició el desalojo total del predio de la ESMA y especialmente en el edificio mencionado se han realizado tareas de investigación, conservación y comunicación tendientes a la reconstrucción histórica de lo sucedido allí, a su interpretación con fines educativos, y a su consolidación como prueba para los procesos judiciales reabiertos en septiembre de 2003.

En todos estos años, numerosos sobrevivientes han podido recorrer el lugar e identificar los espacios donde permanecieron detenidos. De igual manera ha ocurrido con familiares de detenidos-desaparecidos, y con miles de estudiantes, trabajadores, organizaciones, etc, que han realizado las visitas educativas que tienen lugar allí.

Con fecha 19 de agosto de 2008 (decreto 1333/2008) el edificio del Casino de Oficiales fue declarado Monumento Histórico Nacional:

“Artículo 1°- Declárese monumento histórico nacional al edificio del Casino de Oficiales de la ex Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), comprendido en la fracción del polígono formado por las calles Pico, La Cachila, Muratore y San Martín con frente hacia la Av. Del Libertador ubicado en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Datos catastrales: Circunscripción 16, Sección 29, Manzana 110 A.”

El edificio es objeto de inspecciones oculares ante la realización de cada una de las instancias de debate oral de la Causa ESMA.



Sobre los objetivos planteados por la AEDD en el año 2005

En la Propuesta de la Asociación de Ex -Detenidos Desaparecidos para el Predio de la ESMA y el Campo de Deportes presentada oportunamente en el año 2005, considerábamos que los objetivos que guiaran el proyecto a implementarse en el predio de la ESMA debían ser:

Preservar la ESMA:

·         Como testimonio material del genocidio perpetrado en Argentina en las décadas del 70 y 80, a través de la reconstrucción y representación histórica de su funcionamiento como centro clandestino de desaparición y exterminio, con el fin de hacer conocer el accionar represivo de la Armada –como parte del plan general de las FFAA y sus aliados civiles–, su estructura orgánico-funcional, la metodología planificada e implementada para el secuestro y la desaparición; y de representar la identidad de los detenidos desaparecidos que estuvieron secuestrados allí.

·         Como prueba judicial para los juicios iniciados o que puedan iniciarse en el futuro para juzgar a los responsables de los crímenes cometidos en dicho centro clandestino de desaparición y exterminio.

Asimismo se planteaba en ese documento sobre los Usos del predio

Los gobiernos constitucionales posteriores a la última dictadura militar implantaron durante 20 años políticas de olvido, no solo mediante la aprobación e implementación de leyes y decretos de impunidad, sino también a través de la construcción y/o legitimación de diferentes formas de representación.

Ejemplo de ello es la Teoría de los dos demonios, explicitada en los decretos 157 y 158 firmados por el ex Presidente Alfonsín y de allí en más, presente en todos los mensajes emitidos desde el Gobierno comenzando por el prólogo del Informe Nunca Más de la CONADEP. También lo son las innumerables circunstancias en las que se caracterizó al genocidio como producto de la “locura” y de la “irracionalidad”, en las que se negó la identidad de las víctimas otorgándoles “inocencia” o “culpabilidad”, en todas aquellas ocasiones en las que se articularon y articulan procesos de conceptualización que desvinculan el genocidio de los procesos históricos que motivaron su implementación y que ocultan su funcionalidad como práctica social.   

Todo esto tuvo y tiene consecuencias en la subjetividad social, consecuencias tan graves como la propia dictadura. Revertirlas llevará muchos años, y se logrará no solo anulando las leyes de impunidad sino aplicando una política clara, contundente y explícita que impulse a construir memorias sobre la base de la justicia, es decir el juicio y castigo de todos los responsables del genocidio y la verdad sobre el destino de los desaparecidos y sus hijos apropiados. 

Parte de esa política necesaria es el reconocimiento pleno de la existencia de centros clandestinos de desaparición y exterminio, sin desvirtuar su significación como tales a través de su utilización para otras actividades.

La ESMA constituye, por la cantidad de detenidos-desaparecidos que por ella pasaron, por su significado simbólico para el imaginario social, y por tratarse del primero de estos sitios en ser desalojado, un antecedente de características muy relevantes para nuevos procesos de construcción de la memoria en sitios que funcionaron como centros clandestinos de desaparición y exterminio.

No puede ni debe diluirse lo que allí ocurrió detrás de otras actividades, aunque se trate de prácticas que estén vinculadas a los DDHH en su concepción más general. Muchos son los espacios donde estas actividades pueden llevarse a cabo sin necesidad de hacerlo en el Centro de Detención y Extermino que es símbolo en el mundo entero de la represión dictatorial en Argentina.

También nos oponemos a la instalación de instituciones educativas u oficinas públicas, aunque sean dedicadas a fomentar o preservar los DDHH. En cualquiera de los dos casos se establecería un movimiento rutinario y cotidiano de alumnos, profesores, funcionarios, empleados, público y proveedores e implicaría la instalación de la infraestructura necesaria (bares, kioscos, comedores, guarderías infantiles, playas de estacionamiento) que vaciarían de contenido los lugares donde se planificó, se puso en marcha y se concretó un genocidio.

Donde hubo muerte debe señalarse, recordarse, mostrarse, saberse, que hubo muerte, quienes fueron los que murieron, por qué murieron y quiénes los mataron. No debe pretenderse que ahora haya vida. Para buena parte de nuestro pueblo recién comienza la hora de recordar, de saber, de aprehender, de comprender.



Y se consideraba:

·         Que solamente deberán establecerse en el predio de la ESMA usos que estén directamente vinculados a la preservación y conocimiento del lugar como Centro Clandestino de Desaparición y Exterminio.

·         Que no deberá funcionar ninguna institución estatal –y mucho menos privada- como el Archivo Nacional de la Memoria, el Instituto Espacio para la Memoria,  dependencias públicas y/o instituciones educativas, ya que no debe establecerse allí un movimiento rutinario de personal o de público que permita la naturalización y el vaciamiento de contenido del espacio y desplace su significación como centro clandestino de desaparición y exterminio.





Resignificación de la ESMA – Proyecto oficial

Resignificar: otorgar un nuevo significado

Centro clandestino de detención Escuela de Mecánica de la Armada
Espacio para la Memoria y para la promoción y defensa de los derechos humanos
1
Casa de suboficiales II. Alojamiento.
2
Pabellón de Armas y Aviación. Capacitación a aspirantes y a cabos.
Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti. Realiza actividades culturales públicas y genera seminarios, debates y publicaciones sobre historia reciente.
3
Escuela de Guerra Naval. Formación de oficiales superiores con destino en el Estado Mayor de la Armada.

