lunes, 8 de julio de 2013

ESMA: Una declaración exhaustiva de la sobreviviente Rosario Quiroga desde Caracas

Dio precisiones sobre el acoso sexual y el papel cumplido por monseñor Graselli 

Rosario Quiroga hizo un pormenorizado relato de su secuestro, cautiverio y liberación en 1979 desde Caracas, donde vive desde entonces. Rosario no dejó pregunta sin contestar y ofreció muchas precisiones. Entre ellas, explicó que si bien el acoso sexual fue una regla indefectible para todas las prisioneras detenidas-desaparecidas, en el caso de la ESMA no implicaba necesariamente violaciones. Confirmó la intimidad entre monseñor Graselli y los represores y enfatizó la posibilidad de que varios militantes muertos en la ESMA hayan sido cremados en el cementerio de la Chacarita, como le dijeron que lo fue su pareja de entonces, Oscar "El Sordo" De Gregorio, un oficial mayor de Montoneros. En la audiencia declaró también José María Areta, hermano de dos desaparecidos. Jorge Ignacio (que parece haber ingresado malherido o muerto a la ESMA) y de Joaquín, uno de cuyos poemas "Quisiera que me recuerden" fue leído en público por un emocionado presidente Néstor Kirchner.
En teleconferencia desde Caracas, Venezuela, donde vive, Rosario Evangelina Quiroga, conocida como "Elena" durante el último tramo de su militancia peronista en la Argentina, recordó que ella y otros compañeros, escapando de la represión desatada por la dictadura, habían buscado refugio en Uruguay. Que lo habían encontrado en una vivienda del balneario Lagomar  y que en la mañana del 15 de diciembre de 1977, cuando ella y Rolando Pisarello esperaban tomar un ómnibus para ir a Montevideo fueron secuestrados por personal de civil de las fuerzas armadas uruguayas, que los introdujeron en un furgon y les dieron una paliza. Puntualizó que a ella le abrieron una herida en la cabeza de un culatazo.

Relató que fueron llevados a una casa de Carrasco "de aspecto medieval" dónde la torturaron sometiéndola al "submarino", con golpes y colgándola del techo con las muñecas con los brazos atados detrás de la espalda y alzándola y bajándola en esa posición. En ese lugar, puntualizó, escuchó como torturaban también a dos compañeros, Jaime Dri y el pianista Miguel Ángel Estrella.

Dos días después fue llevada a una habitación, donde le sacaron la venda de los ojos y le presentaron a varios oficiales argentinos, entre quienes puede reconocer al teniente de navío Raúl Scheller, alias "Mariano", al mayor del Ejército Juan Carlos Coronel, alias "Maco", al oficial de la Prefectura Naval Héctor Febres, alias "Selva", y al miembro del Servicio Penitenciario Federal Carlos Generoso, alias "Fragote".

 "Mi impresión es que la voz de mando la tenía Scheller", subrayó.

Al día siguiente, 18 de diciembre, Pisarello fue trasladado a la ESMA, en Buenos Aires, junto con su mujer, María del Huerto Milesi, y su hijita María Laura, de cuatro meses.

Narró que fue trasladada a la ciudad de Buenos Aires junto a sus hijas pequeñas, a las que dos represores, el oficial de la Armada Alfredo Astiz y el oficial de la Policía Federal Roberto González a un colegio de monjas ubicado en la Avenida Cabildo y Juramento.

"El avión era pequeño y subimos por atrás. Viajé con mis hijas y (Héctor) Febres estaba sentado detrás mío. Había un piloto y alguien más, pero yo no podía ver. Me quitaron la frazada que tenía en los ojos para no impresionar a las niñas, pero me prohibieron levantar la cabeza o mirar", relató.

Conducida a la ESMA se le asignó el número 046. Su pareja, Oscar De Gregorio, apodado "El Sordo" y quien había sido uno de los miembros fundadores de la organización "Descamisados" (fusionada con Montoneros a fines de 1972) también fue secuestrado y llevado a la ESMA, en su caso gravemente herido de bala en el abdomen.

