martes, 30 de diciembre de 2014

Entrevista a Daniel Cabezas "La condena a Bottinelli abre un camino a la justicia"

Hijo de Thelma Jara de Cabezas, destacó la decisión tomada en el caso Para Ti por el rol de la prensa en dictadura.

Franco Mizrahi


Familia - Daniel junto a sus hijos, Marcela y Leandro, y su madre Thelma, a quien la dictadura tuvo secuestrada en la ESMA.

Daniel Cabezas estaba en la ciudad de México cuando se enteró que la revista Para Ti había publicado una "entrevista" a su madre, Thelma Jara de Cabezas. "Habla la madre de un subversivo muerto", tituló el semanario de la editorial Atlántida el 23 de agosto de 1979. El encabezado hacía referencia al hermano de Daniel, Gustavo, desaparecido por la represión el 10 de mayo del ’76. Un sentimiento confuso atravesó al mayor de los Cabezas. Daniel sabía que su madre había sido secuestrada cuatro meses antes, el 30 de abril de aquel trágico ’79, por el terrorismo de Estado y desde el exterior impulsaba una intensa campaña para salvarle la vida. No demoró más que segundos para darse cuenta de la aberrante operación de prensa que se estaba realizando. Thelma estaba "chupada" en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA).
Por ese reportaje fraguado, el 31 de octubre pasado el juez federal Sergio Torres procesó por "coacción" al jefe de redacción de la publicación, Agustín Bottinelli. El magistrado consideró que el periodista "arbitró los medios necesarios" para la realización de la operación de prensa y le adjudicó la intención de "poner en duda u ocultar la práctica de detenciones ilegales y desapariciones forzadas, incluida la de la propia víctima" y "difundir la idea a toda la sociedad de que la existencia de las desapariciones era una mentira sembrada por las organizaciones de Derechos Humanos."
"Bottinelli se transformó en el primer periodista procesado por un delito de lesa humanidad. Eso sienta un precedente y abre un camino", afirmó Daniel a Tiempo Argentino. Y recordó: "La nota me confirmó que mi mamá estaba viva. Por eso, la noticia fue una alegría personal. Aunque sabía que políticamente iba a hacer mucho mal en la sociedad". Cabezas había partido a tierra azteca a fines del ‘76 con un grupo de cine del que luego se separó para sumarse a las filas del Movimiento Peronista Montonero.

–¿Cómo recibió la familia el procesamiento del periodista Agustín Bottinelli?
–En principio, bien. A seis años del inicio de esta causa que se lo procese es un avance muy importante. Una alegría. Aunque no estamos conformes con la calificación legal del procesamiento. "Coacción" no es la figura que corresponde. Para nosotros Bottinelli está involucrado en el secuestro y las torturas de mi madre. Nuestro abogado Pablo Llonto apeló la decisión y solicitó que se lo considere "partícipe en la privación ilegal de la libertad y tormentos". La editorial Atlántida era socia de la dictadura, apoyaba toda su metodología y así lo demuestran las notas de Parta Ti y Gente. Hubo un apoyo my claro. Para Ti y Bottinelli fueron parte de un plan de acción psicológica destinado a desinformar a la población. Negaban las desapariciones y torturas, los secuestros y asesinatos, la existencia de los centros clandestinos de detención y los vuelos de la muerte. Bottinelli y Para Ti sabían que todo eso sucedía. El reportaje fraguado a mi madre fue parte de ese plan.
–¿Siente que ahora se hizo justicia?
–Tanto mi madre como yo somos querellantes en varias causas de lesa humanidad. Conocemos los alcances y limitaciones de los procesos judiciales. Estamos muy agradecidos, sentimos que se va haciendo justicia. A la vez, como sobreviviente y familiar de una víctima, sabemos que nada va alcanzar para reparar tanto daño. Por más que les den perpetua a los torturadores de mi madre. No alcanza. Lo mismo pasa con la desaparición de mi hermano."