4
Panadería
Guarda y conservación del acervo documental del Archivo Nacional de la Memoria
5
Jefatura de Guardia. Guardia, calabozos de la Marina, central de comunicaciones.
Sede provisoria de las personas encargadas de la protección del predio.
6
Pabellón de operaciones. Capacitación a aspirantes y a cabos.
Casa por la identidad – Abuelas de Plaza de Mayo. Espacio destinado a la realización de actividades culturales y educativas vinculadas al ejercicio de la memoria y el derecho a la identidad.
7
Pabellón Alfa. Alojamiento de suboficiales, aulas y sala de armas.
Casa Nuestros Hijos, Vida y Esperanza - Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Destinado a la formación de músicos populares bajo la dirección de Fundación Música Esperanza.
8
Pabellón Delta. Alojamiento de aspirantes. Gimnasio cubierto.
Casa de la Militancia-Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio- H.I.J.O.S. / Sede provisoria del Ente Público Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos.
Sede de la Tecnicatura Universitaria Superior en Periodismo Deportivo, bajo convenio entre la agrupación H.I.J.O.S., la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata, el Ministerio de Educación y la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.
9
Polígono de tiro. Guardia de acceso.
Acceso vehicular
10
Taller especializado de mar. Capacitación a aspirantes y a cabos.
Casa por la identidad (Idem 6)
11
Pañol equipos. Depósito de usos múltiples.
Instituto de Políticas Públicas en Derechos Humanos del MERCOSUR (IPPDH). Organismo del Mercosur enfocado al diseño y seguimiento de políticas públicas en derechos humanos en el marco del proceso de integración.
12
Módulos de alojamiento. Habitaciones de suboficiales y aspirantes.
Demolido en 2012. Sede del futuro Museo de Malvinas.
13
Pabellón máquinas. Capacitación a aspirantes y a cabos.
13 bis. Taller reparaciones. Carpintería. Herrería. Sala de calderas.
Sede de Canal Encuentro, señal Paka-paka y portal Edu.car del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación.

14
Casino de aspirantes y cantina.
Centro Internacional para la Promoción de los Derechos Humanos, auspiciado por UNESCO.
15
Capilla Stella Maris. Lugar donde oficiaban misas los capellanes militares.
Espacio Patrick Rice. Destinado a la generación de un centro de convivencia ecuménica.
16
Plaza seca
Edificación de usos múltiples
17
Pabellón de electricidad. Capacitación a aspirantes y a cabos.

18
Casino de suboficiales. Alojamiento y comedor.
Futura sede del Ente Público Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos.
19
Pabellón Bote o Bravo. Dormitorios de aspirantes
Espacio Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas.
20
Campo de deportes. Vinculado a la ESMA por un puente peatonal que curza la Av. Lugones y Cantilo. Existen sospechas de su posible utilización para enterramientos y cremación de cadáveres de secuestrados durante el período de la dictadura.
Terreno que se encuentra en manos de la Armada.
21
Quincho
Espacio de usos múltiples, especialmente a actividades con las visitas al predio.
22
Patio de armas
Plaza de la declaración universal de los Derechos Humanos.
23
Casino de oficiales. Lugar de alojamiento de los oficiales. Sede del GT 3.3.2. Sitio de reclusión, tortura y exterminio de los detenidos-desaparecidos.
Sitio Histórico. El edificio ha sido conservado con las estructuras que dejó la Marina. Se han realizado intervenciones mínimas a la fecha con el objetivo de señalizarlo y preservarlo.
24
Pabellón central o Cuatro Columnas. Oficina del director de la escuela. Aulas y gabinetes, anfiteatro y gran patio cubierto para formaciones militares y recreos.
Espacio para la Memoria sobre el Terrorismo de Estado. Destinado a Espacio/Museo con muestras permanentes sobre el terrorismo de estado. Sede del Instituto Espacio para la Memoria IEM.
25
Imprenta. Edificio donde fueron llevados algunos detenidos-desaparecidos para realizar trabajo esclavo.
Bajo tenencia del IEM
26
Talleres automotores. Lugar destinado al acondicionamiento de los vehículos para los operativos de secuestro, entre otros usos.
Bajo tenencia del IEM
27
Enfermería. Edificio donde fueron llevados algunos detenidos-desaparecidos para ser atendidos.
Bajo tenencia del IEM
28
Pabellón Coy o Charly. Dormitorio de aspirantes. Edificio donde fueron llevados algunos detenidos-desaparecidos para realizar trabajo esclavo.
Bajo tenencia del IEM
29
Lavadero
Edificio a cargo del Ente Público Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos.
30
Pileta de natación
Edificio a cargo del Ente Público Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos.
31
Depósito de equipos
Edificio a cargo del Ente Público Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos.
32
Taller de electricidad. Departamento de Ingeniería
Edificio a cargo del Ente Público Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos.
33
Talleres básicos. Capacitación a aspirantes y cabos.
Edificio a cargo del Ente Público Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos.
34
Bomberos
Edificio a cargo del Ente Público Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos.
35
Cocina. Servicio de alimentación a aspirantes, marineros, suboficiales y personal civil
Edificio a cargo del Ente Público Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos.





Ante proyecto museográfico para la “resignificación” del Casino de Oficiales

La Asociación de Ex –Detenidos Desaparecidos NO ACUERDA con la construcción de salas de exhibición, instalaciones artísticas, performances, juegos de luces, ni ningún tipo de puesta museográfica que implique la re-significación del espacio, la alteración de la circulación, recorridos, espacio físico y la identificación actual que tiene el monumento histórico nacional Casino de Oficiales.

NO QUEREMOS que se cambie el significado que tiene ese lugar, porque queremos que promueva el debate de lo allí sucedido en el pueblo argentino todo HOY, y porque queremos que las futuras generaciones puedan recorrer y conocer ese sitio y saber qué fue el Casino de Oficiales como centro de detención clandestino.

Ese sitio sigue siendo el lugar donde desaparecieron a nuestros compañeros, y repudiamos cualquier intento de cambiar el sentido y significados de ese espacio.

Sobre el proyecto de “puesta museográfica”

Si bien hemos fundamentado las razones por las que nos oponemos a la instalación de cualquier tipo de intervención que resignifique, distorsione, o altere la situación actual del uso actual del edificio Casino de Oficiales, presentaremos respecto del proyecto de “puesta museográfica” –brevemente- las siguientes consideraciones que apoyan y profundizan nuestra posición:

Recorrido grupal vs recorrido individual:

Desde el inicio del funcionamiento del predio como espacio de memoria y de la conformación del primer equipo de guías que tuvo a su cargo la realización de los recorridos, aportamos información, conocimiento y apoyo para la construcción de visitas colectivas al predio. Hemos valorado como positiva la tarea desarrollada durante todos estos años por los guías, que han desarrollado un trabajo social y político de educación y concientización con los miles de personas que han participado de las visitas grupales. Hemos valorado siempre la construcción colectiva por sobre lo individual.

Entendemos que en esta etapa histórica, el camino a recorrer es el de la promoción del debate, el intercambio de ideas, la discusión sobre el genocidio implementado en nuestro país. Es por ello que consideramos que las visitas y recorridos al sitio deben continuar siendo colectivos y no individuales. No acordamos con la alteración del lugar en función de generar visitas individuales. Afrontar estas temáticas requiere no solamente de apoyo histórico, sino de poder compartir la experiencia con otros. Romper con el mandato de individualismo y fragmentación social que pretendieron –y en gran parte lograron- instalar los genocidas.

Tiempo estimado total del recorrido

Los actuales recorridos y visitas al Casino de Oficiales están organizados en períodos aproximados de 3 horas, en forma grupal, y con una orientación planificada en cuanto a los contenidos.