"Los miembros del GT (Grupo de tareas), tenían una relación especial con la persona que habían buscado o secuestraban, y las visitaban con frecuencia durante el cautiverio", explicó o Rosario.

Cuando la fiscal le preguntó los motivos por los cuales le hicieron escuchar durante su cautiverio una grabación de Oscar De Gregorio, la testigo explicó que "una de las metodologías que tenía el GT 3.2.2 era hacerle creer al secuestrado que iba a vivir, darle esperanzas de vida propia y de vida para cualquier otra persona de la que le dieras información. Saber que De Gregorio estaba vivo era una forma de dejarme tranquila de que ellos y yo íbamos a vivir. Era la forma concreta que tenían para sacarnos información".
Rosario dijo también que estuvo con De Gregorio en el momento de su muerte.

La fuga de "Nariz" Di Maggio

Horacio Maggio, ex delegado de la Comisión Gremial del Banco de la Provincia de Santa Fe y militante de Montoneros, había sido secuestrado el 15 de febrero de 1977. En marzo de 1978 logró fugarse de la ESMA- Se fue del país pero regresó y en octubre de ese año fue muerto dentro de una obra en construcción en la que se había refugiado.

Su cadáver fue exhibido en el estacionamiento del Casino de Oficiales de la Escuela de Mecánica de la Armada, y muchos detenidos fueron obligados a desfilar ante él.

"En octubre de 1978 estaba regresando de una visita que hice a mis hijas en San Juan, y en el camino me dijeron que lo habían matado. Tenían el cuerpo en una camioneta y nos llevaron a que lo viéramos para saber lo que les pasaba a los que se fugaban. Mostrar a Maggio era para ellos una gran cosa, una especie de triunfo", relató.

Rosario denunció haber sido sometida a trabajo esclavo y sufrido el acoso sexual del mayor del Ejército Eugenio Acosta Aubone, hermano del entonces capitán de fragata Jorge "El Tigre" Acosta, jefe del "grupo de tareas".

Trabajo esclavo

Antes de viajar a Uruguay, Rosario trabajaba como técnica en el Departamento de Procesos Técnicos de las Bibliotecas de la Universidad Nacional de San Juan. Por sus conocimientos de bibliotecaria, fue obligada a realizar trabajo esclavo durante su cautiverio en la ESMA.

"Trabajaba en la Pecera junto con Nilda Orazi. Me encargaron que ordenara el archivo del diario Noticias. Había que acomodarlo por fechas, como se podía, en cajas. En una de esas cajas pude ver las fotos de Alicia Zunino de Rossini, a quien conocía de San Juan de toda la vida, y ahí pude constatar que había estado en la ESMA", contó la sobreviviente.

La fiscal le preguntó a la testigo por el teniente de navío Juan Carlos Rolón. "Estuve en el Sótano desde diciembre de 1977 hasta abril del 78. A Rolón lo comencé a ver todos los días cuando subí a la Pecera, porque era responsable de los que hacíamos trabajo esclavo.

"Conversaba con nosotros todo el tiempo. En alguna oportunidad nos dijo que había sido muy condescendiente con nosotros. "Cuando me llegue mi Nuremberg recuerden como los traté", nos decía. También quería que varios secuestrados se quedaran trabajando con ellos en la Argentina una vez puestos en libertad", describió.

Abuso sexual

Rosario dijo que debió soportar el acoso sexual del mayor Eugenio Acosta, pero aclaró que no había sido violada. "Acosta me tomó como su protegida, me visitaba todas las semanas y pretendía tener relaciones sexuales conmigo. Una vez le dije que tenía que pedirle a ´los verdes´ que me obligaran porque por propia voluntad no lo iba a conseguir y se fue muy enojado".

"La pretensión de (Eugenio) Acosta -continuó- era que Néstor Savio (alias Norberto) fuera el marino elegido para mí. En una oportunidad me llevó a la Costanera, me habló de lo mal que se llevaba con su mujer… Hubo acoso, pero lo pude manejar", relató Quiroga, quien dijo que lo que le pasó a ella era habitual que les sucediera a las mujeres cautivas en la ESMA.

