lunes, 27 de julio de 2015

Alemann: el ex funcionario de la dictadura en la megacausa ESMA

El caso contra Alemann

En 1980, Juan Alemann era uno de los asistentes de Martínez de Hoz y fue al campo de la muerte a conocer a un secuestrado al que acusaban de haber comandado un atentado en su contra. La defensa del mellizo, el tema de los chicos apropiados.

 Por Alejandra Dandan

Los alegatos por los crímenes de la Escuela de Mecánica de la Armada comenzaron a trabajar el rol de los civiles. Juan Alemann es uno de los dos civiles juzgados en este juicio. Mientras era secretario de Hacienda del ministro José Alfredo Martínez de Hoz entró en el centro clandestino a buscar información sobre un atentado que le habían realizado. A fuerza de tormentos buscó datos sometiendo a un prisionero que la patota le puso a disposición. El ex funcionario, que sigue en libertad tal vez por no vestir uniforme, fue reconocido en la ESMA por varios sobrevivientes.

Alemann no está imputado por apropiación de niños, pero la fiscalía trajo a la audiencia el tema al rescatar una entrevista que, sin embargo, permite ver las oscuridades de su alma. “Hubo 200 y pico de casos de mujeres que tuvieron hijos en cautiverio y después las liquidaron –dice Alemann en ese texto–. De esos, unos 200 los entregaron a los jueces y quedaron menos de 30 casos que se distribuyeron entre familias de militares. Eran chicos que sobraban, porque esos guerrilleros constituían parejas y mientras peleaban tenían hijos. Era una irresponsabilidad. Pero no hubo robo de chicos. Hay que tener estómago para hacerse cargo del hijo de un guerrillero.”

La fiscal Mercedes Soiza Reilly, a cargo de este tramo de la lectura de los alegatos, continuó leyendo esa entrevista. “Al ser preguntado por el periodista: ¿Las cosas pudieron hacerse de otra manera?”. Alemann respondió: “Yo hubiera hecho otra cosa. Hubiera declarado el estado de guerra interno y hubiera fusilado a todo guerrillero que se encontraba con armas. Así se hizo en Chile”.

Alemann entró en la ESMA en 1980 para ver a Orlando Ruiz, un joven militante de Montoneros, secuestrado el 4 de junio de 1980, con su esposa Silvia Beatriz María Dameri, embarazada, y sus dos hijos menores, María de las Victorias y Marcelo Mariano. De acuerdo con los sobrevivientes, la patota forzó a Ruiz para que se hiciera cargo del atentado contra el funcionario. Alemann admitió, hasta aquí, que estuvo en la ESMA y en contacto con los militares, pero negó haber visto a Ruiz e intenta defenderse como lo hicieron los mellizos García Velazco: planteando confusión con su hermano Roberto. Dice que la instrucción de la causa se confundió. Que en todo caso, podrían haber visto a su hermano Roberto, también funcionario pero, como señaló la fiscalía, en un cargo que ocupó recién en 1981, después de los hechos investigados.

“La participación de Alemann en uno de los tramos de los ilícitos que tuvieran como víctima a Orlando Ruiz se encuentra acreditada por las probanzas que se han colectado a lo largo de este juicio”, dijo la fiscal. “Veamos qué pruebas hemos colectado que nos permiten tener por acreditado que el día en que Alemann llegó a la ESMA, Orlando Ruiz fue puesto ante su presencia”, propuso. “En primer lugar, contamos con el relato de dos sobrevivientes que vieron y supieron de la presencia de Alemann, el día en que Ruiz fue llevado a la sala de torturas del sótano del centro de exterminio.” Los testimonios son del Sueco Carlos Lordkipanidse y Víctor Basterra. A sus testimonios históricos, conocidos, se sumaron otros aportados en este debate, dado que Alemann por fin aparece entre los hechos investigados.

Lordkipanidse tomó contacto con Ruiz durante “unos escasos minutos”, antes de la visita de Alemann. El muchacho, a quien no volvió a ver después de ese día y que permanece desaparecido, le dijo que lo someterían a una situación en la que iba a estar el “doctor Alemann”. Lo harían hacerse cargo del atentado. Lordkipanidse pensó que eso era bueno: si a Ruiz lo ponían en presencia de un civil, al Grupo de Tareas no le iba a quedar otra alternativa más que blanquearlo. “Me llenó de esperanza –dijo el Sueco– cuando Alemann pase por delante mío y me vea, pensé, quizás salgo yo también y se rompe la promesa del capitán Acosta, cuando me dijo ‘vos sos boleta’.”