El proyecto presentado plantea la disposición de una cantidad de información abrumadora, distribuida y multiplicada en todos los espacios seleccionados, y nos preguntamos cuánto tiempo de recorrido necesitaría un visitante para poder acceder a la interpretación de la misma.

El Dorado – Resignificación, símbolo y ruptura de una línea

La presentación de la propuesta respecto de las modificaciones e instalaciones a realizar en el sector “El Dorado”, plantean dificultades importantes y situaciones inaceptables:

1-      Se plantea la instalación de plasmas y proyecciones que en un período de 15 a 20 minutos muestren en forma rotativa información sobre represores y sobre detenidos-desaparecidos, ambos en el mismo espacio. De ninguna manera aceptamos que se instale en el mismo lugar físico a los genocidas con la figura de los compañeros detenidos-desaparecidos.

2-      Se transforma y modifica el espacio desde el punto de vista de la interpretación del lugar cambiando su sentido original, no se explica, no se interpreta cuál fue su funcionalidad.

3-      Se pretende en un período muy acotado de tiempo reflejar la identidad y responsabilidad de “los represores”. Al día de hoy, casi 70 de ellos están siendo juzgados. Cada prontuario tiene historia. Se hará una “selección” de represores a mostrar? En base a qué criterios se realizará esa selección? Dónde se hablará del resto de los represores que aún hoy continúan impunes?

4-      Las historias de vida, de militancia de los compañeros detenidos-desaparecidos, se encapsularán dentro del lugar que los mantuvo desaparecidos? Es ése el único destino que se puede pensar para ellos? Quedaron allí para siempre? No sería adecuado pensarlos al menos en otro lugar distinto al que fue su lugar de detención? Quedarán detenidas sus historias allí adentro?

5.    Se anuncian momentos de oscuridad dentro del sector “El Dorado”. Oscuridad y fotos de los represores. Se ha pensado en el impacto psico-físico-emocional que una instalación de este tipo puede generar en el público en general? y en personas que han sufrido afectación directa en sus cuerpos por la represión? Y en personas que han perdido a sus familiares? Y en jóvenes adolescentes? Se ha realizado algún tipo de estudio sobre los efectos que generaría?

6. Es incomprensible esta suerte de intento de recreación induciendo como mínimo zozobra;  pero parece que el objetivo de esta teatralización va mucho más allá. Y esto nos provoca un rechazo añadido a este proyecto lacerantemente circense. No se puede jugar con  el terror padecido, es cruel y tremendamente ofensivo,  tanto por los compañeros que allí lo soportaron,  como para los visitantes. No se puede ni se debe trivializar el terror.



Capucha y pañol

En el mismo sentido que lo mencionado en el punto anterior, ante la información sobre la instalación de tarimas que indiquen la circulación por el lugar, así como efectos luminosos, consideramos nefasto reducir la circulación de visitas grupales, y advertimos sobre los efectos psico-emocionales y el impacto que generarían efectos luminosos en el lugar donde estuvieron los detenidos-desaparecidos.

Conservación Preventiva, Sótano y final del recorrido

Con asombro y espanto conocemos la idea de hacer una instalación artística con piedra, fotos y agua en el sótano del Casino de Oficiales.

Se informó acerca de la remoción de la estructura instalada ante la visita de la CIDH en 1979 por los represores para ocultar la escalera por la que descendían a los compañeros a las salas de tortura y a los vuelos de la muerte.  Se trata de una prueba de las políticas de impunidad que los genocidas ya planificaban en plena dictadura. Nos oponemos a borrar ese testimonio.

Nos oponemos a la resignificación de ese espacio también.

Y llamamos la atención a los especialistas, en relación con que se trata de un SÓTANO, que los altos niveles de humedad existentes en ese ambiente, conjugados con fuentes que originen agua y aumenten los niveles de humedad relativa dentro del espacio en forma directamente proporcional provocan RIESGOS DE DETERIORO EDILICIO.

Finalmente, y para no abundar en detalles que no conocemos ya que no tuvimos acceso al proyecto por escrito, terminamos esta fundamentación con lo siguiente:

Se plantea el final del recorrido del edificio saliendo por el sótano hacia dos lugares:

1-      Una salida a un cubo de vidrio sin salida.

2-      Una salida por la escalera por la que eran llevados los detenidos-desaparecidos a los “traslados”, a los vuelos de la muerte. Allí se encontraría un espacio vidriado, con los nombres de los detenidos-desaparecidos y con información sobre la actualidad del predio.

Respecto de esto, decimos:

1-      El mensaje final de este recorrido no puede ser NO HAY SALIDA o la salida es una DESAPARICIÓN.

2-      No queremos monumentos, no queremos memoriales, no queremos que se cristalicen los nombres de nuestros compañeros en un vidrio. Queremos relato de sus vidas, de sus luchas, de sus ideas.  

3-      El SIN SALIDA, también anula la supervivencia, la resistencia, la posibilidad de pensar que a pesar de todo lo que los genocidas intentaron quebrar, la solidaridad sigue existiendo, y el pueblo argentino sigue luchando por sus derechos hasta el día de hoy.
Imágenes y audios compartidos por : RNMA, ANRED, BTV y Cecilia Lapellegrina

Judith Said declaró en el juicio por los crímenes cometidos en la ESMA

Asesinatos en el taller de confección

La mujer relató cómo acribillaron a su esposo, desaparecieron a sus dos hermanos y asesinaron a otros dos amigos. Luego saquearon el taller de la calle Riglos, un negocio familiar en el que se confeccionaba ropa.

Alberto Said y su madre, Linda Cohen de Said, tenían un taller llamado Ser en la calle Riglos. “Era un taller de confecciones”, enfatizó Judith Said en su declaración durante el juicio por los crímenes de la Escuela de Mecánica de la Armada. “Lo digo porque era un emprendimiento familiar, no tiene nada que ver con la estructura montonera. Daba trabajo a mi compañero, militante de Montoneros, y a Raúl Ocampo, que era estudiante de Económicas, que así ayudaba a sostener sus estudios.” El 15 de noviembre de 1976, la madre de Judith se quedó en casa de ella. Judith estaba embarazada de ocho meses, con pérdidas y con ellas estaba su hija María y el hijo de su compañero, Ricardo Aníbal Dios. Para entender lo que pasó ese día, lo que pasó con esa familia y lo que en la lectura de la ESMA se llama la “caída del grupo de los profesionales” de Montoneros, es preciso seguir la historia. La carga de desaparecidos, secuestros, el robo de bienes y el trabajo de reconstrucción de los efectos de la represión muestran en un caso una de las dimensiones de la ESMA.