"Era una regla. Siempre un marino estaba destinado a una secuestrada. Ellos eran los dueños de la vida de una, así que el abuso estaba implícito".

Robo de bienes

Rosario relató que durante su cautiverio fue llevada a una casa de su propiedad en Munro, en la calle Israel al 2200. "Linares y Roberto González me llevaron a la casa a buscar los papeles para apropiársela. Después, Febres, Roberto González y (el teniente de navío Jorge) Rádice me llevaron a una escribanía para firmar un poder. Supe que posteriormente esa casa fue utilizada para que trabajaran algunos secuestrados".

Embarazadas

"A todos los médicos se los llamaba 'Tomy'. Atendían los partos en la ESMA cuando no venían complicados y, si no, hubo algunos casos que fueron trasladados al Hospital Naval", relató la testigo, quien recordó entre los médicos a Jorge Magnacco. "También había otro médico al que le decían ´Manzanita´, porque tenía los pómulos rojos; era bajito y de cara redonda".

Rosario hizo un repaso por las distintas embarazadas que pasaron por la ESMA y con las que tuvo contacto o referencia de que habían dado a luz en ese centro clandestino. Entre ellas, Patricia Elizabeth Mancuzzo (Paty), quien dio a luz a un bebé el 15 de abril de 1978, hijo también de su compañero Walter Claudio Rosenfeld, al que puso de nombre Sebastián. También mencionó a Alicia Alfonsín de Cabandié, "Bebe", cuyo hijo, Juan Cabandié, nació en marzo.

La fiscal continuó mencionándole nombres de mujeres embarazadas para ver si la testigo las había visto en la ESMA. Rosario recordó cada uno de los casos: Alicia Pereyra, dio a luz a Federico Cagnola Pereyra; Ana María Moyano de Poblete, quien tuvo una niña; Susana Pegoraro, también tuvo una niña; Susana Siver de Reinhold, "una embarazada a la que no vi, pero supe que tuvo su niña el mismo día que mataron a Norma Arrostito. Fue un revuelo ese día. Creo que se llamó Laura Reinhold Siver".

También mencionó a María Hilda Pérez de Donda, quien dio a luz a Victoria Donda Pérez; Patricia Roisinblit de Pérez Rojo, "la vi embarazada hacia octubre del 78, en un cuartito cerca del pañol, y después supe que tuvo un niño de nombre Guillermo" (Pérez Roisinblit).

Norma Arrostito
"La mataron en enero del ´78. Yo estaba en Capucha y me bajaban al Sótano durante el día. La vi en los pasillos. Tenía grilletes con una cadena bastante larga, el ruido de su caminar era muy especial, creo que todos los que estuvieron con ella lo recuerdan. Su muerte fue sumamente hablada. Además, la usaban muchísimo cuando caía alguien para sacarle información", al ser su cautiverio (mientras se la creía muerta) una demostración irrefutable de la derrota de Montoneros. "Norma Arrostito era EL personaje en la ESMA", destacó Rosario Quiroga.

Dagmar Hagelin
Rosario también contó que supo del secuestro de Dagmar Hagelin, "la suequita", por parte del GT 3.2.2: "Sé qué la hirieron y que por eso la desaparecieron. El que la hirió fue Astiz. Lo supe por otros detenidos, porque eso pasó un año antes de que yo entrara a la ESMA".

Reconocimientos

Se le preguntó a la testigo sobre el imputado Rodolfo Cionchi, alías "Gordo Tomás", acusado de torturar al sobreviviente Enrique Fuckman y de asesinar a Daniel Echeverría.

"Es uno de los oficiales que le decíamos Tomás o Dogor. Mi recuerdo es de un italiano con unos cuantos kilos, bien blanco y con los pómulos colorados. Lo veíamos en el Sótano", dijo la testigo.

Asimismo, reconoció a Miguel Ángel García Velazco, alias "Dante", un oficial de Inteligencia que integraba el Grupo de Tareas 3.3.2: "Dante tenía un hermano mellizo al que le decían Serra y pertenecía al SIN" (Servicio de Inteligencia Naval). Vi a personal del SIN en la ESMA", declaró Rosario.

