domingo, 14 de septiembre de 2014

Los desaparecidos del proyecto Belén en el Bajo Flores

El 6 de agosto declaró Catalina Cassinelli de Lugones en el juicio por los crímenes de lesa humanidad cometidos en la ESMA durante la última dictadura cívico-militar. Fue la primera vez que se sentó ante un tribunal para ser escuchada. Cada vez que habla de su hijo César Armando Lugones y de su nuera María Marta Vásquez Ocampo, los nervios la traicionan. Los dos están desaparecidos.

María Marta tenía 23 años y César 26 al momento de su secuestro por una patota de uniformados. Con 91 años, Catalina le contó al tribunal que decidió declarar porque “se lo debo a mi hijo”. 

César Lugones y María Marta Vásquez de Lugones
Toda su familia fue atravesada por la violencia dictatorial. “Lita Boitano es parienta mía, se llevaron a sus dos hijos. Ana María Boitano es parienta mía, se llevaron a su hijo. Yo llevé a la morgue la horma de la dentadura de mi hijo que me dio el dentista para buscarlo y ahí me dijeron ‘no, acá hay una María Mercedes Lugones’, era hermana de mi marido”. Habían ido a la casa donde vivía con su hija y el esposo buscando a su nieto, que no vivía con ellos. María Mercedes estaba sola. “Me contó la encargada que tres días antes entraron a la casa, estuvieron tres días y el tercer día parece que alguien tocó el timbre. Eran dos chicos que no eran nietos de ella, y ella cuando sintió que tocaron les pegó un grito y ahí la mataron y balearon todo desde la puerta y mataron a los dos chicos que nunca supe quiénes eran”.

Cuando Catalina encontró el cuerpo de su cuñada en la morgue, avisó a sus sobrinos. Para retirarla debieron hacer trámites en la ESMA. “Y ahí fue la hija y la detuvieron, la tuvieron tres meses. Ella, pobre, no sabía nada, no estaba enterada de nada, después la soltaron. Lo que sí, se quedaron con un auto que era un 0km de ella, le dijeron que lo tenían que tener por todos los daños que ellos habían causado”.

María Eugenia Cassinelli, la abuela de Macarena Gelman y una de las doce fundadoras de la asociación Abuelas de Plaza de Mayo, es prima hermana de Catalina. “Fuimos una familia muy muy castigada en todo sentido”.

César era maestro y médico veterinario y María Marta psicopedagoga. Se conocieron en el Club Ateneo de la Juventud y se casaron cuando César se recibió en la facultad. Militaban en la “villa del Bajo de Flores, en la parte Belén, con Horacio Pérez Weiss –que era el hijo del director del Ateneo, Pérez Madrid–, con su señora Betty Carbonell y con Mónica Mignone. Todos chicos que yo conocía, que venían a mi casa, chicos excelentes, chicos de familia, chicos estudiosos, chicos solidarios”. Todos fueron secuestrados y continúan desaparecidos. “Ahí en Belén estaban el padre Yorio, el padre Jalics y la hermana Luisa del colegio donde yo me eduqué, que trabajaban todos juntos”.

“El 14 de mayo de 1976 hacía diez días que había fallecido mi marido de una larga enfermedad, de un cáncer de dos años. En horas de la madrugada se los llevaron de su casa, que vivían en Parque Chacabuco, en la calle Mitre al 1200. Lo que se presentaron, según dijo el encargado, se presentaron como gente del Ejército y se lo llevaron. De ahí no supimos más nada”. La familia se movilizó pero ningún hábeas corpus tuvo respuesta positiva. Tampoco estaban en las comisarias ni en los penales. “Y después el doctor Emilio Mignone y el papá de Marta, el doctor José María Vásquez, hicieron grandes averiguaciones y se enteraron que estaban en la ESMA. Ahí permanecieron no sé hasta cuándo, ni cómo ni…”.

jueves, 14 de agosto de 2014

Acerca de la resignificación de la ESMA y el proyecto de modificación del Casino de Oficiales

"Es como si un prisionero no sólo tuviese la intención de fugarse, cosa que tal vez fuese posible, sino que además, y simultaneamente, quisiera convertir la prisión en un suntuoso castillo para sí.
Si realiza la fuga, no podrá construir el castillo, y si lo construye, no podrá fugarse.

FRANZ KAFKA
PUBLICADO EN 1952

domingo, 3 de agosto de 2014

El museo ‘clandestino’ que se construye en la ESMA

Bloqueado por la Justicia por denuncias de Organismos de DDHH

El museo ‘clandestino’ que se construye en la ESMA
Tras recuperar el control del predio, el Gobierno avanza con un proyecto por el que ya otorgó dinero sin concurso.
Por Diego Rojas

Polémica por el proyecto museográfico | Foto: Cedoc Perfil

La Ciudad traspasó la ESMA al Gobierno nacional acompañada por Boudou, Cristina inauguró el museo de Malvinas

El pasado es un espacio de disputa. Así, la memoria se construye en los campos de batalla de la historia a través de mediaciones sociales, institucionales, estatales. Esta noción se puede percibir severamente al repasar el camino que recorrió el proyecto de Museo de la Memoria, que el gobierno nacional intenta erigir en el casino de oficiales de la ex ESMA, centro del mayor campo clandestino de exterminio de la dictadura. Hoy se encuentra interrumpido por orden de la Justicia, cuya Cámara de Casación debe expedirse por las objeciones planteadas por varios ex detenidos desaparecidos y organismos de derechos humanos. Sin embargo, el secretismo que rodea a la planificación museográfica –con cláusulas de confidencialidad para sus participantes– y la designación directa de sus realizadores plantean la posibilidad de que el Gobierno intente realizar una apropiación estatal de la memoria.

Extraña cláusula. El proyecto comenzó a materializarse en mayo de 2013, cuando se firmó un convenio entre la Secretaría General de la Presidencia de la Nación –a cargo de Oscar Parrilli–, la Secretaría de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia –encabezada por Martín Fresneda– y la Universidad de San Martín –cuyo rector es Carlos Ruta–, a la que la Nación le otorgaba 500 mil pesos, sin concurso previo, para desarrollar un proyecto museográfico en las instalaciones de la ex ESMA. El convenio incluía una extraña cláusula de confidencialidad sobre el proyecto y presentaba un escollo, luego superado, ya que en ese momento la jurisdicción del sitio pertenecía a un ente bipartito entre la Ciudad de Buenos Aires y la Nación, razón por la que no podían realizarse acciones unilaterales en tal lugar. Con la derogación del Instituto Espacio para la Memoria (IEM), esa dificultad estaría salvada.