La mañana del 15 de noviembre, Ricardo Aníbal Dios se había ido al taller temprano. Hacía la distribución de ropa. En el taller estaban él, Alberto Said –hermano de Judith–, Raúl Ocampo y la empleada Salvadora Ayala. De casualidad se hallaban además otras dos personas que habían ido a avisarle a Alberto de la muerte del abuelo de su novia Marta. Las dos personas eran el hermano de Marta, Mariano Krauthmer, y su pareja, Beatriz Silvina Fitzman. “Quiero aclarar que todo lo que voy a contar no lo sé porque fui testigo directo porque no estuve –dijo Judith–. El que llegó a ver algo fue mi padre. La otra persona es Salvadora Ayala y lo sé solo por lo que me dice mi madre o mi padre, que hoy no están aquí porque han fallecido, pero serían ellos los que podrían atestiguar de primera mano lo que voy a relatar.”
Secuestros y asesinatos

El 15 de noviembre de 1976 “llamo al taller al mediodía desde un teléfono público para saber a qué hora tenía que ir mi madre y noto que mi hermano Alberto tiene una voz un poco rara, escucho voces de fondo y se corta la comunicación. Llamo a mi papá, que tenía una inmobiliaria. El no estaba y me atendió su empleada. Le pregunté si pasaba algo y me dice: ‘Sí, tu padre se fue con tu hermano Eduardo hasta la calle Riglos porque una vecina llamó para comentar que había habido problemas’”.

Por lo que pudo reconstruir más tarde, el operativo en el taller empezó mientras su hermano Alberto tomaba un café con Mariano y Beatriz. “Cuando mi compañero, Ricardo Dios, abre una puerta, una ráfaga lo mata, porque muere en el momento”, dijo como quien se decide única y necesariamente a ser testigo de una historia que debe contar. “El certificado de defunción así lo dijo: herida de tórax y de cráneo. Alberto, al escuchar esos ruidos, sube con Mariano a la terraza y les tiran también desde la terraza, a Mariano lo hieren, Alberto lo lleva hasta la puerta y pide a los gritos una ambulancia. Pero no tuvo ninguna atención y muere casi al ratito nomás. El pide que dejen de tirar, que eso era un comercio, que no tenían por qué seguir tirando. Ahí paran y preguntan por Eduardo (su otro hermano) y eso no es casual”, indicó.

Eduardo Said era el tercero de los hermanos. Abogado, una vez recibido pasó a militar en la gremial de abogados peronistas, defendía a los presos políticos y militantes de la UES, tenía su estudio con otros dos socios que también fueron secuestrados como parte de la caída de abogados y profesionales vinculados con la organización. Eduardo había sido funcionario del gobierno de la ciudad de Buenos Aires. A partir de 1975, le allanaron el estudio hombres de civil identificados como de la Triple A y los amenazaron. Después del golpe, como su estudio estaba “un poco vedado”, muchas veces iba a trabajar al taller para atender casos particulares. Esa mañana no estaba ahí. La patota preguntó entonces por Alberto y Alberto salió. Mientras tanto, alertado por la vecina, el padre, Moisés, ya estaba en la esquina. No pudo acercarse porque la cuadra estaba vallada, pero a partir de ese momento se convirtió en testigo: alcanzó a ver un auto que se llevaba a Salvadora Ayala, a Beatriz y Raúl Ocampo o “por lo menos un vecino le dijo que ‘en ese auto se están yendo’”. También observó que se llevaron la Renoleta con la que distribuían la ropa y el Peugeot 404 de los hermanos.

Salvadora y Beatriz estuvieron durante 24 horas secuestradas en lo que pudieron identificar como la ESMA. Ahí vieron a Raúl Ocampo, pero después dejaron de verlo. Alberto se comunicó dos veces con su familia, como los marinos obligaron a otros. El y Raúl Ocampo están desaparecidos. El 24 de noviembre de 1976 secuestraron a Eduardo Said, el otro hermano, que también permanece desaparecido. Eran las seis de la tarde, lo levantaron en la esquina de Sarmiento y Pasteur, a punto de reunirse con su padre. Cuando llegó y vio el tumulto de gente, Moisés supo que su hijo antes de ser secuestrado gritó “Soy ciudadano argentino, abogado” y dio su nombre de viva voz. Eduardo estaba investigando el secuestro de su hermano y de Ocampo. Fue visto en la ESMA, entre otros, por Horacio Maggio, el secuestrado que logró escapar y escribió una carta que es uno de los primeros documentos de la represión en ese centro clandestino. Maggio, que fue recapturado, asesinado y mostrado para amedrentar al resto de los prisioneros, situó a Eduardo en ese espacio. Estaba casado con Claudia Yankelevich. Ella y su hermana Andrea están desaparecidas. Andrea estaba casada con Daniel Marcelo Shapira, socio de Eduardo en el estudio. Está desaparecido. Tuvieron un hijo: Pablo Daniel Shapira, secuestrado y recuperado después. En ese grupo también estuvo Carlos Caprioli, el otro socio del estudio, secuestrado y liberado después.
El robo

“Vuelvo al día 15 de noviembre”, pidió Judith durante la audiencia y volvió al taller. La Comisaría 12ª estaba a cargo de Armando Fava e hizo un inventario con la descripción de lo que se vio ese día en el taller: “Cuerpos, posiciones, describe qué máquinas del taller había, los rollos de ropa para confeccionar, las polleras: 150 polleras listas para ser entregadas y esto lo digo porque muchas de las versiones que le han dado a mi padre decía que el taller estaba lleno de armas: con 150 polleras no hay manera de que puedan estar escondidas ahí”.

Según los vecinos, tras el operativo llegaron camiones donde llevaron todas las mercaderías, los rollos de ropa, las polleras, las máquinas, los libros, “o sea que todo eso fue sustraído a pesar de que figuraba en el inventario de la comisaria”. Judith no volvió a su casa. En el taller estaba el contrato de alquiler con su dirección. Era una casa alquilada. Se refugió en lo de unos amigos. Cuando llamó al dueño de su casa, el hombre le dijo que tenía que comunicarse con el Ejército, que a él lo habían saqueado, le habían puesto explosivos y “no podía hablar”. Más tarde supo que a su casa le habían hecho lo mismo: la explotaron y se llevaron todo.

El 1º de enero de 1977, Moisés recibió una notificación según la cual podía ir buscar las llaves del taller al Primer Cuerpo del Ejército. Cuando entró en el taller, lo encontró prácticamente vacío y destruido. “Se llevaron de todos modos algunos libros del banco, de proveedores, de clientes, material que sostuvo que eran muy importantes para el futuro juicio. Los tengo yo –dijo ella–, tengo toda esta documentación, pero no encontró ni las polleras inventariadas, ni las máquinas, ni los rollos de tela. Pero tampoco encontró la cartera y documentos de cheques a cobrar. Con el listado, mi padre se entrevistó con proveedores y explicó que le habían saqueado todo. Fue a ver a los clientes y para su sorpresa le dicen que los documentos y los cheques se estaban ¡cobrando! ‘Tu hijo no está, pero alguien los cobra’, le dijeron. Y efectivamente cheques y documentos que están en el acta de la comisaría también fueron cobrados. Me parece importante esto –aclaró Judith– porque en realidad toda la documentación que mi padre fue acuñando tenía que ver con la posibilidad de un juicio, civil, penal, criminal. Y creo que no estaba del todo equivocado.”

María, la hija más grande de Judith, estuvo en la sala. En las sillas también estaba Ricardo Dios, que nació por cesárea en medio de los escapes y del dolor.

viernes, 7 de junio de 2013

Basta de privilegios para los genocidas!!!