"Hormiga era una auxiliar de Inteligencia", aseguró cuando se le preguntó por Orlando González. "Yo lo vi en la ESMA, en el Sótano. Ahora me enteré que es fotógrafo y recibió premios. Era delgado, de pelo negro, estatura mediana, y le gustaba mucho hablar con los secuestrados".

Monseñor Graselli
Se le preguntó si (el secretario del vicariato castrense) monseñor Eugenio Graselli tenía contactos con marinos. "Sí –respondió Rosario-. Él fue quien me ayudó a conseguir la visa para ir a Venezuela. No podía desconocer que había detenidos en la ESMA".

La testigo expuso ante las cámaras un certificado de defunción de su primer marido, José Luis Herrero, con la fecha y el motivo de la muerte falseada. "Este documento me lo mandó a Venezuela el propio Monseñor Graselli, por pedido de los marinos", enfatizó.

También confirmó que fue liberada por los marinos el 19 de enero de 1979, cuando (junto a otro prisionero desaparecido, Lisandro Cubas, con quien se casaría) voló a Caracas sirviéndose un pasaje comprado por la Armada en la agencia Cavisa (Compañía Argentina de Viajes Internacionales S.A.).

"Nos acompañó Juan Carlos Rolón", afirmó. "Ese día nos liberaron a cuatro: Alberto Girondo, Alicia de Pirles, mi marido y yo. Tenía 26 años, los había cumplido en la ESMA".

Después, en marzo o abril, añadió, fue liberado Pisarello, puntualizó.

Cremaciones

Para finalizar, Rosario Quiroga sostuvo que "me gustaría que se investigue sobre cremaciones hechas en Chacarita. Acosta me dijo a mí que al cuerpo de Oscar De Gregorio lo iban a quemar en el cementerio de Chacarita. Sería excelente poder investigar si ese fue el destino de los muertos en la ESMA. Cononocer el destino de todos los desaparecidos, saber qué pasó con ellos, es algo primordial".

Los hermanos Areta
En la audiencia declaró también José María Areta, hermano de dos detenidos-desaparecidos, Jorge Ignacio y Joaquín Eugenio, que se hizo célebre por un pequeó libro de poemas, uno de los cuales, "Quiero que me recuerden", fue recitado públicamente por el presidente Néstor Kirchner.

Jorge, apodado "Iñaki" o "El Correntino", ingresó el 23 de diciembre de 1976 a la ESMA, pero no está claro si lo hizo vivo o cadaver.

"Tengo información fragmentada sobre los hechos. El 22 de diciembre de 1976, en un supuesto enfrentamiento con Fuerzas de Seguridad, habrían matado a mi hermano en la zona oeste del Gran buenos Aires. El enfrentamiento habría comenzado en Morón y terminado cerca del Hospital Posadas, en Ramos Mejía", contó el testigo.

Luego agregó que "toda la información que recabé fue por llamados telefónicos y revisando diarios de la época, que hablaban de un supuesto enfrentamiento. Jamás tuve otra información. En base a esos datos, pude armar el relato, pero no había nombres ni nada más."

"El diario La Nación -ejemplificó- publicó una nota el 26 ó 27 de diciembre de ese año, en la que narra un episodio que describe lo que pasó, es una coincidencia, pero sin nombres. Con ese pude reconstruir parcialmente la historia".

José María contó que recibió dos versiones sobre su hermano. Una sostenía que estuvo en cautiverio en la ESMA, y la otra que "entró muerto el 23 de diciembre" a ese mismo centro clandestino de detención, tortura y exterminio.

Jorge era militante de la JTP y de Montoneros. Según recordó su hermano, estaba en pareja con una compañera de militancia llamada Dona.

Jorge "tenía 29 años, medía poco menos de un metro setenta, era rubio, usaba bigotes y tenía una cicatriz de una neurocirugía en el lado derecho", relató José María.

Las querellas le mencionaron a algunas víctimas y el testigo reconoció a Susana Quinteros: "fue una novia de mi hermano de la que se había separado un par de años antes de su desaparición. Era estudiante de arquitectura. Tengo entendido que apareció muerta en un enfrentamiento en La Plata en 1976".