La disolución del IEM contó con el rechazo de organismos de derechos humanos que denunciaron en ese momento un pacto entre el macrismo y el kirchnerismo para que el Gobierno usufructuara la memoria histórica de acuerdo con sus objetivos. Finalmente, la Legislatura porteña y el Congreso aprobaron la disolución del IEM y allanaron el camino para el proyecto museográfico, que estaría dirigido por la museóloga Alejandra Naftal, una ex detenida desaparecida que participó en varios proyectos de memoria.

Silencio stampa. “Le escribí a la curadora Alejandra Naftal y me explicó que por la cláusula de confidencialidad no podía dar a conocer el proyecto”, cuenta Hugo Vezzetti, académico y especialista en temas de memoria, autor, entre otros libros, de Pasado y presente. “Toda la historia del proyecto es de una irregularidad extrema, al punto que cuando se le pagó a la Universidad de San Martín el edificio todavía estaba bajo la órbita del IEM, que era administrado por la Ciudad y por Nación. Luego se disolvió y se emprolijó un poco más la cuestión, pero ya había comenzado irregularmente. Resulta extraño que se designe a una sola universidad para desarrollar un proyecto de esta naturaleza, sin abrir el espacio para la participación de otros actores, desde otras universidades, a especialistas y organismos de derechos humanos”. PERFIL se contactó con Naftal, pero no recibió respuesta.
Para que se allane el camino del museo, debía sortearse el inconveniente de la existencia del IEM, algo que se logró en una muestra de cómo funciona el “macristinismo”, denominación utilizada para señalar las asociaciones entre el PRO y el kirchnerismo cuando sus intereses convergen. Los legisladores macristas de la ciudad cedieron el control sobre el espacio de la ex ESMA sin mayor debate en una sesión en la que hubo incidentes debido a la presencia de organismos de derechos humanos que protestaban por el proyecto, que quitaba independencia para otorgarle todo el control del sitio al Ejecutivo nacional. Los debates también se reflejaron en el Parlamento nacional, donde la senadora Norma Morandini, del Frente Cívico cordobés, expresó su dramática oposición en la Cámara alta, replicada en Diputados por expresiones de la oposición, como Néstor Pitrola, del Frente de Izquierda, que habló de “la privatización de los derechos humanos”. De todas maneras, la disolución del IEM fue aprobada.

El relato. “Se trata de la ostentación de poder por parte del Gobierno para poder construir un relato propio del pasado histórico”, explica Carlos Lorkparnidse, miembro de la Asociación de ex Detenidos Desaparecidos y que interpuso un recurso de amparo para detener las obras del Museo de la Memoria en el campo de concentración donde él mismo estuvo detenido. “Hay que tener en cuenta los antecedentes del Gobierno en esta materia. Si fueron capaces de poner a Hebe de Bonafini junto a César Milani en la tapa de su revista, no me quiero imaginar lo que podrían hacer con el casino de oficiales”.

—¿Por qué objetan este proyecto museográfico?
—Hay varias razones. En el campo de la memoria, debido a la cláusula de confidencialidad, no podríamos aprobar o rechazar porque el proyecto era oficialmente secreto. Pero no sólo lo rechazamos organismos de derechos humanos. Originalmente iba a ser realizado por la Comisión Nacional de Monumentos, Museos y Lugares Históricos, pero fue rechazado por su carácter extemporáneo y faraónico. Entonces firmaron el convenio con la Universidad de San Martín. La confidencialidad del proyecto implica que no se den a conocer los presupuestos para la realización del proyecto, de elevadas sumas. Pero también implica inconvenientes jurídicos, ya que actualmente se está llevando adelante la megacausa ESMA, y hay víctimas que todavía no regresaron al campo de concentración, que debe ser preservado como espacio para el reconocimiento y elaboración de pruebas. Salvo Abuelas y el CELS, que convalidaron el proyecto de museo, todos los demás querellantes nos opusimos a que se realizaran las modificaciones y presentamos recursos para evitarlo.

Disney en Núñez. “La Secretaría de Derechos Humanos había pedido permiso al juez Sergio Torres para realizar el museo, pero las partes querellantes en gran mayoría nos opusimos a esta posibilidad y apelamos la propuesta, y se nos dio la razón para que no se innove respecto a ese proyecto”, explica Liliana Alaniz, abogada querellante y miembro de la Asociación de Profesionales en Lucha. “Ya en la causa ESMA la secretaría había dicho tenía el apoyo de los organismos e incluso proyectaban la participación de Víctor Basterra, un ex detenido que rescató material fotográfico del campo de concentración, pero Basterra mismo expresó su rechazo a que se modifique un lugar de prueba para la Justicia”, agrega.

Bautizado irónicamente “el Disneylandia de Fresneda” por Hijos La Plata –por sus características tecnológicas y el uso de efectos de luz–,  muestra el derrotero político de la memoria, bien social que hoy el Estado disputa para un uso funcional a los intereses del kirchnerismo, una de las formas más extremas de la construcción del “relato”, que no sólo modifica las pulsiones del presente, sino que también  acomoda las del pasado.

Secreto, como la seguridad presidencial

El polémico convenio con la Universidad de San Martín –firmado por el rector, Carlos Ruta; el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli; y el secretario de Derechos Humanos, Martín Fresneda, el 16 de mayo de 2013– establece la adjudicación directa de una partida de 500 mil pesos para “desarrollar un proyecto museográfico integral del Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio de la ex ESMA-Casino de Oficiales, a inaugurarse el 24 de marzo”.

El convenio prevé partidas adicionales para la realización del proyecto. La cláusula décima señala la “confidencialidad” del proyecto: “Las partes se avendrán a las pautas de seguridad y confidencialidad propias de la seguridad presidencial, manteniendo siempre el decoro y la reserva necesarias sobre toda información que por su naturaleza revista clasificación de seguridad. (...) La obligación de reserva o confidencialidad seguirá vigente aun después de concluido el presente”. El proyecto, elaborado por la curadora Alejandra Naftal y de circulación reservada, tiene 307 páginas y detalla los fundamentos del proyecto y sus necesidades técnicas ítem por ítem, aunque no adjunta un presupuesto. Ana Castellani, secretaria de Relaciones Institucionales de la Universidad Nacional de San Martín, señala que la partida de $ 500.000 se utilizó para pagar los honorarios de un equipo interdisciplinario de cerca de 30 profesionales y que una parte de esos fondos también se utilizó para elaborar la carpeta del anteproyecto museográfico. El proyecto se encuentra detenido por orden de la Justicia, que aguarda la resolución de la Cámara de Casación.