El esclarecimiento del crimen de Gustavo Cabezas llevó más de tres décadas. En 2011, en la megacausa Campo de Mayo se logró identificar a quien secuestró a Gustavo Cabezas y su pareja, Florencia Villagra: se trata del ex teniente Carlos Macedra, a cargo del entonces Batallón Esteban de Luca de Boulogne.
"Fue un alivio. Una parte muy importante se reparó", expresó Daniel respecto al crimen de su hermano. "Desde la derogación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final a la actualidad sucedió algo en este país que no se vio en ningún otro lado. Ni en Nuremberg se juzgó a tantos genocidas", señaló. "Esto que está sucediendo –destacó– también tiene que ver con que aquella lucha no fue en vano. Me refiero a la desaparición de mi hermano, a los 30 mil. Hoy estamos construyendo una sociedad más justa. Y eso es lo que los medios hegemónicos no quieren. No les interesa."
–¿Considera que se sentó un precedente sobre el rol de los medios durante la dictadura?
–Sí, hay algo que es incuestionable: Bottinelli fue el primer periodista procesado por un delito de lesa humanidad. Eso sienta un precedente y abre un camino: con este procesamiento se acabó la excusa de la Obediencia Debida para los periodistas de aquella época. Si bien buscamos justicia por la situación que atravesó mi madre, insistimos mucho en resaltar cómo funcionaban los medios de comunicación en aquella época. Así como hubo un Plan Sistemático de desaparición, existió otro de acción psicológica que la dictadura implementó a través de empresas de comunicación nacionales e internacionales (como Burson-Marsteller). También es fundamental recordar que, como contrapartida, hubo más de cien periodistas desaparecidos que no quisieron formar parte de ese grupo que apoyó a la dictadura.
–¿Qué tipo de responsabilidad les adjudica a los medios de comunicación?
–Son grandes responsables. Forman subjetividades, defienden un modelo capitalista, neoliberal. Siempre tuvieron responsabilidad en la construcción de un relato mentiroso. En aquel entonces, en el ’50, durante los ’60 y ahora. En este momento, los medios hegemónicos trabajan con la mentira y con la formación de un relato que beneficia, como siempre, a los más poderosos. En mi familia nos preocupa y tratamos de que este caso emblemático nos sirva a todos.
–¿Considera que debiera haber otros periodistas investigados por su rol durante la represión?
–Hay varios que parecían agentes de prensa de la dictadura. Los que fueron responsables como jefes de redacción, los conductores de televisión, ellos eran los voceros de la dictadura. Los Bernardo Neustadt, Chiche Gelblung, Mirtha Legrand y Mariano Grondona, entre otros. Sólo hay que revisar las notas que salían en las revistas de aquel entonces o ver algún programa de televisión de la época. A esto opongo que hubo más de cien periodistas desaparecidos.

Colgado en una de las paredes de la cocina de la casa de Jara de Cabezas, un trozo de tronco lleva una inscripción tallada a mano que reza: "A Thelma, ejemplo de amor y lucha."
A pesar de ciertos "desbalances" en su estado de salud, Thelma se mantiene en forma e informada. "Está al tanto de todo lo que se publica en los medios de comunicación sobre ella", explicó su hijo.
Quien fuera secretaria de organización de la Comisión de Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas, confiesa a sus íntimos que no tiene odio sino dolor. Para apaciguar el ardor de esa herida abierta, la familia la acompaña a Thelma en todo momento, sobretodo sus nietos.
"A mis hijos (Marcela y Leandro) en los años '90 les pedía disculpas por el mundo que les habíamos dejado.  Hoy les digo que tienen la suerte de vivir este proceso histórico que está atravesando el país y Latinoamérica, que ya no es una vergüenza lo que dejamos. El cambio fue profundo", concluyó Daniel

Testimonió Adriana Lewi, vista en la ESMA

EL testimonio de Adriana Lewi, hija de dos militantes de la Juventud Peronista desaparecidos, en el juicios por los crímenes en la ESMA
“Ahora sé que me vieron en el centro clandestino”

Es hija de Jorge Lewi y Ana María Sonder, quienes estudiaban en Exactas y fueron secuestrados en 1978. Tardó 30 años en averiguarlo, pero ahora supo que ella también pasó por un centro clandestino.