Adriana Friszman relató su paso por la ESMA, con su embarazo a cuestas

Los casos de embarazadas en la ESMA

Al momento del secuestro, en mayo de 1977, tenía 21 años y seis meses de embarazo. Es una de las pocas que sobrevivieron. En cambio, su hermana Nora y su novio, Marcelo Pardo, permanecen desaparecidos.

 Por Alejandra Dandan

Nora Friszman hizo el secundario en el Nacional de Buenos Aires, había empezado el profesorado y militaba en la organización Montoneros, donde sus compañeros la recuerdan como Tina. Su área de militancia era Capital. Estaba de novia con Marcelo Pablo Pardo, que también militaba. Con ellos lo hacía Guillermo Orfano, Alberto Roque Krug y Diego Beigbeder. Nora tenía una hermana, Adriana Friszman, con militancia social en la Juventud Peronista, casada con Mariano Laplane. La marina secuestró a Marcelo Pardo y luego a Nora, a Guillermo, Alberto y a Diego entre noviembre y diciembre de 1976. Todos están desaparecidos. En mayo de 1977, en una nueva avanzada sobre otro grupo de militantes de Capital y una irradiación de secuestros que aún se investiga, se llevaron a Adriana Friszman.

“Todo era bastante violento –dijo ayer Adriana en el juicio por los crímenes de la Escuela de Mecánica de la Armada–. En el trayecto me pegaron, en el lugar me trataron bastante violentamente. Cabe recordar que yo tenía 21 años y seis meses de embarazo y pesaba unos 45 kilos, por lo tanto me parece que esto es un agravante.” Adriana es una de las pocas embarazas que sobrevivieron al infierno luego de conocer el espacio y las formas que les dedicó la máquina de matar. Salió viva después de las presiones que ejerció Alberto Numa Laplane, padre de Mariano, general del nacionalismo de derecha, retirado por las internas del Ejército, compañero de promoción de Jorge Rafael Videla y Roberto Viola.
El ritual

“Le pedimos que nos diga día, hora y lugar de los hechos”, le pidió la fiscalía en el comienzo. “Día, 29 de mayo de 1977. Hora, fin de la tarde, a las seis o siete, algo así. Lugar, la Facultad de Medicina. Me bajé de un colectivo, caminé unos metros y fui agarrada por dos personas a los lados en el medio de la calle, llena de gente, y yo misma me di cuenta de que nadie vio, nadie vio nada. Es algo tan rápido, tan extraño.”

En el operativo ubicó al prefecto Héctor Febres, coordinador de los robadores de niños. “No recuerdo cómo estaban vestidos, lo que puedo decir es que uno de los que participaron, que después varias veces apareció y lo vi en ese lugar, era un sujeto al que llamaban Selva. Era canoso. Más bien grandote. Fuerte.” Luego de ponerla en el piso de un auto, sacarle la cartera, buscar papeles, le taparon los ojos. Al rato llegaron a un lugar. “Y ellos mismos dicen: ‘¿Sabés dónde estás? Estás en la Escuela de Mecánica de la Armada’.”

La dejaron esperando en un pasillo, después en un local al que llamaban Enfermería, donde pasó uno o dos días. Durante la noche la interrogaban. Desde el “local” sentía un clima tenso, sonidos de gritos, de gente, de interrogatorios: estaba cerca del lugar donde se preparaban los operativos. Los fiscales le preguntaron por las formas de la tortura, Adriana habló de un ritual: “Parecía una especie de rito en el que alguien entraba, charlaba y conversaba. Y después venía otro. Te pegaba una cachetada en el oído. Después venía otro. Y prendía un aparato eléctrico llamado picana. El lugar era espeluznante, con sangre, manchas de sangre, cosas horribles, entonces eran varias personas que entraban y salían”.
La rotación

Adriana es una de las pocas embarazadas de la ESMA que sobrevivieron a lo que fue denunciado desde entonces y escrito en la sentencia del juicio por el robo de niños como “plan sistemático de robo de bebés”. Para mayo de 1977, había un cuarto como lugar de alojamiento, donde se turnaban las mujeres para poder descansar. “Había algunas más que permanecían en ese cuarto y las otras nos turnábamos para pasar algunas horas del día y así no había que estar todo el día en la cama, porque el espacio de permanencia entre los secuestrados era en el tabique, que era un colchón o una cama.”