Informes: Jimena Andrade

domingo, 20 de julio de 2014

Leticia Locio declaró en la causa ESMA

Leticia Locio declaró en la causa ESMA

Leticia Eva Locio viajó desde Necochea para declarar en el juicio de la ESMA por la desaparición de su mamá, Norma Batsche Valdés, y el asesinato de su papá, Carlos Bayón. A Leticia los militares la secuestraron dos veces cuando era una niña de casi tres años, en diciembre de 1976. En ambas oportunidades fue devuelta a la familia biológica primero y después a un matrimonio amigo de su mamá. El viernes pasado recibió la citación del Tribunal Oral Federal 6 para declarar en el juicio que juzga a 65 imputados por delitos de lesa humanidad. Para este momento se preparó los últimos seis años y pensó que no iba a suceder.

Carlos y Norma eran militantes peronistas y se separaron cuando Leticia tenía un año, en 1975. Norma estudió Medicina en la Universidad de La Plata y trabajaba en el área de comunicación de la agencia clandestina de noticias ANCLA, que dirigía Rodolfo Walsh. En diciembre de 1976, Norma tenía 28 años y Carlos 25. Volvió a formar pareja con Flora Bagú. Los dos también trabajaban para ANCLA.

La mañana del 15 de diciembre de 1976, Norma y su hija Leticia salieron de su casa de Don Bosco y llegaron a la casa donde vivía Marta Delía García, la “Tía Pata”, en Avellaneda. Ahí las tres fueron secuestradas y trasladadas a la ESMA.
A las tres de la mañana del día siguiente un operativo militar irrumpió en la casa de la hermana de Norma, Carmen Batsche Valdés. La tía de Leticia estaba sensible por la desaparición de su hermana y porque tenía una beba de un mes. Los militares le revolvieron la casa buscando papeles y rompiendo cosas. También le hicieron un simulacro de fusilamiento. Después le dijeron: “Tome, acá tiene a su sobrina”. Y le entregaron a Leticia.

“Después del secuestro de mi mamá, Flora me contó que mi papá se aferró a mí, me llevaba a todos lados”, les contó Leticia a los jueces. El 23 de diciembre de ese año, un Grupo de Tareas de la ESMA interceptó en la calle a Carlos con su hijita. A él lo mataron en ese momento. Según testigos, en la ESMA, los militares se dieron cuenta que esa nenita de dos años y nueve meses, rubia y con rulos, ya había estado en la ESMA. Horas después los marinos le entregaron la nena a la familia Locio, amigos de Norma.

Cuando desapareció Norma, su hermana Carmen y la madre de ambas, Maximina, presentaron habeas corpus y buscaron información de su paradero. Las tres eran guatamaltecas. En 1954, Maximina huyó de su país con sus hijas a la Argentina. En 1982, la madre de Norma volvió a su país y fue secuestrada y desaparecida. Su caso forma parte del juicio contra el dictador José Efraín Ríos Montt, proceso judicial que empezó en 2013 en Guatemala.
“Los Locio me cuidaron y contuvieron. Nos tuvimos que ir a vivir a un pueblito de La Pampa. Los primeros tiempos yo vivía angustiada, tenía pesadillas. A los ocho años me anoté con su apellido y no lo cambié más”, dijo Leticia a Infojus Noticias. Durante toda su vida la mujer reconstruyó su historia y la de su familia, que no se limita a los lazos de sangre, sino a todos los que formaron parte de su vida.

Compañeros de militancia de Norma y Carlos
Después de 40 minutos de declaración, Leticia salió de la sala de audiencia acompañada por su marido Hernán. Se abrazó con su prima, la hija de la tía Carmen, que tenía un mes cuando los militares le destrozaron la casa. También saludó a Martina, la hija de Flora Bagú, que la fue a acompañar. Durante treinta años, Martina buscó a Leticia. Quería reencontrarse con esa niña con la que jugaba con “botones”, imitando el trabajo de su mamá en Ancla. “Tenía otro apellido, por eso no la encontraba”, le contó a Infojus Noticias Martina.

También la esperaban dos hombres, compañeros de militancia de sus papás: uno era Carlos Loza, de 60 años, que estuvo secuestrado los mismos días que Norma en la ESMA. El otro era Teobaldo Altamiranda, de 83 años, que la apretujó apenas pronunció su nombre. Con los ojos cerrados y llenos de emoción le contó que había sido compañero de su mamá y que cuando Leticia era bebé él la tuvo muchas veces en brazos. Después, en la confitería del noveno piso de Comodoro Py, le susurró algo que solo Leticia escuchó y asintió. Teobaldo fue parte de la Resistencia Peronista y uno de los pilotos del avión que trajo a Juan Perón en su regreso al país, en 1973. Además, es un Abuelo de la Plaza de Mayo: su hijo Rubén Omar, militante peronista, fue secuestrado el 13 de enero de 1977, a los 24 años y está desaparecido.

Estos últimos días, Leticia los repasó mentalmente para contarle su historia a los jueces. También seleccionó fotos de sus familia. En la audiencia mostró una en la que ella está en brazos de su papá y en otra en una plaza con su mamá. A Infojus Noticias le contó que también estuvo ocupada organizando el cumpleaños de su hija de cuatro años.
Al final de la audiencia, el juez Daniel Obligado le ofreció a la testigo decir unas últimas palabras. “No me parece justo tener como primer recuerdo el de mis padres muertos. Es espantoso. Me parece muy importante esta posibilidad de declarar y contar lo que me pasó”, dijo con un hilo de voz.

martes, 17 de junio de 2014

TESTIMONIOS. "Ni olvido ni perdón: quiero condena individual y social a tanta infamia"

Fue la exigencia de Elena Monti en la audiencia de hoy. También declararon Dante Barcos, Claudia y Mónica Dittmar, Juliana Abriata y Lidia Frank.

Los casos de la familia Donadío

El testimonio de Elena Monti
Su madre, Ana Catalina De Monti, apareció asesinada, tras ser secuestrada de su casa. Su compañero, Ricardo Sáenz (510), y su primo, Alberto Donadío (467), siguen desaparecidos, tras haber estado en la ESMA.

Sobre Clarín
Elena relató los daños que sufrió su familia, causados por el terrorismo de Estado de la última dictadura cívico-militar. Luego contó que “el 22 de junio de 1983 tuve que leer una noticia publicada por el diario Clarín, que se titulaba: `No hubo irregularidades en la morgue´. Decía que lo había establecido la Cámara, después del estudio de 106 casos. En esa nota estaba mi madre. También decía que había sido muerta en un enfrentamiento. Yo me pregunto todavía qué pasó con esas dos informaciones. La autopsia decía `paro cardio respiratorio´ y el diario Clarín decía que había sido una subversiva y que no había habido irregularidades en la morgue”.