Entonces, se cruzó con Alemann. Estaba en el pasillo del Sector 4, nombre con el que los marinos llamaban al sótano. El lugar no estaba desmantelado sino que tenía oficinas a ambos lados de un pasillo. Parado ante la puerta del comedor, pegada a la Huevera, el Sueco vio pasar a la comitiva exactamente delante suyo y observó cómo ingresaron a ese lugar destinado a la tortura. A Alemann lo vio corpulento, alto, “una persona pública y fácil de reconocer”. También dijo que era parecido a su hermano. Que vestía de traje color gris y zapatos negros. A su alrededor andaban otras diez personas, calculó. Distinguía a dos uniforme y el resto de civil. A esa altura se le sumaron, además, varios de los responsables del centro de exterminio.

Una vez que Alemann entró en la Huevera, el Sueco escuchó el sonido de los grilletes de Orlando, recordó la fiscal. Ruidos que aparecieron “cuando lo desplazaban de la sala de interrogatorios hasta el lugar donde lo aguardaban”.

Para entonces, Lordkipanidse llevaba tiempo secuestrado, forzado a hacer tareas de fotógrafo. “No usaba capucha, pero sí un antifaz, que se corría y le permitía ver. Por handy anunciaron la llegada de Alemann. El guardia, que pretendía llevarlo al comedor para que no viera, al ver la presencia de Alemann se puso en posición de firme.” La llegada del funcionario no fue una sorpresa, se había preparado con anticipación y para el acontecimiento lavaron el sótano con lavandina. “Alemann era el jefe –dijo el Sueco observando la situación–: todos los demás le rendían honores.”

Para la fiscalía estas escenas son clave, no sólo para probar su presencia sino para el ir a otro punto importante, que “Alemann tuvo la posibilidad de influir en la liberación de un detenido, Orlando Ruiz, por los contactos que tenía debido a su función pública, pero no lo hizo”.

El funcionario estuvo con el prisionero una media hora. En la Huevera habían quedado rastros del escenario montado: una representación del atentado con fotocopias de diarios, organigramas de estructuras de los militantes, llaves, corchetes que encerraban nombres y apodos de personas.

Basterra también confirmó la presencia de Alemann. Un guardia le dijo que había llegado porque Ruiz era uno de los responsables de un grupo que lo atacó. También le confirmó que el tal Alemann estaba vinculado al Ministerio de Economía.

En el juicio declararon la hermana de Ruiz y el testigo y sobreviviente Mario Villani. Su testimonio agregó un dato importante: lo describió como parte de las estructuras de poder y explicó que “fue visto en la ESMA más de una vez”. Lo vio además en el Sector 4 acompañado por “Marcelo”, es decir Ricardo Cavallo.

“Los testimonios colectados no hacen más que afirmar que Alemann no sólo fue a la ESMA sino que fue puesto ante Ruiz, a quien acusaban de haber causado su atentado y a quien le pedían explicaciones”, dijo la fiscal. “La presencia del imputado en la ESMA, interrogando a un secuestrado, implicó, además, violencia psíquica por la frustración de las expectativas que pudiera albergar Ruiz, teniendo frente a él a un funcionario de gobierno. Esta presencia más el interés de Alemann en interiorizarse de los pormenores del atentado generaron una mortificación extra en el cautivo, que ha aumentado cuando como respuesta obtuvo la continuación del sometimiento indigno. Y como si fuera poco, todo esto se completó con su desmoronamiento psíquico al comprobar que Alemann no era más que otro integrante del plan de destrucción que se había gestado.”

El rol de los médios en la ESMA

Los médicos que actuaron en la ESMA

La fiscalía centró ayer su alegato del juicio por los crímenes cometidos en la ESMA en la participación de Jorge Luis Magnacco, Carlos Octavio Capdevilla y Rogelio Martínez Pizarro y analizaron su función dentro del plan represivo.

 Por Alejandra Dandan

Sara Solarz de Osatinsky describió cómo Jorge “el Tigre” Acosta se desesperó en medio de su sesión de tortura porque ella no gritaba. ¿Por qué no gritás?, le dijo. ¿Qué pasa? Ella le respondió que en realidad no sentía nada debido a todo el dolor que había sufrido. Entonces Acosta llamó a Rogelio Martínez Pizarro, uno de los médicos del centro clandestino –los Tomy– en este caso dermatólogo. Martínez Pizzarro, dijo Sara, la evaluó y señaló que podían continuar con la tortura. Tiempo después, ese Tomy le dijo a Sara: “A mí nunca nadie me puede acusar de ser un torturador porque nunca torturé a nadie”. Ella le replicó: “Dando la venia para que continuaran la tortura, también me parecía que él era un torturador”.