 Por Alejandra Dandan

Adriana Lewi tiene 37 años, es hija de Jorge Claudio Lewi y Ana María Sonder, militantes de la Juventud Peronista. El era técnico químico, ella maestra, los dos estudiantes de Exactas, secuestrados el 8 de octubre de 1978, hoy desaparecidos. Adriana tardó treinta años, pero un día preguntó si ella misma había estado con ellos en un centro clandestino. “Sé que a él lo lastimaron un montón, le fracturaron la mandíbula, le quemaron la cara con agua hirviendo. Sufrió violencia sexual. A veces es muy loco pensar que para mí esto está bueno, que saber estas cosas tan terribles puede ser bueno, como es tener un conocimiento de lo que pasó. A mí me costó mucho preguntar si también me habían visto en el centro clandestino. Mucho es treinta años. Y ni siquiera lo pregunté directamente. Le pregunté a una amiga que se lo preguntara a una persona en común. Finalmente sé que sí. Que me vieron en el centro clandestino.”

Adriana Lewi declaró sobre su historia en el juicio oral por los crímenes de la ESMA. Jorge y Ana fueron secuestrados durante la persecución de un grupo de compañeros de militancia. Primero los llevaron al Olimpo y luego de la Navidad de 1978 a la ESMA. Los abuelos maternos de Adriana los escucharon al teléfono por primera y última vez en esa Navidad. Su abuela se cayó al piso de rodillas cuando escuchó la voz de su hija, a quien daba por perdida. Ana les preguntó si Adriana efectivamente estaba con ellos.

Sus abuelos creyeron que el secuestro había sido el 11 de octubre a la madrugada, cuando un auto paró frente a su casa, con Adriana que era un bebé. “Les preguntan si me reconocen –explicó–. Mis abuelos paternos habían decidido no ver a mis papás porque estaban en la clandestinidad y no querían tener esos datos. Con los abuelos maternos, en cambio, mis papás mantenían comunicación telefónica y me veían. A mí me dejaron en la casa de ellos con una notita prendida en la ropa, de mi mamá, y una foto de mi papá. Una imagen rara, que nosotros no conocemos, parecía en un centro clandestino, tenía como un traje: no era ni una foto familiar ni nada parecido.”

Sus abuelos, asustados, se la llevaron a la Costa. “No presentaron ningún recurso de amparo, se metieron en una casa que tenían y finalmente volvieron. Me cuesta saber qué pasó, no le dijeron a nadie y sé que un día mi abuela paterna pasa, siente algo, ahí aparezco yo, ellos se anotician de que mis padres estaban secuestrados y son ellos los que de alguna manera motorizan la búsqueda.”

Los abuelos no hablarán demasiado. “En casa no había fotos de mi mamá, ni de mi papá. En la casa de mi otra abuela tampoco. No me hablaban de mi papá o de cómo eran. Me dijeron hasta los seis años que mis papás estaban de viaje, cosa que tampoco estuvo buena pero lo manejaron como pudieron.”


La sala estaba llena. En las butacones destinados al público estaban las rastas de uno de los integrantes de H.I.J.O.S, los lacios y largos de otros, los anteojos. El celular prendido de uno. El policía un poco más amable, un poco, pero que siempre relojea que lo apaguen. Y también hubo alguna carcajada.

“Yo me acuerdo de cosas a las que ahora les puedo poner un nombre y sobre las que puedo decir: sufrí de stress postraumático. Tenía paranoias. A los tres años estaba en un auto y miraba para atrás y me parecía que nos estaban siguiendo. Me subían y me agarraba de la puerta. Cuando llegaba a mi casa de noche siempre vomitaba porque me daba miedo saber qué había adentro. No dormía con la luz apagaba. Tenía mucho miedo. Me acuerdo de que en el baño de la casa de mi abuela había una claraboya justo arriba del inodoro y cuando piyaba, piyaba mirando para arriba porque tenía miedo de que que se me descolgara alguien desde ahí.”

