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lunes, 20 de noviembre de 2017

El juicio ESMA III revisa por primera vez la mecánica de los vuelos de la muerte.

La historia de un documento clave en la megacausa ESMA
“El traslado conducía a la muerte”

A pocos días del fallo en el juicio, PáginaI12 reconstruye la gestación y el alcance del “testimonio de París”, de 1979, donde tres mujeres sobrevivientes describieron el funcionamiento de la ESMA, los vuelos de la muerte y la apropiación de bebés.
Por Alejandra Dandan
Imagen: Helen Zout

“Somos tres mujeres argentinas, unas de las pocas sobrevivientes de un campo de concentración militar de nuestro país. Nosotras venimos del infierno”, así comienza el testimonio brindado en octubre de 1979 por Sara Solarz de Osatinsky, Alicia Milia de Pirles y Ana María Martí ante la Asamblea Nacional francesa. Es uno de los testimonios más importantes de la causa ESMA, elaborado durante meses y concluido en un apart hotel de Madrid con máquinas de escribir alquiladas y un grupo de sobrevivientes más amplio. Un texto al que aquellas mujeres le pusieron la voz y el cuerpo cuando estaban en libertad pero aún perseguidas por la Armada. El testimonio de París, como se lo conoce, reconstruyó con tanta precisión la dinámica del centro clandestino que hoy se lo considera como el primer intento nunca superado de sistematizar la arquitectura de la ESMA y contiene cierto carácter anticipatorio en su modo de organizar la información. El listado de quince mujeres que dieron a luz en el centro clandestino no equivocó hasta ahora ni un sólo sexo de los niños y niñas nacidos y robados de la ESMA, identificados recién años más tarde. Tampoco hay equívocos en lo que fue la primera y muy discutida reconstrucción de los “traslados”, el nombre que los marinos le pusieron a lo que más tarde se conoció como vuelos de la muerte.

A días de la sentencia del megajuicio ESMA III, prevista para el 29 de noviembre, con elementos para condenar a decenas de imputados, con final cada vez más incierto y en un debate que revisa por primera vez mecánica y responsabilidades en los vuelos de la muerte, Páginai12 reconstruye la historia de ese documento a partir de los testimonios de las tres mujeres en ocasión de los juicios y de un escrito preparado por una de ellas, al que accedió este diario, que da cuenta de los miedos y las discusiones que atravesaban la época. Para los investigadores, el listado que se lee como uno de los orígenes del modo de reconstrucción de pruebas que desde entonces elaboran los sobrevivientes adquiere mayor entidad con el paso del tiempo. En su alegato, los ex fiscales del juicio Mercedes Soiza Reilly y Guillermo Friele sumaron a este testimonio otros 24 listados hechos en los primeros años de liberación por quienes salieron del infierno. También fue una forma de homenaje. “El aporte realizado en el año 1979 por tres mujeres sobrevivientes de la ESMA fue esencial en la reconstrucción probatoria: en él se da cuenta de los detalles, del modo en que operaba el grupo de tareas –señalaron Soiza Reilly y Friele–. Estas mujeres, en este documento, relatan lo vivido dentro de la ESMA, listan a sus compañeros de cautiverio, mencionan la existencia de los vuelos de la muerte, de los nacimientos clandestinos, del actuar represivo y hasta del robo de bienes como parte del entramado ilegal desplegado. Es a partir de la valoración de estas huellas que la Justicia juega un rol importante en la construcción de la verdad.”


 Ana Maria
“Antes de dejarme salir, el Tigre Acosta me hizo firmar un papel. Decía que yo me había entregado voluntariamente. Nos dijeron que ya sabíamos lo que teníamos que hacer: que no olvidemos que nuestra familia estaba en Argentina, que nos iban a controlar, que teníamos que llamar de tanto en tanto a la ESMA, cosa que hice cuando llegué a Madrid”, dijo Martí en uno de los juicios. Ana María, casi dos años secuestrada, el último mes en compañía de sus hijos de 7 y 9 años, capturados en un operativo del Ejército. Cuando ella se enteró que ellos estaban secuestrados “pedí, mejor dicho imploré, que mis hijos sean entregados a mi padre, pero me respondieron que el Ejército quería retenerlos como anzuelo para detener a mi marido”. El 17 de noviembre la llevaron a una quinta operativa y al día siguiente le entregan a sus hijos. Habían permanecido en una comisaría. “Los hacían trabajar en tareas tales como revisar los bolsos de los familiares que visitaban a las detenidas. Mi hija Carmela de 7 años sabía perfectamente qué cosas podían entrar y cuáles no a la comisaría.” El 19 de noviembre de 1978 finalmente se tomó un vuelo a Madrid pagado por la Armada. Viajó con sus hijos pero también con Sara Solarz de Osatinsky. 

Sara
Sara declaró en innumerables ocasiones. Su testimonio sobre quince nacimientos a los que asistió en la ESMA fue una de las pruebas fundamentales del juicio por la apropiación de bebés. Lo que vivió, sin embargo, al salir del centro clandestino es uno de los relatos menos conocidos. Luego de aterrizar en Madrid, viajó a Valencia con Ana María y los niños y poco después tuvo que volver a la ESMA. 

“Desde el aeropuerto en Madrid, tenía que enviar, y envié, una tarjeta a una casilla de correo: llegamos bien, decía. Nada más. Era la única indicación que nos dieron. Nos quedamos en Madrid hasta las Navidades, el 24 viajamos a Valencia y después del 25 conseguimos un departamento a unos 12 kilómetros de ahí. Desgraciadamente, la dirección que había tenido que dar era la de la persona que consiguió el departamento.” El día 3 de enero de 1979, la persona llevó a alguien de visita a la casa de Valencia.

– Miren a quién les traigo –les dijo–: es un amigo de ustedes que no tenía la dirección, y buscaba a Valeria.

Sara era Valeria Linares. Los marinos le habían hecho un documento falso a nombre de una persona fallecida. Del otro lado de la puerta, estaba el prefecto Héctor Febres, encargado de las embarazadas y por lo tanto también parte de la estructura para la apropiación de bebés, quien murió envenenado con cianuro en la cárcel, cuando concluía el primer juicio a la ESMA, en el que el único imputado era él. “Febres entró y se adueñó de la casa, de la misma manera que se adueñaba de uno. Caminaba, abría la heladera. Además una de las cosas que nos contó, no delante de los chicos, era que venía por una operación que habían decidido realizar en el exterior: habían conseguido la dirección para matar a Jaime Dri, que se había escapado de la ESMA.” Lo que Febres decía, “todas las cosas que nos contaba ya desde antes en la ESMA, era la manera de ensuciarnos, no sólo de ensuciarnos, sino de comprometernos”. Al día siguiente, con los chicos muy alborotados porque sabían que ese hombre era parte de los que habían secuestrado a su madre, Sara le dijo que se fuera.

–Bueno –respondió él–, pero te vas conmigo y vamos a Roma. 

La obligó a viajar a Roma, por tierra, a bordo del auto que era de ellas. Ana María quedaba de alguna forma de rehén. “Habíamos quedado que yo hablaba por teléfono a Valencia y avisaba que había llegado bien. Y entonces cuando pasamos por una telefónica, estoy queriendo hablar y le digo a Febres ‘hay alguien que conozco’, para irme. Y entonces él, por supuesto, también quiere irse. Febres era cagón, no sé si estaba sólo, ni si iba a querer quedarse sólo. Nos fuimos. Empezamos a caminar y bastante lejos en una calle oscura se aparece la persona que vi en la telefónica.” Esa persona era Armando Croatto, un militante perseguido por la dictadura, la Marina había intentado secuestrarlo en Madrid a mediados de 1978. Finalmente lo mataron en septiembre de 1979. Cuando los vio en esa calle oscura, le dijo a Febres: “Largala, dejála libre, largala”. Febres le preguntó quién era, intentó matonearlo y Croatto insistió: “Tenés que largarla, dejarla en libertad. ¿Que es lo que querés?” Volvieron al hotel. Y una vez que levantó la operación, Febres llevó a Sara de nuevo a Valencia.

Poco después, ella volvió a Madrid, también obligada por la Armada. Y al intentar regresar a Valencia, le robaron todo lo que tenía en el aeropuerto. Entre todo, su pasaporte. Y ahí comenzó una odisea para conseguir sus papeles. Además del pasaporte falso, ella tenía uno argentino con otro nombre pero sin sellos de entrada al país. Necesitaba sellarlo. Así que le hicieron tomar contacto con un agente de la ESMA en el Museo del Prado para ponerle los sellos. Viajó a Buenos Aires. La llevaron a la Policía Federal para hacerle un pasaporte nuevo en el día y cuando volvió al avión para irse, la nave volvió a aterrizar en Ezeiza por un problema en las turbinas. “En Ezeiza, realmente no salía de nuevo el avión ya ese día. Salió al día siguiente. Pero yo no tenía posibilidad de quedarme en Ezeiza, me iba a secuestrar cualquier otra fuerza. Estaba en manos de ellos. Seguía en manos de ellos. Fue algo terrible. Tuve que hablar a la ESMA para decir lo que me había pasado. Y no sé si fue un guardia o un suboficial, alguien, me viene a buscar y me lleva a la ESMA. Y me llevan delante de Acosta, y me hacen esperar. No vi. Creo que me llevan al sector del Dorado. Me hacen esperar un rato y luego Febres me lleva nuevamente a un hotel y al otro día puedo salir a la mañana y vuelvo a Valencia. Esta es una de las partes que, bueno, no puedo decir que le sentí confianza, no puedo decir que sentí desconfianza. Creo que, no sé qué es lo que sentí. Sí puedo decir que fue algo muy terrible”.

Marzo de 1979. Las chicas ya habían decidido organizar una conferencia de prensa con un grupo de compañeros para cuando estuviesen en libertad. Febres todavía las controlaba. Sara debía escribir cartas pero en abril no escribió más. “Por eso, recibo una carta de Febres llena de palabras obscenas, como gritando, como si lo sintiera gritar. ¿Qué se piensan? ¿Qué creen? Estoy preocupado. Quería saber qué estaba pasando.” Sara contestó. Le dijo que trataba de rehacer su vida. “Que por favor no me molesten más, que tengo necesidad de eso, que habían pasado bastantes cosas y necesitaba paz.” En junio, entonces, comenzó a reunirse con un grupo de compañeros. Entre ellos, Ana María Martí y Alicia Milia de Pirles.