Aquel médico es uno de los 59 acusados que aún esperan sentencia en el megajuicio por los crímenes de la Escuela de Mecánica de la Armada. A la vez, es uno de los únicos tres médicos de este juicio. Con él son juzgados los más conocidos Jorge Luis Magnacco y Carlos Octavio Capdevilla. Martínez Pizzarro llegó a este juicio sin condena. La fiscalía ayer, durante la jornada de alegatos, abordó el rol de cada uno de ellos. Señaló la “función central” que tuvieron los médicos en el plan sistemático de exterminio. En especial, en el tratamiento ilegal de las víctimas más vulnerables. La fiscal Mercedes Soiza Reilly, que continúa a cargo de este tramo de lectura, describió la relación del Departamento de Sanidad de la ESMA y del Hospital Naval en el suministro de esta mano de obra específica. Y recordó, en el caso específico del Tomy Martínez, de acento cordobés, que los sobrevivientes lo situaron dándole la inyección letal a Norma Arrostito, aparentemente el veneno que se sabe que le provocó la muerte.

“Los médicos se encargaron de las víctimas más vulnerables del campo, de lo más terrible, de las más castigadas”, explicó la fiscal. Atendieron a los torturados y lacerados para reponerlos cuando sus captores buscaban continuar interrogándolos. Se ocuparon de las embarazadas para que llegasen al parto y para poder robarles sus hijos. Y del pentonaval para que no opongan resistencia quienes iban a ser trasladados en los vuelos de la muerte.

Detrás del texto de la fiscalía, lo que ayer había en la sala de Comodoro Py era una respuesta a las defensas, que cuando ya no pueden discutir la participación de los médicos en el grupo de tareas sostienen que estuvieron ahí con una función asistencial. O, en el caso del Hospital Naval, que actuó como “salvataje”, por ejemplo con Marta Alvarez, trasladada allí por una complicación en el parto. La fiscalía recordó que, incluso en ese punto, el hospital fue una prolongación del centro clandestino. Marta continúo ilegal, clandestina, ni siquiera registrada y le prohibieron deambular por otros sectores. “No puede ser reducido su accionar a una actividad solidaria, pues sus acciones no los eximen de responsabilidad, más cuando con ellas permitieron la ejecución de las prácticas ilegales que formaron parte del plan sistemático de exterminio. En ese sentido, a poco de repasar los tipos de colaboración podemos acreditar que su actuación fue un soporte esencial en los hechos, descartando cualquier argumentación defensista.”

La presencia de los médicos en el campo no fue un capricho del GT. Estuvo regulada y prevista por el plan secreto de Capacidades de la Armada (Placintara/75) para cumplir con los planes militares, explicó la fiscalía. Los documentos reservados del Ministerio de Defensa demostraron además que institucionalmente dependían del Departamento de Sanidad de la ESMA, ubicado en el predio. Sanidad estaba vinculado al director de la ESMA y proveía de médicos y de enfermeros al CCD, dijo la fiscalía. “Pero es Acosta quien incluye al personal de Sanidad como parte esencial del GT –recordó– cuando en su indagatoria nos manifestó que era una ‘pieza fundamental en la estructura’. Fueron piezas que posibilitaron la concreción de los hechos criminales. Además, Acosta dijo que ellos tenían asignado un lugar en el espacio exclusivo de Los Jorges, el sitio clandestino donde se decidía la vida y la muerte de los cautivos.”

Así como Sanidad, otra área que funcionó en esa línea fue el Hospital Naval. “No sólo facilitando a sus profesionales médicos al GT, sino las instalaciones, dado que en ese lugar la residencia del cautivo fue clandestina como lo fueron las atenciones brindadas ya que continuó siendo sometido a un cruel trato, inhumano.”

Sanidad y el Hospital Naval tuvieron otras características. Sanidad estaba dividida en cuatro áreas: medicina, odontología, farmacia y bioquímica. “Las necesidades operativas obligaban al responsable a requerir la presencia de médicos del Naval, pero –dijo Soiza Reilly– necesitaban especializados en otros temas que podían cubrir con los médicos disponibles en Sanidad, por ejemplo un obstetra.” Martínez Pizzarro, Capdevilla y Magnacco fueron los más nombrados por los sobrevivientes, los más vistos dentro del campo y los que más injerencia tuvieron en el contacto con los cautivos, dijo la fiscal durante el alegato en el que enumeró y describió la función de cada uno en el centro de maternidad ilegal.

Por esas mismas razones, ellos no fueron todos los médicos ni enfermeros que actuaron. “El número de profesionales de la salud no se reduce a los tres imputados del juicio –explicó–. El plan de exterminio se preparó para que estos profesionales tengan asignado tareas especiales dentro y fuera del CCD. Su tarea era atender no solo a la población de las ESMA sino los requerimientos del GT.”

