domingo, 20 de julio de 2014

Leticia Locio declaró en la causa ESMA

Leticia Locio declaró en la causa ESMA

Leticia Eva Locio viajó desde Necochea para declarar en el juicio de la ESMA por la desaparición de su mamá, Norma Batsche Valdés, y el asesinato de su papá, Carlos Bayón. A Leticia los militares la secuestraron dos veces cuando era una niña de casi tres años, en diciembre de 1976. En ambas oportunidades fue devuelta a la familia biológica primero y después a un matrimonio amigo de su mamá. El viernes pasado recibió la citación del Tribunal Oral Federal 6 para declarar en el juicio que juzga a 65 imputados por delitos de lesa humanidad. Para este momento se preparó los últimos seis años y pensó que no iba a suceder.

Carlos y Norma eran militantes peronistas y se separaron cuando Leticia tenía un año, en 1975. Norma estudió Medicina en la Universidad de La Plata y trabajaba en el área de comunicación de la agencia clandestina de noticias ANCLA, que dirigía Rodolfo Walsh. En diciembre de 1976, Norma tenía 28 años y Carlos 25. Volvió a formar pareja con Flora Bagú. Los dos también trabajaban para ANCLA.

La mañana del 15 de diciembre de 1976, Norma y su hija Leticia salieron de su casa de Don Bosco y llegaron a la casa donde vivía Marta Delía García, la “Tía Pata”, en Avellaneda. Ahí las tres fueron secuestradas y trasladadas a la ESMA.
A las tres de la mañana del día siguiente un operativo militar irrumpió en la casa de la hermana de Norma, Carmen Batsche Valdés. La tía de Leticia estaba sensible por la desaparición de su hermana y porque tenía una beba de un mes. Los militares le revolvieron la casa buscando papeles y rompiendo cosas. También le hicieron un simulacro de fusilamiento. Después le dijeron: “Tome, acá tiene a su sobrina”. Y le entregaron a Leticia.

“Después del secuestro de mi mamá, Flora me contó que mi papá se aferró a mí, me llevaba a todos lados”, les contó Leticia a los jueces. El 23 de diciembre de ese año, un Grupo de Tareas de la ESMA interceptó en la calle a Carlos con su hijita. A él lo mataron en ese momento. Según testigos, en la ESMA, los militares se dieron cuenta que esa nenita de dos años y nueve meses, rubia y con rulos, ya había estado en la ESMA. Horas después los marinos le entregaron la nena a la familia Locio, amigos de Norma.

Cuando desapareció Norma, su hermana Carmen y la madre de ambas, Maximina, presentaron habeas corpus y buscaron información de su paradero. Las tres eran guatamaltecas. En 1954, Maximina huyó de su país con sus hijas a la Argentina. En 1982, la madre de Norma volvió a su país y fue secuestrada y desaparecida. Su caso forma parte del juicio contra el dictador José Efraín Ríos Montt, proceso judicial que empezó en 2013 en Guatemala.
“Los Locio me cuidaron y contuvieron. Nos tuvimos que ir a vivir a un pueblito de La Pampa. Los primeros tiempos yo vivía angustiada, tenía pesadillas. A los ocho años me anoté con su apellido y no lo cambié más”, dijo Leticia a Infojus Noticias. Durante toda su vida la mujer reconstruyó su historia y la de su familia, que no se limita a los lazos de sangre, sino a todos los que formaron parte de su vida.

Compañeros de militancia de Norma y Carlos
Después de 40 minutos de declaración, Leticia salió de la sala de audiencia acompañada por su marido Hernán. Se abrazó con su prima, la hija de la tía Carmen, que tenía un mes cuando los militares le destrozaron la casa. También saludó a Martina, la hija de Flora Bagú, que la fue a acompañar. Durante treinta años, Martina buscó a Leticia. Quería reencontrarse con esa niña con la que jugaba con “botones”, imitando el trabajo de su mamá en Ancla. “Tenía otro apellido, por eso no la encontraba”, le contó a Infojus Noticias Martina.

También la esperaban dos hombres, compañeros de militancia de sus papás: uno era Carlos Loza, de 60 años, que estuvo secuestrado los mismos días que Norma en la ESMA. El otro era Teobaldo Altamiranda, de 83 años, que la apretujó apenas pronunció su nombre. Con los ojos cerrados y llenos de emoción le contó que había sido compañero de su mamá y que cuando Leticia era bebé él la tuvo muchas veces en brazos. Después, en la confitería del noveno piso de Comodoro Py, le susurró algo que solo Leticia escuchó y asintió. Teobaldo fue parte de la Resistencia Peronista y uno de los pilotos del avión que trajo a Juan Perón en su regreso al país, en 1973. Además, es un Abuelo de la Plaza de Mayo: su hijo Rubén Omar, militante peronista, fue secuestrado el 13 de enero de 1977, a los 24 años y está desaparecido.

Estos últimos días, Leticia los repasó mentalmente para contarle su historia a los jueces. También seleccionó fotos de sus familia. En la audiencia mostró una en la que ella está en brazos de su papá y en otra en una plaza con su mamá. A Infojus Noticias le contó que también estuvo ocupada organizando el cumpleaños de su hija de cuatro años.
Al final de la audiencia, el juez Daniel Obligado le ofreció a la testigo decir unas últimas palabras. “No me parece justo tener como primer recuerdo el de mis padres muertos. Es espantoso. Me parece muy importante esta posibilidad de declarar y contar lo que me pasó”, dijo con un hilo de voz.

martes, 17 de junio de 2014

TESTIMONIOS. "Ni olvido ni perdón: quiero condena individual y social a tanta infamia"

Fue la exigencia de Elena Monti en la audiencia de hoy. También declararon Dante Barcos, Claudia y Mónica Dittmar, Juliana Abriata y Lidia Frank.

Los casos de la familia Donadío

El testimonio de Elena Monti
Su madre, Ana Catalina De Monti, apareció asesinada, tras ser secuestrada de su casa. Su compañero, Ricardo Sáenz (510), y su primo, Alberto Donadío (467), siguen desaparecidos, tras haber estado en la ESMA.

Sobre Clarín
Elena relató los daños que sufrió su familia, causados por el terrorismo de Estado de la última dictadura cívico-militar. Luego contó que “el 22 de junio de 1983 tuve que leer una noticia publicada por el diario Clarín, que se titulaba: `No hubo irregularidades en la morgue´. Decía que lo había establecido la Cámara, después del estudio de 106 casos. En esa nota estaba mi madre. También decía que había sido muerta en un enfrentamiento. Yo me pregunto todavía qué pasó con esas dos informaciones. La autopsia decía `paro cardio respiratorio´ y el diario Clarín decía que había sido una subversiva y que no había habido irregularidades en la morgue”.

“El Topo” 
Así lo apodaban a Ricardo. Fue Lázaro Gladstein (caso 507) quien le contó a Elena que Ricardo “estaba muy enojado y triste por la muerte de mi mamá, que él sabía lo que le había pasado, que la habían torturado y que se había quedado en la tortura. También me cuenta que cuando los llevan a todos a la isla del Tigre (“Del Silencio”), y al regresar se dan cuenta de que El Topo no estaba allí, lo primero que hacen es preguntar por él, porque él había sido muy importante para los compañeros. Él había podido tranquilizarlos, hacerlos reír un poco, había logrado algunos beneficios de parte de algunos guardias. Me dicen que cuando regresan de la isla del Tigre preguntan por El Topo y un guardia les dice que se había puesto muy loco y lo tuvieron que mandar para arriba”.
Antes de finalizar la audiencia, se exhibió la foto de Ricardo y Elena cuenta que “es el de la izquierda, el de la sonrisa, yo me quedé con la sonrisa”.