Alicia
Alicia dejó la ESMA el 19 de enero de 1979 con otro pasaje que pagó la Armada. “No recibo ningún tipo de dinero –dijo en el juicio–, la Armada solo me paga el billete. Escribo una tarjeta postal y nunca tengo contacto con ningún marino, nunca vi a nadie, nunca me contacté con nadie, sé que llamaban a la casa de mis padres, pero yo nunca volví a ver a ninguno hasta el día que los vi acá en la lectura de los cargos.”

Hacia el final del invierno europeo de 1979, los que habían salido de la ESMA con destino a Europa desde fines de 1978 se fueron encontrando en Madrid o en alguna ciudad de España, contó en unas notas preparadas en ocasión del juicio ESMA III. “Necesitábamos vernos, hablar, tratar de completar, confirmar los datos que cada uno había sacado, guardarlos en la memoria. Necesitábamos buscar explicaciones. Repensar lo vivido. Hallar la forma de transmitirlo, hacer conocer la experiencia. Hacer aparecer los nombres de los compañeros con los que habíamos compartido el cautiverio para orientar la búsqueda. Que se supiese dónde habían estado.” Hubo intercambios que iban y venían por correo con quienes habían salido a Venezuela. “Una voluntad compartida –explicó–: cómo comunicar no lo que sabía cada uno en forma aislada sino tramar los primeros nudos de una recopilación colectiva de los datos de lo atravesado en la ESMA.”

Luego de discutir si viajar a declarar a Estados Unidos surgió la alternativa de hacerlo ante la Asamblea Nacional francesa. En ese contexto, maduró la idea de organizar una conferencia de prensa en París.

Los vuelos
Las tres mujeres y otros compañeros se reunieron en un apart de Madrid con máquinas de escribir alquiladas. Escribieron y tacharon un documento “discutiendo como posesos”, contó Alicia, pero con el deseo de que el testimonio recogiera todas las memorias acumuladas. “Cada uno fue evaluando en qué condiciones estaba para afrontar el momento y si bien por distintas cuestiones personales varios fueron desistiendo, todos contribuyeron con sus experiencias, sus datos, sus sugerencias.”

En la mesa estuvieron muchos otros. Nilda Orazi, sobreviviente de la ESMA que había pasado por el campo clandestino del Atlético y había hecho su primera denuncia pública poco antes en Ginebra. Estuvieron Lila Pastoriza, Pilar Calveiro, Alberto Girondo, Andrés Castillo, Norma Burgos, Martín Gras y Graciela Daleo. Los sobrevivientes escribieron el documento, durante un período en el que fueron hablando con la Comisión Argentina de Derechos Humanos (Cadhu), es decir con Eduardo Luis Duhalde y Gustavo Roca, entre otros. Con ellos se organizó la presentación en París. 

“Había tantas cosas por decir –continuó Alicia–: individualizar a los compañeros y compañeras: sus nombres legales, sus apodos cuando no conocíamos otro, la fecha de caída, hasta cuándo los vimos o supimos de ellos. Y si no teníamos ni nombre ni apodo poníamos datos significativos que aparecían en el recuerdo de alguien: ‘tenía trillizos’; ‘era colectivero’; ‘ella nació en Jujuy’. Denunciar lo que sucedía con las compañeras embarazadas y con las criaturas que daban a luz en la ESMA, las sospechas y las certezas que fuimos teniendo de que esos niños nunca eran entregados a sus familiares. Testimoniar sobre Norma Arrostito, la fuga de Horacio Maggio, el Nariz; el secuestro de Oscar Degregorio, el Sordo Sergio, en Uruguay y su asesinato en la ESMA; el operativo que logró la caza de Rodolfo Walsh; los secuestros de madres, familiares y las monjas francesas. Y uno de los puntos más discutidos y difíciles: hablar del destino final de los compañeros con casi una total certeza: la muerte, que los represores llamaban traslados”.

Ese es uno de los puntos que, a 38 años de aquel documento, hoy cobra mayor relevancia en el juicio. Bajo el título de “Traslados”, escribieron:

“Los días miércoles, excepcionalmente los jueves, se realizaban los traslados. En un principio se nos decía que a los secuestrados se los llevaban a otras dependencias o campos de trabajo que decían estar cerca del penal de Rawson. Nos costó convencernos de que, en realidad, el traslado conducía a la muerte. El día del traslado reinaba un clima muy tenso. Los secuestrados no sabíamos si ese día nos iba a tocar o no. Los guardias tomaban medidas mucho más severas que de costumbre. No podíamos ir al baño. Cada uno de nosotros debía permanecer rigurosamente en su sitio, encapuchado y con los grilletes puestos, sin hacer ningún gesto para poder mirar lo que pasaba. Tampoco podíamos hablar ni llamar a los guardias. Todo eso ocurría en Capucha o Capuchita. El sótano era desalojado rigurosamente a las 15.30. Si algún secuestrado estaba siendo torturado, se lo subía al tercer piso. Aproximadamente a las 17 horas, en Capucha se comenzaba a llamar a los detenidos por un número de caso. Se los formaba en fila india tomados uno del otro por los hombros, ya que iban encapuchados y con grilletes. Los bajaban de a uno. Sentíamos el ruido que hacían los grilletes al caminar acercándose a la puerta, que se abría inmediatamente y se volvía a cerrar. Cada uno llevaba consigo solo la ropa que tenía puesta (...) Eran llevados a la enfermería del sótano donde los esperaba un enfermero, que les aplicaba una inyección para adormecerlos, pero que no los mataba. Así vivos eran sacados por la puerta lateral del sótano e introducidos en un camión. Bastante adormecidos eran llevados a aeroparque, introducidos en un avión que volaba hacia el sur mar adentro, donde eran tirados vivos (...) De los miles de detenidos que se fueron en los traslados colectivos nunca supimos más. Muchas veces encontramos la vestimenta que tenían los compañeros el día del traslado en una piecita –pañol–, donde se ponían la ropa que usaban los secuestrados.”

En las notas, Alicia explica que se dividieron los temas por grupos y después volvían a leerlos. Que, con “especial empeño”, decidieron “exponer los nombres y apellidos de los (marinos) que llegamos a conocer, a veces exactos, otros por fonética. Y si no, sus apodos, alguna señal que los individualizara: la voz, la tonada, un rasgo físico, gustos, formas de caminar. Su ubicación en la estructura del grupo de tareas, el grado, las acciones en las que participaron (...) Un documento colectivo que se había comenzado, tal vez sin expresarlo, a pensar y murmurar dentro de la ESMA”, explicó. Y que el 12 de octubre de 1979, en París, salió a la luz.

A Suiza
Luego de la conferencia de prensa salieron en tren a Suiza con todo lo que significaba el miedo a lo que podía pasar. “En esa conferencia nos hacían preguntas gente de revistas como Somos y otras de Argentina, preguntas comprometedoras –explicó Sara en la declaración–. Unos hombres inmensos que eran de la custodia de Mitterrand nos sacaron en autos y motos y nos llevaron hasta un lugar donde nos dejaron. Ahí firmamos cada hoja de las declaraciones de las tres”. 

Y entonces Ana María y Sara llegaron a Suiza.

En la ESMA, los marinos se pusieron como locos. Carlos Muñoz, uno de los testigos de esa furia, contó que discutieron la posibilidad de matarlos a todos. 

jueves, 3 de septiembre de 2015

El alegato de la Fiscalía por los vuelos de la muerte desarmó los argumentos del aviador acusado

“Está probada la participación de Poch”

La fiscal explicó qué lugar ocupaba Julio Poch en la estructura represiva y que estaba capacitado para tripular aviones de pasajeros.

 Por Alejandra Dandan

Varios esperaban ver al piloto Julio Poch, con su cartel de “soy inocente” escrito a mano, para las pantallas, en español y holandés. Pero no. El hombre que fue oficial piloto de una de las escuadrillas dependientes del todopoderoso Comando de Aviación Naval de la Armada no estuvo en la sala. Estuvo su abogado defensor, Gerardo Ibáñez, que iba moviéndose inquieto en la silla mientras avanzaba el alegato, histórico y demoledor, contra su defendido. “Se encuentra probada no sólo la materialidad de los vuelos de la muerte como mecánica represiva utilizada por las Fuerzas Armadas, en especial por la Escuela de Mecánica de la Armada, sino también la participación de Julio Poch en estos aberrantes crímenes”, explicó la fiscal Mercedes Soiza Reilly, dedicada hace una semana al tramo vuelos de los alegatos por los crímenes de lesa humanidad cometidos en la ESMA.

“Como parte de las estructuras represivas de la empresa criminal conjunta, Julio Poch tripuló, en su calidad de oficial piloto y como miembro de la Aviación Naval de la Armada Argentina, aviones que eran utilizados en el sistema de eliminación física de personas, denominados ‘vuelos de muerte’, metodología utilizada en la última dictadura militar para deshacerse de las víctimas que habían sido privadas ilegalmente de la libertad por el Grupo 3.3 de la ESMA, que fueron trasladadas desde esa dependencia naval a distintos aeropuertos o bases militares con pistas de decolaje, donde las ingresaban en las aeronaves de las cuales posteriormente eran arrojadas al agua con vida en pleno vuelo.”

Esta imputación, que a la vez intentó dejar sentada la mecánica de los vuelos de la muerte, es el centro de lo que la fiscalía intenta dejar asentado en este tramo del debate. Los fiscales –además de Soiza Reilly ejerce Guillermo Friele– están haciendo la reconstrucción de los vuelos en dos direcciones. Una histórica, compuesta por los primeros indicios que se fueron conociendo sobre esta mecánica y otra, que apunta a mostrar a los seis imputados de este juicio como eslabones de la estructura secreta de la Armada que proveyó de aeronaves y tripulantes al grupo de tareas. Es decir, reconstruir la estructura criminal de la que dependieron los pilotos. Y ahí está el funcionamiento del Comando de Operaciones Navales (COOP), órgano central en la estructura operativa, con sede justo debajo del comandante en jefe de la Armada. El COOP distribuyó hombres y recursos. De él dependieron las Fuerzas de Tareas de la Armada, entre ellas las de la ESMA y las dos áreas claves para los vuelos: el Comando de Aviación Naval (COAN) y la División de Aviación de Prefectura (DIVA). Poch integró una de las escuadrillas que dependieron del COAN.