De los tres acusados, Martínez Pizzarro es quizás el menos conocido. Su nombre aparece sin embargo en los primeros listados de los sobrevivientes, tratados en este juicio singularmente con la entidad de prueba documental. Lo nombra Sara Osatinsky, también Lisandro Cubas, Alfredo Buzzalino, Miguel Lauletta, Ricardo Coquet, pero también aparece en la carta escrita por Domingo Maggio, en abril de 1978, cuando escapó de la ESMA. En esa carta que logró redistribuir antes de su nueva captura y asesinato también aparece la referencia a Magnacco.

“La metodología que aplican para deshacerse de los cadáveres de los secuestrados (...) fue cambiando con el tiempo. En los comienzos colocaban en un auto a una cantidad de personas (6 o 7), los acribillaban a balazos y luego incendiaban el auto. Luego adoptaron el ahorcamiento en la misma escuela, para luego tirarlos al mar. En la actualidad se les coloca una inyección somnífero, se los envuelve en una lona y se los tira al mar (...). Esta tarea es efectuada también por un médico, oriundo de Córdoba, que se hace llamar Tomy y por otro al que llamaban Menguele.”

Martínez Pizzarro aún niega su participación activa en la ESMA. Dice que se dedicó a controles “mínimos”. Pero hoy está acreditado no sólo su intervención como médico, sino su ascenso durante el tiempo que estuvo en la ESMA y su integración a los operativos por su paso previo por la Infantería de Marina, es decir, dijo la fiscalía, “un militar entrenado en combate”. Su nombre aparece en el histórico documento que señala las condecoraciones hechas por Emilio Massera a los integrantes del GT por su “heroico valor al combate”: “Si alguna duda cabe, esta distinción de la medalla de honor es por haber actuando en combate real contra las víctimas de este juicio –dijo la fiscal–: no fue por haber atendido a los aspirantes de la Escuela”.

jueves, 9 de julio de 2015

La historia desconocida de Rodolfo Walsh que reveló la causa ESMA



Se armó una cadena testimonial impresionante", dijo la abogada de la familia Walsh
"Lo que más me interesa de ello es que se llevaron el último cuento que mi padre había escrito «Juan se iba por el río». Durante el juicio les pedí a los represores en la cara que me lo devolvieran", señaló Patricia Walsh a este medio.

Gracias a los testigos del juicio, salieron a la luz datos inéditos sobre los meses previos a su homicidio; el predio en donde podrían estar sus restos
Por Maia Jastreblansky  | LA NACION

La causa ESMA no sólo hizo justicia con la familia de Rodolfo Walsh al condenar a prisión perpetua a los responsables de su muerte. También echó luz sobre aspectos desconocidos sobre los meses previos a su desaparición. Además, les dejó una esperanza: la posibilidad de descubrir el paradero de sus restos.

Tras el golpe de marzo de 1976, Walsh había pasado a la clandestinidad como Norberto Pedro Freyre, gracias a una cédula apócrifa que le había facilitado un amigo policía. Ya había falsificado su identidad por la de Francisco Freyre cuando investigó los fusilamientos de José León Suárez (relatados en Operación Masacre) pero, llegada la Junta Militar, decidió cambiar su nombre de pila y camuflarse bajo un aspecto senil.

A pesar de su disfraz, el 25 de marzo de 1977, en la esquina de San Juan y Entre Ríos, un grupo de militares le hizo una emboscada, lo acribilló e hizo desaparecer su cuerpo.

En el veredicto dictado el pasado miércoles por el Tribunal Oral 5°quedó probado que Walsh fue asesinado por el Grupo de Tareas (GT) 3.3.2. de la ESMA, un hecho por el que fueron condenados, entre otros, Alfredo Astiz y Jorge "El Tigre" Acosta. Lo que hasta entonces figuraba como "desaparición", pasó a llamarse "homicidio".

"Se armó una cadena testimonial impresionante", dijo la abogada de la familia Walsh

Pero además en el juicio pudo comprobarse que parte del GT, bajo el comando directo de Acosta, venía siguiendo la pista de Walsh desde septiembre de 1976, y que personas sin vínculo con el periodista fueron detenidas y torturadas con la intención de obtener datos. En tanto, gracias a las declaraciones de sobrevivientes, la Justicia ordenó preservar un predio en donde podrían estar los restos del escritor.

"Por lo pronto, no nos podemos quedar con la duda así que reclamamos que se hagan peritajes en ese terreno", señaló la hija del periodista, Patricia Walsh en diálogo con LA NACION. Su abogada, Myriam Bregman, explicó acerca del juicio: "Fuimos reconstruyendo espacios en blanco. A partir de un testimonio pedimos más testigos y se armó una cadena testimonial impresionante".
La casa del Delta

Uno de los hechos que salieron a la luz fue el operativo que el "Tigre" Acosta llevó a cabo en el Delta del Tigre. Allí Walsh había adquirido dos casas de fin de semana, "Lorelei" y "Liberación".