Con profunda preocupación y sorpresa, vemos hoy que el represor, torturador y apropiador de menores, JUAN ANTONIO AZIC, quien fuera alojado recientemente en el Complejo Penitenciario Federal N° 1 de Ezeiza, en el dispositivo denominado “Programa Interministerial de Salud Mental” por orden del Juzgado Nacional y Correccional N° 2 que instruye la causa sobre “Apropiación de Menores”, ha sido beneficiado con el privilegio de ser nuevamente regresado al sitio donde estuvo internado durante varios años, la privadísima Clínica Psiquiátrica San Jorge, que por supuesto abona su obra social, por orden del Tribunal Oral Federal N° 5.

El correlato lógico de la demora en la administración de justicia es la mera consecuencia de la perpetuación de la impunidad.
Alrededor de 320 genocidas han muerto en estos años sin ser condenados o apenas comenzando a cumplir sus condenas, y otros ni siquiera están en condiciones de afrontar un juicio. El paso del tiempo, permitido por la justicia, se ha ocupado de garantizarles las incapacidades necesarias para no ser juzgados, condenados y recluidos en la cárcel en virtud de la magnitud de los crímenes perpetrados.

Otros han logrado que distintas afecciones de salud les permitan gozar de los beneficios de la “prisión domiciliaria” en la comodidad de sus hogares, al mes de marzo de 2013, 788 represores se encontraban detenidos en todo el país, pero casi el 40% de ellos lo están en domiciliaria –alrededor de 300 genocidas. Beneficio del que no gozan la mayoría de los presos comunes que se hacinan en las cárceles, muchos de los cuales padecen enfermedades graves contraídas aún dentro de los muros de los penales.

Esta secuencia de demoras, enfermedades e impunidades –“impunidad biológica” o la “estrategia Pinochet” como la llaman algunos- merece ser contextualizada: el Estado Argentino garantizó la impunidad de un modo puro y directo entre 1975 y 1983 mediante la negación cínica de los delitos que hoy se consideran genocidio en el marco de los delitos de lesa humanidad, y que formaban parte de un plan sistemático; luego vino un periodo de disputas, avances limitados y maniobras para cercar los juicios y acotarlos hasta que, tras la sublevación de Semana Santa de 1987, se renovó la impunidad con forma jurídica y bajo gobierno electo por normas constitucionales; luego se redobló la apuesta y se libraron hasta los pocos condenados en el Juicio a la Junta (causa 13) hasta que las luchas populares fueron erosionando la uniformidad judicial y para fines del siglo XX se lograron las primeras declaraciones de inconstitucionalidad y la apertura o reapertura de algunos juicios.

Discutir la impunidad biológica y los derechos de los reos que sostienen gozar del derecho a la presunción de inocencia hasta que las sentencias sean confirmadas por la Corte Suprema, implica borrar la historia del compromiso del estado con la impunidad y pretender ocultar su responsabilidad en la situación creada, prolongando, de alguna manera, la intromisión estatal en favor de los genocidas.

Mientras ambos tribunales discuten en la Cámara de Casación Penal el lugar de detención del imputado nosotros recordamos las garantías que los asisten. Garantías de las que por supuesto “no gozamos los sobrevivientes de los Centros Clandestinos de nuestro país durante la dictadura y aún mucho menos que nosotros los miles y miles de compañeros torturados y desaparecidos.
También nos preguntamos si una patología suicida pervive durante más de diez años. Nadie es un suicida en ciernes: o mejora o lo concreta.

Por otra parte debemos plantear que, desde la psicopatología, la internación de un sujeto, tal como la plantea la ley de Salud Mental, presenta como requisito la existencia de un riesgo cierto e inminente de atentar contra la propia integridad física o la de terceros. Siendo éste un recurso terapéutico puntual, tiende a compensar psiquiátrica y psicológicamente al individuo afectado, para proceder a su externación en el menor tiempo posible, continuando con los controles necesarios en el ámbito de vida natural de la persona. En el caso de Azic, este ámbito es la prisión de Ezeiza.

Es en este lugar donde el Estado, en tanto responsable de la atención de la salud física y psicológica de los detenidos, debe proveer de los dispositivos terapéuticos necesarios para continuar el tratamiento del condenado Juan Antonio Azic en la unidad penitenciaria de Ezeiza: sin ningún privilegio que lo diferencie de cualquier otra persona presa.
Y en tanto esta situación se mantiene indefinidamente, no recibimos ningún tipo de información acerca del destino de nuestros compañeros detenidos – desaparecidos, ni de sus hijos apropiados en cautiverio o al ser secuestrados junto a sus padres, solo un puñado de hijos recuperados –en su mayoría con el aporte de los testimonios de los sobrevivientes y el esfuerzo de los organismos de derechos humanos, confirman la verdad. Esa verdad que desborda en cada testimonio brindado por las víctimas y sus familiares en cada audiencia del juicio Esma II.

Finalmente entendemos que la justicia, que se presume igual para los represores genocidas que para los ladrones de gallina, deberá proveer los sitios adecuados en las instituciones carcelarias para todos, en pie de igualdad con los pobres de toda pobreza, aquellos que en su inmensa mayoría ni juicio tienen puesto que la falta de defensa técnica adecuada –responsabilidad estatal incumplida- los compele a aceptar juicios abreviados donde se presume la culpabilidad y se discute la pena, y donde las depresiones y adicciones son tratadas con aspirinas y curitas.

CÁRCEL COMÚN Y EFECTIVA PARA TODOS LOS GENOCIDAS YA!!!

Asociación de Ex Detenidos – Desaparecidos (AEDD) – Asociación de Profesionales en Lucha (APEL) - Comité de Acción Jurídica (CAJ) – Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (CeProDH)- Comisión por los DDHH de Trenque Lauquen Pcia. Bs. As. – Coordinadora Antirrepresiva por los Derechos del Pueblo (CADEP)- Equipo Argentino de Trabajo e Investigación Psicosocial (EATIP)- Liberpueblo – Liga Argentina por los derechos del Hombre (LADH) – Vecinos de San Cristóbal contra la Impunidad – Andrea Bello (querellante) – Patricia Walsh (querellante).

martes, 4 de junio de 2013

El testimonio de Beatriz Tebes. “Me quedé con mucho miedo”

Tebes fue secuestrada a los 17 años, en mayo de 1976, en la villa del Bajo Flores. Confirmó el paso por la ESMA de los curas Jalics y Yorio, secuestrados el mismo día que ella, y habló sobre los efectos que tuvo en su vida el terrorismo de Estado.

Por Alejandra Dandan

“Siempre tuve la sensación de que lo mío no había sido nada frente a la desgracia de muchos compañeros; fue menos de un día, pero debe ser que la huella me marcó porque así estoy”, dijo Beatriz Tebes en el juicio a los marinos de la Escuela de Mecánica de la Armada. Beatriz tenía 17 años cuando la secuestraron, el 23 de mayo de 1976, en la villa del Bajo Flores, el mismo día que la Marina se llevó a los curas Orlando Yorio y Francisco Jalics. Ella estuvo entre un grupo de catequistas secuestrados. En términos de números y cuentas, su estadía en la ESMA duró desde las once de la mañana de ese domingo hasta las cinco de la madrugada del lunes. La liberaron con sus compañeros, pero no volvió a ponerse en contacto con ellos hasta semanas más tarde. En ese sentido, la audiencia mostró parte de los efectos de la dictadura que siguieron: “No volví más a la villa, por miedo”, dijo Beatriz. Tampoco lo hizo el grupo que trabajaba en ese espacio. “En eso me cortaron un poco, lo nivelé con mi tarea docente y el trabajo en La Matanza, pero no es lo mismo trabajar con los niños carenciados”.