Al año y medio, aparentemente, hablaba demasiado. Sus abuelos “querían que yo me callara porque les daba miedo que nos volvieran a secuestrar. Necesitaban silenciar ese relato, pero yo tenía un año y medio y hablaba y hablaba. Te juro que me encantaría recordar qué era lo que decía en ese momento”.

En una especie de fluido de palabras con la sala, entre presente y pasado, con los jueces, Adriana les dijo “viste” a los jueces y trajo algo de su mundo en tres imágenes. Los fiscales pidieron autorización a los jueces. Los jueces autorizaron. En la sala aparecieron las proyecciones. Adriana mostró tres.

La primera, una foto del casamiento de sus padres. Nadie sabía que existía hasta unos quince años. Uno de sus abuelos las encontró en un rollo sin revelar. “Los dos jóvenes de la foto son mis padres”, dijo ella. Atrás están sus abuelos maternos: la abuela Victoria Garmendia de Sonder y su abuelo Juan Carlos Sonder, “como mi tío, mi bisabuelo, mi tátarabuelo. Mi mamá tiene el mismo peinado que su madre, se ve que la peinó mi abuela para el casamiento.”

La segunda foto es un bebé y dos brazos: “Una foto de los brazos de mi mamá y yo”.

La tercera es una foto de dos adultos bailando: “Y ésa es la foto con mis papás”, dijo. “Yo no tenía nada más y necesitaba tener una foto de los dos juntos, como que me gustaba la idea de tenerla y como no la tenía la hice: fotomonté a mi papá que estaba con mi tía bailando y a mi mamá que estaba con mi tío. Ahí mi mamá estaba embarazada de mí. Y los pegué. Y fue la foto que tuve durante mucho tiempo. Tanto que me olvidé que había hecho el fotomontaje. Y un día me lo recordaron. Y tiene todas estas vueltas la historia de la clandestinidad que uno se tiene que construir la historia como puede.”
El operativo

Los fiscales le preguntaron por lo que podía saber sobre el secuestro. Adriana dijo que algunas cosas se le confunden, por el año y medio, por el miedo de la familia. “Para mí la reconstrucción fue de a pequeños detalles que fui juntando y sumando de aquí y de allá y se me hizo difícil fijarlos en algunos casos. No me acuerdo, por ejemplo, la fecha de nacimiento de mis padres, eso se me borra.”

En una ocasión consiguió la dirección de la casa del secuestro. Y fue a conocer a sus vecinos. Supo que su padre Jorge en el barrio era conocido como Juan o su madre Ana como Alicia. “Tenía otro nombre ella pero no me acuerdo, la vecina me contó que mi papá se iba temprano a trabajar.” Le contó que ese 8 de octubre llegaron muchos hombres armados, que fue un operativo muy grande, se subieron a los techos de los edificios vecinos y entraron a la casa.

Primero entraron al departamento de los vecinos y después al que estaba Adriana con su madre, se las llevaron; la vecina le dijo a Ana que le dejara a su hija. “Dejame a la nena, le dijo y mi mamá le dijo que no, a la nena me la llevo yo. Y yo finalmente me fui con mi mamá y cuenta la vecina que (los militares) estuvieron escondidos en la casa de enfrente esperando para ver qué pasaba y en un momento lo vieron llegar a mi papá en la esquina. Y mi mamá tenía la costumbre de poner un pañuelo rojo en el balcón, seguro que para decir que estaba todo bien. Y también me dijo que cuando mi papá llegó no estaba el pañuelito rojo. Que lo vieron como dubitativo pero que bueno, entró finalmente a la casa. Yo siempre me pregunto sobre eso: ¿qué vas a hacer si llegás a tu casa y ves que no está el pañuelo, qué vas a hacer? ¿No te vas a ir? A lo mejor hubiese sido lo mejor para él. O no, nunca lo sabremos. Finalmente entró y lo que dicen es que cuando lo sacaron estaba súper lastimado. Esto fue alrededor de las cinco o seis de la tarde.”