A esta última se dirigieron los militares bajo orden de la Marina a buscar al periodista el 19 de septiembre de 1976. Al llegar se encontraron con la casa vacía, situación que no les impidió irrumpir violentamente. Se trata del famoso "allanamiento" de la casa de Tigre al que el periodista se refiere en el primer párrafo de la Carta Abierta a la Junta Militar.

"Sólo con el tiempo algunos entendieron que fueron detenidos porque buscaban a mi padre", dijo la hija de Walsh

En una propiedad vecina residía un matrimonio que al momento del operativo recibía la visita de otra pareja. Los cuatro fueron capturados y trasladados encapuchados en lancha-colectivo hasta la costa y luego hacia la ESMA. Allí fueron sometidos a torturas y vejaciones, interrogados sobre el paradero de Walsh, a quien no conocían. Luego de unos días, fueron liberados.

El matrimonio vendió su casa y jamás quiso regresar al lugar. "Sólo con el tiempo estas personas comprendieron que habían estado en la ESMA, porque asociaron los ruidos de los aviones y los murmullos, y que en realidad buscaban a mi padre", relató Patricia Walsh.

La reapertura de la investigación los motivó a brindar testimonio en el juicio que finalizó el pasado miércoles. Tras su declaración, durante las audiencias, el "Tigre" Acosta reconoció ante el Tribunal haber encabezado la operación.
 Lorelei, una de las casas de Walsh en el Tigre // Foto: Luciano Zito - LUPA FILMS.

El botín de San Vicente

A los represores además, se les imputó el delito de "robo con armas, en lugar poblado y en banda", en perjuicio de los bienes de Walsh. Cuando en marzo del 1977 el periodista fue capturado, llevaba un maletín con el boleto de compra venta de un terreno en San Vicente.

Allí se dirigió el grupo de tareas para realizar la tarea que se hacía con la mayoría de los desaparecidos: llevarse un botín. Los militares ingresaron en su casa de San Vicente y la vaciaron de pertenencias, que fueron depositadas en el llamado "Pañón" de la ESMA, donde se acumulaban los bienes de las víctimas.

"Lo que más me interesa de ello es que se llevaron el último cuento que mi padre había escrito «Juan se iba por el río». Durante el juicio les pedí a los represores en la cara que me lo devolvieran", señaló Patricia Walsh a este medio.
 La casa de San Vicente donde fueron robadas sus pertenencias // Foto: Luciano Zito - LUPA FILMS.

El campo de deportes, una sospecha a despejar

En uno de sus párrafos de la sentencia que leyó el tribunal se hace mención a un campo de deportes sobre el cual se pide "preservar la prueba". Se trata del predio "Cabo Primero Ernesto del Monte" que la Armada posee en el barrio de Núñez.

Allí hace 19 años se realiza un torneo deportivo del que participan los miembros de las Fuerzas Armadas. Fútbol, voley y atletismo son algunas de las disciplinas que se practican en la competencia, cuya última edición tuvo lugar en septiembre último.

Según lo que indujo la hija de Walsh a raíz de los testimonios, ese podría ser paradero de los restos de su padre. Dos de los sobrevivientes, aseguraron además haber visto al cuerpo Walsh ser trasladado en camilla en el sótano del llamado casino de oficiales, el espacio central de alojamiento y tortura de los secuestrados de la ESMA.

"No me puedo quedar con la duda del paradero de sus restos", manifestó Patricia Walsh

"Los testigos dijeron que las víctimas que fueron cremadas eran enterradas en ese lugar. Mi padre fue baleado por lo que hay grandes posibilidades que sea su caso, a diferencia de otros cuyo destino fueron los «vuelos de la muerte»", relató Patricia Walsh.

Ese podría ser además el lugar donde se enterró el cuerpo de Raimundo Villaflor, protagonista del libro de Walsh "¿Quién mató a Rosendo?", según el reclamo que también hizo su hija, Laura Villaflor. Ambas mujeres harán mañana una nueva presentación judicial sobre el tema.

"Es grave hacer de cuenta que no sucedió nada y llevar a ese lugar a practicar deporte sin explicar lo que allí sucedió", manifestó Patricia Walsh. Tras la disposición de la Justicia, espera que el Equipo Argentino de Antropólogos Forenses (que ha recuperado cientos de cuerpos de personas desaparecidas), haga los rastrillajes pertinentes en el lugar.

martes, 9 de junio de 2015

El crimen de la hija de Urondo

Un civil imputado dijo que Claudio Urondo y Mario Koncurat fueron asesinados por marinos.
En una declaración que generó sorpresa y dudas, el abogado Gonzalo Dalmacio Torres de Tolosa, acusado en la causa ESMA, aseguró que Claudia Urondo y Mario Koncurat fueron asesinados por entre doce y catorce marinos en diciembre de 1976, en Colegiales.