Hacia el final, el presidente del Tribunal volvió a preguntarle por las consecuencias. “Y... –dijo ella– consecuencias es tener miedo. Esto pasó en mayo del ’76, muy poco después del 24 de marzo, yo ya no iba más a la escuela secundaria, y era un momento en el que uno quiere abrir nuevos lugares, conocer nuevas personas, se anota para estudiar; pero yo me anoté en el profesorado de enseñanza primaria, quería estudiar psicología, pero había mucho militar en la facultad, no hice la carrera: me quedé con mucho miedo.”

Beatriz iba al barrio donde estaban los curas Yorio y Jalics desde 1974. Hacía el secundario en el colegio María Ana Mogas, de Mataderos, colegio de hermanas franciscanas. Los sábados preparaba a los chicos para la primera comunión. Los domingos volvía a la misa de once.

“Ese domingo 23, yo estaba de espaldas a la puerta, pero al escuchar unos ruidos giro la cabeza y veo una movida de un colectivo, pintado de marrón, muchos coches y mucha gente, hombres, y a primera vista parecían soldados”, explicó. “Nos miramos entre nosotros. La misa continuó y terminó. Al finalizar, esta gente entró a la capilla diciendo que los que eran del barrio se tenían que ir y quedarse en sus casas sin salir. Y nos quedamos solamente nosotros, no recuerdo bien qué hora era, pero teniendo en cuenta que la misa arrancaba a las once, serían las doce, porque era el final”.

La casa de Yorio y Jalics estaba del otro lado de una calle. Los dos curas no daban la misa porque les habían suspendido el ejercicio sacerdotal. Beatriz no sabe cuánto tiempo pasó. “El recuerdo fuerte arranca cuando nos suben arriba del colectivo pintado de marrón y verde. Nos colocaron capuchas en la cabeza y nos hicieron sentar en el piso. Al subir, vimos quiénes éramos: subimos nosotros, la gente del grupo, los catequistas y ese día iba gente por primera vez a conocer el lugar, con la intención de trabajar en el barrio, gente que yo no conocía siquiera de nombre”.

Así, en el grupo estaban Silvia Guiard y María Elena Funes, que declararon semanas atrás. Pero también dos adolescentes de un secundario que habían ido por primera vez con su profesora de historia. Y un muchacho que iba por segunda o tercera vez.

“En el colectivo, una compañera reza el padrenuestro en voz alta, porque desde el momento en que dejamos de ver quisimos escucharnos, pero nos dijeron que no, que basta, silencio. Y al rato otra vez nos pusimos a rezar en voz alta. Nos volvieron a decir ‘basta’. Uno de ellos dijo: ‘De ahora en adelante, el fusil va a hablar por mí’. Yo tenía 17 años, ahora tengo 54, pasaron los años pero eso me quedó”.
En la ESMA

Beatriz supo que estuvo en la ESMA “mucho tiempo después”, contó. “Cuando empezaron a verse imágenes en la tele y mostraban un lugar que llaman el Sótano. Yo tuve esa memoria de que cuando tuve las manos hacia atrás, eran unas columnas cilíndricas. Después me di cuenta de que había estado ahí, no en ese momento.”

En ese momento no sabía qué era. “Siempre con la capucha, me ataron los brazos a un costado y algo pesado me pusieron en los pies para inmovilizarme. Y ahí me sentí muy mal, empezamos a hablar para escucharnos, pidieron silencio y nos callamos, obviamente, el miedo nos dominó”. Después la pasaron a otro lado. “Estoy yo con una persona sola. Esa persona, que era un hombre, me dice: ‘Ahora te voy a sacar la capucha’, y yo no sé si me la saqué o me la sacó él, pero lo primero que vi es que él tenía puesta una capucha y se le veían los ojos. Fue muy feo. Todo era feo y yo seguía asombrándome, cada vez peor”.

El hombre le preguntó para qué iba al barrio. Qué hacía. Ella le habló de catequesis. Que querían que los niños tomaran la comunión. Que por las características del barrio, la Iglesia tenía que acercarse a las casas. “Me escuchó, pero no hubo diálogo, no fue conversación”. Le preguntaron por los volantes que tenía en la cartera. Los papeles tenían horarios de las clases de catequesis y de misa. Le pidieron que dibujara algo. “Dibujé una cruz y escribí una oración pidiéndole a Jesús que nos ayudase a todos en este momento.” Finalmente, “ese señor” volvió a ponerla a prueba. “Tenía un arma y me la dio. Y yo como me la dio, se la di; si la intención era ver qué hacía, se la di enseguida. También me preguntaron si tenía novio y si tenía relaciones con mi novio. También por nombres, apellidos que yo no reconocía. Pero insistían en nombrármelos”.

Entre los nombres le preguntaron por Yorio y Jalics. Para la causa, su testimonio volvió a confirmar el paso de los sacerdotes y de las catequistas por la ESMA. Y los efectos de la represión. A ella y a sus compañeros los cargaron en dos autos para sacarlos del centro clandestino. Antes de salir, les advirtieron que no volvieran al barrio. “Bueno, acá llegó una orden”, les dijeron. “No me queda claro a mí si nos iban a liberar, pero nos dicen: no pueden volver a pisar la villa y si vuelven, van a aparecer muertos en un zanjón”.

Los dejaron en la Panamericana. Vieron un cartel. Una estación de servicio con un sereno. En esa época no había teléfono en la casa de Beatriz. Una de sus compañeras hizo contacto con alguien. Les explicaron cómo volver. Tomaron el 15, y ella después se tomó el 28 hasta el límite entre Capital y provincia, en Lomas del Mirador

martes, 21 de mayo de 2013

El secuestro de Eduardo Marin y Maria Cristina Solis, trabajadores del diario La Nación

Los delegados que dieron vuelta a Mitre

En el juicio por los delitos en la ESMA, los hijos de Marín y Solís, Pedro y Eva, contaron cómo fueron secuestrados sus padres, dos de los más de noventa trabajadores de prensa incluidos en la causa. También está desaparecido el padre de Solís.

 Por Alejandra Dandan

Eduardo Marín y María Cristina Solís, La Negra, su esposa, trabajaron en el diario La Nación hasta 1975. Eran delegados por la administración, parte de la comisión gremial interna. Durante una toma dieron vuelta el cuadro de Bartolomé Mitre en el despacho del director y fueron candidatos por la Lista Naranja en las elecciones de la Asociación de Periodistas de 1974, “frustradas elecciones”, así las recuerda el libro Con
vida los queremos, dado que se abortaron por la intervención al gremio de José López Rega. A Eduardo y La Negra los secuestraron después del golpe de Estado, en dos momentos distintos. Sus hijos Pedro y Eva Victoria declararon en el juicio por los crímenes cometidos en la Escuela de Mecánica de la Armada. Eva llegó a la audiencia con una foto de Eduardo en la cartera: él está sentado en el piso del diario La Nación, feliz, durante una asamblea. Cuando lo secuestraron, Eva estaba con él. “Fue en mayo de 1977 –dijo–, más exactamente el día 15 de mayo, hace 36 años. Estamos en la calle, cruzando unas vías, una barrera, yo en ese momento tenía tres años, así que lo que conté en ese momento fue que un hombre se tiró encima de papá, lo estaba esperando cerca de las vías del tren cuando íbamos a cruzar. Lo que recuerdo es que había dos o más autos, que a él lo suben en un auto y a mí en otro. Que yo en ese momento, con mi corta edad, les decía que quería irme con mi papá.”