Cuando ya todo llegaba a su fin y en el campus el ritmo era marcado por la música murguera, el presidente del Tribunal analizaba en diálogo con Página/12: “Siento una satisfacción que tiene sabor demasiado agridulce. Ver acá a Pura de Villeres, con más de 90 años, hace pensar en el retardo injustificado de años a la hora de resolver. O la mamá de los hermanos Fernández, a la que le llevaron dos hijos y le devolvieron uno adentro de un cajón con la prohibición expresa de verlo. Ahí queda muy clara la clandestinidad con la que actuaron. Y Olavarría se merecía hacer un poco de luz sobre el terrorismo de Estado”.

sábado, 15 de noviembre de 2014

Aprobaron en Francia la extradición a la Argentina del represor Mario Sandoval

Un represor camino al banquillo

Ex miembro de la Superintendencia de Seguridad Federal, Sandoval integró el Grupo de Tareas 3.3 de la ESMA. Trató de escudarse en su ciudadanía francesa para no ser juzgado por sus crímenes, pero la Justicia de ese país no hizo lugar a su planteo.

El Consejo Constitucional de Francia aprobó ayer la extradición a la Argentina de Mario Alfredo Sandoval, un ex miembro de la Superintendencia de Seguridad Federal que integró durante la dictadura el Grupo de Tareas 3.3 de la ESMA y que años después hizo carrera en Francia, donde tejió vínculos en ámbitos académicos, empresariales y políticos. Ante la intención de Sandoval de escudarse en su ciudadanía adoptiva para evitar ser enviado a la Argentina, donde el juez federal Sergio Torres pidió su captura internacional en 2012, el Consejo Constitucional sostuvo que la ciudadanía “se evalúa en el momento del delito” y que las normas relativas a la adquisición de la nacionalidad no fueron creadas “para escapar de una extradición”. Si bien el magistrado que instruye la causa ESMA pretendía indagarlo por más de 600 víctimas, el Tribunal de Apelaciones de París que evaluó el pedido en mayo autorizó la extradición para que se lo juzgue sólo por el detenido desaparecido Hernán Abriata, militante de la Juventud Universitaria Peronista secuestrado en un operativo que encabezó Sandoval.

Cuando comenzó la dictadura, Sandoval tenía 22 años y era oficial subinspector de la Policía Federal destinado en el Departamento de Asuntos Políticos, en el séptimo piso de Moreno 1417, cuatro más arriba de donde funcionaba el centro clandestino de Superintendencia. De su legajo surge que realizó cursos de instrucción en “lucha antisubversiva”, en los que se enseñaban técnicas de interrogatorio bajo tortura, y que fue “recomendado” en noviembre de 1976 por su actuación en “procedimientos antisubversivos”.

En 1984 sobrevivientes de la ESMA mencionaron a un tal Churrasco como “agente operativo del GT 3.3”. En 2008, Página/12 informó que el alias pertenecía a Sandoval y la Justicia comenzó una investigación que cuatro años después derivó en el pedido de detención. “Era un tipo muy extraño, hacía inteligencia, un tipo intelectualmente de los más preparados dentro de la ESMA y muy jodido. Si te podía boletear, te boleteaba, no había tutía con este hombre, sabía realmente lo que estaba haciendo y lo que quería”, recordó un sobreviviente.

Los testimonios sobre el secuestro de Abriata también datan de 1984. El operativo fue en la madrugada del 30 de octubre de 1976 e incluyó un interrogatorio al militante de la JUP en su habitación. Uno de los secuestradores se identificó ante sus familiares como “oficial inspector Sandoval, de Coordinación Federal”, nombre anterior de la Superintendencia, y dijo que “la denuncia” contra Abriata provenía de la Facultad de Arquitectura, donde estudiaba y militaba. Entre los alias que lograron escuchar estaban Halcón, como se hacía llamar el capitán Néstor Savio, y Sérpico, Ricardo Cavallo, notorios miembros del GT 3.3. El 7 de noviembre fueron secuestrados otros seis estudiantes de arquitectura y días después Sandoval logró la “recomendación” por un “procedimiento antisubversivo”.