 Por Carlos Rodríguez


Un civil que integra la lista de imputados en la causa por los crímenes de lesa humanidad ocurridos en la ESMA sorprendió a todos con un relato acerca de la forma en que habrían muerto Claudia Josefina Urondo, la hija mayor del poeta Francisco “Paco” Urondo, y Mario Lorenzo Koncurat, su pareja. De acuerdo con la versión que dio el abogado Gonzalo Dalmacio Torres de Tolosa, en la tarde del 3 de diciembre de 1976 la pareja fue sorprendida y rodeada por una patota de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), en el barrio de Colegiales. La hija de Urondo y su compañero mantuvieron un enfrentamiento “por horas” con un grupo de tareas de la Armada integrado por doce o catorce marinos, encabezados por el capitán Jorge Eduardo Acosta, a quien llamaban El Tigre, jefe de Inteligencia del centro clandestino de detención.

Un rato antes de lo sucedido, Claudia había dejado a sus dos hijos, Sebastián y Nicolás, en una guardería. Ese mismo día, Nicolás, el menor de los hijos de la pareja, cumplía dos años. Claudia le había prometido hacerle una fiestita en casa de la abuela materna. La promesa no pudo ser cumplida porque los niños nunca más vieron a sus padres y recién cuarenta días después se reencontraron con su abuela paterna, luego de haber estado en un instituto de menores.

Torres de Tolosa es uno de los 61 imputados en la causa ESMA y su declaración provocó sorpresa, y dudas sobre su credibilidad, en la Fiscalía y los querellantes. Durante la dictadura militar, el imputado se desempeñó como secretario del juzgado de menores 9, a cargo de Oscar Hermelo, pero en los ratos libres iba a la ESMA para almorzar con su amigo El Tigre Acosta. Justificó esas visitas afirmando que en el mayor centro clandestino de detención de la Capital Federal “se comía muy bien”. Con el retorno de la democracia, Torres de Tolosa consolidó sus vínculos con integrantes de los grupos de tareas de la dictadura militar, ya que fue por un tiempo abogado del secuestrador y torturados Juan Antonio del Cerro, alias Colores, fallecido en abril de 2006, cuando estaba detenido por crímenes ocurridos durante la dictadura en el centro clandestino conocido como El Olimpo, en el barrio porteño de Floresta.

Al igual que Torres de Tolosa hoy, Del Cerro realizó, en 1996, una presentación ante la Justicia señalando con nombre y apellido a decenas de represores que habían actuado con él en distintos centros clandestinos de detención. Con el tiempo, el abogado de Colores cruzó la estrecha vereda por la que venía caminando y él fue denunciado por haber participado en al menos dos de los llamados “vuelos de la muerte”, que consistían en arrojar al mar o al Río de la Plata a detenidos- desaparecidos.

La denuncia contra el abogado fue realizada por el capitán de corbeta Adolfo Scilingo, quien reveló que Torres de Tolosa era conocido, en la ESMA, como el “teniente Vaca”. Las investigaciones judiciales confirmaron los vuelos de la muerte, luego de revisar más de 2700 planillas de operaciones aéreas con aviones Shorts CS-7 Skyvan, de la Prefectura Naval Argentina. Entre los pilotos figuraba el nombre del abogado que dio su versión acerca de la forma en que murieron la hija de Urondo y su marido.

Torres de Tolosa, que cumple prisión domiciliaria por tener problemas de salud, relató ante los miembros del Tribunal Oral Federal N°5 que el oficial de la Armada Francis Whamond, quien supuestamente integró el grupo que rodeó al matrimonio Urondo-Koncurat, le contó que “el marido y la mujer se enfrentaron a doce o catorce integrantes del grupo de tareas de la ESMA. Durante varias horas se estuvieron tiroteando. Murieron los dos, eran oficiales muy importantes” de Montoneros.

El imputado hizo su relato, pero aclaró que no iba a responder ninguna pregunta ni de la Fiscalía ni de las querellas. Los que escucharon las declaraciones tienen algunas dudas que no pudieron ser confirmadas ni desmentidas, por la postura de Torres de Tolosa de no contestar ninguna consulta sobre sus dichos. Durante la exposición, el acusado interrumpió su testimonio en tres oportunidades por ataques de llanto de los que nadie supo dar fe si eran auténticos o simulados.