Las consecuencias en las familias

Elena pidió referirse “un poquito a las consecuencias que yo siento, además de la desaparición de los seres queridos, las consecuencias que yo sufro son familiares. Es el día de hoy que no me relaciono con mi hermano, porque él piensa que soy responsable de lo que le pasó a mi madre. En lo laboral, estuve 10 años sin poder laburar de lo que había estudiado y era mi vocación. Me jubilé en el año 2010 como docente”. Luego se refirió a su hijo, Martín: “sufrió indiscutiblemente, lo que a esa altura de la vida no se le puede explicar a nadie. Sentimos tanto miedo, tanta inestabilidad, no teníamos lugar donde vivir, donde estar. Eso le provocó una complicación en su desarrollo emocional, que fue superando a lo largo del tiempo, luego de un costoso tratamiento. Por suerte hoy es un hombre bueno, que no buscó venganza, pero que se perdió vivir con un padre como el que tuvo. Si mis seres queridos hubiesen tenido el juicio que le dan a los asesinos, la historia hubiera sido diferente”.
“Lidia”
“Agradezco que me ayuden a dar visibilidad a esta mujer, porque para nosotros fue un terrible misterio. En su declaración, Liliana Pellegrino comenta que se encontraba en el lugar con una mujer, que era fonoaudióloga, que después supo que su apellido podía ser Batista, que tenía dos hijos, que su esposo trabajaba en un negocio familiar en la calle Florida. Yo agradezco poder decir que Lidia era parte de esta familia, de nosotros. Cuando leo el testimonio, leo lo siguiente, que es que ella no sabía cómo contactarse con la familia y va contando lo que pasó con Lidia. Era el 7 de diciembre, la vienen a buscar, la llevan a Lidia para liberarla. La van a liberar. Al rato la escucha llorar. Reconoce el llanto, le pide al guardia que por favor la deje hablar. Le cuenta que estaba muy triste porque estaba preocupada porque no podía dormir. La pararon contra la pared. Le dispararon un dardo en la ingle, y le muestra un agujerito negro y un moretón. Le pregunta a un guardia y Lidia le comenta a Liliana Pellegrino que como ella tenía problemas de insomnio, tomaba 15 miligramos de Valium todas las noches, que se había despertado en un lugar rodeada de muchos otros compañeros que estaban vomitando, tosiendo, que les dice a los guardias que estaba despierta, le pegan y la llevan a ese lugar con Liliana”.

Para finalizar, Elena dijo: “Voy a hacer mías unas palabras que dijo Liliana Pellegrino. Nunca les voy a perdonar el tiempo que me robaron con mi hijo. Cuando sobrevivir es tan difícil y soñar y reír nos cuesta tanto, pienso en vos y quisiera regresarte, haberme hundido yo en ese espanto. Dame ese perdón tan necesitado. Me enseñaste la entrega y el cuidado. Con ese capital, me abandonaste y no pude avanzar a ningún lado. Siempre te vi valiente, festejando con alegría y afecto. Cuántas cosas me quedaron pendientes de decirte, honrarte. Fuiste y sos mi luz. Entregaste tu vida para dejarme a salvo… eso fue lo que nunca he merecido… no he podido lo suficiente con lo que hicieron esos desalmados. Gracias mamá por ser tan generosa. Ni olvido ni perdón: quiero condena individual y social a tanta infamia”.

Los casos de Claudio César Adur y Bibiana Martini (785 7 786)

El “Turco”, quien era periodista, y Bibiana fueron privados ilegalmente de la libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, el 11 de noviembre de 1976 a las 4:00 horas, en su domicilio, en la Ciudad de Buenos Aires. El operativo fue realizado por al menos diez personas vestidas de civil, fuertemente armadas, quienes se movilizaban en dos vehículos: una camioneta verde oliva y un auto Ford Falcon. Las dos víctimas fueron llevadas a la ESMA, donde permanecieron en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida, con los números 49 y 50. Claudio y Bibiana siguen desaparecidas.

El testimonio de Dante Raúl Barcos

El testigo contó que “estaba cursando el colegio secundario nocturno y compartía el departamento con un compañero del trabajo y un amigo”. Se fueron a dormir cerca de la medianoche y a las pocas horas sonó el timbre: “mi amigo se levantó y cuando fue a abrir se encontró con un fusil que le pusieron en la cara y le hicieron abrir la puerta. Me despertaron con dos ametralladoras en la cara. No sabía qué pensar. Después de muchos insultos y gritos, me hicieron vestir y caminar con un bastón. Me sacaron el bastón y me hicieron bajar por el ascensor. Se escuchaba mucho silencio”. Dante declaró que después de caminar por la calle, lo subieron a un auto, y lo llevaron a un lugar, con los ojos vendados. Al llegar al destino, le asignaron el número “098”. “Me dijeron que escribiera todos los nombres de las personas que conocía vinculadas con gente que andaba en cosas así, `guerrilleros´ los llamaban ellos. No tenía idea de nada de eso. De la forma en la que me lo pedían, parecía que significaba un problema para mí. Después, ha pasado tanto tiempo que no sé precisar si fueron horas, si fue en el mismo día o en el siguiente, porque se pierde la noción total del tiempo, me llevaron para arriba, por un ascensor”, sostuvo el sobreviviente.
Luego narró que en ese lugar le dijeron que él conocía a Mónica, pero que recién supo quién era un rato después, cuando el guardia le levantó la capucha y “vi a varias personas, a mi amigo (Mario Salvatierra) y su novia, que la conocía de haberla visto algunas veces, y había otra chica, que era Mónica (Laffitte de Moyano, caso 671), ahí conocí quién era Mónica, pero no la conocía de antes”. Dante recordó que escuchó a Mario y a Claudio Adur conversar ahí, ya con las capuchas puestas nuevamente, sobre Filosofía. “Claudio Adur le decía a Mario que los griegos eran los culpables de todas las confusiones del Occidente, por eso me quedó grabado”.
Un aniversario en la ESMA 
“Hay algo que me llamó la atención, fue muy emotivo por las circunstancias en las que estábamos. Nos daban de comer un miñoncito chiquitito con un churrasquito. Yo me comía hasta las miguitas que se caían al piso. Este muchacho (Claudio Adur) había juntado las miguitas y había fabricado un muñequito, que no sé qué simbolizaba, pero estaba conmemorando una fecha de pareja, entonces le regaló a ella ese muñequito que había construido. Fue tan emocionante, que nos hizo olvidar por un momento el mal momento que teníamos”, recordó Dante.

El testimonio de Claudia Dittmar, cuñada de Hernán Abriata
“El sábado 30 de octubre estábamos durmiendo en la casa de mis padres, mis hermanos, los familiares de Juliana Abriatta y yo. A las 2:00 de la madrugada suena una explosión que rompe parte de los vidrios de la casa. En ese momento, todos habían salido y quedamos dentro de la casa Juliana y yo. Por ser militantes de la UES, teníamos material, revistas y volantes. Le dije a Juliana que teníamos que esconder esa documentación. Vimos que había personas en la terraza. Nos aproximamos a la última habitación. Había una cantidad de uniformados con armas largas”, recordó Claudia.

Luego contó que, ante la insistencia para que salieran de la casa, “Beti, la mamá de Juliana, dice que esperen, que éramos sólo unas nenas, que ya íbamos a salir. Intentamos romper el montón de revistas y volantes, pero no pudimos. Lo meto en el caño del inodoro. Cuando salimos a la calle, nos apuntan con un arma en la cabeza”. Durante el operativo pudieron escuchar que buscaban a Hernán Abriata (caso 115). 

Después de un rato, los atacantes se fueron de la casa. Al día siguiente, la familia supo que “acaban de llevarse a Hernán”, contó Claudia. “El lunes yo iba al Liceo 9, por la tarde, fui a la escuela. En la esquina me para Javier Urondo y me dice que no puedo ir a la escuela, que tengo que dejar la escuela. Faltaba sólo un mes para terminar el año. Fui con él a su casa, vivía con su mamá, Graciela Murúa. Me quedé con Javier dos semanas, hasta que un día Chela nos dice que Claudia Urondo y el Jote habían caído y había que levantar la casa. 

Los casos de Adriana Gatti (caso 683), Ricardo Carpintero Lobo (249), Eduardo Testa y Norma Masuyama

Claudia habló sobre Ricardo, porque había sido novia de su hermano Pablo, y acudió a él en busca de un lugar para quedarse. Así fue como estuvo durante un tiempo en la casa de una prima de ellos. Luego, Ricardo fue secuestrado. Su compañera, Adriana, se mudó con Norma y Eduardo: “El 8 de abril de 1977 son baleados los tres”. Adriana y Norma estaban embarazadas de 8 meses cuando fueron asesinadas. El certificado de defunción de Adriana decía que tenía una “herida de bala en la cabeza, otra en el abdomen y otra en el pecho”. 