El Tribunal de Apelaciones de París autorizó en mayo la extradición. Churrasco puso sus últimas fichas con el argumento de su nacionalidad francesa, pero el Consejo Constitucional lo desbarató. El Código de Procedimiento Penal francés establece que la nacionalidad francesa de la persona acusada “no es un obstáculo” y que “la ciudadanía se evalúa en el momento del delito por el cual se solicita la extradición”.

viernes, 14 de noviembre de 2014

La justicia francesa falló a favor de la extradición a Argentina del ex policía Mario Sandoval

El Consejo Constitucional francés dio este viernes su conformidad a la posibilidad de extraditar a Buenos Aires al ex policía franco-argentino Mario Sandoval, reclamado por la justicia argentina por crímenes de lesa humanidad. Los “sabios” franceses estimaron que Sandoval podía ser extraditado por haber obtenido la nacionalidad francesa después de los hechos de los que se le acusa.

El Consejo Constitucional francés dio luz verde este viernes a la posibilidad de extraditar al franco argentino Mario Sandoval, requerido por la justicia argentina por crímenes de lesa humanidad durante la última dictadura en el país sudamericano.

La defensa de Sandoval, naturalizado francés en 1997, apeló al Consejo Constitucional invocando la Carta Magna, que prohíbe que un francés sea extraditado, pese a que un artículo del código de procedimiento penal especifica que un ciudadano nacionalizado no puede ampararse en esta protección si los hechos que se le reprochan son anteriores a la adquisición de la nacionalidad francesa.

La defensa pretendía que, en nombre de la equidad, Sandoval pudiera de todos modos gozar de esta protección, lo que el Consejo Constitucional le ha negado este viernes. Esta entidad consideró que los legisladores crearon la salvedad para impedir que la naturalización sirviese para escapar de una extradición.

Mientras tanto, el juicio a Sandoval continúa. La corte de apelaciones de París dio el 28 de mayo luz verde a la extradición del ex policía buscado por 600 casos de violación de Derechos Humanos, que debe ser confirmada por un decreto gubernamental. Sin embargo, Sandoval apeló el fallo, que debe ser examinado el 21 de enero de 2015.

Ex miembro de la Policía Federal Argentina, Sandoval es requerido por la justicia argentina por crímenes cometidos en la Escuela Mecánica de la Armada (ESMA), utilizado como centro de detención clandestina.
por RFI

jueves, 6 de noviembre de 2014

Un periodista procesado por cómplice

Agustín Bottinelli ordenó un reportaje apócrifo a Thelma Jara de Cabezas mientras estaba secuestrada en la ESMA

Fue una famosa tapa de la revista Para Ti, titulada “Habla la madre de un subversivo muerto”. Ayer, el juez Torres procesó por coacción al editor de la publicación por el carácter apócrifo de la entrevista.

 Por Gustavo Veiga

Agustín Bottinelli se convirtió en el primer periodista procesado por participar en delitos de lesa humanidad. El juez federal Sergio Torres le imputó la figura penal de coacción y trabó embargo por un millón de pesos sobre sus bienes al acreditar que fue el responsable de una entrevista apócrifa a Thelma Jara de Cabezas publicada en la revista Para Ti, de Editorial Atlántida, mientras se encontraba detenida-desaparecida en la ESMA.

El magistrado dio por probadas varias situaciones en la resolución judicial, que no incluye la prisión preventiva. Las principales: que hubo un reportaje fraguado y que el ex editor dio la orden de realizarlo. Tomó en cuenta también el testimonio de un secuestrado en la ESMA, Lázaro Gladstein, a quien una patota del centro clandestino hizo pasar por el sobrino de la mujer durante la nota. Valoró las declaraciones de otros testigos que responsabilizaron al periodista de las órdenes muy precisas que dio para su publicación. “Tenés que ir a hacer un reportaje, se trata de una subversiva arrepentida”, le dijo Bottinelli a Alberto Joaquín Scola, el redactor que lo realizó, según se desprende del fallo.