“Voy a hablar sólo sobre los chicos Koncurat”, advirtió de entrada, para luego dar una versión de los hechos con detalles desconocidos acerca de la muerte de los dos militantes de Montoneros. También se refirió al recorrido que tuvieron que sufrir los hijos de la pareja, Sebastián y Nicolás Koncurat, desde la guardería en la que los había dejado su madre, pasando por el Instituto de Menores ubicado en la localidad bonaerense de Moreno, hasta el reencuentro con sus abuelos paternos.

Desde su desaparición en diciembre de 1976, nada se sabe sobre el destino de Claudia Urondo y Mario Konkurat. En una de sus declaraciones en la causa, Torres de Tolosa contó que algunas veces, cuando salía del juzgado, se iba a almorzar a la ESMA con su amigo, el capitán Acosta. Hace unos meses, Torres de Tolosa intentó que lo apartaran del juicio por su estado de salud. Los peritos del Cuerpo Médico Forense determinaron que estaba en sus cabales y que debía seguir. Lo que no queda en claro es el por qué del relato que hizo sobre un hecho que ocurrió hace casi cuarenta años. Llegó a decir que su intención era la de haberlo contado “mucho antes” y aclaró que no lo hizo porque su defensor oficial, Mariano Klumpp, se lo había “prohibido”.

Torres de Tolosa viene realizando acciones que muchos creen que están dirigidas “nada más que a embarrar la cancha”. Hace dos semanas había planteado ante los jueces que tenía pruebas de que la acusación en su contra la había planificado el abogado querellante Rodolfo Yanzón junto con fiscales y jueces.

martes, 26 de mayo de 2015

ESMA : El lugar y el tiempo donde la ternura fue desangrada en los altares de la tortura

Por Alfredo Grande
En una sesión, un paciente dijo en referencia a su divorcio… “mi ex”. Hacía constante referencia a su pasado matrimonial y la única forma que tenía de referirse a la mujer de la que se había divorciado era “mi ex”. Me saturé de esa insistencia y le dije por qué insistía en “mi ex”. Primero el “mi” era posesivo y justamente el divorcio disolvía esa posesión. Segundo: referenciar a una persona como “ex” era miserable. Toda su identidad quedaba reducida, minimizada, en aquel vínculo que ya no existía. Con ojos llorosos, me preguntó: “¿y entonces como le digo?”. La pregunta era obvia. “¿Cómo se llama?”. “Carmen” respondió. “Muy bien: decile Carmen”.

Así en la tierra como en el cielo, así en el consultorio como en la política. Referir a una situación como “ex” es una falsedad. Mecanismo habitual en la cultura represora. Se coloca algo en el pasado cuando el problema es que sigue siendo presente. Quizá no un presente material. Pero sin duda un presente institucional. Aunque la Esma se vista de seda, o de museo, Esma se queda. Y es bueno que así sea.

Muchas generaciones serán necesarias para reparar los desgarros de la masacre perpetrada por las instituciones del espanto denominadas fuerzas armadas. Muchas generaciones serán necesarias para reparar los desgarros de la masacre perpetrada por las instituciones del saqueo denominadas bancos. Pero empezar mal, siempre es terminar peor. A un adolescente sufriendo su absoluta indigencia podríamos nominarlo como “ex niño de la calle”. Si en la vida hay amores que nunca pueden olvidarse, también hay horrores que nunca pueden ni deben olvidarse.

Toda la parafernalia del “ex” huele a los pútridos olores de la reconciliación, el manto de neblina del olvido, el recordar para no recordar. Se han abolido leyes de obediencia debida y punto final, se ha abolido el indulto, engendros jurídicos producto de la democracia amenazada de Alfonsín y de la democracia cómplice de Menem. Se han realizado juicios por crímenes de lesa humanidad. Pero el modo de producción económica y política que produjo la masacre sigue intacto. Martinez de Hoz vive en la Ley de Entidades Financieras que posibilitó el saqueo de las clases trabajadoras. La lucha por la plena vigencia de los derechos humanos se ha fetichizado. O sea: se toman algunas partes por el todo. Y el Todo es el genocidio. Y tapar genocidios con museos o con abrazos es ingenuo, cómplice y perverso.

No solamente la Esma no puede vestirse de seda, sino que hoy la Esma, o sea, la lógica de exterminio de la Esma, vive en las cárceles, los institutos de reclusión, los prostíbulos donde mujeres secuestradas son torturadas con total impunidad, vive en las naciones de los pueblos originarios, diezmadas por el hambre, las enfermedades, la crueldad de todas las miserias.
Si hay amores que matan, hay abrazos que destruyen. Abrazo de oso, pero con un oso sanguinario y cruel. Nos indignamos cuando escuchamos Ex Esma, lo que a mi criterio está bien. Pero al menos el Poder podría ser coherente y designar a las Fuerzas Armadas, como Ex Terroristas de Estado. No le pido coherencia al Poder. Solamente señalo la brutal incoherencia. El problema mayor es que nos están llevando con bastante prisa y con ninguna pausa, al terreno que el Poder necesita. Presentarse como víctima. Negar su culpabilidad e inyectar culpa en los sobrevivientes. Nuevas historias oficiales se están escribiendo y estoy seguro de que nada tienen que ver con el pensamiento nacional. Y menos popular.