La sala en silencio. Eva dejó de hablar. Se le cayeron unas lágrimas. Un fiscal le preguntó si podía seguir. Ella siguió. “Lo que puedo contar es que lo vi como dormido; él estaba en el otro auto, inconsciente. Por otros testimonios, supe después que a mí me ven llegar a la ESMA, yo voy con una tarjeta identificatoria donde estaba la dirección de mi abuela y lo que dicen los testigos es que mi papá llega muerto”, dijo, y otra vez tuvo que parar.

A Eva la devolvieron en ese momento a la casa de su abuela Rosa, la madre de su madre, cuya dirección contenía esa tarjeta de identificación con la que entró a la ESMA. No fue la única vez que estuvo en el centro clandestino de los marinos, en la máquina de matar: volvió con su hermano un año más tarde, cuando los secuestradores se los llevaron con su madre.

“Yo fui testigo porque estuve presente cuando secuestraron a mi mamá”, dijo. “El hecho sucedió el 10 de agosto de 1978, nosotros estábamos en la casa donde vivíamos, sinceramente no sé la dirección, no sé dónde era, lo que recuerdo es que era de noche, lo único que recuerdo. Estábamos mi mamá, mi hermano y yo en la casa. Yo tenía cuatro años, mi hermano dos y lo que puedo recordar es a mi mamá poniéndose muy mal, se sienten ruidos, la casa estaba siendo rodeada, mi mamá nos saca afuera de la casa, mi hermano lloraba mucho, ella nos vuelve a ingresar a la casa y recuerdo a hombres armados. No mucho más. Nos llevaron a otro lugar que después supe que era la ESMA. Nos separaron, a mi mamá no la vi nunca más y después, tampoco sé cuánto tiempo estuve ahí, fuimos llevados mi hermano y yo a la casa de mi abuela materna.”

–¿Sabe la dirección de su abuela? –le preguntó un fiscal.

–En la calle Pinto, en Saavedra.

–¿Y recuerda algo de ese momento?

–Recuerdo muy poco –dijo Eva–. Sé que nos dejaron en la puerta de la casa, éramos dos pulguitas porque teníamos dos y cuatro años, no sé siquiera si tocaron el timbre ellos; sé que estaba oscuro a la noche, nos dejaron en la casa de mi abuela. Y digo mi abuela porque mi abuelo ya había sido secuestrado dos años antes, por eso no dije “abuelos”.

Al abuelo, Pedro Solís, padre de María Cristina, lo habían secuestrado en agosto de 1976 mientras buscaban a los Marín. “En realidad yo sé que eran perseguidos mis padres, que mi abuelo, simplemente había firmado una garantía de un alquiler de mis papás y entonces lo vienen a buscar a su casa, para que diga dónde estaban mis padres. El lo desconocía, igualmente era ya un hombre de 76 años que no estaba bien de salud, tenía arteriosclerosis. Lo que pude saber es que rodearon la casa, hombres armados, que había gente en los techos, en las casas vecinas, revolvieron la casa, como decía mi abuela: aunque lo hubiera sabido, mi abuelo no hubiese dicho dónde estaba mi padre. Bueno, se lo llevaron y por testigos sé que estuvo en la ESMA.”

Su hermano Pedro declaró antes que ella, y también habló de ese momento. “Por dichos de mi abuela, sé que buscaban a mi mamá, y al no encontrarla, dijeron: ‘Llevá al más viejo’. Y se lo llevaron a él. Hace poco, un señor que vive en una esquina me dijo que había visto francotiradores en los techos y muchos movimientos de la policía.”

Eduardo y María Cristina se habían conocido de Ciencias Exactas. La Negra entró en La Nación en 1972 y después entró Eduardo. Integraron la comisión interna. Sus historias aparecen en ese libro que recoge las historias de los trabajadores de prensa “que necesitaba silenciar la dictadura”. Allí, Lilia Ferreyra contó que mientras ella trabajaba en La Opinión, “nos llaman a mí y a otros compañeros, Eduardo y La Negra, para contarnos que habían tomado el diario. Corrimos hasta allá. No te imaginás la cara de los dos: radiantes. Eduardo nos condujo al despacho del director y ahí estaba el retrato de Bartolomé Mitre dado vuelva. Nos reímos. Era una revancha”.

Perseguidos, los dos dejan el diario en 1975. Militaban en el Bloque Peronista de Prensa. Sobrevivieron dando clases de física y matemática. Cuando secuestraron a Eduardo, Cristina empezó a mudarse con los dos hijos. “Era un compañero muy querido y en aquellas épocas, primeros años ’70, nuestro gremio de prensa tenía un peso muy importante”, dice ahora Patricia Walsh, que estuvo sentada en la audiencia. “Los trabajadores de prensa –que así nos gustaba ser llamados– no hacíamos diferencia entre los periodistas y los otros oficios de un diario y es por eso que muchos delegados importantes, como fueron el negro Marín y Cristina, eran referentes importantes para un gremio muy presente en las luchas de ese tiempo.”

Los nombres de Eduardo y María Cristina son parte del listado de más de noventa trabajadores de prensa que son “causa” en este juicio. Pedro, su hijo, dijo que eran de Montoneros cuando le preguntaron por la filiación política de sus padres. Eva los situó, en cambio, dentro de la actividad sindical, como estableciendo causas y efectos en ese territorio.

Días pasados, declaró Marta Alvarez en las audiencias. A ella le preguntaron entre decenas de nombres por Pedro Solís. “Pedro Solís era el padre de una compañera que se llamaba María Cristina Solís de Marín –dijo–, que fue una responsable mía dentro de la militancia durante mucho tiempo. La buscaban ansiosamente a ella y a su marido, Eduardo Marín. Y secuestraron al padre de María Cristina, que era una persona mayor y había sido policía. Sí, lo escuché en Capucha –contó Alvarez–: escuché a una persona mayor a la que le pegaban mucho. Y sé que está desaparecido.”

lunes, 29 de abril de 2013

Testimonió Victor Basterra : Otra recorrida por los recovecos de la ESMA

Desde el Juicio a las Juntas, Basterra viene aportando información relevante. Ayer, en un clima tenso, declaró ante el TOF 5.

 Por Alejandra Dandan

Víctor Basterra no eligió ni a Eduardo Galeano, ni a Daniel Viglietti ni al Che Guevara para decir las últimas palabras en la audiencia. Habían pasado seis horas de declaración. Un nuevo juicio. Su voz nuevamente recorriendo las profundidades de la Escuela de Mecánica de la Armada. Mucha tensión. Los defensores particulares, pero también los oficiales, lo interrogaron en ocasiones como lo haría un tribunal de guerra. La presidenta del Tribunal Oral Federal 5, Adriana Palliotti, con sus intervenciones no logró garantizar el respeto necesario para el testigo. Por eso, cuando terminó, Basterra les pidió especialmente a los defensores que leyeran el último párrafo que escribió Jorge Luis Borges después de escuchar su testimonio en el Juicio a las Juntas, en un texto llamado: “Lunes 22 de julio de 1985”.