En esa dinámica en la que pocos o nadie usaba los nombres, recuerda muy poco de los nombres o caras de esas chicas. A una chica, castaña, de piel clara, que le dio su nombre cuando supo que ella estaba por irse. “Y yo no lo recuerdo completamente, pero el apellido era Moyano e iba a tener familia en esos días. Mi familia trató de hacer contacto con su padre, creo que lo consiguió.” Había otra chica, Rosa, tal vez, explicó. “Rubiecita, muy, muy clara, los ojos verdes. Había otra chica con un cabello lacio, moreno, pero de tez clara, también con anteojos, que inclusive en un operativo la quisieron trasladar y ella estaba con un embarazo bastante avanzado y alguien lo evitó.”

Entre las imágenes habló de la visita de un médico. Una joven lo estaba esperando. Supuestamente debía examinarla. “Y esta joven estaba esperando y estaba muy nerviosa, muy preocupada. Me relató que la habían secuestrado hacía poco tiempo y que tenía un bebé de dos meses y estaba preocupada por la lactancia, porque no sabía qué estaba ocurriendo con su cuerpo. Era una joven de cabello negro, muy bonita, muy delgada, delgadita.”

Los fiscales le preguntaron por la alimentación, el baño, las condiciones del tormento. Adriana las contó a ellas mismas limpiando un poco el espacio, habló de alguna depilación en el momento cercano a un parto. La condición de jóvenes niñas, de mujeres primerizas. Una querella le preguntó por abusos. “En relación con mi propia persona había un guardia, particularmente violento, truculento y que tocaba a las personas, tocaba a las mujeres particularmente con la excusa de verificar si tenían los ganglios inflamados y claramente era un acto morboso.” El trato dependía mucho de las guardias, dijo. Las condiciones eran muy malas, los presos, la gente del pabellón, se bañaba una vez por semana, se enfermaban, comían muy mal. Las embarazadas se bañaban cada tres días más o menos.

Adriana estuvo tres semanas en la ESMA. Luego permaneció una semana en el Atlético antes de la liberación. En la ESMA asistió a un momento de traslado. “Era un momento muy tenso donde todo el mundo se ponía muy nervioso.” En su relato, describió los datos que pudo saber de su hermana Nora, secuestrada el 2 de diciembre de 1976. Entre las certezas reconstruidas de su paso por la ESMA, Adriana habló de la ropa de su hermana, con la que ella misma se encontró meses más tarde. Durante la tortura escuchó hablar de su hermana. Uno de los represores le dijo: “Esta es la hermana de la otra que está en Penales”. La defensa le preguntó por los “Penales”. “Aquí entramos al terreno de la especulación –dijo ella–. Yo tengo una idea de lo qué significaba, me parece que se trataba de la muerte, que era un eufemismo para la muerte porque no se podía decir, porque no se puede sembrar la falta de esperanza en quien está cautivo, porque es peligroso para quien mantiene personas en cautiverio y muchas personas jóvenes juntas. Además, algunos comentarios que se hacían entre los cautivos que estaban hacía más tiempo, me habían relatado que en diciembre del año anterior, la época en la que mi hermana fue secuestrada y pasó aparentemente por allí, los traslados eran masivos y muy frecuentes.”

martes, 25 de junio de 2013

Emilio Carlos Assales, alias "Tincho" y Conrado Gómez en el testimonio de Emma Ahuali

La caida de la estructura de finanzas de la organización Montoneros comenzó a ser conocida  durante la audiencia del juicio por los crímenes cometidos en la ESMA, a partir de los dichos de una exmilitante cuyo compañero desaparecido fue visto en ese centro clandestino en 1977.