El piloto argentino con ciudadanía holandesa llegó a ser investigado en esta causa por una confesión brindada a sus compañeros de trabajo, durante una cena de despedida en la ciudad de Bali, en Indonesia, en 2003. Según los testigos, Poch dijo haber participado de los vuelos de la muerte. Y cuando, impactados, le preguntaban sobre eso, él aseguró que se trataba de “terroristas”, que había habido una “guerra” y que deberían estar todos muertos. Quienes hicieron las denuncias recibieron todo tipo de presiones estos años. Hasta que los hostigadores, amigos y conocidos de Poch, fueron frenados por una causa en Holanda. Poch y el coro de quienes lo acompañan hablaron de “caza de brujas” y procesos sin justicia.

Poch mismo dice que es inocente. Que lo que dijo no lo dijo. Invocó a errores de interpretación por parte de quienes lo escucharon en aquella cena, y los atribuyó a la cruza de inglés y holandés. Pero más acá, ya comenzada la causa, también negó cuestiones más técnicas. Dijo que mientras estuvo en la Armada no participó de la “lucha contra la subversión”. Que no estaba capacitado para hacer vuelos con aviones de pasajeros, sino solo naves de “caza y ataque”. Y que estaba preparado para acciones de guerra convencional y no interna.

La fiscalía tomó uno a uno esos argumentos y, literalmente, los demolió: no usó sus confesiones sino documentos desclasificados –que fueron proyectados en la sala– provistos por los ministerios de Defensa y de Seguridad, uno encargado de los archivos de las Fuerzas Armadas y el otro, de los de Prefectura.

Uno de los primeros datos sobre Poch fue que sí intervino en la estructura represiva: un ejemplo presentado es el Operativo Sirena. El dato está en el legajo de Poch. “Esto descarta la ajenidad aludida por Poch antes y durante el debate”, dijo la fiscal. “Poch dijo que estaba preparado para la guerra convencional, nosotros hemos acreditado que esto no es cierto: que también participó en lo que ellos llamaron ‘guerra interna’”. Poch negó el carácter antisubversivo del Operativo Sirena. “Pero los documentos desclasificados y la prensa de la época no dicen lo mismo”, retrucó Soiza Reilly. Poch y los testigos convocados por la defensa restaron valor a ese operativo “evidentemente” –siguió la fiscal– porque el Sirena era “un operativo represivo por excelencia, gestado por la Armada Argentina en la lucha contra la subversión”. Para eso citó dos elementos. El testimonio en calidad de perito de la especialista Laura Guembe, que trabajó en ambos ministerios,, dejó en claro que el Sirena fue un operativo conjunto de fuerzas áreas navales argentinas y paraguayas y que entre otras actividades hizo “control poblacional”. Poch presentó como inocuos esos controles. Guembe dijo que el “control poblacional” estaba explicado “en los reglamentos de manera bien clara, no solamente se trataba de saber quiénes poblaban un lugar sino también identificar personas, detenerlas y llevarlas a determinados lugares”. Eso era el control poblacional del Operativo Sirena –remarcó la fiscal ya en la primera audiencia– “¡la detención de personas!”, muchas veces en lugares de difícil acceso a otras unidades de la Armada.

Poch estuvo ligado al Sirena II, entre 1975 y 1976. Según su legajo, revistó como secretario de los Estados Mayores de Planeamiento “de este operativo antisubversivo de tanta envergadura”, remarcó la fiscalía. Su estatus y el peso de ese operativo también quedaron resaltados por las Memorias Anuales en este caso de la Prefectura. En 1976, Poch pasó a la escuadrilla de trasporte de búsqueda y rescate. Y en 1977 estuvo en la de caza y ataque. En 1979 ingresó en Aerolíneas Argentinas.

El ingreso en Aerolíneas confirmó otro dato. Poch dice que sólo estaba capacitado para manejar aviones de caza y ataque, es decir no aviones multimotores que son los que tienen capacidad de transportar pasajeros. Nuevamente, precisó la fiscalía, los documentos dicen otra cosa. Poch ingresó en Aerolíneas Argentinas en 1979. Su legajo allí dice que tenía experiencia en transporte de pasajeros. Pero, además, un documento que está en la causa y valoró la fiscalía es su licencia civil de 1979. Esa licencia dice que Poch estaba capacitado para manejar aeronaves de hasta 5700 kilogramos de porte, aviones de vuelo nocturno y multimotores. La fiscal recordó un dato aportado por un perito en el juicio: ¿ustedes saben –preguntó– cuánto pesa un Skyban, señores jueces? Es decir, uno de los aviones de Prefectura usados en los vuelos de la muerte: 5580 kilos.

Para entonces, dos jueces no paraban de escribir. Ibáñez cada vez más inquieto comenzó a mandar mensajes con su celular. El juez Leopoldo Bruglia anotaba. Y Oscar Hergott, cuarto juez de la causa, levantaba y bajaba la cabeza para volver a sus notas.

Otro dato que sostiene Poch sobre la escuadrilla de Caza y Ataque es que no participó de la lucha contra la subversión. “Los documentos dicen otra cosa”, volvió a decir la fiscal.

Antonio Urbano es otro oficial como Poch que perteneció a su misma escuadrilla. Para pedir un ascenso explicó en una misiva interna –incorporada a la causa– que “participó de la guerra contra la subversión desde y con los medios aéreos”. Para la fiscalía, con esto se acreditó que las escuadrillas de Caza y Ataque no fueron ajenas a “la lucha contra la subversión”.

Otro punto en análisis fue su libreta de vuelo. Poch dijo que no tenía adulteraciones, y hasta intentó exhibirlo con un perito de parte. La fiscalía mostró con peritos todo lo contrario: “Nada tiene ese informe de objetivo y de serio. Es un informe terriblemente deficiente. Faltan firmas, sellos, foto del piloto, hay hojas con tachaduras no salvadas”, enumeró, entre otros defectos. Pero, además, esa libreta dice que sí voló aviones de trasporte de pasajeros.

Una de las estrategias de los acusados es decir que no estuvieron en la ESMA o en el Grupo de Tareas 3.3. La fiscal explicó por qué obviamente no estuvieron. “Hay que tener claro que estos vuelos se organizaban más allá de los campos de concentración. Que la ESMA fue el centro de exterminio por excelencia utilizado por la Armada. Que en él convergieron multiplicidad de fuerzas. Pero cuando la ESMA necesitaba de una aeronave con capacidad de transporte y lanzamiento de carga en vuelo, al igual que de pilotos especializados, hacía el pedido a la autoridades del Comando de Operaciones Navales y este al Comando de Aviación Naval. Pues –dijo– fueron las escuadrillas aeronavales quienes facilitaron las aeronaves para ese tramo final. Aeronaves y pilotos. La ESMA no contaba con una flota propia de aviones y de pilotos. Los traslados de los secuestrados del Grupo de Tareas los efectuaban miembros de la Aviación Naval y de la Prefectura, de la Armada. Por lo tanto, no reviste ninguna relevancia que el acusado diga que no estaba destinado a la ESMA, no es esta la imputación que se le atribuye, sino es haber participado en los vuelos de la muerte desde la estructura a la que pertenecía que era la que facilitaba la logística aeronaval al Grupo de Tareas 3.3.”

Finalmente, añadió la fiscal, los vínculos que los vuelos de la muerte tuvieron con las víctimas no están puestos en discusión. “Este juicio ha permitido casi, cuatro décadas después, probarlo.”

Por su rol de tripulante en los vuelos de la muerte, Poch deberá responder en calidad de coautor de privaciones ilegales de libertad, tormentos y homicidios. Las historias de las víctimas comenzarán a leerse en el alegato de la semana entrante.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Megacausa ESMA III Los vuelos de la muerte


El 23 de octubre terminaron las declaraciones de los “holandeses” en el tramo Vuelos de la megacausa ESMA. Se trata de los testimonios que incriminan al piloto de avión de la Marina Julio Poch, acusado de haber participado en los llamados “vuelos de la muerte”, que consistían en arrojar vivos, bajo el efecto de sedantes, al mar o al Río de la Plata a los prisioneros de los campos de concentración. La detención de Poch se produjo en España en el año 2009, mientras trabajaba en la compañía aérea holandesa Transavia, una de las divisiones de la multinacional KLM.

Los holandeses

En el año 2006, durante una cena de camaradería de los pilotos de Transavia en la isla de Bali, Poch prácticamente confesó a sus compañeros de trabajo su participación en el genocidio.

Durante la comida, los pilotos holandeses criticaban la participación Jorge Zorreguieta -padre de la actual reina de Holanda, Máxima- en el gobierno militar, del cual fue secretario de Agricultura y Ganadería. Entonces Poch dijo: “Zorreguieta no sabe nada. En una guerra muere gente de ambos lados”, y de despachó relatando la mecánica de los vuelos. “Tendríamos que haberlos matado a todos”, agregó el represor. Los pilotos hicieron la denuncia ante la compañía, cuya actitud fue la del encubrimiento: no hizo la denuncia penal, no apartó al piloto, criticaron a la policía holandesa cuando detuvieron a Poch y, finalmente, despidieron al empleado que presentó formalmente la denuncia ante la Corte Penal Internacional.

De los testimonios surge, sin embargo, no fue este la única vez que Poch se vanagloriaba de su actividad asesina. Desde hace más de 25 años, dijo uno de los testigos, se bromeaba dentro de la empresa “hoy volás con Julio, mantenete lejos de las puertas”, en alusión de su participación en los vuelos de la muerte. Las confesiones de Poch frente a sus compañeros pilotos eran frecuentes, hacía alarde y defendía la actuación de los militares. De su legajo, surge que participó en el Operativo Sirena de 1975, que fue una caza de militantes. Esta es la primera vez que Poch es sometido a juicio.