“El Topo” 
Así lo apodaban a Ricardo. Fue Lázaro Gladstein (caso 507) quien le contó a Elena que Ricardo “estaba muy enojado y triste por la muerte de mi mamá, que él sabía lo que le había pasado, que la habían torturado y que se había quedado en la tortura. También me cuenta que cuando los llevan a todos a la isla del Tigre (“Del Silencio”), y al regresar se dan cuenta de que El Topo no estaba allí, lo primero que hacen es preguntar por él, porque él había sido muy importante para los compañeros. Él había podido tranquilizarlos, hacerlos reír un poco, había logrado algunos beneficios de parte de algunos guardias. Me dicen que cuando regresan de la isla del Tigre preguntan por El Topo y un guardia les dice que se había puesto muy loco y lo tuvieron que mandar para arriba”.
Antes de finalizar la audiencia, se exhibió la foto de Ricardo y Elena cuenta que “es el de la izquierda, el de la sonrisa, yo me quedé con la sonrisa”.

Las consecuencias en las familias

Elena pidió referirse “un poquito a las consecuencias que yo siento, además de la desaparición de los seres queridos, las consecuencias que yo sufro son familiares. Es el día de hoy que no me relaciono con mi hermano, porque él piensa que soy responsable de lo que le pasó a mi madre. En lo laboral, estuve 10 años sin poder laburar de lo que había estudiado y era mi vocación. Me jubilé en el año 2010 como docente”. Luego se refirió a su hijo, Martín: “sufrió indiscutiblemente, lo que a esa altura de la vida no se le puede explicar a nadie. Sentimos tanto miedo, tanta inestabilidad, no teníamos lugar donde vivir, donde estar. Eso le provocó una complicación en su desarrollo emocional, que fue superando a lo largo del tiempo, luego de un costoso tratamiento. Por suerte hoy es un hombre bueno, que no buscó venganza, pero que se perdió vivir con un padre como el que tuvo. Si mis seres queridos hubiesen tenido el juicio que le dan a los asesinos, la historia hubiera sido diferente”.
“Lidia”
“Agradezco que me ayuden a dar visibilidad a esta mujer, porque para nosotros fue un terrible misterio. En su declaración, Liliana Pellegrino comenta que se encontraba en el lugar con una mujer, que era fonoaudióloga, que después supo que su apellido podía ser Batista, que tenía dos hijos, que su esposo trabajaba en un negocio familiar en la calle Florida. Yo agradezco poder decir que Lidia era parte de esta familia, de nosotros. Cuando leo el testimonio, leo lo siguiente, que es que ella no sabía cómo contactarse con la familia y va contando lo que pasó con Lidia. Era el 7 de diciembre, la vienen a buscar, la llevan a Lidia para liberarla. La van a liberar. Al rato la escucha llorar. Reconoce el llanto, le pide al guardia que por favor la deje hablar. Le cuenta que estaba muy triste porque estaba preocupada porque no podía dormir. La pararon contra la pared. Le dispararon un dardo en la ingle, y le muestra un agujerito negro y un moretón. Le pregunta a un guardia y Lidia le comenta a Liliana Pellegrino que como ella tenía problemas de insomnio, tomaba 15 miligramos de Valium todas las noches, que se había despertado en un lugar rodeada de muchos otros compañeros que estaban vomitando, tosiendo, que les dice a los guardias que estaba despierta, le pegan y la llevan a ese lugar con Liliana”.

Para finalizar, Elena dijo: “Voy a hacer mías unas palabras que dijo Liliana Pellegrino. Nunca les voy a perdonar el tiempo que me robaron con mi hijo. Cuando sobrevivir es tan difícil y soñar y reír nos cuesta tanto, pienso en vos y quisiera regresarte, haberme hundido yo en ese espanto. Dame ese perdón tan necesitado. Me enseñaste la entrega y el cuidado. Con ese capital, me abandonaste y no pude avanzar a ningún lado. Siempre te vi valiente, festejando con alegría y afecto. Cuántas cosas me quedaron pendientes de decirte, honrarte. Fuiste y sos mi luz. Entregaste tu vida para dejarme a salvo… eso fue lo que nunca he merecido… no he podido lo suficiente con lo que hicieron esos desalmados. Gracias mamá por ser tan generosa. Ni olvido ni perdón: quiero condena individual y social a tanta infamia”.

Los casos de Claudio César Adur y Bibiana Martini (785 7 786)

El “Turco”, quien era periodista, y Bibiana fueron privados ilegalmente de la libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, el 11 de noviembre de 1976 a las 4:00 horas, en su domicilio, en la Ciudad de Buenos Aires. El operativo fue realizado por al menos diez personas vestidas de civil, fuertemente armadas, quienes se movilizaban en dos vehículos: una camioneta verde oliva y un auto Ford Falcon. Las dos víctimas fueron llevadas a la ESMA, donde permanecieron en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida, con los números 49 y 50. Claudio y Bibiana siguen desaparecidas.

El testimonio de Dante Raúl Barcos

El testigo contó que “estaba cursando el colegio secundario nocturno y compartía el departamento con un compañero del trabajo y un amigo”. Se fueron a dormir cerca de la medianoche y a las pocas horas sonó el timbre: “mi amigo se levantó y cuando fue a abrir se encontró con un fusil que le pusieron en la cara y le hicieron abrir la puerta. Me despertaron con dos ametralladoras en la cara. No sabía qué pensar. Después de muchos insultos y gritos, me hicieron vestir y caminar con un bastón. Me sacaron el bastón y me hicieron bajar por el ascensor. Se escuchaba mucho silencio”. Dante declaró que después de caminar por la calle, lo subieron a un auto, y lo llevaron a un lugar, con los ojos vendados. Al llegar al destino, le asignaron el número “098”. “Me dijeron que escribiera todos los nombres de las personas que conocía vinculadas con gente que andaba en cosas así, `guerrilleros´ los llamaban ellos. No tenía idea de nada de eso. De la forma en la que me lo pedían, parecía que significaba un problema para mí. Después, ha pasado tanto tiempo que no sé precisar si fueron horas, si fue en el mismo día o en el siguiente, porque se pierde la noción total del tiempo, me llevaron para arriba, por un ascensor”, sostuvo el sobreviviente.
Luego narró que en ese lugar le dijeron que él conocía a Mónica, pero que recién supo quién era un rato después, cuando el guardia le levantó la capucha y “vi a varias personas, a mi amigo (Mario Salvatierra) y su novia, que la conocía de haberla visto algunas veces, y había otra chica, que era Mónica (Laffitte de Moyano, caso 671), ahí conocí quién era Mónica, pero no la conocía de antes”. Dante recordó que escuchó a Mario y a Claudio Adur conversar ahí, ya con las capuchas puestas nuevamente, sobre Filosofía. “Claudio Adur le decía a Mario que los griegos eran los culpables de todas las confusiones del Occidente, por eso me quedó grabado”.
Un aniversario en la ESMA 
“Hay algo que me llamó la atención, fue muy emotivo por las circunstancias en las que estábamos. Nos daban de comer un miñoncito chiquitito con un churrasquito. Yo me comía hasta las miguitas que se caían al piso. Este muchacho (Claudio Adur) había juntado las miguitas y había fabricado un muñequito, que no sé qué simbolizaba, pero estaba conmemorando una fecha de pareja, entonces le regaló a ella ese muñequito que había construido. Fue tan emocionante, que nos hizo olvidar por un momento el mal momento que teníamos”, recordó Dante.