El testimonio de Mónica Dittmar, compañera de Hernán

La testigo relató que estaban con Hernán en la casa, cuando alrededor de las 2:30 horas de la madrugada “golpean la puerta y escuchamos la voz del padre de Hernán diciendo: `Es papá´. Hernán se levanta, tiran la puerta. Tito venía esposado, lo traían con un antifaz que le cubría la vista. Me levanto. Lo ponen en un rincón, a mí también. Veo pasar a varios hombres vestidos de una manera extraña, con chaleco, municiones, armas largas, boina”.
“Se lo llevan (a Hernán)”, contó Mónica, quien pudo ver a “esta persona, que me dice que es de rutina, que al día siguiente íbamos a tener información y datos. Veo un carnet verde con la foto de él, lo miro, miro la foto, lo miro a la cara y me dice: `Soy el subinspector Mario Alfredo Sandoval, estoy en la Superintendencia de Seguridad Federal, al mediodía pueden tener información”. Mario Alfredo Sandoval  - Apodado “Churrasco”, fue oficial de Coordinación Federal. Días atrás se aprobó el pedido de extradición desde Francia, pero para ser juzgado en la Argentina solamente por el caso de Hernán Abriata, quedando excluidos los de las otras más de 600 víctimas por las que está acusado.

La carta de Hernán
“La traje”, dijo Mónica, en referencia a un escrito que le entregó una persona, que dijo que ser un guardia “que se había encariñado”. “Es su letra, muy amorosa, cuánto me extraña, me quiere, a su familia, mis hermanos. Hay partes tachadas, que hemos tratado de ver si decía algo, pero están tachadas. Termina diciendo que me vaya bien en la Facultad, que cuide a mis hermanos. Manda besos y cariños para la familia. Es una carta muy amorosa”.
Testimonio

“Traje fotos. Quiero disfrutar este testimonio. Fueron muchos años de pensar que uno puede llegar a este momento, por los compañeros, por Hernán, por todos. Es muy importante. Decirme que estoy leyendo es una falta de respeto al testigo. Vine con mis fotos, cuento la historia que me pasó a mí, nadie me la tiene que contar”, dijo Mónica como respuesta a uno de los abogados defensores, quien le preguntó si estaba leyendo su declaración.
Luego, a pedido de la testigo, se exhibió una foto de Hernán Abriata, quien tenía 24 años de edad cuando fue desaparecido.
“Sobre todo por los compañeros, por todos los que no tienen historias, los relatos, los testimonios: pido justicia, que llegue pronto. Muchos compañeros y familiares ya estamos viejitos”, dijo Mónica al concluir su testimonio.

El testimonio de Juliana Abriata, hermana de Hernán
Juliana relató el mismo hecho que Claudia Dittmar y también identificó a Sandoval como miembro del operativo en su casa. “Pasaron mucho años sin hablar de esto, parece que la memoria quiere apagar todo. A mí se me apagó mucho, pero con esa reapertura fui recordando en estos años todas las caritas de estos chicos. Era toda gente muy buena, que quería hacer un mundo mejor.  Supongo que deber haber pasado con todas las familias que sobrevivieron: nos destrozaron, nos transformaron en personas tristes, enojadas, quedamos muy heridos. Esta semana vi unas fotos de Adriana Gatti y de su compañero, me acordaba las caras de ellos. Agradezco que se esté haciendo el trabajo de ustedes, que no los borren. Lo único que querían era una Patria justa y soberana. A los que mataron, a todos estos 30.000 compañeros que mataron, militaban por amor, no nos olvidemos”, dijo al finalizar. 

Los casos de Ricardo Alberto Frank, Laura María Mina y Sergio Antonio Martínez (479, 480 y 481)
Ricardo era estudiante de Arquitectura en la UBA, oriundo de Trenque Lauquen. El 10 de noviembre de 1978, pasada la medianoche, fue privado ilegalmente de su libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, en la casa en la que vivía con su madre, Lidia Juana Antonia Huarte de Frank, en la Ciudad de Buenos Aires. Ricardo fue llevado a la ESMA, donde permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida y sigue desaparecido.

Laura y Sergio, apodado “Yoyi”, fueron secuestrados en el mismo lugar, horas más tarde. Ambos fueron llevados a la ESMA. Laura fue liberada, pero Sergio sigue desaparecido.
El testimonio de Lidia Frank, hermana de Ricardo
“En ese momento yo pensé que no lo iba a ver más a mi hermano, porque si bien en Trenque Lauquen ya había habido desapariciones, yo recordé la última conversación con mi hermano, en el último viaje que hizo en agosto. Los estudiantes desaparecen y no aparecen, dijo”.
Ricardo

Él tenía 21 años de edad cuando fue desaparecido y llevado a la ESMA. Su sobrino, hijo de Lidia, ya tiene 36: “tiene los años de su secuestro”, dijo Lidia en la audiencia. Luego leyó la última carta que le escribió Ricardo y además de las fotos compartió recuerdos: “tocaba la guitarra y se reunía con sus amigos”.
“Yo recalco la importancia del testimonio de hoy, porque es la primera vez que se toma como caso el de mi hermano”, dijo la testigo, y luego habló sobre las “consecuencias de esa desaparición en la familia, porque si bien fue hace 36 años, fue para toda la vida”. 
“Quiero dedicar mi declaración y mis años de militancia a los sobrevivientes, que son los que nos trajeron la verdad. Al Estado le pido que se haga justicia. Nosotros vamos a seguir luchando por la memoria, la verdad y la justicia. La justicia depende de ustedes, señores jueces”, dijo Lidia y luego pidió leer un escrito de su hermano.

lunes, 16 de junio de 2014

La lucha que me parió: Declaró Lidia Frank (AEDD)

Lidia Frank declaró por primera vez por la desaparición de su hermano Ricardo. Batalló durante más de treinta años para conocer la verdad y para que los culpables vayan a la cárcel. El miércoles habló para el futuro, para las próximas generaciones, transmitiendo el mensaje de Riki. Crónica de una declaración y de los hechos.

Por Federico Tártara para Diario Nep

 Lidia aparece en el hall de los tribunales de Comodoro Py al 2002, casi de la mano de sus compañeras, entre ellas está Claudia María Bello. Se la nota nerviosa: será la primera vez que va a declarar en una causa por la desaparición de su hermano. Luce una campera negra y con un fino pañuelo cubre su cuello. Pese a la intranquilidad, suelta sonrisas a cada paso. Es miércoles 10 de Junio y llueve a baldazos en Capital Federal. En la vereda hay unos 4 móviles de televisión, más unas 10 cámaras, más cables y antenas, que no cubren el juicio Esma III, sino el hipermediático caso Boudou.

Ahora la mujer habla en las escalinatas, pausado, concentrada. Recorre el hilo de los senderos de la memoria y se remonta a los tiempos trágicos para ella y su familia, después del Mundial 78, cuando hacía sólo 5 meses que era mamá. No se pierde detalle y tampoco se priva de conversar con todos: con los periodistas, con sus compañeros, hasta con Pablo Llonto-reconocido abogado y periodista- que se escapa unos minutos de alguna audiencia. Habla y, claramente dice: “voy a hablar de la Memoria. Yo encaré mi dolor hacia la búsqueda y hacia la Memoria”.

Luego, sube al Sexto piso de los tribunales, más tarde bajará hasta el primer subsuelo. La sala donde deberá declarar es cerrada, como un cubo de madera. Los cuatro jueces integrantes del tribunal están casi pegados al gran cortinado marrón de fondo. Detrás de ellos, bien arriba, se proyectan las palabras de los fiscales, abogados y testigos. Su atril es un poco más amplio que los demás, él micrófono le dará justo en sus labios y desde allí dirá su verdad.

Antes de ingresar a participar de un hecho definitivo en su vida, Lidia dice que va “enmarcar su declaración en tres ejes: como fueron los hechos; las consecuencias que tuvieron en la familia, las búsquedas; y finalmente el trabajo sobre la memoria que se realizó especialmente en Trenque Lauquen”.

Su hermano Ricardo “Riki” Frank, fue secuestrado por fuerzas militares de su departamento de la calle Serrano 1720 –hoy Borges-en Palermo, el 10 de noviembre de 1978. Pocas horas después, del mismo hogar, se llevaron a Sergio Antonio “Yoyi” Martinez, amigo de toda la corta vida.