El procesamiento que tiene 200 hojas describe: “El objeto del reportaje habría sido poner en duda u ocultar la práctica de detenciones ilegales y desapariciones forzadas, incluida la de la propia entrevistada, y de difundir la idea de que la existencia de las desapariciones era una mentira sembrada por las organizaciones de derechos humanos. Finalmente, el imputado habría dispuesto la publicación de dicha nota –construida falsamente–, en el indicado medio gráfico, el día 23 de agosto de 1979, titulado ‘Habla la madre de un subversivo muerto’”.

El juez Torres señala en su resolución que “se encuentra probado que Bottinelli, valiéndose de la situación amenazante que atravesaba la mencionada Jara de Cabezas, respecto de su vida y su integridad física, arbitró los medios necesarios para que se le realizara la mencionada entrevista, resultando su acción apta para vulnerar el bien jurídico protegido por la norma, para luego fraguar su contenido y ordenar su publicación en la revista Para Ti”.

Pablo Llonto, el abogado de Jara de Cabezas, le dijo a Página/12 que apelará la calificación de “coacción” que aplicó Torres en su fallo, pero destacó que “estamos contentos porque es la primera vez en la Argentina que un periodista que fue parte del aparato de encubrimiento y de acción psicológica de la represión es procesado. Bottinelli es uno de los tantos periodistas que, conocedores de lo que estaba sucediendo, actuaban en conjunto con los militares y con los grupos de Inteligencia para hacerle creer a la sociedad que aquí no había secuestros, desapariciones, asesinatos, torturas, vuelos de la muerte y centros clandestinos”.

El procesado negó la relación con los marinos de la ESMA que se le imputa y descargó la responsabilidad por la entrevista en Aníbal Vigil, uno de los dueños de Atlántida, quien falleció: “No me pareció algo fuera de lo habitual que me llamara y me diera las coordenadas para que enviara un fotógrafo y un redactor a hacer la nota. El me dijo que se trataba de la madre de un guerrillero sin darme más detalles. Yo recibí el texto final de la entrevista tal como era habitual y sólo pude haber corregido la parte gramatical pero en ningún caso hubiera modificado el texto de la misma por dos razones, primero porque no lo hacía nunca y segundo porque era un pedido de la dirección”. El juez Torres no le creyó.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Nuevos testimonios de horror en el casino de oficiales de la ESMA

Declaró esta mañana Estela Cornalea de Falicoff, quien permaneció secuestrada en el Casino de Oficiales de la Escuela de Mecánica de la Armada durante un mes.

Su testimonio reveló las terribles condiciones en las que estaban los compañeros, entre ellos, Alberto Samuel Falicoff,  su marido.

Estela fue sorprendida por las fuerzas conjuntas el 25 de noviembre de 1976 en su casa del barrio de La Boca, donde estaba con su hijo de dos años. Allí, permaneció la patota hasta la llegada de Alberto. El niño, fue entregado más tarde a su abuela diciendo que había sido encontrado en la calle con un cartelito con el nombre, dirección y teléfono.

Mientras, Estela y Alberto fueron llevados en dos coches separados hacia la ESMA. Ya Alberto y Estela se encontraban en la clandestinidad, vivieron el exilio interno al tener que huir de Córdoba porque había sido allanada su casa.

No queda ninguna duda que el cautiverio de este matrimonio fue en la ESMA, las descripción de capucha,  los ruidos que allí se oían (aviones, trenes, helicópteros, la música alta y los eternos gritos desagarrados de dolor de las sesiones de torturas que allí se sufrían). También Estela pudo recordar a compañeros desaparecidos que estuvieron allí, como Daniel Antokoletz, abogado defensor de presos políticos, “Pata de Palo”, un compañero con discapacidad motriz al que los milicos castigaban con golpes por no poder mantenerse en pie, con extrema saña (que sería Barcos), la presencia de muchas embarazadas y la muerte de dos hombres y una mujer que se quedaron en la tortura.