El testimonio de Claudia Dittmar, cuñada de Hernán Abriata
“El sábado 30 de octubre estábamos durmiendo en la casa de mis padres, mis hermanos, los familiares de Juliana Abriatta y yo. A las 2:00 de la madrugada suena una explosión que rompe parte de los vidrios de la casa. En ese momento, todos habían salido y quedamos dentro de la casa Juliana y yo. Por ser militantes de la UES, teníamos material, revistas y volantes. Le dije a Juliana que teníamos que esconder esa documentación. Vimos que había personas en la terraza. Nos aproximamos a la última habitación. Había una cantidad de uniformados con armas largas”, recordó Claudia.

Luego contó que, ante la insistencia para que salieran de la casa, “Beti, la mamá de Juliana, dice que esperen, que éramos sólo unas nenas, que ya íbamos a salir. Intentamos romper el montón de revistas y volantes, pero no pudimos. Lo meto en el caño del inodoro. Cuando salimos a la calle, nos apuntan con un arma en la cabeza”. Durante el operativo pudieron escuchar que buscaban a Hernán Abriata (caso 115). 

Después de un rato, los atacantes se fueron de la casa. Al día siguiente, la familia supo que “acaban de llevarse a Hernán”, contó Claudia. “El lunes yo iba al Liceo 9, por la tarde, fui a la escuela. En la esquina me para Javier Urondo y me dice que no puedo ir a la escuela, que tengo que dejar la escuela. Faltaba sólo un mes para terminar el año. Fui con él a su casa, vivía con su mamá, Graciela Murúa. Me quedé con Javier dos semanas, hasta que un día Chela nos dice que Claudia Urondo y el Jote habían caído y había que levantar la casa. 

Los casos de Adriana Gatti (caso 683), Ricardo Carpintero Lobo (249), Eduardo Testa y Norma Masuyama

Claudia habló sobre Ricardo, porque había sido novia de su hermano Pablo, y acudió a él en busca de un lugar para quedarse. Así fue como estuvo durante un tiempo en la casa de una prima de ellos. Luego, Ricardo fue secuestrado. Su compañera, Adriana, se mudó con Norma y Eduardo: “El 8 de abril de 1977 son baleados los tres”. Adriana y Norma estaban embarazadas de 8 meses cuando fueron asesinadas. El certificado de defunción de Adriana decía que tenía una “herida de bala en la cabeza, otra en el abdomen y otra en el pecho”. 

El testimonio de Mónica Dittmar, compañera de Hernán

La testigo relató que estaban con Hernán en la casa, cuando alrededor de las 2:30 horas de la madrugada “golpean la puerta y escuchamos la voz del padre de Hernán diciendo: `Es papá´. Hernán se levanta, tiran la puerta. Tito venía esposado, lo traían con un antifaz que le cubría la vista. Me levanto. Lo ponen en un rincón, a mí también. Veo pasar a varios hombres vestidos de una manera extraña, con chaleco, municiones, armas largas, boina”.
“Se lo llevan (a Hernán)”, contó Mónica, quien pudo ver a “esta persona, que me dice que es de rutina, que al día siguiente íbamos a tener información y datos. Veo un carnet verde con la foto de él, lo miro, miro la foto, lo miro a la cara y me dice: `Soy el subinspector Mario Alfredo Sandoval, estoy en la Superintendencia de Seguridad Federal, al mediodía pueden tener información”. Mario Alfredo Sandoval  - Apodado “Churrasco”, fue oficial de Coordinación Federal. Días atrás se aprobó el pedido de extradición desde Francia, pero para ser juzgado en la Argentina solamente por el caso de Hernán Abriata, quedando excluidos los de las otras más de 600 víctimas por las que está acusado.

La carta de Hernán
“La traje”, dijo Mónica, en referencia a un escrito que le entregó una persona, que dijo que ser un guardia “que se había encariñado”. “Es su letra, muy amorosa, cuánto me extraña, me quiere, a su familia, mis hermanos. Hay partes tachadas, que hemos tratado de ver si decía algo, pero están tachadas. Termina diciendo que me vaya bien en la Facultad, que cuide a mis hermanos. Manda besos y cariños para la familia. Es una carta muy amorosa”.
Testimonio

“Traje fotos. Quiero disfrutar este testimonio. Fueron muchos años de pensar que uno puede llegar a este momento, por los compañeros, por Hernán, por todos. Es muy importante. Decirme que estoy leyendo es una falta de respeto al testigo. Vine con mis fotos, cuento la historia que me pasó a mí, nadie me la tiene que contar”, dijo Mónica como respuesta a uno de los abogados defensores, quien le preguntó si estaba leyendo su declaración.
Luego, a pedido de la testigo, se exhibió una foto de Hernán Abriata, quien tenía 24 años de edad cuando fue desaparecido.
“Sobre todo por los compañeros, por todos los que no tienen historias, los relatos, los testimonios: pido justicia, que llegue pronto. Muchos compañeros y familiares ya estamos viejitos”, dijo Mónica al concluir su testimonio.

El testimonio de Juliana Abriata, hermana de Hernán
Juliana relató el mismo hecho que Claudia Dittmar y también identificó a Sandoval como miembro del operativo en su casa. “Pasaron mucho años sin hablar de esto, parece que la memoria quiere apagar todo. A mí se me apagó mucho, pero con esa reapertura fui recordando en estos años todas las caritas de estos chicos. Era toda gente muy buena, que quería hacer un mundo mejor.  Supongo que deber haber pasado con todas las familias que sobrevivieron: nos destrozaron, nos transformaron en personas tristes, enojadas, quedamos muy heridos. Esta semana vi unas fotos de Adriana Gatti y de su compañero, me acordaba las caras de ellos. Agradezco que se esté haciendo el trabajo de ustedes, que no los borren. Lo único que querían era una Patria justa y soberana. A los que mataron, a todos estos 30.000 compañeros que mataron, militaban por amor, no nos olvidemos”, dijo al finalizar. 