“Es curiosa la observación que los militares, que abolieron el Código Civil y prefirieron el secuestro, la tortura y la ejecución clandestina al ejercicio público de la ley, quieran acogerse a los beneficios de esa antigualla y busquen buenos defensores –dice el texto–. No menos admirable es que haya abogados que, desinteresadamente sin duda, se dediquen a resguardar de todo peligro a sus negadores de ayer.”

Esas líneas estuvieron destinadas entre otros a Guillermo Jesús Fanego, abogado de once represores, entre ellos Emir Sisul Hess, Rodolfo Oscar Cionchi y Miguel Angel García Velazco. La semana pasada, el entonces presidente en funciones del TOF 5, Daniel Obligado, trajo su martillo de juez a la audiencia para frenar las intervenciones de Fanego. Este abogado es un hombre engolanado que cuando interroga parece estar acusando sobre las militancias políticas o la reducción a la esclavitud. En ocasiones aun es más sofisticado. Cuando pregunta, vuelve a la escena y casi parece volver a golpear. “Si no le entendí mal –dijo ayer, por ejemplo–, usted habló de los responsables de su detención y mencionó a algunas personas.”
El primer golpe

Víctor Basterra recibió el premio al valor por haber sacado de la ESMA las fotografías con las que se lograron abrir las primeras investigaciones a los represores. En la lógica de Fanego, la defensa oficial se sumó al tono de impugnación y cuestionamiento al preguntarle por el trabajo esclavo que desarrolló en la ESMA. Querellas y fiscales objetaron. El tema no era ni siquiera objeto de debate. La responsabilidad más grave, sin embargo, la tuvo la presidenta del tribunal, que en este caso habilitó las preguntas porque pueden ser parte de una estrategia de la defensa. “Frente a experiencias tan traumáticas como éstas, el tribunal tiene la obligación de preservar a los testigos para que no sean vueltos a pasar por una situación traumática, porque son personas que fueron sometidas a tratos inhumanos, degradantes, con una pretensión absoluta de deshumanizarlos”, decía ayer Ana María Careaga, una de las sobrevivientes. “El enorme aporte de Víctor para los juicios y las investigaciones de la ESMA, de ir sacando los cuadritos que eran las fotos de esos represores. Entonces la responsabilidad histórica que tienen estas personas es preservar, y quien preside la audiencia debe preservar a los testigos que con su aporte y su testimonio están reescribiendo la historia.”
Olor a alcohol

Basterra de todos modos avanzó. Como siempre. En ocasiones hasta con humor. En términos de información, aportó datos sobre dos ejes importantes para el juicio. Por un lado, el rol del Apostadero Naval de San Fernando, otro espacio de la Fuerza de Tarea 3 como la propia ESMA, involucrado en el plan represivo. Y por otro lado, sobre el funcionamiento del Grupo de Operaciones Especiales de la Armada (GOEA), una estructura todavía poco explorada, que funcionó como grupo de tareas en la ESMA a partir de 1981. Del GOEA participaron varios de los acusados de este juicio.

La primera pregunta fue sobre el Apostadero. Basterra fue uno de los detenidos-desaparecidos trasladados a la isla El Silencio en el Tigre, propiedad de la Iglesia Católica. Los secuestrados fueron llevados ahí para esconderlos de la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a la ESMA. “Este viaje se hizo a inicios de septiembre, no recuerdo si el 3 o el 4”, dijo Basterra. “Nos suben a un vehículo y lo que se comentó era que la salida era de la Apostadora Naval de San Fernando, yo pensé que nos esperaba un tiro en la nuca. Fuimos llevados bastante brutalmente por un grupo de sujetos donde se olía mucho a alcohol, esposados y engrillados y con la capucha puesta, tomando distancia del compañero que uno tenía adelante. Nos llevaron a un lugar donde el agua se notaba cercana. Había diálogo entre estos secuestradores que por ejemplo decían: ‘Mirá la vieja ésa se asoma por la ventana’. ‘¡Dejá que le tiro!’, decía uno. Y otro le decía: ‘Ahora no, que va a haber mucho ruido’.”

Se ve que era una lancha pequeña, descapotable, dijo, porque les tiraron una lona encima. “Estábamos muy apiñados entre nosotros, yo tenía cuidado porque había sido lastimado por uno de los guardias en la columna.” Basterra ya había contado en otras ocasiones que en la isla obligaron a trabajar a algunos prisioneros. Esta vez le preguntaron qué trabajos se hacían. Algunos los obligaron a trabajar en una planta de la que se podía extraer el sisal para tejidos, de hojas grandes. A otros los llevaron a cortar árboles, “a hacer distintas tareas como mano de obra esclava”.

El sueco Carlos Lordkipanidse pidió al TOF una inspección ocular del lugar durante una de las primeras audiencias del juicio. Entregó fotos de los últimos años. Basterra dijo que no volvió a la isla pero “yo tendría que ir –dijo–, me quiero sacar las ganas de verla”.

En otras declaraciones, Basterra habló de los prisioneros trasladados a la isla. Esta vez le preguntaron por los que no fueron. “Teníamos un compañero en Capucha, que estaba ahí muy anterior al secuestro nuestro, le decían Topo, posteriormente supe que era Ricardo Sáenz. A ese compañero no lo trasladaron a la isla. También supe que había un secuestrado que era una especie de misterio: ‘Tachito’, que estaba en permanencia constante, se comentaba, en el sótano. ¿Y por qué le decían Tachito? Porque era un secuestrado en Nicaragua, por lo tanto Tachito Somoza y Nicaragua era una misma cosa, ésas eran versiones que oía yo.”

En el sótano, había dicho en una anterior declaración, “sólo quedaron algunas oficinas y el archivo del diario Noticias. Para la época de ese traslado se comentaba que iban a reformular la instalaciones. En el Pabellón Coy los sectores se distribuían de la siguiente manera: en la planta baja estaba la sala de armas, logística, la oficina de operaciones y la oficina del jefe del grupo de tareas. En la planta alta, los baños, una oficina de documentación, el laboratorio fotográfico, inteligencia, comunicaciones y también un lugar de descanso”. Cuando ayer le preguntaron cuánto tiempo funcionó el Coy dijo: “Calculo que de mediados de septiembre del ’81 y hasta mediados de septiembre del ’82”. En ese pabellón, “no había capuchas, sé que habían empezado a hacer construcciones en el sótano, de ahí el traslado a este lugar donde se instaló la Logística”.

Entre los responsables nombró a varios. Miguel Angel Alberto Rodríguez, alias Angel; Luis Hildago, Castro Cisneros o como él lo llamó: el Angel Cisneros, era capitán de fragata, jefe de logística del GOEA y la persona que con “esos documentos falsos” alquilaba las quintas. También ubicó allí a Carlos Octavio Capdevilla, “que era médico, pero hacía tareas múltiples y era responsable de Comunicaciones” en esa época, dijo.