Al concluir los testimonios, Poch pidió ampliar su declaración. Cuando le tocó hablar ante los jueces y responder a las acusaciones, Poch abrió la boca para no decir nada. No aceptó preguntas de las partes y dijo que quienes habían armado esta causa contra él eran “tres manzanas podridas” que querían progresar dentro de la empresa, que todo era mentira.

Por los vuelos de la muerte, hay otros seis acusados, entre ellos, quienes participaron en el vuelo del 14 de diciembre de 1977, que sería el del “traslado” de las monjas francesas y el grupo de la iglesia de Santa Cruz.

martes, 21 de octubre de 2014

La estructura que se oculta detrás de los vuelos de la muerte

UN HALLAZGO QUE SALIO A LA LUZ EN EL JUICIO SOBRE LA ESMA

La reconstrucción de la estructura burocrática y secreta de la Armada. El rol del Comando de Operaciones Navales (COOP), el área encargada de distribuir recursos, es decir, aviones y tripulantes. El redefinido lugar de la Prefectura.

 Por Alejandra Dandan

En el juicio ESMA se están reconstruyendo las estructuras de la Armada que abastecieron de aviones y de tripulantes a los vuelos de la muerte. Se trata de una investigación que explica cómo hizo la Escuela de Mecánica de la Armada para contar con una aeronave los días de “traslados” de prisioneros. Así, se desentrañó el rol del Comando de Operaciones Navales (COOP), el área encargada de distribuir recursos, máxima autoridad de la “guerra” y ubicada inmediatamente abajo del jefe de la Armada. Del COOP dependían dos áreas clave en el manejo de aviones: el Comando de Aviación Naval de la Armada (COAN) –con escuadrillas de Electras, DC3 y helicópteros– y la División de Aviación Prefectura (DAVI), a cargo de los Skyvan. Todas esas aeronaves se usaron en los vuelos de la muerte y cumplían con dos condiciones principales: autonomía de vuelo y capacidad de lanzar cargamento en vuelo. La forma en la que Prefectura intervino en esta trama y cómo sus Skyvan llegaron a trasportar a los prisioneros de la ESMA son datos que surgieron en este juicio, en el que tres de los seis acusados por participar en los vuelos son, justamente, prefectos.

“El aparato organizado de poder involucró a todos sus estamentos: la Marina encarnó su cometido utilizando a sus patotas. Los secuestros, asesinatos, tormentos, abusos y hasta el robo de niños fueron parte de este plan. Para culminar pedirían apoyo a las escuadrillas aeronavales”, evalúa una de las partes acusadoras. “Lo que debemos preguntarnos es cómo se materializaron esos aportes, cómo pensamos el rol de cada escuadrilla, porque en este último tramo –llámese disposición final o asesinato– esas escuadrillas facilitaron las aeronaves al grupo de tareas que funcionó dentro de la ESMA.”

Los datos para llegar hasta acá, para rearmar desde el polvo la estructura burocrática y secreta de la Armada, surgieron de varios de trabajos. Uno fue el análisis de archivos de las Fuerzas Armadas que se hace desde 2003 en el Ministerio de Defensa y otro, del mismo tenor pero más reciente, es el realizado en los archivos de la policía, Prefectura y Gendarmería del Ministerio de Seguridad. María Laura Guembe coordinó el equipo de la Armada en Defensa y ahora hace esa tarea en el Ministerio de Seguridad. La semana pasada declaró en el juicio ESMA: “La información no está en un único lugar. La tarea es producir información en el cruce de documentos. Leer los reglamentos y los planes y la documentación para ver cómo eso se transformó en acciones”, explicó.

Los equipos estudiaron distintos papeles: legajos, actuaciones de Justicia, memorias de las distintas fuerzas y libros de actas. Cruzaron los datos con una pieza todavía clave: el Plan de Capacidades Internas de la Armada Argentina (Placintara) del año 1975, un documento secreto conocido desde el Juicio a las Juntas pero que continúa siendo fuente de información y es releído como base del rompecabezas de la Armada.
El Comando de Operaciones Navales

El Placintara reorganizó la estructura de la Armada en una faz institucional y en una faz operativa para combatir lo que llamaron “lucha contra la subversión”. Así, a partir del Placintara, la estructura de la Armada quedó dividida en 11 Fuerzas de Tareas (FT) con anclaje jurisdiccional. Las FT se dividieron Grupos de Tareas (GT), divididos a su vez en Unidades de Tareas (UT) y luego en Elementos de Tareas (ET). La Fuerza de Tareas 3 de la agrupación Buenos Aires tuvo al menos 7 GT según el informe de Defensa: la ESMA era el GT 3, y como estaba en la FT 3 se la nombró GT3.3. Todas las Fuerzas de Tareas dependían de un área clave, hoy entendida como estructurante de los “tiempos de guerra”: el Comando de Operaciones Navales (COOP), ahora central para la lógica de la provisión de aviones.

Los vuelos son el único tramo de la ESMA sin sobrevivientes. La mayor parte de los marinos en juicio fueron vistos o denunciados por sobrevivientes. Luego, los papeles de la burocracia respaldaron sus posiciones dentro de la estructura. Pero con los vuelos no sucede lo mismo. El GT 3.3 no tenía aviones. Y los tripulantes de los vuelos no pasaron por la ESMA. Ninguno de los acusados por vuelos tuvo comisiones en el centro clandestino ni estuvo como “enlace” en la ESMA. Esto, que antes podía parecer un problema, es, a partir de la interpretación de las estructuras, casi una obviedad.

“Quienes planeaban las muertes pedían un avión y lo tenían”, señala la misma parte acusadora. “Eso explica por qué los pilotos no tienen como destino ESMA, no era lo que estaba previsto en los planes. Las escuadrillas de helicópteros como aquellas de Sostén Logístico Móvil dependían del Comando de Operaciones Navales, no de la ESMA. Por eso los pilotos no son vistos por los sobrevivientes dentro del campo y en los legajos no aparecen referencias vinculadas a dicha Escuela. Si el GT necesitaba una aeronave no sería ni el jefe del Grupo ni el director de la ESMA quienes decidían qué tipo de aeronave se iba a usar: la aeronave iba a ser enviada desde el Comando de Operaciones Navales y debía estar preparada para trasladar personas y descargarlas durante el vuelo. Por eso, en el juicio que se desarrolla es necesario determinar las características de las aeronaves. Su posibilidad de tirar carga en vuelo, de autonomía y, por supuesto, si para la época esas aeronaves estaban en actividad.”

En tiempos de paz, el Comando de Operaciones Navales (COOP) era una estructura semidormida pensada para la instrucción y el adiestramiento. Un casillero por abajo del jefe de la Armada y en paralelo al Estado Mayor. A partir del Placintara, el COOP permaneció abajo del jefe, pero desplazó al Estado Mayor a un puesto de consulta y ad hoc para ocuparse políticamente de la distribución de recursos de la Armada, explicó Guembe. Por allí pasaron como jefes los verdaderos capos de la Armada, como Oscar Antonio Montes o Antonio Vañek. Hoy se entiende que del COOP salieron tres áreas claves para vuelos:

1. las Fuerzas de Tareas, entre ellas el FT3 y la ESMA;

2. la División de Aviación de Prefectura (DAVI) con los Skyvan;

3. el Comando de Aviación Naval (COAN) de la Armada con los Electra, DC3 y las escuadrillas de helicópteros.

Uno de los datos más nuevos en ese esquema es el rol que tuvieron la DAVI y Prefectura, profundizados por Guembe en la audiencia.
La Prefectura

Hasta ahora se creía que la Prefectura dependía del jefe de la Armada tanto en tiempos de paz como a partir del Placintara. Ahora se sabe que con el Placintara la Prefectura, que estaba nucleada en la Fuerza de Tareas 4, no actuó atada a una jurisdicción territorial específica, como ocurrió con el resto de las FT. El prefecto principal, dijo Guembe, pasó a depender del Comando de Operaciones Navales (COOP) porque la FT4 completa se trasformó en un recurso más dentro del conjunto de las Fuerzas de Tareas. Esto que no es poca cosa explica por qué se conectaron dos Fuerzas de Tareas: la FT4 y la FT3. O cómo un avión de las FT4 (Prefectura) llegó a la FT3 (ESMA).

“La Prefectura se empezó a organizar en 1975 para participar de las actividades que ellos mismos llamaron antisubversivas”, dijo Guembe. “Se reestructuraron en cuanto a la jerarquización de algunas dependencias, aumentaron el presupuesto para el despliegue en el territorio y aportaron el adiestramiento necesario para el personal.” Los datos constan en los libros de Memorias Anuales, en reglamentos y expedientes diversos. “Como el comandante de Operaciones Navales era el que disponía de todos los recursos para los operaciones, la Prefectura en cierto modo termina siendo un recurso más, encarnado en la figura de las Fuerzas de Tareas.”

“¿Qué podía ofrecer la Prefectura al Comando de Operaciones Navales para esa guerra?”, le preguntó la fiscal Mercedes Soiza Reilly a Guembe durante la audiencia. Y Guembe habló de dos cosas: la Prefectura aportó “enlaces” y también aviones.

Los enlaces eran, en general, personal de inteligencia que unía dos dependencias. “No tenían una ‘comisión’, sino que cumplían con la tarea encargada en otra dependencia, volvían y continuaban con sus labores. El ‘enlace’ iba y volvía y a partir de la tarea que desarrollaba involucraba a su dependencia de origen en esa actividad. Unía dos entidades.” En la ESMA esos roles los cumplieron personajes conocidos: Héctor Febres, Juan Antonio Azic, Jorge Manuel Díaz Smith y Roberto Rubén Carnot, los tres últimos acusados en este juicio. “Ellos son buen ejemplo de esto”, explicó la mujer. “Eran integrantes del Servicio de Inteligencia de Prefectura y cuando van a la ESMA no dejan de revistar dentro de Prefectura. No es lo mismo que las comisiones como las del comisario (Ernesto Frimón) Weber de la Policía Federal, que va en comisión a la ESMA y su destino es la ESMA: el enlace es un integrante del Servicio de Inteligencia que va a cumplir funciones conjuntas con otro destino.”