Los casos de Ricardo Alberto Frank, Laura María Mina y Sergio Antonio Martínez (479, 480 y 481)
Ricardo era estudiante de Arquitectura en la UBA, oriundo de Trenque Lauquen. El 10 de noviembre de 1978, pasada la medianoche, fue privado ilegalmente de su libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, en la casa en la que vivía con su madre, Lidia Juana Antonia Huarte de Frank, en la Ciudad de Buenos Aires. Ricardo fue llevado a la ESMA, donde permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida y sigue desaparecido.

Laura y Sergio, apodado “Yoyi”, fueron secuestrados en el mismo lugar, horas más tarde. Ambos fueron llevados a la ESMA. Laura fue liberada, pero Sergio sigue desaparecido.
El testimonio de Lidia Frank, hermana de Ricardo
“En ese momento yo pensé que no lo iba a ver más a mi hermano, porque si bien en Trenque Lauquen ya había habido desapariciones, yo recordé la última conversación con mi hermano, en el último viaje que hizo en agosto. Los estudiantes desaparecen y no aparecen, dijo”.
Ricardo

Él tenía 21 años de edad cuando fue desaparecido y llevado a la ESMA. Su sobrino, hijo de Lidia, ya tiene 36: “tiene los años de su secuestro”, dijo Lidia en la audiencia. Luego leyó la última carta que le escribió Ricardo y además de las fotos compartió recuerdos: “tocaba la guitarra y se reunía con sus amigos”.
“Yo recalco la importancia del testimonio de hoy, porque es la primera vez que se toma como caso el de mi hermano”, dijo la testigo, y luego habló sobre las “consecuencias de esa desaparición en la familia, porque si bien fue hace 36 años, fue para toda la vida”. 
“Quiero dedicar mi declaración y mis años de militancia a los sobrevivientes, que son los que nos trajeron la verdad. Al Estado le pido que se haga justicia. Nosotros vamos a seguir luchando por la memoria, la verdad y la justicia. La justicia depende de ustedes, señores jueces”, dijo Lidia y luego pidió leer un escrito de su hermano.

lunes, 16 de junio de 2014

La lucha que me parió: Declaró Lidia Frank (AEDD)

Lidia Frank declaró por primera vez por la desaparición de su hermano Ricardo. Batalló durante más de treinta años para conocer la verdad y para que los culpables vayan a la cárcel. El miércoles habló para el futuro, para las próximas generaciones, transmitiendo el mensaje de Riki. Crónica de una declaración y de los hechos.

Por Federico Tártara para Diario Nep

 Lidia aparece en el hall de los tribunales de Comodoro Py al 2002, casi de la mano de sus compañeras, entre ellas está Claudia María Bello. Se la nota nerviosa: será la primera vez que va a declarar en una causa por la desaparición de su hermano. Luce una campera negra y con un fino pañuelo cubre su cuello. Pese a la intranquilidad, suelta sonrisas a cada paso. Es miércoles 10 de Junio y llueve a baldazos en Capital Federal. En la vereda hay unos 4 móviles de televisión, más unas 10 cámaras, más cables y antenas, que no cubren el juicio Esma III, sino el hipermediático caso Boudou.

Ahora la mujer habla en las escalinatas, pausado, concentrada. Recorre el hilo de los senderos de la memoria y se remonta a los tiempos trágicos para ella y su familia, después del Mundial 78, cuando hacía sólo 5 meses que era mamá. No se pierde detalle y tampoco se priva de conversar con todos: con los periodistas, con sus compañeros, hasta con Pablo Llonto-reconocido abogado y periodista- que se escapa unos minutos de alguna audiencia. Habla y, claramente dice: “voy a hablar de la Memoria. Yo encaré mi dolor hacia la búsqueda y hacia la Memoria”.

Luego, sube al Sexto piso de los tribunales, más tarde bajará hasta el primer subsuelo. La sala donde deberá declarar es cerrada, como un cubo de madera. Los cuatro jueces integrantes del tribunal están casi pegados al gran cortinado marrón de fondo. Detrás de ellos, bien arriba, se proyectan las palabras de los fiscales, abogados y testigos. Su atril es un poco más amplio que los demás, él micrófono le dará justo en sus labios y desde allí dirá su verdad.

Antes de ingresar a participar de un hecho definitivo en su vida, Lidia dice que va “enmarcar su declaración en tres ejes: como fueron los hechos; las consecuencias que tuvieron en la familia, las búsquedas; y finalmente el trabajo sobre la memoria que se realizó especialmente en Trenque Lauquen”.

Su hermano Ricardo “Riki” Frank, fue secuestrado por fuerzas militares de su departamento de la calle Serrano 1720 –hoy Borges-en Palermo, el 10 de noviembre de 1978. Pocas horas después, del mismo hogar, se llevaron a Sergio Antonio “Yoyi” Martinez, amigo de toda la corta vida.

Un día antes, cerca de las 3 de la tarde, en San Justo, La Matanza, fue secuestrado Francisco Natalio “Títin” Mirabelli mientras aguardaba un colectivo para dirigirse a su trabajo a Capital. Dina Nardone, entrerriana, pareja de Titin, también fue trasladada al Centro Clandestino de detención que funcionaba en Avenida Libertador: La Escuela Mecanica de la Armada (ESMA). Allí soportaron las torturas y el cautivero. Los sobrevivientes del horror lo recuerdan como el grupo de “los chicos de Trenque Lauquen”. Mantienen en su memoria las canciones y las bromas que se jugaban, para soportar tanto dolor.

El juicio es la tercera parte de un largo proceso que se inició en 2007, con el único imputado Hector Antonio Febres, luego procesado y finalmente condenado. Algo, paso. Algo no gusto y la señal fue clara: Febres apareció envenenado con cianuro en una celda de máxima seguridad.
 
A fines del año 73, varios jóvenes discuten a viva voz y en pleno café del Hotel Simón con un viejo peronista de la ciudad de Trenque Lauquen. Entre ellos están Yoyi, Riki, Abel, Titín. Hablan del regreso de Perón, de la lucha armada y de los movimientos de liberación. Meta charla se atreven a todo lo políticamente incorrecto. Hasta le sueltan, rebalsados en rebeldía, al peronista Antonio Juárez, el planteo de lo “autoritario” que es Juan Perón.

También, estos pibes  que cursan los estudios secundarios en los colegios Comercial, Nacional y Di Gerónimo, se juntan en largas mateadas y noches de bar por una cuestión de amistad y afinidad, por gustos musicales y culturales. Por esos días, la militancia política, pasa por algunas pintadas que celebran la primavera camporista que, por supuesto, también tocó a Trenque Lauquen.