Emma Rene Ahuali, la única exmilitante de Montoneros que sobrevivió a los hechos que rodearon el crimen del poeta y escritor Francisco Paco Urondo en Mendoza, relató cómo su compañero Emilio Carlos Assales, alias "Tincho" y el abogado mendocino Conrado Gómez fueron secuestrados en esta capital, por un grupo de tareas el 11 de enero de 1977.

Según explicó ante el Tribunal Oral 5, Gómez fue secuestrado días antes que su marido, quien al ir a efectuar una consulta en su estudio "cayó en una ratonera" que le tendieron los militares en una oficina de la calle Montevideo.

Ahuali, Assales y la hija de ambos, de tan solo 24 días habían logrado trasladarse desde Mendoza a Buenos Aires en la clandestinidad, y se alojaban en hoteles de pasajeros.
Sus movimientos tenían horarios fijos de encuentro, ante la posibilidad de ser secuestrados.

Testigos del secuestro de Assales dijero que éste fue sacado del edificio donde funcionaba el estudio de Gómez en una camilla "como si le hubieran aplicado Pentonaval" y trasladado en una ambulancia "sin patentes".
"Cuando 'Tincho' desaparece tenía 29 años. Nunca tuve noticias de él hasta que las tres mujeres que salen de la ESMA, Sara Osatinsky, Ana María Martí y Maria Alicia de Pirles denunciaron en Europa lo que ocurría en la ESMA", señaló.

Assali fue incluido en uno de los llamados "vuelos de la muerte" en los que los prisioneros eran arrojados vivos al mar previa aplicación de una inyección de Pentotal, que los represores de la ESMA había rebautizado como "Pentonaval".

La situación fortuita que a Assali no le hubiera surtido efecto y su gran contextura física hicieron que estando a bordo de uno de los aviones, salvara su vida y lo regresaran a la ESMA.

"Te salvaste, ahora te necesitan más en Mendoza", le habría dicho a Assali uno de los más temidos guardias de la ESMA, Pedro Bolita.

A su regreso, y después de dormir durante dos días, el prisionero dio detalles a sus compañeros de cautiverio acerca de en qué consistían los "vuelos de la muerte" o "traslados" y éstas los denunciaron luego en los organismos internacionales en Europa y la OEA.

Respecto de ese hecho, la mujer presume que su compañero pudo haber brindado bajo tortura datos acerca de "algunos lugares que él conocía", pero nunca tuvo más información sobre su destino final.

La testigo dijo haber conocido a "Tincho" en la casa de Victorio Cerrutti, propietario de la finca "Chacras de Coria", que fue apropiada durante su cautiverio por el ex jefe de la Armada, Emilio Massera.

Ahuali confirmó que en la casa de Cerrutti se llevaban a cabo reuniones de la Juventud Peronista, en tanto, ante una consulta, ratificó que tanto Gómez como su compañero formaban parte de la estructura de finanzas de Montoneros.

También brindó información acerca de los secuestros de Alicia Zunino, Mario Concurat y Claudia Urondo, en distintos operativos en los que los miembros del grupo de tareas de la ESMA apuntaron a la estructura económica de la organización subversiva.
"Nos reuníamos con los compañeros y nos enterábamos de las barbaridades y de las torturas a las que eran sometidos en los campos de concentración y por eso algunos se quebraban", explicó la mujer, a quien acompañaron durante la audiencia los hijos de Paco Urondo.
"Esperé muchos años para decir la verdad", enfatizó Ahuali cuando el presidente del tribunal le tomó juramento.

sábado, 15 de junio de 2013

Regreso de los sobrevivientes

Esto es distinto de lo que me imaginaba porque ha quedado institucionalizado”, dijo Lordkipanidse todavía conmovido. “Esto siempre estuvo en el aire, como en una nebulosa, nunca tuvo entidad y con la presencia de los fiscales, secretarios del juzgado, Prefectura, el labrado de las actas ante cada cosa. La verdad superó mis expectativas.”

