sábado, 11 de agosto de 2012

Por qué Alemann puede terninar en la cárcel: “Yo vi entrar a Alemann a la sala de torturas de la Esma"

Carlos Lordkipanidse, ex detenido en la ESMA, describe cómo Juan Alemann ingresó al centro de detención para presenciar el interrogatorio de un matrimonio que luego desapareció. Las causas por las que podrían procesar al ex secretario de Hacienda de Videla. Su increíble defensa.

Por Walter Goobar
 
Juan Alemann, ex secretario de Hacienda de la dictadura de Jorge Rafael Videla y uno de los personajes más representativos del establishment que se benefició con el gobierno militar, visitó la sala de torturas de la Escuela de Mecánica de la Armada y se encontró con prisioneros engrillados y encapuchados. El mismo Alemann que en la edición anterior de esta revista formuló brutales declaraciones sobre la apropiación de menores y la tortura, sin mostrar ningún arrepentimiento sobre su participación en la dictadura, fue visto allí por un sobreviviente del horror. Este testimonio deja abierta la posibilidad, tal como reclama Estela Carlotto, de que sean puestos en el banquillo de los acusados y condenados aquellos civiles que hasta ahora salieron indemnes de los juicios por la época de la dictadura militar.
 
El testimonio corresponde a Carlos Lordkipanidse, un sobreviviente de la ESMA y militante de la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos que desde la época del Juicio a las Juntas viene reclamando –sin mayor éxito– que Alemann sea llamado a declarar en la causa ESMA y en la causa por la apropiación de menores. Lordkipanidse fue secuestrado el 18 de noviembre de 1978 y permaneció dos años y medio en la ESMA. Luego estuvo bajo libertad vigilada hasta que se escapó del país. Desde su primer testimonio en 1987, en el apéndice del Juicio a las Juntas Militares, y en noviembre de 2000, en la causa que investiga la existencia de un plan sistemático para apropiarse de los hijos de desaparecidos, Lordkipanidse ha denunciado la presencia de Juan Alemann en la ESMA. Este testimonio fue confirmado por Víctor Basterra, otro ex prisionero en el lugar 
 
“Alemann fue invitado a recorrer la ESMA por miembros de un grupo de tareas que se jactaba de haber atrapado a los presuntos integrantes de un comando montonero que habían perpetrado un fallido atentado contra su vida. Yo lo vi en un sector del sótano del edificio de oficiales que se denominaba Cuatro. Allí me crucé con Alemann cuando él estaba entrando a un sector llamado Huevera...”
–Esa era la sala de torturas y de partos de la ESMA...
–Sí. Sus paredes estaban recubiertas de envases de huevos para amortiguar los gritos de los torturados. También se usaba para proyectar audiovisuales. Alemann estaba acompañado por el jefe de operaciones, teniente Adolfo Miguel Donda Tigel, el teniente Fernando Peyón, el jefe de Inteligencia “Horacio” Lorenzon, el prefecto Ricardo Carnet, alias “Espejaime”, y el subprefecto Jorge Manuel Díaz Smith. Después de que Alemann ingresa a la sala de torturas, ingresa el detenido Orlando Ruiz y le hacen relatar detalles sobre el atentado que había sufrido Alemann en noviembre de 1979 por parte de un comando montonero.
 