Poco tiempo después los jóvenes parten a estudiar a Capital y a La Plata. Atrás quedan las experiencias en las aulas del colegio Nacional. Las bajadas de líneas en contra del Cordobazo del rector Lucas “El “petiso” Aramburu, al que apodaban  “quinientos pesos” o “media luca”, autoridad que ingresaba todos los días a los cursos a hablar en contra de las manifestaciones de liberación.

Otro punto clásico de encuentro en una ciudad que despertaba, era el boliche Makarius, ubicado a la vuelta del hotel Simón, sobre la calle Oro. Los fines de semana eran momentos de baile y discusión, besos y caricias. Titín con su timidez. Riki y Yoyi, riendo como siempre. Las hermanas Robles. Y también Omar Olaechea, nacido en Santa Rosa, trabajador del Diario La Opinión, quien desapareció en Córdoba, y fue visto en el centro clandestino de detención “La Rosa”.

Todos los jóvenes que se encuentran desaparecidos de Trenque Lauquen: Robles, Manazzi, Petina, Sangla, las hermanas Nora y Susana Larrubia, Alicia Cabrera, Frank, Martinez, Mirabelli, los hermanos Changazzo, y su Papá, vivieron de uno y otro modo, esa ciudad donde todo lo que se pensaba era posible.

Los hechos

Jaime Torres se prepara para cantar, acomoda su guitarra y luego rasga, concentrado, afinando la criolla. A miles de kilómetros del lugar, luego de comer y cuando no falta demasiado para la cama, la calma está presente en el departamento de Serrano 1745, planta baja, “A”.

Lidia Frank (M) y Yoyi, se ubican frente al televisor. Lo llaman a Ricardo, que venga, que mire a Torres. El ya lo ha visto con Lidia en el teatro, han paseado mucho en esos días. Riki anda entre planos, terminando entregas sobre el noviembre de fin de año. Pero Jaime lo puede y el estudio puede esperar.

Han pasado quince minutos de la medianoche y desde la habitación del portero alguien llama. Ricardo atiende, escucha el pedido de portero, y sale. Una vez afuera, ve efectivamente al portero, pero con el detalle de que lo acompañan un grupo de cinco personas vestidas de civil y fuertemente armadas. Dicen ser personal de la Policía Federal y que “están realizando un procedimiento de rutina por drogas”. La mentira no dura ni medio segundo. Los uniformados lo amenazan, le hacen abrir la puerta, y lo conducen rápidamente al departamento, que está en la planta baja al lado de la puerta de entrada. Se mueven rápido: encierran a Lidia, la mamá, en una de las piezas. Ricardo, atónito, no se resiste, y Yoyi menos.

Eugenio Figueroa, vecino, se sobresalta de su cama por los ruidos y se dirige al balcón de su departamento, unos pisos arriba.  Desde ahí observa como a Riki se lo llevan encapuchado, con la cabeza gacha, rumbo a un Ford Falcón estacionado del lado de enfrente.

Todo sucede en nada. Lidia y Titin quedan absortos. En minutos una sobremesa pasó de la tranquilidad a la incertidumbre total. Ambos se interrogan una y otra vez. En la desesperación, concluyen: hay que ir a la policía.

Con lo puesto salen del departamento, rumbo a la comisaría de la zona, pero en el hall de entrada del edificio se encuentran con Eugenio, que ya está con su compañera: Laura María Mina. Comentan, hablan, actúan rápido: deciden que hay que llamar a un abogado, alguien, que les diga que hacer. Entonces, se dividen: Lidia Frank (M) y Eugenio van en busca del teléfono; Yoyi y Laura se quedan en un bar.

Tras recibir instrucciones de un abogado, la mamá de Ricardo y su vecino, recorren distintas comisarías. El breve, pero intenso peregrinaje, no arroja resultados positivos. Pese a que la detención fue realizada por policías de civil, en sus instituciones no hay respuesta. Deciden regresar al departamento, a encontrarse con Yoyi y Laura, que ya deben estar allí.

Cuando llegan a su casa, no están los jóvenes. Pero sí están los policías de civil. Son los mismos de hace un rato.  Dicen que todo fue “un error” que al que buscan es a Sergio Antonio Martinez, “Yoyi”. Van, entonces, a buscar a los jóvenes, junto con los uniformados, pero cuando llegan, ellos ya no están en el bar.

Ahora, en silencio, Yoyi y Laura entran en el departamento, muy lejos está en sus pensamiento que en pocos minutos estarán encapuchados en la ESMA.

Laura, quien fue liberada a las 6 de la mañana, mientras estuvo secuestrada pudo escuchar el funcionamiento de un equipo de radio y varios maquinas de escribir, entre ese ruido, también pudo oír cuando “Yoyi”, dijo claramente su nombre: Sergio Antonio Martinez. Laura fue acompañada por dos policías de civil nuevamente a su departamento. También fue interrogada la mamá de Ricardo, por las actividades sociales de su hijo. Antes de que pueda culminar con una frase, los uniformados le dijeron que “Ricardo Frank era montonero”.

A las 3 de la tarde del día 9, en la localidad de San Justo, Provincia de Buenos Aires, fue secuestrado Natalio “Titin” Mirabelli mientras esperaba el colectivo para ir a Capital. Atrás ha quedado el choque que le sucediera algunos meses atrás y la documentación que consigna su domicilio en la calle Serrano de Capital Federal.

El matrimonio Ledesma, vecinos de la calle Terrada, dicen que alrededor de la medianoche, personal policial entró a su casa rompiendo la cerradura y se llevaron papeles y un mimeógrafo.

Dina Nardone, pareja de Titin, que vivía en una pensión de Capital, fue secuestrada cuando realizaba averiguaciones acerca del paradero de los jóvenes. Según testimonios de sobrevivientes, en un acto de amor eterno, siguió a su amor, hasta el final.

Según las declaraciones de Liliana Pellegrino, Amalia María Larralde, Claudia Bello,  Ángel Strazzeri, Cachito Fuckman, entre otros, los jóvenes fueron vistos en distintos lugares de la Esma, hasta por lo menos Enero de 1979. Desde entonces, se desconoce su paradero.

Las verdades

La sala para el público tiene cuatro filas de asientos que están colmadas, en la primera están las compañeras de Lidia. Su declaración se ha atrasado un poco, son varios los testigos que declaran en este día en la Causa Esma III; donde se juzgará a 65 militares y 2 civiles, y que incluye más de 750 casos de personas que fueron desaparecidas por la última dictadura militar. Ambas salas están separadas por un vidrio grueso y unas puertas cerradas en cada lateral. Hay sonido dentro de la sala y también afuera, ninguna palabra se escapa: todo queda en la memoria.