Un día antes, cerca de las 3 de la tarde, en San Justo, La Matanza, fue secuestrado Francisco Natalio “Títin” Mirabelli mientras aguardaba un colectivo para dirigirse a su trabajo a Capital. Dina Nardone, entrerriana, pareja de Titin, también fue trasladada al Centro Clandestino de detención que funcionaba en Avenida Libertador: La Escuela Mecanica de la Armada (ESMA). Allí soportaron las torturas y el cautivero. Los sobrevivientes del horror lo recuerdan como el grupo de “los chicos de Trenque Lauquen”. Mantienen en su memoria las canciones y las bromas que se jugaban, para soportar tanto dolor.

El juicio es la tercera parte de un largo proceso que se inició en 2007, con el único imputado Hector Antonio Febres, luego procesado y finalmente condenado. Algo, paso. Algo no gusto y la señal fue clara: Febres apareció envenenado con cianuro en una celda de máxima seguridad.
 
A fines del año 73, varios jóvenes discuten a viva voz y en pleno café del Hotel Simón con un viejo peronista de la ciudad de Trenque Lauquen. Entre ellos están Yoyi, Riki, Abel, Titín. Hablan del regreso de Perón, de la lucha armada y de los movimientos de liberación. Meta charla se atreven a todo lo políticamente incorrecto. Hasta le sueltan, rebalsados en rebeldía, al peronista Antonio Juárez, el planteo de lo “autoritario” que es Juan Perón.

También, estos pibes  que cursan los estudios secundarios en los colegios Comercial, Nacional y Di Gerónimo, se juntan en largas mateadas y noches de bar por una cuestión de amistad y afinidad, por gustos musicales y culturales. Por esos días, la militancia política, pasa por algunas pintadas que celebran la primavera camporista que, por supuesto, también tocó a Trenque Lauquen.

Poco tiempo después los jóvenes parten a estudiar a Capital y a La Plata. Atrás quedan las experiencias en las aulas del colegio Nacional. Las bajadas de líneas en contra del Cordobazo del rector Lucas “El “petiso” Aramburu, al que apodaban  “quinientos pesos” o “media luca”, autoridad que ingresaba todos los días a los cursos a hablar en contra de las manifestaciones de liberación.

Otro punto clásico de encuentro en una ciudad que despertaba, era el boliche Makarius, ubicado a la vuelta del hotel Simón, sobre la calle Oro. Los fines de semana eran momentos de baile y discusión, besos y caricias. Titín con su timidez. Riki y Yoyi, riendo como siempre. Las hermanas Robles. Y también Omar Olaechea, nacido en Santa Rosa, trabajador del Diario La Opinión, quien desapareció en Córdoba, y fue visto en el centro clandestino de detención “La Rosa”.

Todos los jóvenes que se encuentran desaparecidos de Trenque Lauquen: Robles, Manazzi, Petina, Sangla, las hermanas Nora y Susana Larrubia, Alicia Cabrera, Frank, Martinez, Mirabelli, los hermanos Changazzo, y su Papá, vivieron de uno y otro modo, esa ciudad donde todo lo que se pensaba era posible.

Los hechos

Jaime Torres se prepara para cantar, acomoda su guitarra y luego rasga, concentrado, afinando la criolla. A miles de kilómetros del lugar, luego de comer y cuando no falta demasiado para la cama, la calma está presente en el departamento de Serrano 1745, planta baja, “A”.

Lidia Frank (M) y Yoyi, se ubican frente al televisor. Lo llaman a Ricardo, que venga, que mire a Torres. El ya lo ha visto con Lidia en el teatro, han paseado mucho en esos días. Riki anda entre planos, terminando entregas sobre el noviembre de fin de año. Pero Jaime lo puede y el estudio puede esperar.

Han pasado quince minutos de la medianoche y desde la habitación del portero alguien llama. Ricardo atiende, escucha el pedido de portero, y sale. Una vez afuera, ve efectivamente al portero, pero con el detalle de que lo acompañan un grupo de cinco personas vestidas de civil y fuertemente armadas. Dicen ser personal de la Policía Federal y que “están realizando un procedimiento de rutina por drogas”. La mentira no dura ni medio segundo. Los uniformados lo amenazan, le hacen abrir la puerta, y lo conducen rápidamente al departamento, que está en la planta baja al lado de la puerta de entrada. Se mueven rápido: encierran a Lidia, la mamá, en una de las piezas. Ricardo, atónito, no se resiste, y Yoyi menos.

Eugenio Figueroa, vecino, se sobresalta de su cama por los ruidos y se dirige al balcón de su departamento, unos pisos arriba.  Desde ahí observa como a Riki se lo llevan encapuchado, con la cabeza gacha, rumbo a un Ford Falcón estacionado del lado de enfrente.

Todo sucede en nada. Lidia y Titin quedan absortos. En minutos una sobremesa pasó de la tranquilidad a la incertidumbre total. Ambos se interrogan una y otra vez. En la desesperación, concluyen: hay que ir a la policía.

Con lo puesto salen del departamento, rumbo a la comisaría de la zona, pero en el hall de entrada del edificio se encuentran con Eugenio, que ya está con su compañera: Laura María Mina. Comentan, hablan, actúan rápido: deciden que hay que llamar a un abogado, alguien, que les diga que hacer. Entonces, se dividen: Lidia Frank (M) y Eugenio van en busca del teléfono; Yoyi y Laura se quedan en un bar.

Tras recibir instrucciones de un abogado, la mamá de Ricardo y su vecino, recorren distintas comisarías. El breve, pero intenso peregrinaje, no arroja resultados positivos. Pese a que la detención fue realizada por policías de civil, en sus instituciones no hay respuesta. Deciden regresar al departamento, a encontrarse con Yoyi y Laura, que ya deben estar allí.

Cuando llegan a su casa, no están los jóvenes. Pero sí están los policías de civil. Son los mismos de hace un rato.  Dicen que todo fue “un error” que al que buscan es a Sergio Antonio Martinez, “Yoyi”. Van, entonces, a buscar a los jóvenes, junto con los uniformados, pero cuando llegan, ellos ya no están en el bar.

Ahora, en silencio, Yoyi y Laura entran en el departamento, muy lejos está en sus pensamiento que en pocos minutos estarán encapuchados en la ESMA.

Laura, quien fue liberada a las 6 de la mañana, mientras estuvo secuestrada pudo escuchar el funcionamiento de un equipo de radio y varios maquinas de escribir, entre ese ruido, también pudo oír cuando “Yoyi”, dijo claramente su nombre: Sergio Antonio Martinez. Laura fue acompañada por dos policías de civil nuevamente a su departamento. También fue interrogada la mamá de Ricardo, por las actividades sociales de su hijo. Antes de que pueda culminar con una frase, los uniformados le dijeron que “Ricardo Frank era montonero”.

A las 3 de la tarde del día 9, en la localidad de San Justo, Provincia de Buenos Aires, fue secuestrado Natalio “Titin” Mirabelli mientras esperaba el colectivo para ir a Capital. Atrás ha quedado el choque que le sucediera algunos meses atrás y la documentación que consigna su domicilio en la calle Serrano de Capital Federal.

El matrimonio Ledesma, vecinos de la calle Terrada, dicen que alrededor de la medianoche, personal policial entró a su casa rompiendo la cerradura y se llevaron papeles y un mimeógrafo.

Dina Nardone, pareja de Titin, que vivía en una pensión de Capital, fue secuestrada cuando realizaba averiguaciones acerca del paradero de los jóvenes. Según testimonios de sobrevivientes, en un acto de amor eterno, siguió a su amor, hasta el final.

Según las declaraciones de Liliana Pellegrino, Amalia María Larralde, Claudia Bello,  Ángel Strazzeri, Cachito Fuckman, entre otros, los jóvenes fueron vistos en distintos lugares de la Esma, hasta por lo menos Enero de 1979. Desde entonces, se desconoce su paradero.

Las verdades

La sala para el público tiene cuatro filas de asientos que están colmadas, en la primera están las compañeras de Lidia. Su declaración se ha atrasado un poco, son varios los testigos que declaran en este día en la Causa Esma III; donde se juzgará a 65 militares y 2 civiles, y que incluye más de 750 casos de personas que fueron desaparecidas por la última dictadura militar. Ambas salas están separadas por un vidrio grueso y unas puertas cerradas en cada lateral. Hay sonido dentro de la sala y también afuera, ninguna palabra se escapa: todo queda en la memoria.