El otro aporte de Prefectura fueron los aviones. La Prefectura tenía la División de Aviación Prefectura (DAVI), un área con jerarquía de División hasta 1979 y luego rejerarquizada a departamento. Entre 1976 y 1979 la DAVI tuvo cinco Skyvan, uno de los dos tipos de aviones que tripuló el marino Adolfo Scilingo. Los Skyvan son P51, P52, P53, P54 y P55. Eran los únicos aviones de Prefectura. Y como parte de la DAVI dependían funcionalmente de las órdenes del COOP. Entre los documentos analizados no se encontraron conexiones de la DAVI con ESMA de modo directo, pero hay papeles que al analizarlos pueden sugerirlas. Algunos de ellos son los siguientes:

1) Un anónimo que envió a la Conadep en 1984 un grupo autodefinido como la “oficialidad joven y no corrupta de la Prefectura Naval”. El anónimo ya apuntaba en ese momento a la cabeza de la DAVI, pero nunca se valoró judicialmente. Uno de los nombres que mencionó era el de “aviador” “Hilario Ramón Fariña” y señalo que “era el que se encargaba de arrojar desde los aviones Skyvan al mar la gente secuestrada y torturada en la ESMA” (ver imagen). ¿Quién era Fariña? Uno de los jefes de la DAVI entre 1976 y 1978.

2) Datos de los legajos de personal. Guembe señaló el legajo de un suboficial llamado Aníbal Enrique Donato Agolti, mecánico. Bajó de un vuelo que según las planillas tuvo como destino y regreso “Miramar - Miramar”, mismo punto de origen y de destino, como los sospechados como vuelos de la muerte. Y había sido piloteado por el oficial Alejandro D’Agostino, actualmente en juicio. Cuando el suboficial llenaba la documentación de las planillas tuvo un ataque de epilepsia. A partir de ese momento tuvo una licencia que duró más de lo reglamentario. Años después tuvo un cambio de escalafón, asumió tareas administrativas, pero continuó con los problemas hasta su retiro. La explicación que dieron los peritos en su legajo es que sus afecciones comenzaron porque estaban piloteando un vuelo con la puerta abierta. En la versión de los peritos, dijo Guembe, hacían lanzamiento de paracaidistas; marcaban que era la primera vez que el suboficial se subía en un avión y que eso podía haber provocado el trastorno. “Lo curioso de eso es que las planillas de vuelos no dan cuenta de eso –explicó– porque hay varias planillas anteriores en las que él figura como mecánico de vuelo, en los mismos supuestos vuelos de lanzamientos de paracaidistas.”
–¿Entonces no era la primera vez que Agolti subía a una aeronave?

–Las planillas dicen que no. Pero esas cosas son las que encontramos: que ahí pasaba algo que los papeles no dicen. No hablan de vuelos de la muerte, no hablan de tirar personas. Pero tenemos todas estas grietas que hacen que uno se formule todas estas preguntas.

3) Las Memorias Anuales de Prefectura. A diferencia de las Memorias de la Armada, la Prefectura tiene Memorias muy abiertas en información, dijo Guembe. Una vez al año cada dependencia de Prefectura hacía su Memoria, que se juntaba en lo que hoy es el Departamento de Planeamiento. Ahí producían una Memoria Unificada con una selección de lo más relevante de cada dependencia. El Libro de Memorias Anuales está dividido en temas: Organigrama con sus cambios; datos del ceremonial y una sección Operativa que dividía las actividades “antisubversivas” de las policiales cotidianas. Una de las Memorias analizadas es de 1977. En el apartado Antisubversivo dieron cuenta de actividades llevadas a cabo por orden del COOP. Es decir, dijo Guembe, “son tareas que uno puede presumir que tienen ese estilo y es lógico, porque el COOP en términos del Placintara podía darle órdenes a una unidad de la Prefectura”.

4) Uno de los acusados del juicio es el piloto Julio Poch. En su legajo aparecen datos sobre su participación en llamados Operativos Sirena. El piloto dijo que eran operativos de entrenamientos sin vínculos con lo que llamaron “lucha antisubversiva”. Guembe sugirió lo contrario. Explicó que de esos operativos hablan tanto las Memorias de la Armada como las de Prefectura. La Armada los mencionan como un ejercicio combinado con las Fuerzas Armadas paraguayas, y la Prefectura lo informa en el apartado AntiSubversivo. En algunos legajos hay felicitaciones por el bombardeo de objetivos en tierra. Cuando la fiscalía le preguntó si se pudo establecer qué tipo de actividades eran las del Operativo Sirena, ella repitió que se dedicaban al “control poblacional” y que eso “no solamente era saber quiénes poblaban un lugar, sino identificar personas y detenerlas y llevarlos detenidos a determinados lugares”. Al parecer eran operativos de rastrillajes que se hacían en lugares de difícil acceso, como islas o en zonas rurales muy extensas.

Del Comando de Operaciones Navales dependía otra área: el Comando de Aviación Naval (COAN), una estructura semejante a la DAVI pero de la Armada. Entre 1976 y 1983 el COAN estuvo dividido en tres Fuerzas Aeronavales (ver aparte). En el juicio actualmente hay seis acusados por vuelos: tres prefectos y otros tres que confesaron ante testigos la participación en los vuelos. A partir de la reconstrucción de las estructuras, cada uno de ellos puede ser relacionado con el lugar que ocupó dentro de ellas.
El anónimo que recibió la Conadep en el que se hablaba de la Prefectura.

Los acusados


    Enrique José De Saint Georges
: Subprefecto. Piloto de Skyvan. Integró la División Aviación de la Prefectura Naval (DAVI) y tuvo como destino el Aeroparque Jorge Newbery entre 1976 y mediados de 1978. Fue piloto comercial en Aerolíneas Argentinas.

    Alejandro Domingo D’ Agostino
: Oficial retirado de Prefectura. Piloto de Skyvan. Integró la División Aviación de la Prefectura Naval (DAVI), destinado al Aeroparque Jorge Newbery entre 1976 y 1979.

    Mario Daniel Arru
: Oficial dado de baja de la Prefectura. Piloto de Skyvan. Entre 1976 y principios de 1979 integró la División de Aviación de Prefectura, destinado en el Aeroparque Jorge Newbery. También fue piloto comercial en Aerolíneas Argentinas.

    Emir Sisul Hess: Capitán de Corbeta retirado de la Armada. Piloto naval especializado en helicópteros. Para la época de las imputaciones, voló dos tipos de helicópteros, Alouette y Seaking, según surge de su legajo. Entre 1976 y 1979, la Armada tuvo una sola escuadrilla de helicópteros cuya matriz estaba ubicada territorialmente en la base aeronaval Comandante Espora de Bahía Blanca. Se acusa a Sisul Hess de haber hecho vuelos desde la ESMA. Sisul Hess dice que los helicópteros no tenían autonomía de vuelo para llegar de Bahía Blanca a la ESMA. Los expertos explican que los helicópteros podían haber dormido en la ESMA, pero además que la “matriz” no definía que una aeronave esté atada a un determinado lugar. Que en la ESMA hubo helicópteros lo dicen los sobrevivientes que los escucharon y también los conscriptos que declararon en la causa.

    Rubén Ricardo Ornello
: Suboficial retirado de la Armada. Mecánico aeronáutico. Perteneció a la Segunda Escuadrilla Aeronaval de Sostén Logístico Movil (EA52) con aeronaves Fellowship Fokker F-28, Hawker Siddeley HS-125 Domine y Douglas DC-3. La escuadrilla pertenecía a la Fuerza Aeronaval 3, con asiento en la base Aeronaval 3 de Ezeiza (BAEZ).

    Julio Poch
: Teniente de fragata retirado de la Armada. Fue aviador naval. Se le imputa que formó parte de la escuadrilla de caza y ataque. Su lugar en la estructura estaba dentro de la base Espora de Bahía Blanca, como parte de la Tercera Escuadrilla Aeronaval. Pero además tenía capacidad para pilotear aviones de transporte como los Beachcraf C 45 y U 16 Albatros. Poch no fue ajeno a las solicitudes del Comando de Operaciones Navales. Su legajo tiene una felicitación de Antonio Vañek, jefe del COOP.

miércoles, 20 de marzo de 2013

“Los vuelos de la muerte fueron muchos”

Federico Talavera declaró como testigo y dijo que era chofer en El Olimpo. Contó desde qué bases aéreas salían los vuelos para arrojar a detenidos desaparecidos, dio nombres de víctimas y de miembros de las Fuerzas Armadas que participaban de los operativos.

Por Irina Hauser
“Los vuelos de la muerte fueron varios, muchos. Los traslados se hacían de noche, desde Aeroparque, y los que hacían los vuelos eran el segundo comandante Guillermo Cardozo, de Gendarmería; Eugenio Pereira Apestegui, de Inteligencia de Gendarmería; el Turco Julián, y el principal Rosas, de apodo ‘Clavel’, que era de la Policía Federal (...) Las personas iban vivas, drogadas, sedadas, iban libres, deliraban, no estaban esposadas, iban vestidos. Se les decía que iban a un campo. Ninguno tenía ya capuchas ni vendas. No les importaba mucho que vieran a las personas que los llevaban.”

Este relato es un tramo de la declaración testimonial que prestó la semana pasada el ex gendarme Federico Talavera ante el fiscal Federico Delgado, en la que reconstruyó los “traslados” en los que tuvo participación cuando era chofer asignado al centro clandestino El Olimpo.

Talavera aportó, junto con su descripción directa como engranaje del aparato represivo, algunos detalles: un mapa de las bases aéreas de donde salían los vuelos desde los cuales se arrojaba a los detenidos desaparecidos, el uso de aviones sin identificación militar, los nombres de víctimas y de miembros de las fuerzas de seguridad que participaban de estos operativos, algunos ya condenados y otros no. Su testimonio plantea una encrucijada para Delgado y el juez Daniel Rafecas, que tendrán que definir si convertirlo en imputado y disponer su detención o priorizar sus aportes como testigo, para conocer la verdad.