Finalmente a las 16.45, Lidia ingresa en la sala. Realiza una declaración ejemplar. Va enunciando todos los puntos, los hechos, las búsquedas, las peregrinaciones. Muestra fotos de marchas, de las esculturas que están las plazas, de los banners que hicieron el año pasado. La defensa de los militares, le objeta su declaración, literalmente expresan “no sabíamos que se podían traer panfletos”.

Está presente el represor Ricardo Miguel Cavallo. Represor. Hijo de Puta. Torturador. Lidia lee escritos de Ricardo. Hermosos. Derrumban todas las paredes, abren los techos de los tribunales y se pierden en el cielo gris, ya sereno.

viernes, 13 de junio de 2014

Un periodista al servicio de la dictadura

La declaración indagatoria de Adustín Bottinelli, ex director de la revista Para Ti
Bottinelli compareció ayer por la entrevista apócrifa a la ex detenida-desaparecida Thelma Jara de Cabezas que en 1979 publicó la revista de Atlántida. Le echó la culpa al fallecido Aníbal Vigil, uno de los dueños de esa editorial.

 Por Gustavo Veiga

Agustín Bottinelli es un periodista que quizá pase inadvertido por su nombre, pero no por el delito que se le imputa. A los 65 años, ayer ingresó acompañado por un defensor oficial a los tribunales de Comodoro Py. Había conseguido postergar su declaración indagatoria hasta que se vio obligado a comparecer para responder por el papel que cumplió durante la última dictadura. Sus dilaciones procesales agregaron años a los años de una causa donde se investiga si le cabe responsabilidad penal al ex editor de la revista Para Ti, la publicación de Editorial Atlántida, por una entrevista apócrifa a la ex detenida-desaparecida Thelma Jara de Cabezas.

El periodista, un hombre de 30 años cuando conducía la revista, declaró que desconocía lo que sucedía en la Argentina para la época del reportaje fingido titulado “Habla la madre de un subversivo muerto”, y que salió en el número 2983 del 10 de septiembre de 1979. Además, deslindó responsabilidades sobre su publicación y se las atribuyó al fallecido Aníbal Vigil, uno de los dueños de Atlántida. Pidió también medidas probatorias para su defensa, como que el Juzgado Federal Nº 12 a cargo de Sergio Torres cite a declarar a los periodistas Mario Mactas y a la jefa de redacción de Para Ti, Lucrecia Gordillo, además de a otros integrantes del staff.

Jara de Cabezas lleva treinta años reclamando justicia por este caso. Es la madre de Gustavo, su hijo de 17 años secuestrado y desaparecido el 10 de mayo de 1976 en una plaza de Martínez. En 1984 presentó su primera denuncia contra los responsables civiles de la maniobra pergeñada junto a los grupos de tareas de la ESMA, donde estuvo detenida.

La entrevista adulterada se la realizó un tal Américo Cerritti, en una confitería de Figueroa Alcorta y La Pampa, en el barrio del Bajo Belgrano. La habían sacado antes del centro clandestino de la Armada vigilada por una patota que lideraba el represor Ricardo Miguel Cavallo.

Le hicieron decir en la nota publicada en 1979, cuando Jara de Cabezas estaba secuestrada, que las madres argentinas “estén alertas, que vigilen de cerca a sus hijos. Es la única forma de no tener que pagar el gran precio de la culpa, como estoy pagando por haber sido tan ciega, tan torpe”. Esta adulteración de los hechos daba pie al remate de la entrevista donde se le preguntaba a la detenida-desaparecida:

–¿En quién confía hoy?

–En Dios.

–¿Qué le pide hoy a Dios?

–Que no haya más madres desesperadas ni chicos equivocados.

Pablo Llonto, el abogado de la querella, le dijo a Página/12 después de la indagatoria a Bottinelli: “Es la primera vez que un periodista es imputado por su participación en un delito de lesa humanidad a causa de actos que formaron parte del plan de exterminio; en este caso, un reportaje falso. Se abre así un nuevo andarivel en la búsqueda de los responsables civiles del terrorismo de Estado. Los medios de comunicación y muchos de los periodistas que dirigían las revistas de Editorial Atlántida y otros medios hegemónicos como La Nación, La Razón, Clarín y de distintas provincias, cumplieron el rol de activos agentes de operaciones psicológicas concertadas con los servicios de inteligencia de las tres fuerzas, la policía, los gendarmes y la prefectura”.

Jara de Cabezas fue forzada a conceder más de una nota falsa. El periódico uruguayo News World de la secta Moon le realizó una entrevista, presuntamente en Uruguay, publicada el 22 de agosto de 1979 y que Para Ti citó como antecedente de lo que significaba “un testimonio esclarecedor y tremendo que descubre los métodos de la subversión”. La mujer, ex secretaria de la Organización de Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas, lejos de convalidar la adulteración, se presentó ante la Justicia en 1984 y contó que su supuesta estadía en Montevideo había consistido en que la sacaron de la ESMA y le “hicieron fotografías en zonas de Buenos Aires, colocándose a mis espaldas carteles falsos que indicaban que estaba en Uruguay”.

En la querella contra los integrantes del directorio de Atlántida, se formula que “estaban en conocimiento de la preparación y elaboración del reportaje y de otras notas sobre lo que sucedía en la ESMA y otros centros clandestinos de detención”. Bottinelli no era una pieza menor en ese entramado. Con los años se alejó del grupo Vigil. Se desempeñó en el diario La Prensa y como corresponsal desde Buenos Aires de un diario de León, España.

Daniel Cabezas, también hijo de Thelma y hermano mayor de Gustavo, le dijo a Página/12: “Hace dos años esperábamos que este momento se concretara. Para toda la familia ha sido muy importante la continuidad de la causa, porque estaba muy frenada. La indagatoria al jefe de redacción de Para Ti para nosotros comprueba que la dictadura necesitó de colaboradores civiles como Bottinelli. Al margen de lo que pueda decir la Justicia, mi madre fue víctima de un operativo de prensa de la Editorial Atlántida, y su revista. Quiero decir sobre todo que ella no concedió un reportaje, jamás dio esa entrevista que publicaron en 1979”.

Llonto aspira a que el periodista “sea procesado, porque además ésta es una de las causas judiciales más antiguas que hay en la Argentina y Thelma merece que tanto esfuerzo de lucha por la verdad y la justicia se consagre lo más pronto posible con un juicio oral”. El juez Torres tiene ahora diez días hábiles para decidir la situación del ex editor de Para Ti.