Finalmente a las 16.45, Lidia ingresa en la sala. Realiza una declaración ejemplar. Va enunciando todos los puntos, los hechos, las búsquedas, las peregrinaciones. Muestra fotos de marchas, de las esculturas que están las plazas, de los banners que hicieron el año pasado. La defensa de los militares, le objeta su declaración, literalmente expresan “no sabíamos que se podían traer panfletos”.

Está presente el represor Ricardo Miguel Cavallo. Represor. Hijo de Puta. Torturador. Lidia lee escritos de Ricardo. Hermosos. Derrumban todas las paredes, abren los techos de los tribunales y se pierden en el cielo gris, ya sereno.

viernes, 13 de junio de 2014

Un periodista al servicio de la dictadura

La declaración indagatoria de Adustín Bottinelli, ex director de la revista Para Ti
Bottinelli compareció ayer por la entrevista apócrifa a la ex detenida-desaparecida Thelma Jara de Cabezas que en 1979 publicó la revista de Atlántida. Le echó la culpa al fallecido Aníbal Vigil, uno de los dueños de esa editorial.

 Por Gustavo Veiga

Agustín Bottinelli es un periodista que quizá pase inadvertido por su nombre, pero no por el delito que se le imputa. A los 65 años, ayer ingresó acompañado por un defensor oficial a los tribunales de Comodoro Py. Había conseguido postergar su declaración indagatoria hasta que se vio obligado a comparecer para responder por el papel que cumplió durante la última dictadura. Sus dilaciones procesales agregaron años a los años de una causa donde se investiga si le cabe responsabilidad penal al ex editor de la revista Para Ti, la publicación de Editorial Atlántida, por una entrevista apócrifa a la ex detenida-desaparecida Thelma Jara de Cabezas.

El periodista, un hombre de 30 años cuando conducía la revista, declaró que desconocía lo que sucedía en la Argentina para la época del reportaje fingido titulado “Habla la madre de un subversivo muerto”, y que salió en el número 2983 del 10 de septiembre de 1979. Además, deslindó responsabilidades sobre su publicación y se las atribuyó al fallecido Aníbal Vigil, uno de los dueños de Atlántida. Pidió también medidas probatorias para su defensa, como que el Juzgado Federal Nº 12 a cargo de Sergio Torres cite a declarar a los periodistas Mario Mactas y a la jefa de redacción de Para Ti, Lucrecia Gordillo, además de a otros integrantes del staff.

Jara de Cabezas lleva treinta años reclamando justicia por este caso. Es la madre de Gustavo, su hijo de 17 años secuestrado y desaparecido el 10 de mayo de 1976 en una plaza de Martínez. En 1984 presentó su primera denuncia contra los responsables civiles de la maniobra pergeñada junto a los grupos de tareas de la ESMA, donde estuvo detenida.

La entrevista adulterada se la realizó un tal Américo Cerritti, en una confitería de Figueroa Alcorta y La Pampa, en el barrio del Bajo Belgrano. La habían sacado antes del centro clandestino de la Armada vigilada por una patota que lideraba el represor Ricardo Miguel Cavallo.

Le hicieron decir en la nota publicada en 1979, cuando Jara de Cabezas estaba secuestrada, que las madres argentinas “estén alertas, que vigilen de cerca a sus hijos. Es la única forma de no tener que pagar el gran precio de la culpa, como estoy pagando por haber sido tan ciega, tan torpe”. Esta adulteración de los hechos daba pie al remate de la entrevista donde se le preguntaba a la detenida-desaparecida:

–¿En quién confía hoy?

–En Dios.

–¿Qué le pide hoy a Dios?

–Que no haya más madres desesperadas ni chicos equivocados.

Pablo Llonto, el abogado de la querella, le dijo a Página/12 después de la indagatoria a Bottinelli: “Es la primera vez que un periodista es imputado por su participación en un delito de lesa humanidad a causa de actos que formaron parte del plan de exterminio; en este caso, un reportaje falso. Se abre así un nuevo andarivel en la búsqueda de los responsables civiles del terrorismo de Estado. Los medios de comunicación y muchos de los periodistas que dirigían las revistas de Editorial Atlántida y otros medios hegemónicos como La Nación, La Razón, Clarín y de distintas provincias, cumplieron el rol de activos agentes de operaciones psicológicas concertadas con los servicios de inteligencia de las tres fuerzas, la policía, los gendarmes y la prefectura”.

Jara de Cabezas fue forzada a conceder más de una nota falsa. El periódico uruguayo News World de la secta Moon le realizó una entrevista, presuntamente en Uruguay, publicada el 22 de agosto de 1979 y que Para Ti citó como antecedente de lo que significaba “un testimonio esclarecedor y tremendo que descubre los métodos de la subversión”. La mujer, ex secretaria de la Organización de Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas, lejos de convalidar la adulteración, se presentó ante la Justicia en 1984 y contó que su supuesta estadía en Montevideo había consistido en que la sacaron de la ESMA y le “hicieron fotografías en zonas de Buenos Aires, colocándose a mis espaldas carteles falsos que indicaban que estaba en Uruguay”.

En la querella contra los integrantes del directorio de Atlántida, se formula que “estaban en conocimiento de la preparación y elaboración del reportaje y de otras notas sobre lo que sucedía en la ESMA y otros centros clandestinos de detención”. Bottinelli no era una pieza menor en ese entramado. Con los años se alejó del grupo Vigil. Se desempeñó en el diario La Prensa y como corresponsal desde Buenos Aires de un diario de León, España.

Daniel Cabezas, también hijo de Thelma y hermano mayor de Gustavo, le dijo a Página/12: “Hace dos años esperábamos que este momento se concretara. Para toda la familia ha sido muy importante la continuidad de la causa, porque estaba muy frenada. La indagatoria al jefe de redacción de Para Ti para nosotros comprueba que la dictadura necesitó de colaboradores civiles como Bottinelli. Al margen de lo que pueda decir la Justicia, mi madre fue víctima de un operativo de prensa de la Editorial Atlántida, y su revista. Quiero decir sobre todo que ella no concedió un reportaje, jamás dio esa entrevista que publicaron en 1979”.

Llonto aspira a que el periodista “sea procesado, porque además ésta es una de las causas judiciales más antiguas que hay en la Argentina y Thelma merece que tanto esfuerzo de lucha por la verdad y la justicia se consagre lo más pronto posible con un juicio oral”. El juez Torres tiene ahora diez días hábiles para decidir la situación del ex editor de Para Ti.

lunes, 9 de junio de 2014

AUDIENCIA Miércoles 11 de Junio de 2014 - 10.00 hs.


En el marco de la Megacausa Esma el día miércoles 11 de junio a las 10 hs., en los tribunales de Comodoro Py, continuarán dando testimonio testigos y sobrevivientes del genocidio ocurrido en la Argentina durante la última dictadura cívico-militar.

En este caso varios testigos se referirán a casos que tuvieron como víctimas a estudiantes y docentes de la Facultad de Arquitectura de la UBA y que aún se encuentran detenidos-desaparecidos.

El cronograma de los testimonios es el siguiente:
    Mónica Dittmar
    Juliana Abriata
    Claudia Dittmar
    Lidia Frank
    Dante Barcos


Es por ello que convocamos a concurrir en respaldo de esos testimonios como compromiso con los compañeros y su lucha.

30.000 COMPAÑEROS DETENIDOS-DESAPARECIDOS : ¡¡PRESENTE!!

Hernán Abriata
Desaparecido el 30/10/76
Tenía 25 años
Estudiante de la Facultad de Arquitectura de la UBA.
Fue visto por sobrevivientes en la ESMA. Se encuentra desaparecido.

EL DIA QUE SE ABRIERON LAS PUERTAS DE LA ESMA
De recorrida por el infierno

Extracto del texto de Martín Piqué, donde Carlos Loza sobreviviente de la ESMA, hace referencia a Hernán.