Pudo describir la metodología de los traslados donde se llevaban a los cautivos a su destino final en las aguas del Río de la Plata o el mar, y que un guardia le dijo a otro cuando le preguntó a dónde los llevaban “Son carne para los pescados”

También, durante su secuestro, pudo ver a su marido cuando lo trajeron, luego de una sesión de tortura en muy mal estado, con el cuerpo repleto de quemaduras por el efecto de la picana.

Estela tuvo como tarea lavar cubiertos y organizar la ropa del pañol. En esas faenas lavó pañales de niños y escuchó la voz de un pequeño que preguntaba por qué su papá tenía en la cabeza una capucha.

Alberto Falicoff, simpatizante del PRT, era médico pediatra que colaboraba con la Comisión de Ayuda a presos políticos,  estuvo vinculado a los sindicatos de Luz y Fuerza, SMATA y otros en la provincia de Córdoba.

Alfredo, su hijo de 2 años, dio el último beso a su padre atado en su casa de La Boca para no volver a verlo.

Al día de hoy, el Dr. Falicoff sigue desaparecido y Estela en el exilio donde presentó denuncias ante organismos internacionales.

Megacausa ESMA III Los vuelos de la muerte


El 23 de octubre terminaron las declaraciones de los “holandeses” en el tramo Vuelos de la megacausa ESMA. Se trata de los testimonios que incriminan al piloto de avión de la Marina Julio Poch, acusado de haber participado en los llamados “vuelos de la muerte”, que consistían en arrojar vivos, bajo el efecto de sedantes, al mar o al Río de la Plata a los prisioneros de los campos de concentración. La detención de Poch se produjo en España en el año 2009, mientras trabajaba en la compañía aérea holandesa Transavia, una de las divisiones de la multinacional KLM.

Los holandeses

En el año 2006, durante una cena de camaradería de los pilotos de Transavia en la isla de Bali, Poch prácticamente confesó a sus compañeros de trabajo su participación en el genocidio.

Durante la comida, los pilotos holandeses criticaban la participación Jorge Zorreguieta -padre de la actual reina de Holanda, Máxima- en el gobierno militar, del cual fue secretario de Agricultura y Ganadería. Entonces Poch dijo: “Zorreguieta no sabe nada. En una guerra muere gente de ambos lados”, y de despachó relatando la mecánica de los vuelos. “Tendríamos que haberlos matado a todos”, agregó el represor. Los pilotos hicieron la denuncia ante la compañía, cuya actitud fue la del encubrimiento: no hizo la denuncia penal, no apartó al piloto, criticaron a la policía holandesa cuando detuvieron a Poch y, finalmente, despidieron al empleado que presentó formalmente la denuncia ante la Corte Penal Internacional.

De los testimonios surge, sin embargo, no fue este la única vez que Poch se vanagloriaba de su actividad asesina. Desde hace más de 25 años, dijo uno de los testigos, se bromeaba dentro de la empresa “hoy volás con Julio, mantenete lejos de las puertas”, en alusión de su participación en los vuelos de la muerte. Las confesiones de Poch frente a sus compañeros pilotos eran frecuentes, hacía alarde y defendía la actuación de los militares. De su legajo, surge que participó en el Operativo Sirena de 1975, que fue una caza de militantes. Esta es la primera vez que Poch es sometido a juicio.

Al concluir los testimonios, Poch pidió ampliar su declaración. Cuando le tocó hablar ante los jueces y responder a las acusaciones, Poch abrió la boca para no decir nada. No aceptó preguntas de las partes y dijo que quienes habían armado esta causa contra él eran “tres manzanas podridas” que querían progresar dentro de la empresa, que todo era mentira.

Por los vuelos de la muerte, hay otros seis acusados, entre ellos, quienes participaron en el vuelo del 14 de diciembre de 1977, que sería el del “traslado” de las monjas francesas y el grupo de la iglesia de Santa Cruz.