–¿En qué estado estaba Ruiz en el momento en que lo exponen frente a Alemann?
–Yo escuché cuando lo llevaron desde el cuarto de interrogatorios a la sala de torturas y estaba encapuchado, esposado por la espalda y engrillado a los pies.
–¿Cómo fue que se encontró cara a cara con Alemann?
–Ese día hubo un movimiento no habitual dentro del sector. Para ese entonces, los únicos detenidos que hacíamos trabajo esclavo en el sector cuatro éramos Víctor Basterra y yo, que me desempeñaba en el laboratorio fotográfico. Ese trabajo me permitió tener la capucha levantada y verlo a Alemann. Había mucho movimiento de oficiales que iban y venían y un guardia me ordenó que no saliera del laboratorio. Después de un rato salí por la mía con la capucha levantada y me dirijo al comedor. En la puerta de la Huevera estaba Alemann. A mí me sorprendió porque era un personaje muy conocido en aquel entonces. Por otro lado, se destacaba por su estatura y por la vestimenta. Los integrantes de los grupos de tareas se vestían de civil y de sport. Este tipo estaba con un traje impecable y zapatos negros.
–¿Él lo saludó o lo miró?
–No. Me ignoró completamente. Es más: no creo que haya pensado que yo era un prisionero. No sé si se habrá dado cuenta de que tenía el tabique puesto a la altura de la frente en lugar de tenerlo a la altura de los ojos. Yo me di cuenta de que me había mandado una cagada grande como una casa al haber salido de ese lugar y que podía sufrir represalias y me metí en el comedor lo más rápido posible, pero la imagen me perdura hasta hoy. Lo veo al tipo entrando en la sala de torturas.
–¿Los marinos le dijeron algo?
–No, porque ellos sabían que lo que le iban a mostrar era una persona en una situación mucho peor que la mía. Lo pusieron frente a frente con un prisionero encapuchado, esposado y engrillado. A mí no me dieron pelota.
–Alemann niega haber estado en la ESMA pero admite que le mostraron “en forma privada” fotografías de fusiles Energa y FAL usados en el atentado perpetrado por Montoneros. ¿Usted preparó alguno de esos materiales?
–No. Pero sé que le expusieron material periodístico de la época del atentado. Eso quedó expuesto en caballetes en la Huevera. Recuerdo que estaba la foto de un periódico con la imagen de un Torino cuatro puertas, semidestruido por el impacto de un cohete en el radiador.
–¿Cuál fue el papel de Orlando Ruiz frente a Alemann?
–Ruiz había vuelto al país en la llamada contraofensiva de Montoneros. Pero Orlando no era parte de la estructura militar de la contraofensiva, sino de la estructura política. Cumplía tareas de agitación y propaganda, como la intercepción de los canales de TV. Pero Ruiz, su esposa Silvia Dameri, que estaba embarazada, y los dos hijos del matrimonio fueron la única captura que hizo la Marina en relación con la contraofensiva. Todo lo demás cayó en manos del Ejército o de la Policía Federal. A Ruiz le hacen exponer frente a Alemann sobre las circunstancias del fallido atentado contra su vida. Yo no creo que haya sido partícipe de la operación, porque no era integrante de la estructura militar.
El matrimonio sigue aún desaparecido y la beba nacida en cautiverio todavía no ha sido recuperada (ver aparte). Pese a que Alemann se manifestó siempre enemigo del almirante Emilio Massera y hasta denunció que intentó matarlo, no es descabellado que lo hayan invitado a la ESMA. Para la época en que fue, Massera ya había sido desplazado de la conducción de la Armada y esta fuerza quería congraciarse con los restantes poderes del gobierno militar.
–¿Cuánto duró la presencia de Alemann en la sala de torturas?
–No puede haber durado más de una hora.
–¿Sabe si lo llevaron a recorrer otras instalaciones de la ESMA?
–Estando en el sector cuatro, que está en el sótano, lo menos que le pueden haber mostrado es el sector del laboratorio y el sector de documentación. Seguramente debe haber estado en el Salón Dorado, ubicado en la planta baja que es donde funcionaban los sectores de inteligencia, logística y operaciones. Lo que no sé es si lo llevaron o no al sector de Capucha, que es donde se alojaban los detenidos.
–La mujer de Orlando Ruiz, Silvia Dameri, dio a luz en la ESMA en la misma sala donde estuvo Juan Alemann. ¿Qué puede saber Alemann sobre la apropiación del bebé de los Ruiz-Dameri?
–Tengo la certeza absoluta de que Alemann sabía que había una mujer embarazada en ese momento.
–¿Por qué?
–A cada prisionero se lo presentaba detallando su núcleo familiar. Cuando se lo presentaron le tienen que haber dicho que regresó al país con su mujer embarazada y sus otros dos hijos y que todos estaban detenidos. Esa era la práctica de rutina.
–Usted ha denunciado ante la Justicia la presencia de Alemann en la ESMA desde el Juicio a las Juntas. Si alguno de los jueces que nunca llamaron a Alemann a declarar le pidieran a usted que le formule las preguntas, ¿qué le preguntaría?
–Lo primero que le preguntaría es por qué no hizo la denuncia inmediata de que había una familia secuestrada en la ESMA. Él era funcionario público, lo cual lo compromete aún más. Después de haber visto a una persona secuestrada, encapuchada y engrillada, lo mínimo que debería haber hecho como ciudadano es una denuncia pública, porque en esa época la dictadura sostenía que los desaparecidos no existían. Este señor tuvo en su presencia, ante sus ojos, a un desaparecido y no lo denunció.
 
–¿Alemann puede tener información sobre el nacimiento de Laura Ruiz Dameri, que es la última beba nacida en cautiverio?
–Con toda seguridad.
–Aún hoy Alemann dice que la Marina torturaba por placer mientras el Ejército torturaba para sacar información. ¿Esta puede haber sido una impresión que él recogió durante su paso por la ESMA?
–Si él asevera eso, está falseando: no es cierto que la Marina torturara sólo por placer, aunque también lo hacía por placer. Eso no exime al Ejército de que ellos también lo hicieron por placer, más allá de querer sacar información.
Revista Veintitrés

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