“Yo estuve acá”, dijo Carlos Loza señalando un rincón del altillo de la ESMA, conocida como “Capuchita”, donde se encuentra el tanque de agua del edificio. Bastó que dijera eso para que se juntara un grupo a su alrededor.
Mientras unas diez personas lo miraban en silencio, Loza trataba de reconocer los pequeños detalles: la ventana al ras del piso…”en aquella época estaba pintada de azul”¬ y la distancia hasta el tanque de agua. Entre éste y el piso hay un espacio de unos diez centímetros. Por más mínima que parezca, esa rendija era fundamental para la comunicación entre los presos.
“Cuando nos trajeron a mí y a otros tres compañeros, nos recibió un chico de la JUP de Arquitectura, Hernán Abriata, que nos dijo desde el otro lado: Levántense la capucha que soy un detenido como ustedes”. …“Fue un soplo de vida para nosotros”, contó Loza con el ánimo notablemente tranquilo. …Pero luego miró hacia el otro lado, hacia el tanque de agua, desde donde le daba aliento el desaparecido Hernán Abriata a fines de 1976. “Ahora ya está. Ya comprobé que Hernán no está más acá. Porque la última imagen que tuve de él fue en la ESMA”, recordó Loza, cuyo hijo se llama, claro, HERNÁN.
24 de marzo 2004

Ricardo A. Frank
Desaparecido el 10/11/78
Tenía 21 años
Estudiante de la Facultad de Arquitectura de la UBA, de Trenque Lauquen.
Fue visto en la ESMA. Se encuentra desaparecido.

Ricardo Carpintero Lobo

Desaparecido el 25/3/77
Tenía 18 años
Cursó la escuela secundaria en el Colegio Roca de la Ciudad de Buenos Aires, donde también cursó su hermano. Ricardo secuestrado en la vía pública en el barrio de Flores, fue visto en la ESMA por su novia y compañera Adriana Gatti Casal, quien posteriormente fue liberada y luego asesinada (estaba embarazada de 9 meses). Su hermano Pablo también se encuentra desaparecido. Era de nacionalidad española.

 Adriana Gatti Casal

Detenida-Desaparecida el 8 de Abril de 1977
Tenía 17 años
Adriana era uruguaya y tenía pasaporte francés. Hija de Gerardo Gatti, dirigente sindical uruguayo, se habían mudado a Argentina en 1973. Gerardo fue desaparecido en junio de 1976. La madre y hermanas de Adriana se fueron a Francia como refugiadas, pero Adriana se quedó para estar con su novio, Ricardo Carpintero. Al momento de su desaparición, Adriana estaba embarazada de 7 a 9 meses de gestación.

Ricardo fue detenido-desaparecido el 25 de marzo de 1977. El 31, Adriana también fue detenida-desaparecida y llevada a la ESMA, donde vio a Ricardo. Fue liberada a las pocas horas. Le escribió a su familia contándole lo que le pasó.
El 8 de abril de 1978 hubo un allanamiento a la casa de Eduardo Testa y Norma Masuyuma, donde estaba Adriana. La pareja fue asesinada y Adriana fue llevada herida en una ambulancia. Desde entonces su familia no supo más de ella. En el año 1983 su cuerpo fue localizado, había sido sepultado como NN en el cementerio de San Isidro.

Pablo Carpintero Lobo
Desaparecido el 9/2/77
Tenía 20 años
Cursó la escuela secundaria en el Colegio Roca de la Ciudad de Buenos Aires, donde también cursó su hermano y se recibió en  1974. Pablo fue asesinado a tiros en plena calle el 9 de noviembre de 1977 en Villa Ballester. Era español, su hermano Ricardo se encuentra desaparecido.

Palabras de un compañero...
Mi nombre es Hugo Loureiro, tengo 52 años. Fui compañero de Pablo en la escuela secundaria, y fue uno de mis mejores amigos. Conocí a sus padres, ya que frecuentaba el domicilio de Pablo en V. Ballester, y también a su hermano Ricardo, que concurría al mismo colegio (Nacional J.A. Roca, en Belgrano; actualmente está ubicado en otra calle del mismo barrio, nosotros concurríamos al de la calle Sucre, y Amenabar). Muchos estudiantes, inclusive compañeros nuestros, desaparecieron en los tiempos de la dictadura.
Cuando Pablo comenzó la militancia en Montoneros, yo dudaba en participar: tenía una ideología marxista, aún la sostengo; y miraba con cierta desconfianza al Peronismo. Charlábamos mucho al respecto. Cuando vino el golpe, recuerdo que fui a buscar a un compañero a su casa, y la señora que trabajaba como doméstica, me dijo que se lo había llevado "la policía". Por suerte, al poco tiempo lo liberaron: un error de los genocidas, aunque, como era costumbre, lo torturaron y robaron en la vivienda. Luego fui a la casa de Pablo y Ricardo, la madre me dice que estaban de campamento, yo dudé. Estaba aterrorizado.
Luego de varias situaciones que no vale la pena relatar (me fui de mi casa, estuve con Pablo en el depto. de Patricia Bullrich, a la que conocíamos como "Cali", gran traidora!!!!); me veía con Pablo en ciertos lugares que acordábamos, ya que el ya no vivía en su casa, y había comenzado a trabajar en una fábrica, como práctica militante. Lo quería muchísimo!!!! Nos peleábamos porque él era de River, creo que Ricardo también, y yo de Boca.
Es tarde para rendirle un homenaje a mi amigo, compañero. Pero lo único que puedo agregar, es que mi hijo mayor lleva su nombre: PABLO. Tiene 28 años y escribió una hermosa poesía, hace unos años, que cada vez que la leo me largo a llorar. En ella reivindica su nombre, la lucha de nuestra generación y la idea de la Revolución. En algún momento me arrepentí de ponerle ese nombre, porque era como cargar con una mochila que era mía y no de él. Pero una vez me dijo que estaba orgulloso de saber porqué se llama PABLO.
Hugo - 5 de enero 2010

miércoles, 4 de junio de 2014

Nuevos relatos que conmueven en la megacausa ESMA

Una de esas historias es la de Clara Laura Tauvaf, cuyo hermano declaró por primera vez esta semana en el marco del juicio por el tercer tramo de la megacausa por los delitos cometidos en el predio de la Escuela de Mecánica de la Armada durante la última dictadura cívico militar. El fiscal Guillermo Friele habló de este caso y de los avances en las últimas audiencias del juicio.

Para Guillermo Friele, fiscal de la megacausa ESMA junto a Mercedes Soiza Reilly, uno de los puntos más salientes de este tercer tramo del juicio es el acercamiento de un importante número de personas que se presentan por primera vez a prestar declaración testimonial: “esto cobra mucha importancia porque en realidad estos testimonios vírgenes también nos dan muchos puntos de referencia para construir nuestra acusación. Dan muchos detalles y a nosotros nos sirve desde la planificación que tenemos respecto de las caídas. Está viniendo mucha gente que no declaró nunca pero sí pertenecía a un determinado sector de la organización política Montoneros y con esto estamos construyendo cómo fueron las caídas, cómo se fueron sucediendo sistemáticamente esas caídas de los distintos sectores”.

En relación a por qué se está dando este acercamiento en este momento, Friele consideró, en diálogo con Oral y Público, que existen varias vertientes: “por un lado, muchos de los cautivos sobrevivientes quisieron sacar del disco rígido, de la memoria, de su cabeza, ese período en el que han sufrido tanto, es como que dijeron que esto les pasó pero que no lo querían contar; y lo que creo que es lo más significativo es que se van acercando ahora a los juicios porque observan que los testigos son cuidados, son escuchados. Nosotros decimos que a este juicio, como a todos los de lesa humanidad, hay que humanizarlos, y se humaniza a partir del tratamiento que se le da al cautivo, al sobreviviente o al familiar de aquella víctima que nunca apareció o fue asesinada, y esto se percibe en la población y a partir de ello yo creo que la gente se va acercando, pierde el miedo. Un miedo que tal vez se generó en su momento a partir de la desaparición del testigo Julio López en La Plata. Esto por ahí pasa desapercibido en general, pero no para las víctimas sobrevivientes y para los familiares, que siempre preguntaban si les podía pasar lo mismo que a López. Es decir: se generó una cierta psicosis respecto de las víctimas y sus familiares que tal vez obstaculizaba su acercamiento a estos juicios. Creo que con los años los operadores del sistema judicial estamos dando muestras de que podemos tratarlos con respeto, escucharlos y podemos hacerles notar el valor histórico y probatorio que tienen sus dichos para poder condenar finalmente, que es lo que nosotros buscamos desde la fiscalía, a todos los imputados, en este caso del juicio ESMA”.