Talavera fue interrogado en una causa específica sobre los “traslados” de prisioneros desde centros clandestinos del Primer Cuerpo de Ejército. Esta línea de investigación quedó abierta el año pasado por el juez Rafecas, después de procesar a siete represores por el asesinato de 19 personas llevadas el 6 de diciembre de 1978 desde El Olimpo, previo suministro de un “tranquilizante”, a un avión desde donde serían arrojadas al mar. Rafecas definió que “los traslados no eran otra cosa que el homicidio y el garantizar la desaparición del cuerpo de la víctima”, con lo cual daba por probados los asesinatos aun cuando no se hubieran identificado los restos de los detenidos. Eso le permitió procesar por homicidio, lo que habilita penas de prisión perpetua, a quienes hasta entonces eran imputados por secuestros y torturas, con penas menores.

El ex gendarme le dijo al fiscal Delgado que trabajó en Gendarmería entre 1975 y 1980. Desde el destacamento de Campo de Mayo le dieron funciones como chofer de camiones en El Olimpo. En 1995 declaró, en forma más genérica, ante la Cámara Federal y habló en una entrevista sobre los vuelos de la muerte. La fiscalía lo buscó mucho tiempo y, ante pistas de que vivía en Paraguay, pidió a Migraciones que si cruzaba la frontera le notificaran que debía presentarse. Lo hizo, finalmente, el 15 de marzo.

“Eramos tres choferes”, narró, aunque sólo recordaba a un tal Vera. “Nos iban tocando de manera alternada distintas noches de traslados (...) Fueron muchos los vuelos que se hicieron para ‘trasladar’ a los detenidos de El Olimpo, allí había más de cien personas y todos se hacían desde Aeroparque y después se levantaba a los que participaban en Ezeiza”, precisó. Involucró a los gendarmes Cardozo y Pereira Apestegui y a los policías Julio Simón (“Turco Julián”) y Roberto Rosa (alias “Clavel”), que ya fueron condenados por los crímenes en el circuito Atlético-Banco-Olimpo. Incluyó al mayor Guillermo Minicucci (fallecido) y a un grupo de procesados: el oficial de inteligencia Eduardo Angel Cruz (“Crámer”), el oficial Juan Carlos Mario Chacra (“Paco”) y al gendarme Juan Miguel Méndez (“Nelson”). Agregó nombres que los investigadores deberán identificar: los cabos Luque y Godoy, el principal Soto y el sargento Luna, y Estévez todos de Gendarmería. Añadió al gendarme Jorge Torres, hasta ahora testigo.

“Había otros vuelos de la muerte que salían de El Palomar”, dijo Talavera. Supone que “eran los de la ESMA” y “los del Pozo de Banfield”, porque “los de Campo de Mayo tenían su propio aeropuerto”. Como algo novedoso mencionó que los aviones “eran los Fokker 27 civiles (...) no eran de ninguna fuerza de seguridad ni del Ejército”, aunque no recuerda a qué empresa pertenecían.

Dentro de El Olimpo dijo que casi no estuvo. Alguna vez le encomendaron llevar al Batallón de Inteligencia escuchas telefónicas y listados de detenidos. Lo que sabe, enfatizó, es que en ese centro clandestino “murieron varias personas”. “Los torturaban ahí mismo y los sacaban muertos. Los quemaban en tachos”, dijo. “También en El Olimpo hubo muchas embarazadas (...) Todas iban a parir al Hospital Militar y luego desaparecían. El oficial que las llevaba era el que se iba a hacer cargo de la criatura. Pero no recuerdo el nombres (...) sí que eran de Ejército o de Policía”, relató.

Se detuvo en dos casos puntuales. Dijo que recordaba haber llevado a Marta Inés Vaccaro a unos de los vuelos que partían de Aeroparque, en 1979. Marta fue secuestrada 1978 junto con su pareja. El sigue desaparecido, igual que el bebé. Al referirse a otros traslados, el ex gendarme recordó haber llevado a parir al Hospital Militar a quien sería, por la descripción, Lucía Tartaglia. Relató que la acompañó “Paco”, y que después del parto le pidieron a él que la llevara en el baúl hasta el destacamento policial de Puente 12 cuando, supone, estaba sin vida.

Luciano Hazan, abogado de Abuelas de Plaza de Mayo, evaluó: “En el caso de Tartaglia, se confirma que hubo un parto; queremos que amplíe su declaración para mostrarle fotos de otras embarazadas”. El abogado Pablo Llonto, que representa a la familia de Carlos Pacino (cuyo cuerpo es uno de los hallados en la costa atlántica), sostuvo: “Es necesario que Talavera aporte la mayor cantidad de datos y que luego se resuelva su situación procesal. Hay que corroborar sus dichos. Es el primero que habla de vuelos no identificados, tiene que precisar qué vio”.

Hasta ahora, los represores que reconocieron algo sobre los vuelos de la muerte lo hicieron en declaraciones públicas o ante organismos extrajudiciales. Los acusados en el juicio de ESMA los niegan. Sólo Adolfo Scilingo aportó datos ante la Justicia española.

lunes, 18 de marzo de 2013

Lordkipanidse y Basterra, una charla entre dos testigos del horror en la ESMA

LA RETAGUARDIA

Comenzó la ronda de testimonios en el tercer tramo del juicio por los delitos de lesa humanidad cometidos en la ESMA. Uno de los primeros en declarar fue Carlos Lordkipanidse, de la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos (AEDD), con quien dialogamos sobre esta experiencia. También participó de la conversación Víctor Basterra, quien probablemente declare la próxima semana. Los dos se autodefinieron como “hermanos del alma”, ya que compartieron parte del cautiverio: “estuvimos un año y medio juntos solos en la Escuela de Mecánica de la Armada, como no lo voy a conocer a Víctor”, graficó Lordkipanidse; luego compartieron muchos más años de lucha. Tanto tiempo de vivencias similares, conocimiento y confianza se reflejó en varios momentos de la entrevista, en la que no faltaron risas, palabras serias, frases cómplices y profundas reflexiones. Una charla que finalizó con la convocatoria a marchar el próximo 24 de marzo, al cumplirse un nuevo aniversario del inicio de la última dictadura cívico militar en 1976.

Tras su declaración testimonial, como una de las cabezas de la querella de Justicia Ya, Carlos Lordkipanidse rescató que por fin se está ante un verdadero juicio, donde se juzga por los delitos cometidos contra setecientas víctimas, a casi setenta represores, algunos de uniforme y otros civiles, entre ellos Juan Alemann, quien fuera secretario de Hacienda y mano derecha de José Alfredo Martínez de Hoz. Además, destacó la implementación de un nuevo sistema de juicio: “algo que nos costó mucho imponer, entendiendo que antiguamente se juzgaba de acuerdo al código penal antiguo, con juicios propios para ladrones de gallinas y no para genocidas. En esta oportunidad se están teniendo en cuenta las declaraciones efectuadas en otros juicios anteriores, en forma de video a la que tienen acceso las partes, lo que evita la revictimización del testigo al punto de tener que contar una y otra vez cada uno de los detalles de lo acontecido, y en estas oportunidades se puede ir directamente al grano, a los hechos que se juzgan en este tramo del juicio, ESMA III, entendiendo el primero por el de Febres, el segundo contra dieciséis represores cuando se condenó a Acosta, Astiz y todos los famosos, y ahora este tercero donde son sesenta y ocho represores, porque lamentablemente dos fallecieron esperando el juicio”.

En su declaración, Lordkipanidse aportó varios elementos a la causa. Uno está relacionado con su explicación de por qué se debe dejar de utilizar el concepto de que los secuestrados en la ESMA fueron sometidos a trabajo esclavo sino que directamente hay que hablar directamente de esclavitud: “desde un principio contra lo que hubo que luchar fue contra una palabra nefasta que nos endilgaron como sobrevivientes que fue el de la colaboración. Hubo que luchar contra esa palabra en el sentido de que uno no colaboró en ese lugar voluntariamente, sino que fue obligado a hacer determinadas tareas. Con el tiempo nos fuimos dando cuenta de que en realidad nos tuvieron en situación de trabajo esclavo, quiere decir que nos asignaban algún trabajo para hacer, y nuestra situación era de esclavitud porque no teníamos un poder de decisión acerca de lo que podíamos hacer o no porque corrían peligro nuestras propias vidas. Y en definitiva si uno se pone a hurgar claramente de lo que se trata, decimos que no hubo una situación de trabajo entendido en el sentido de la remuneración, del trabajo en blanco, la posibilidad de afiliarse a un sindicato, y demás cuestiones no existieron en la ESMA, no hubo remuneración, ni convenio colectivo de trabajo ni cosa por el estilo, hubo una situación de esclavitud. Entiendo que si estos juicios existen son para tener una clara noción de lo ocurrido y eso manifestarlo en palabras, porque volver a los hechos no se puede, entonces a lo que nos estamos refiriendo es que a nosotros nos tuvieron ahí como esclavos. Hay que redefinir las palabras, y a la vez poner al represor en el lugar que le corresponde porque si no parece que nos hubiesen dado la posibilidad de trabajar, como una obra benéfica, y eso confunde. Yo creo que nos convirtieron de prisioneros, secuestrados que éramos en ese momento, en esclavos”.

Al respecto, Víctor Basterra aportó que en ese momento la disyuntiva era de vida o muerte: “trabajás o te morís, así era la palabra de los tipos. Ellos manejaban el concepto del trabajo, nosotros el de la esclavitud”. Y Lordkipanidse agregó: “vale la pena definir toda esta situación investigada y puesta sobre la mesa en los juicios orales y públicos, esto merece ser tratado con las palabras correctas, por ejemplo que lo que ocurrió en la Argentina fue un genocidio, no un simple asesinato masivo de personas”.