“La sensación cuando volvemos a un lugar donde estuvimos chupados tiene cosas bastante encontradas”, dice Fukman. “Por un lado, está la sensación de que uno buscó reconstruir esta parte de la historia, dónde estuvo, qué hizo, qué sucedió. Y por otro, están los recuerdos de los compañeros que no están y hay mucho de esto que te vuelve en un marco en el que tengo que decir que no es cualquiera, porque no es que vinimos a buscar el pasado, sino que lo estamos recorriendo en un acto de búsqueda de justicia y tiene la carga que significa seguir aportando como sobreviviente para que se conozca la verdad y se pueda construir memoria.”

La propiedad: de la Iglesia a la ESMA

El viernes pasado dos sobrevivientes pidieron que se dicte una medida de “no innovar” en los terrenos. Uno fue Carlos Lordkipanidse, a través de Justicia Ya! Y el otro Víctor Basterra acompañado, por el abogado Rodolfo Yanzón. El juzgado hizo lugar al pedido y le pidió a Prefectura que preserve el lugar con recorridos periódicos. Hay una sede de prefectura está a 900 metros del lugar.

El Silencio está sobre el arroyo Chañía-Miní (o Canal 43) en el límite de la segunda y tercera sección, y según los datos de Prefectura fuera de los límites de El Tigre y dentro del distrito de San Fernando. En 1987, dos sobrevivientes hicieron un sondeo de reconocimiento desde el río acompañados por Maco Somigliana, ahora en el Equipo de Antropología Forense. Judicialmente existe un expediente desde 1984 sobre la isla en el “Legajo 11478/84 Firpo, Alberto Néstor, denuncia” que es una de las fuentes de la denuncia que Horacio Verbitsky publicó en El Silencio, de Paulo VI a Bergoglio. Las relaciones secretas de la Iglesia con la ESMA. En ese expediente declaró al secretario de la Vicaría castrense, Emilio Grasselli, que es quien vendió la isla a los marinos. El documento está en manos del juzgado de Sergio Torres que tiene la causa. También se pidió al Registro de la Propiedad y ARBA los antecedentes de los propietarios. “Técnicamente ahora tenemos que ir hacia atrás como hicimos con Chacras de Coria donde las trasferencias se hicieron por coacción. Hay que buscar la documentación sobre quiénes fueron los titulares y cómo se hicieron las trasferencias de dominio. No es imposible, es el trabajo que sigue”, dicen fuentes judiciales. Es posible que buena parte de la información necesaria ya esté el expediente de 1984.

Entre las fuentes que cita el libro está la escritura de la transferencia de la isla y el cotejo del documento que usó la Marina para la operación-compra. La hizo a nombre del fotógrafo y laboratorista Marcelo Camilo Hernández, sobreviviente de la ESMA y salió del país en enero de 1979. Lo que sigue es un extracto de la información de El Silencio sobre este punto:

- Hernández: Los marinos se quedaron con su libreta de enrolamiento cuando pidió la renovación del pasaporte en la Policía Federal. Dos semanas después de su salida del país en enero de 1979, con ese DNI, el grupo de tareas adquirió la isla El Silencio. “No hace falta una pericia caligráfica para advertir que su firma en la escritura no coincide con la del formulario policial, ni siquiera intenta parecerse”.

- Grasselli: El libro señala que en la escritura la persona que aparece como vendedor de El Silencio fue Emilio Teodoro Grasselli “que conocía a varios marinos del grupo de tareas y sabía lo que pasaba en los campos clandestinos de concentración de la dictadura”. Grasselli aparece asociado a otras tres personas cuyos nombres también se señala.

- Aramburu: Grasselli a su vez había comprado la isla en septiembre de 1975 al administrador de la curia, Antonio Arbelaiz. Los sacerdotes y seminaristas de la Arquidiócesis conocían la isla porque él los llevaba. Los vecinos además dan cuenta de la presencia de Juan Carlos Aramburu en el lugar.

- Radice: uno de los moradores más antiguos de la zona entrevistado para el libro explicó que en 1979 la quinta pasó a ser propiedad de Ríos. Cuando la Justicia interrogó a Grasselli en el expediente, él dijo que no conocía a Hernández. Tanto Grasselli como sus socios alegaron que en nombre de Hernández, realizó la operación un “tal señor Ríos”, es decir Jorge Radice, responsable de los negocios inmobiliarios de la ESMA.