La fuga desconocida de la ESMA

En Oral y Público ya entrevistamos en varias oportunidades al fiscal Friele y siempre le pedimos que rescate uno o dos testimonios de los últimos que haya escuchado en el juicio, ya sea por su relevancia para la causa o porque lo han conmovido. Esta vez, se refirió a una historia que hasta ahora había estado invisibilizada, la de la familia Tauvaf, que incluso no había tenido acceso a la justicia: “declaró uno de los hermanos de Clara Laura Tauvaf, que es la primera persona de la que nosotros tenemos registro que se escapó de la ESMA. No es un caso que haya sido conocido, nosotros teníamos una cierta información que para principios de la dictadura, es decir abril de 1976 a Laura la habían secuestrado y ella había logrado escaparse de la ESMA. Es una historia increíble que está relacionada también con la familia Lizaso porque todos militaban en el Peronismo Auténtico de Zona Norte. La famosa familia Lizaso que constituía la columna norte de Montoneros y que creó el Partido del Peronismo Auténtico. La familia Tauvaf nunca había declarado, y hoy uno de los hermanos nos contó toda la historia familiar, terrible, porque le allanaron ilegalmente tres veces el domicilio. Ellos vivían en José León Suárez. La primera vez se llevaron a Laura y a dos hermanos. En el interín, Laura se escapa de la ESMA, y termina en el Hospital Castex y a los dos días muere por circunstancias que nosotros desconocemos. El hermano que vino a declarar (Oscar Alberto), tenía doce años para ese entonces, y tampoco pudo darnos razones de por qué falleció Laura”.

Para Friele existe en esta historia otro trasfondo que aún no se ha podido reconstruir: “vamos a ver si la podemos construir por el lado de que tal vez algunos de los del grupo de tareas la descubrió internada en el hospital, porque se lesionó cuando se escapó de la ESMA, entonces terminó internada. Es un caso absolutamente invisibilizado que vamos a tener que trabajar mucho a partir del testimonio de este hermano, que además también fue secuestrado y llevado a la ESMA donde fue torturado cuando tenía doce años. Es una historia desgarradora, porque además Laura fallece finalmente, pero uno de los hermanos, Luis Ambrosio, también termina desaparecido y secuestrado en la ESMA. Es decir, una familia militante en el sentido de que iban a los barrios carenciados, ayudaban, trabajaban socialmente, militaban políticamente, desbastada por el accionar de la dictadura militar, por el accionar del terrorismo de Estado. Esta es una historia que es increíble, porque nunca tuvieron acceso a la justicia y recién en 2014 lo tienen, y es muy importante porque también nos lleva a entroncar los dos componentes de la familia Tauvaf que están desaparecidos con toda la caída de columna norte de Montoneros de comienzos de abril, mayo, junio de 1976, que es la familia Lizaso. Estamos construyendo todo un rompecabezas con estas historias increíbles que van apareciendo a diario en el juicio de la ESMA”, agregó el fiscal.

La de la familia Tauvaf no es la única historia de víctimas del Terrorismo de Estado hasta ahora desconocida, Friele manifestó que hace unos días aparecieron los nombres de otras dos personas que estuvieron secuestradas en la ESMA y que hasta ahora no habían declarado: “ya los hemos localizado y hemos solicitado el pedido para que presten declaración en el juicio, y nos van a posibilitar un montón de datos respecto de un período determinado de la ESMA. Ellos nunca declararon y fueron cautivos no cuatro, cinco horas, sino días, meses; y esto es lo que va apareciendo a partir de este juicio unificado”, especificó.

A pesar de tratarse del tercer tramo de una megacausa que ha tenido prácticamente años de audiencias, con declaraciones de cientos de testigos, continúa existiendo infinidad de casos y datos que aún no se conocen y que dan cuenta de lo inabarcable del horror y los alcances que ha tenido y aún tiene el Terrorismo de Estado.

Genocidas trasladados

Esta semana la Agencia para la Libertad, integrante de la Red Nacional de Medios Alternativos, informó que 130 represores habían sido trasladados desde el Penal de Marcos Paz a la Unidad 31 de Ezeiza, donde están detenidas mujeres que son madres. En este marco, se señalaba que esta unidad ofrecía ventajas a los militares, ya que es una prisión de mínima seguridad en relación a Marcos Paz.

Al ser consultado sobre este tema por Oral y Público, el fiscal Guillermo Friele dijo: “nosotros nos enteramos de la decisión administrativa, lo que todavía no sabemos es a quién trasladaron. Nadie desde el tribunal nos ha notificado sobre el eventual traslado de algunos de los imputados que están detenidos en Marcos Paz. La verdad que a nosotros nos sorprendió en el sentido de que no sabíamos que iban a hacer esa movida. No conozco el origen de por qué decidieron el traslado”.

Según el despacho de Agencia para la Libertad la medida fue tomada por la Dirección Nacional del Servicio Penitenciario Federal, a cargo de Emiliano Blanco; mientras que desde la Procuración Penitenciaria de la Nación manifestaron su preocupación por esta decisión de “trasladar a una parte de la población femenina de la Unidad 31 de Ezeiza a fin de afectar el espacio que ocupaban al alojamiento de detenidos adultos mayores comprometidos en procesos por violaciones a los derechos humanos”, tanto por “la improvisación en la prevención y solución del hacinamiento carcelario, como (por) el escaso cuidado en la ejecución de medidas de esta clase en forma respetuosa de los derechos de las personas detenidas”.

jueves, 29 de mayo de 2014

Rosa Roisinblit y Guillermo Pérez declararon en el juicio por los crímenes de la ESMA

Abuela y nieto juntos, en tribunales

El nieto de la vicepresidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Guillermo Rodolfo Pérez Roisinblit, que nació en la ESMA, contó que su apropiador lo amenazó: “Me dijo que cuando saliera me iba a poner una bala en la frente a mí, a mi hermana y a mis dos abuelas”.

 Por Ailín Bullentini

Rosa Roisinblit no alcanza al hombro de Guillermo Rodolfo Fernando Pérez Roisinblit y, a pesar de que debe levantar mucho su cabeza para encontrar la cara de su nieto, logra descubrirle detalles. “Tenés los ojos rojos”, le dijo, mientras desandaban lento el pasillo que los devolverá desde la Sala AMIA de los Tribunales de Comodoro Py al sol de la mañana de ayer, la primera vez en la Justicia, de él, para contar la historia que los une: la desaparición de Patricia y José Manuel, hija y yerno de Rosa, madre y padre de Guillermo; su nacimiento en la Escuela de Mecánica de la Armada, su apropiación y la recuperación de su verdadera identidad. “Es porque estuve llorando”, le respondió él, grandote, dulce. Abuela y nieto hablaron frente al Tribunal Oral Federal Número 5 y se complementaron en el pedido a los represores acusados en el juicio oral que investiga los crímenes cometidos en la ESMA. “Que algún inculpado se atreva a decirnos dónde están los nietos nos haría mucho bien”, rogó ella. “Quiero saber qué pasó con mis viejos, quiénes fueron los responsables, quiero encontrar sus restos y poder ponerlos en un lugar donde poder llorarlos. Quiero justicia”, concluyó él.

El de la vicepresidenta de Abuelas de Plaza de Mayo fue el relato que inauguró la audiencia de ayer en el debate oral y público que analiza las responsabilidades de 68 acusados en las violaciones de derechos humanos sufridas por hombres, mujeres y niños en el predio de Avenida del Libertador. Rosa habló del secuestro de su hija y de la búsqueda que emprendió de ella y de su nieto. Inmediatamente después, Guillermo ofreció su versión de los mismos hechos, aquella que construyó y construye en retroactiva, pero que no abandona: “No cuento con un solo recuerdo de mis papás. Los tuve que conocer a través de una veintena de fotos en las que son permanentemente jóvenes y están inmóviles y el recuerdo de familiares, amigos, compañeros de escuela y militancia”, remarcó. Luego, recitó las biografías de sus progenitores: “Eran jóvenes y tenían ideales. 25 años los dos, militaban en Montoneros. Mi mamá estaba a sólo cuatro finales de recibirse de la carrera de medicina. Era muy inteligente, aplicada. Mi papá también lo era, profesor de piano y solfeo, de guitarra y boy scout. Los dos eran hijos únicos, por eso con la desaparición de ellos diezmaron a mi familia. No están, no sé qué pasó con ellos, no sé quiénes fueron los responsables y no tengo una tumba adonde llorarlos tranquilo”.
Puntos de partida

No es la primera vez que Rosa se zambulle en las estructuras judiciales: fue querellante en el juicio por el plan sistemático de apropiación de bebés, mantuvo careos con el genocida Alfredo Astiz y el médico represor Jorge Magnacco, quien participó del parto de Patricia, entre otras tantas ocasiones.