Los compañeros de secuestro y lucha también se refirieron al mes que durante, su cautiverio, fueron trasladados hasta en una isla del Tigre, ante la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 1979. Lordkipanidse afirmó que con el tiempo y producto de investigaciones particulares supieron que ese predio llamado “El Silencio” y ubicado en la tercera sección del Tigre, pertenecía en ese momento a la Revista Esquiú, vocero oficial de la Iglesia Católica Argentina: “ahora sabemos que cambió de dueño, que el muelle que existía para desembarcar en ese lugar ya no existe. Pero es una pieza tan importante dentro del rompecabezas de lo que sucedió en la ESMA que cubre la parte de la intencionalidad del ocultamiento, no se trata de ocultarnos ante la visita de las monjitas de no sé dónde, venía la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a la Argentina, entonces modificaron toda la estructura del edificio de oficiales de la ESMA y a todos los prisioneros nos llevaron a una isla oculta en el Tigre, con la excepción de dos compañeros que estaban en Capucha en ese momento, el Topo Sáenz y otro compañero del que nunca supimos el apellido pero le decían ‘Tachito’, que no llegaron a la isla. Por lo tanto, la isla forma parte fundamental en la investigación de lo sucedido. Como así también el campo de deportes que está contiguo a la ESMA, a orillas del río donde se incineraban los cadáveres de nuestros compañeros en los famosos ‘asaditos’. En el campo de deportes hicimos inspección ocular con el Tribunal Oral Federal, en la ESMA también, pero ¿cómo puede ser que no estemos yendo a la isla, donde sucedieron todas las cosas que ocurrieron y que forma parte del plan general del funcionamiento de la ESMA? Entonces lo que hice fue acercarme a la isla con la ayuda de una compañera periodista, escritora y fotógrafa, entramos a la casa, fuimos al lugar donde estaban los de capucha, sacamos fotos (algunas de ellas acompañan esta nota, debajo), y eso lo presenté el otro día en el tribunal pidiendo una inspección ocular y una medida de no innovar, que quiere decir que en ese lugar hay pruebas, yo sé que las hay, acerca de nuestro paso por ese lugar. Entre otras cosas hay utensilios en la casa que todavía se preservan, que eran de esa época, por ejemplo la cocina económica, de hierro, vieja, que se usaba con leña; un armario en el comedor; los aparatos del baño; y demás cuestiones que se preservan increíblemente, entonces le pedimos al tribunal una medida de no innovar, veremos ahora qué resuelve”.

Según describieron Basterra y Lordkipanidse, en el predio había dos edificaciones, separadas por un arroyo, a una cuadra más o menos de distancia. En la casa más chica estaban los secuestrados en situación de capucha, en condiciones infrahumanas. Actualmente, viven allí dos personas que como caseros cuidan el lugar. El resto está prácticamente igual. Basterra formaba parte del grupo de personas secuestrado en la llamada ‘casa menor’: “el problema nuestro era que no teníamos agua potable, estábamos engrillados y esposados, con la capucha, tirados en el piso sobre un plástico y las colchonetas, que cuando subía un poco el agua uno se mojaba. Los guardias no se animaban a entrar por el olor que había porque nosotros estábamos todos descompuestos. Hemos hablado en el juzgado sobre la necesidad de preservar este lugar pero aparentemente no sabían, seguramente el juez tenía bien en claro lo que no quería hacer o lo que quería hacer. Los colaboradores de él estaban un poco confusos y molestos. Sabíamos que la isla pertenecía a la curia, no sabíamos que era de la Revista Esquiú, esto había que reactualizarlo, y me parece muy bien lo que hizo Carlos, haciendo in situ la investigación y presentándola como prueba”, relató.

Lordkipanidse explicó que también presentó ante el tribunal imágenes aéreas con aproximación hacia el techo de la casa, sacadas a partir del sitio de internet Google Earth: “es impresionante, el tribunal quedó con la boca abierta con el trabajo que les presentamos porque es ineludible; si no hacen inspección ocular, si eso no se preserva el lugar, será una actitud jodida, tal vez comprensible porque también se pidió la investigación de la curia en la misma oportunidad, entendiendo que ese lugar en ese momento pertenecía a la curia, y ahora ante los nuevos acontecimiento papales quiero saber qué es lo que van a hacer, si van a comprometer realmente a la curia argentina en cuanto a lo ocurrido con la represión y demás cuestiones. En los papales y en los hechos está todo demostrado, y me parece que no queda más que actuar”, afirmó, refiriéndose a la reciente coronación de Jorge Bergoglio como Sumo Pontífice de la Iglesia Apostólica Cristiana.

Víctor Basterra debía declarar en este juicio el jueves 14 de marzo, pero su audiencia fue pospuesta seguramente para la próxima semana; quien sí pudo brindar testimonio fue su hija María Eva, Evita, también secuestrada en la ESMA: “yo siempre digo ‘mis hijas, mi orgullo’, porque tienen una impronta muy bien asimilada de lo que es jugarse por las causas justas, y la participación en este juicio es una causa justa, y así lo vio ella y se desenvolvió con total firmeza. Yo le dije que vaya tranquila, con serenidad y dignidad, y creo que lo hizo de esa forma. Esta es la primera declaración que hace. Nuestras declaraciones son aportes a la memoria, para la construcción de un futuro, y también lo hacemos con una mirada estratégica para no dejarles el manejo de los conceptos y los valores a tipos que no se merecen manejarlos, como son muchas veces los emergentes del sistema como los medios de comunicación que han acopiado toda la información y la van manejando para ir formando una opinión totalmente equivocada y al servicio de los poderosos. Nosotros rompemos un poco eso, por lo menos es nuestra intención tratando de establecer nuevas formas. Ellos decían 'delató o entregó información', nosotros decimos le arrancaron información, y se van extendiendo esas cosas para tratar de entender un poco cómo era el sistema para lograr información por parte de los militares. Estos son los aportes que uno hace a la memoria colectiva y creo que son importantes”, reflexionó Víctor.

La extensa charla permitió tocar otros temas relacionados de alguna manera con los años de dictadura, como la designación de Jorge Bergoglio como Francisco. Este hecho despertó humoradas pero también indignación de parte de Basterra y Lordkipanidse.

“Me pareció absolutamente insólito y me vino a la mente esa vieja expresión que decía ‘dios es peronista’, porque el enviado del señor es de San Lorenzo y fue de Guardia de Hierro. Así que estamos acercándonos al paraíso”, comenzó Basterra, lanzando una sonora carcajada, aunque inmediatamente se puso serio y agregó: “de las organizaciones no democráticas o que menos usan el estado de derecho como visión general, la iglesia es una de ellas. No sé qué atractivo puede tener para nosotros, para los que hemos pasado por tantas cosas. Yo soy agnóstico así que solo sé que en algún momento va a expresar sus pareceres (el Papa)”. En el mismo sentido, Lordkipanidse sumó: “a mí lo que me llama muchísimo la atención es que el año pasado, en el juicio anterior de ESMA, Bergoglio fue indagado por lo ocurrido con los padres Yorio y Jalics, porque él era el superior de ellos, así que a instancias de las querellas participantes en el juicio, a partir de las denuncias en concreto que hicieron los padres que estuvieron secuestrados en la ESMA, se le tomó declaración indagatoria al que ahora es Papa, es una cosa realmente insólita. Es como si hubiesen nombrado a Menéndez como Comandante en Jefe de la OTAN, es un mono con navaja. Bergoglio fue indagado acerca de una acusación surgida en un juicio. Los testigos se ofrecen en este tipo de juicios en forma previa, en el ofrecimiento de pruebas; ahora, si en el desarrollo del juicio oral y público surgen nuevas contingencias en lo que respecta al contenido del juicio, por ejemplo nombres de represores nuevos, a éstos se los cita a declaración indagatoria, y si no se presentan se los declara rebeldes. Este señor como en ese momento era Arzobispo de la Ciudad de Buenos Aires, antepuso su condición como hacen los diputados y senadores, entonces tuvo que ir todo el tribunal al lugar donde se encontraba este señor que es la casa de gobierno de la iglesia a tomarle la indagatoria en ese lugar. Y en una indagatoria absolutamente plagada de mentiras, y de imprecisiones que se pisaba solo una vez arriba de la otra, algo vergonzoso, que de no haber sido una personalidad tan destacada lo que hubiese correspondido era el inmediato arresto por lo menos por falso testimonio. Los jueces perdieron esa oportunidad de pasar a la historia por haber metido preso al que iba a ser Papa un año después”, concluyó, también riéndose.

Antes de cerrar la entrevista, Lordkipanidse convocó a la movilización que el Encuentro Memoria Verdad y Justicia realizará como todos los años el próximo 24 de marzo desde Congreso a Plaza de Mayo, a partir de las 15.30. Será “para reclamar por los derechos humanos de ayer y de hoy” y también: “por las violaciones contra los derechos humanos que se cometieron en la época de los treinta mil desaparecidos, como las violaciones que se están cometiendo el día de hoy con los hermanos Qom, la criminalización de la protesta, el procesamiento de cinco mil luchadores sociales, con lo que pasó en la Sala Alberdi, acá el asunto es que no se bajaron las banderas de la lucha por los derechos humanos y contra la impunidad, eso lo vamos a ir a demostrar el 24 de marzo”.

La charla finalizó con sobradas palabras y demostraciones de afecto de dos personas que compartieron los peores momentos de sus vidas y que tantos años después aún continúan, desde diferentes lugares, el camino hacia la justicia:

Víctor: Un abrazo querido

Carlos: Victorio, mi viejo del alma, a ver si me llamas y nos encontramos esta semana a tomar un par de cervezas.

Víctor: Listo, hermanito, un abrazo grandísimo.

Carlos: gracias, te quiero mucho.

Víctor: Chau hermano, suerte, yo también.

El testimonio de Liliana Chiernajowsky en el juicio por los crímenes en la ESMA

La insoportable imagen de los vuelos

Ante los jueces, Chiernajowsky reconstruyó los últimos días de su hermano Miguel en la ESMA, luego víctima de los vuelos de la muerte. Pidió “ahondar en las responsabilidades” de quienes condujeron el plan de exterminio y “quienes condujeron los aviones”.

 Por Alejandra Dandan

Hay una cosa entre todas que Liliana Chiernajowsky intentó decirle al Tribunal. “No quería conocer los detalles de la desaparición de mi hermano Miguel, me resultaba insoportable la imagen que mejor representaba el exterminio y que mi madre repetía como una letanía: ‘a tu hermano lo tiraron vivo al mar’. Me llevó años querer saber aquello a lo que yo no me quería aproximar y que había tomado el alma de mi madre, hasta hacerla enloquecer”, les dijo a los jueces. “Pero desde hace años el tema vuelos me importa sobremanera. Valoro estos juicios, que son ejemplares y reparatorios para cada uno de nosotros, para la sociedad y la humanidad. Y por eso ya ganaron un lugar trascendente en la historia”, dijo. “Pero es preciso ahondar en las responsabilidades de quienes tuvieron la conducción del plan de exterminio y quienes condujeron los aviones, hasta quienes estudiaron las coordenadas previstas para arrojar su luctuosa carga al mar.”