A Patricia la secuestraron el 6 de octubre de 1978 de la casa que compartía con su compañero y Mariana, su beba de 15 meses. Estaba embarazada de ocho meses. A él lo fueron a buscar ese mismo día a su trabajo, un comercio de Martínez. Se los llevaron en un Falcon, que era seguido de un Jeep. A la nena “la dejaron con una señora mayor, familiar de José”, recordó Rosa, quien mantuvo el vínculo con su nieta y compartió con ella la búsqueda de su hija, su yerno y su nieto. Los pasos que dio en ese camino, las puertas que golpeó, las personas con las que habló formaron parte del último tramo de las consultas que la fiscalía realizó a la mujer.

Para Guillermo, todo comenzó más de 20 años después, el jueves 27 de abril de 2000, cuando su hermana Mariana lo fue a buscar a su trabajo. “Me entregó una carta que decía: ‘Mi nombre es Mariana Pérez, soy hija de desaparecidos, estoy buscando a mi hermano y es muy posible que seas vos’.” Guillermo le mostró su documento como prueba de que ella estaba equivocada. En él se llamaba Guillermo Francisco Gómez y había nacido el 24 de noviembre de 1978, datos que descubriría falsos recién algunos meses después. Sin embargo, la grieta ya estaba abierta. Esa tarde de abril fue a la Casa de las Abuelas y les dejó una prueba de su sangre.
Rastros

Rosa escuchó una sola vez a su hija después de aquel 6 de octubre de 1978, y nunca más. “Mamá, estoy bien”, le dijo Patricia por teléfono cuatro o cinco días después de su secuestro. Luego, un hombre le informó que la “condena” de su hija no iba a ser muy fuerte, que iba a estar presa un año y que su yerno no tendría la misma suerte. A Rosa la llamaron una vez más durante ese tiempo, también un hombre, también desde el anonimato. Le preguntaron por las vacunas de Mariana. Y eso fue todo.

La nada la empujó a la búsqueda que algunos años después desembocó en Abuelas y que luego de dos décadas la premió con la recuperación del nieto perdido. El destino de Patricia, en tanto, es un rompecabezas que cuenta con algunas pocas piezas. Se sabe que el matrimonio fue encerrado en el centro clandestino que funcionó en el Regimiento de Inteligencia de Buenos Aires perteneciente a la Fuerza Aérea (RIBA), en Morón. Por los testimonios de Sara Osatinsky, Amalia Larralde, Noemí Actis y Miriam Lewin, sobrevivientes de la ESMA, se descubrió que Patricia fue trasladada a allí para dar a luz.

“Cuando cayó la dictadura conseguí entrar a la ESMA. Me acompañaron algunas chicas que fueron compañeras de cautiverio de Patricia y sobrevivieron. ‘Ves, acá estaba la camilla en donde nació tu nieto’, me señalaban. Me mostraban debajo de una escalera y me decían ahí las ponían a las embarazadas y a las puérperas unos días después del parto hasta que las hacían desaparecer”, explicó la vicepresidenta de Abuelas e insistió en sus manos vacías: “Yo busqué y busqué señales. Quisiera encontrar algo, un rasguño en una pared aunque sea, que me diga que ahí estuvo mi hija. Pero no hay nada”.

El testimonio presencial de Lewin y Actis también ayudó a Guillermo. “Con ellas recorrí la ESMA en 2005. Me mostraron a la luz de qué ventana nací, el 15 de noviembre de ’78, entre media mañana y mediodía, me dijeron que además de Magnacco, Larralde y Osatinsky asistieron el parto y que un rato después la trajeron a Lewin al sótano en donde estábamos. Calculo que habré compartido con mi mamá dos o tres días”, sumó. No tiene datos de qué pasó entre que lo separaron de su mamá y cayó en manos del matrimonio de Francisco Gómez y Teodora Jofre y tampoco sabe si su papá alcanzó a conocerlo.

Fue Gómez quien le confirmó el lugar de cautiverio original de sus padres. Lo hizo cuando, luego de tres negaciones, reconoció que lo había apropiado. “Rompió en llanto y me contó que soy hijo de una estudiante de medicina judía que estuvo detenida en la RIBA, donde él trabajaba; que él los sábados y domingos, cuando le tocaba turno en ese lugar, y no había ningún jefe, le pasaba comida de más de contrabando y la sacaba a pasear, a veces vendada y a veces no, por el patio de la dependencia; que me quedara tranquilo que mientras estuvo embarazada de mí no se le había hecho ningún daño, pero que no podía decir lo mismo respecto de mi papá”, contó ante el TOF Nº 5 Guillermo, quien se excusó de haber bloqueado algunos datos: “Lo que sí recuerdo es que le contesté ‘andá buscándote un abogado porque te robaste al nieto de la vicepresidenta de Abuelas’”.
La restitución

Rosa contó que cuando lo conoció, se asombró de lo alto que era Guillermo. “Yo soy tu abuela”, recordó que le dijo cuando se encontraron en septiembre de 2000, luego de que el resultado del análisis de compatibilidad de ADN realizado en Seattle confirmara lo que ya había dicho uno previo realizado en Buenos Aires: Guillermo es Rodolfo, el hijo de Patricia y José Manuel, en un 99,999 por ciento.

Quien fue Guillermo Francisco Gómez hoy es Guillermo Rodolfo Fernando Pérez Roisinblit, pero el camino no fue fácil. “Tuve una etapa muy fuerte de negación cuando quedaron detenidos mis apropiadores. Negué no sólo mi historia, sino también quién era yo”, aportó. Mientras su abuela materna intentaba no perder el contacto –“tranquilamente, despacito, lo llamaba por teléfono y él estaba muy enojado, pero no me cortaba”, recordó Rosa–, Guillermo se sumaba a la Fuerza Aérea. Se negaba a ofrecer su muestra de sangre para el análisis de ADN que debía hacer el hospital Durand para la causa que llevaba la jueza María Servini de Cubría, quien había ordenado la prisión preventiva a Gómez y Jofre.

Gómez fue encarcelado en un predio de la Fuerza Aérea en Palermo y puesto bajo custodia de sus ex compañeros de fuerza. Allí lo vio Guillermo por última vez, un episodio que trajo al debate oral como respuesta a la consulta de la fiscalía respecto de si había recibido alguna vez una amenaza: “Era el 23 de diciembre de 2003. Gómez estaba detenido con bastantes privilegios, comía asado todos los días y tomaba alcohol. Ese día estaba borracho. Me recriminó su detención y me advirtió que no iba a ser para toda la vida y que cuando saliera me iba a poner una bala en la frente a mí, a mi hermana y a mis dos abuelas. Esa fue a amenaza más latente que recibí”, contó. Nunca más lo volvió a ver. Gómez cumple preventiva en Marcos Paz.

Antes de cortar vínculos, Gómez fanfarroneó frente al hombre cuya identidad robó durante más de veinte años. “Me dijo que mediante él podíamos llegar a dos o tres chicos en mi misma situación y que Ezequiel era uno de ellos”, apuntó Guillermo ante la consulta de la fiscalía y asumió haber compartido cumpleaños con ese chico. “Ezequiel” es Rochistein Tauro luego de haber recuperado la identidad que le sustrajo su apropiador, el suboficial principal Juan Carlos Vázquez Sarmiento. Sus padres María Graciela Tauro y Jorge Rochistein fueron secuestrados, mantenidos cautivos en la comisaría Nº 3 de Castelar, la Mansión Seré y la ESMA –allí nació Ezequiel–, y permanecen desaparecidos.