Liliana declaró en la causa unificada por los crímenes cometidos durante la dictadura en la Escuela de Mecánica de la Armada, donde uno de los casos abarcados es el de su hermano. “Es preciso que este tribunal ordene que se profundice y acelere la investigación: como querellante representada por Pablo Llonto solicité en el juzgado de instrucción a cargo de Sergio Torres que se impute a los máximos responsables de la Aviación Naval y la Aviación de Prefectura y que se cite a declarar a todos los conscriptos que hicieron su servicio militar en esas reparticiones.”

“Mi nombre es Mirta Liliana Chiernajowsky, hermana de Miguel Ricardo”, dijo al empezar. “Soy licenciada en Ciencias de la Comunicación. Fui detenida política durante siete años, seis de los cuales estuve a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. Cuando recuperé la libertad en 1981, todavía no había finalizado la dictadura militar pero la enorme tragedia en la vida social y personal que significó el genocidio de mi generación ya casi había sido perpetrada. Aunque todavía faltaban los crímenes de Malvinas, que afectaron a otra generación.”

Ella todavía sigue reconstruyendo la estadía de su hermano en la ESMA. Lo hace entre los integrantes del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), en entrevistas con sobrevivientes o en las audiencias del juicio que terminó hace poco más de un año. Miguel viajó de Comodoro Rivadavia a Buenos Aires cuando terminó el secundario y se integró a Montoneros antes del golpe. El día del secuestro también cayó uno de sus compañeros, Rolando Jeckel. Liliana recogió en estos últimos años tres testimonios que los ubican juntos dentro del centro clandestino de la Armada; por esos testimonios ella supo además que pudieron haber caído en el mismo operativo.

A Miguel lo vieron Miguel Lauletta, Daniel Lastra y Marta Alvarez, “a quienes agradezco su testimonio”, dijo ella. Llegó a Lauletta cuando Maco Somigliana del EAAF le dijo que él había visto en el baño de la ESMA a un chico delgado, rubio y con una tonada indefinible, ni porteña ni del norte, que podría ser su hermano. Liliana le mostró fotos a Lauletta. Lauletta lo reconoció y declaró en el juzgado de Torres el 25 de septiembre de 2009. En ese momento, supo además que ese día, en el baño, había otro prisionero con el que podría hablar, pero no supo que ese prisionero, Daniel Lastra, no había vuelto a decir nada de su estadía en la ESMA durante más de treinta años. Durante su declaración, también le hizo un homenaje.

“Lastra fue el segundo sobreviviente que me ayudó a reconstruir la estadía de Miguel en la ESMA”, dijo. “Cuando lo llamé por teléfono me dijo que no había hablado prácticamente con nadie sobre su permanencia en la ESMA durante más de 30 años. Me comentó que siempre había pensado que lo iban a llamar a declarar por uno de los compañeros que cayó con él y murió en la tortura –se refería a Martín, sobrenombre de Carlos Chipolini–. La conversación se prolongó por más de una hora, estaba muy conmovido. Al finalizar le pedí si podía pasar por el juzgado para dejar un testimonio adelantado. Me dijo que lo pensaría, que era algo que debía consultar con su familia. Me llamó a la semana y confirmó que lo haría porque recordaba muy bien a ese chico y no testimoniar sería como desaparecerlo dos veces.” Daniel Lastra declaró en el juzgado de Torres el 27 de noviembre de 2009, también habló sobre otros desaparecidos, como Chipolini y Ricardo Pedro Sáenz, reconocido como “El Topo”. “A los pocos meses supe que había fallecido repentinamente de un paro cardíaco. Quiero dejar constancia pública de mi consideración y agradecimiento a él y a su familia. También a todos los sobrevivientes, sin cuyo testimonio estos juicios no hubiesen sido posibles.”

Lastra vio a Miguel dos veces. Una, en el baño cuando un “verde”, uno de los guardias apodado Manzanita, llevó a un grupo de prisioneros. Vio en el espejo a un chico acuclillado en el inodoro. Le preguntó cómo había llegado a la ESMA y Miguel le dijo que había caído con Rolando Jeckel. “Esa fue la única vez que conversó con él y lo vio sin capucha; en otra ocasión lo vio por la mirilla cuando lo llevaban al baño. Lastra calculó que uno o dos miércoles después lo trasladaron, sería a fines de marzo o principios de abril. Estuvo muy poco tiempo en la ESMA.”

Liliana entendió que Marta Alvarez también podría haber visto a su hermano cuando la escuchó declarar en el juicio oral que terminó hace más de un año. Marta le confirmó que lo había visto con Rolando Jeckel en la avenida de la Felicidad; lo describió como un chico joven, flaco, alto. “Esto es lo que sé sobre los últimos días de mi hermano, pero no quiero terminar esta declaración sin referirme a la forma en que sabemos que asesinaron a Miguel y a tantos miles: quiero referirme brevemente a los llamados Vuelos de la Muerte”, explicó.

Los vuelos

Cuando escuchó el testimonio de Alicia Milia de Pirles, Liliana se quedó “estupefacta”, dijo. “Ella contó que hablaba a menudo con Alfredo Astiz y un día se animó a preguntarle por los centros de recuperación vinculados a los traslados. Fue entonces que el imputado le dio una explicación acabada de la solución final: ‘el mar nos ayuda, porque el río los había devuelto, pero en cambio el mar es duro, cuando los cuerpos caen se desnucan. Luego las orcas hacen lo suyo’. La testigo contó que ella preguntó por las orcas y el marino se puso a darle una clase. Esa fue para mí una de las más reveladoras referencias a lo siniestro, aquello a lo que yo no me quería aproximar y que había tomado el alma de mi madre, hasta hacerla enloquecer.”

En ese momento, Liliana, frente al Tribunal, habló de los vuelos, de lo que le costó empezar a pensarlos y de lo que todavía queda pendiente en la investigación. Pero también de lo que significa en términos personales y colectivos la idea de una justicia. “Señor presidente”, le dijo al juez Daniel Obligado. “Voy a decir algo políticamente incorrecto. Cuando salí de la cárcel, a los 29 años, no busqué justicia, no creía en la Justicia. Y no por haber estado siete años presa por una causa menor, de los cuales seis fueron a disposición del PEN, es decir de la suprema voluntad de los militares que también habían asesinado a mi hermano. No fue por eso que no creía en la Justicia, sino porque pertenezco a una generación que vivió en un país sin justicia, sin respeto al Estado de derecho, con golpes de Estado permanentes y la proscripción de la mayoría política y electoral, condiciones hoy inimaginables para nosotros. Como todos los jóvenes de mi generación no tuve la oportunidad de formarme en una cultura democrática. Creímos en la violencia revolucionaria en un país y un contexto donde la violencia y la violación de la ley eran el aire que respirábamos.”

A las nueve de la noche del 18 de marzo de 1977 la compañera de Miguel, María Luz Vega, cayó en una emboscada del grupo de tareas. Liliana contó algunos detalles durante la audiencia, a partir de una reconstrucción que pudo hacer en diálogo con algunos de los vecinos, datos claves hoy para la causa porque hay poca información. “Los impactos de bala aún pueden encontrarse en un mármol negro a la altura de Santo Tomé al 2983”, dijo. “La mayoría la vio tirada en el piso después de ser atravesada por fuego cruzado y observó cuando la colocaron en el baúl de un Ford Falcon. María Luz Vega tenía 18 años, está desaparecida, su cadáver nunca apareció.”

martes, 19 de febrero de 2013

Repudio: el embajador de Holanda acompaña a genocida de la ESMA

Comunicado de prensa - H.I.J.O.S. Capital
18/2/2013
Expresamos nuestro más enérgico repudio al apoyo brindado por el embajador de Holanda en Argentina Hein De Vries al genocida Julio Poch, piloto de los vuelos de la muerte, quien declaró hoy en el juicio por la megacausa ESMA.

El embajador De Vries presenció el juicio junto al público integrado por los familiares de los imputados, en el sector destinado a ellos y los acusados, en lugar de hacerlo en el sector destinado a la prensa, los familiares de las víctimas, los organismos de derechos humanos y el público en general. Pero no sólo optó por ubicarse ahí, sino que además saludó al imputado Poch, quien le agradeció ante los jueces la presencia en la sala durante su declaración indagatoria por delitos de lesa humanidad.

De Vries estaba, según Poch, para “monitorear” el juicio. Nos parece un hecho de gravedad institucional que no puede pasar desapercibido, porque agravia a nuestro proceso histórico de Memoria, Verdad y Justicia. El Estado holandés tiene la posibilidad de gestionar todo tipo de reuniones con las instituciones del Estado argentino pertinentes para resolver las cuestiones que crea necesarias: no precisa mostrarse junto a los asesinos de nuestro pueblo para evaluar un proceso judicial histórico, que es inédito en el mundo.

Lo que hizo De Vries es inadmisible: acompañó a un genocida y eso está agravado por su condición de funcionario público. ¿Debemos entender que Holanda apoya a los genocidas de la ESMA? Hasta que no haya una comunicación oficial que indique lo contrario, el mensaje que recibimos hoy los familiares de desaparecidos que estuvimos en el juicio es ese: Holanda acompaña a los genocidas que son juzgados en la Argentina.

Este comportamiento de un representante del Estado holandés se contradice con la actitud del pueblo de Holanda durante la última dictadura cívico-militar de nuestro país, cuando fue uno de los pocos países que denunció el terrorismo de Estado y dio difusión a los reclamos de las Madres de Plaza de Mayo en pleno Mundial de Fútbol de 1978.

Esperamos la inmediata reacción de Holanda ante este hecho por el cual los familiares nos hemos sentido agraviados. Vemos en este acto una falta de respeto enorme, no vista hasta entonces por representante alguno de ningún Estado.

H.I.J.O.S. Capital
Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio
www.hijos-capital.org.ar