La falsedad sigue siendo la falsa moneda, la cuasi moneda con la cual el Poder paga a mujeres y hombres de bien que votan porque hay democracia. En realidad, es democracia porque se vota, o sea, la democracia aparece cada dos años. Lo demás es cadena nacional. Y fútbol para todos. Pronto con estadios vacío,s ya que ni a las mafias bravas se las ha podido combatir. La Esma es y será, sin “ex” que valga, el monumento emblemático a todas las formas de barbarie. El lugar y el tiempo donde la ternura fue desangrada en los altares de la tortura. Pero es el monumento que el Poder no tolera en su verdadero rostro. Lifting y siliconas son necesarios.

El Poder necesita la memoria heroica. La estatua. El mausoleo. Los pobres de la tierra cultivan con la tenacidad del labriego los recuerdos y la memoria histórica. Y no hacen diferencia entre combatientes y poetas. El artista es un inventor de belleza. Y no hay mayor belleza que la lucha por la justicia, por la felicidad, por la fraternidad. Si de locos y poetas todos tenemos un poco, ese es el problema a resolver. Con poco no alcanza, porque el Poder siempre tiene muchos locos siniestros y muchos mediocres poetas a grandes sueldos.

“Pero la reinscripción vincular será proveedora de identidad si, al mismo tiempo, el chico se reapropia también de su saber, de su hacer y de su poder implícitos en sus estrategias de sobrevivencia en la calle, interrogándose sobre su origen, su devenir, redescubriéndose como niño, joven, pueblo, trabajador, condición de acero y cristal, presencia profética de la calle.” 

Palabras de Alberto Morlachetti que son poesía y son combate. La presencia profética es lo que el Poder más teme. Más le aterra. Por eso buscará por todos los medios, incluso los legales (parafraseando a Lenin) eliminar a todos los profetas. Y no debemos dudar: pueden conseguirlo. Volverán a escribir el pasado, inventarán el presente, y alucinarán el futuro. Lo único nuestro es este presente. Porque en él decidimos qué pasado tuvimos y qué futuro deseamos. Antes que sea tarde y alguien por cadena nacional nos explique qué es la “Ex Democracia”.

viernes, 22 de mayo de 2015

Cachito Fukman ante las modificaciones en el Casino de Oficiales de la ESMA (RNMA)

En la emisión del martes 19 de mayo dialogamos con Enrique “Cachito” Fukman, integrante de la Asociación de ex Detenidos Desaparecidos, sobre la inauguración por parte el gobierno nacional de las obras que se realizaron en lo que fue el Casino de Oficiales de la ESMA.

“Mucho dolor  y bronca, y mucha preocupación”, así describió Enrique Cachito Fukman, integrante de la Asociación de ex Detenidos Desaparecidos (AEDD) y sobreviviente del centro clandestino de detención, tortura y exterminio que funcionó en el predio de la ESMA, sus sensaciones ante la inauguración del llamado “sitio de la memoria” por parte del gobierno nacional.

“Creemos que es un intento más de parte del gobierno de escribir la historia oficial, no la historia del pueblo, no una construcción de memoria que nos permita al pueblo transformar realmente nuestro presente, o sea tener nuestro pasado para transformar nuestro presente y generar otro futuro, sino que al contrario es generar una historia y una memoria que consolide nuestro presente, en el cual todos vivimos nuestras opresiones diarias”, aseveró Fukman en diálogo con Enredando las mañanas.

Hace poco menos de un mes, Fukman estuvo junto a su compañero de la Asociación Carlos Lordkipanidse, realizando una inspección ocular en el predio con el juez de instrucción Sergio Torres, que lleva adelante las causas por delitos de lesa humanidad cometidos en ese centro durante la última dictadura cívico militar. “Menciono una cosa –manifestó– como para relatar lo que vimos en Capucha, Capuchita, aquel lugar donde estuve 6 meses y medio, encapuchado y engrillado, donde estábamos con un tabique de madera, una colchoneta, todo sobre el piso. Cualquiera podía ir en una recorrida, que se hacía con las guías, con nosotros cuando lo solicitaban y acompañábamos, y se ingresaba al lugar, los pies de los visitantes estaban encima del piso, y había esa lucecita, que nosotros decíamos que era la misma luz que había cuando nosotros estábamos chupados, había sí apenas algunos atriles con las descripciones, muy sobrio todo, y cualquiera se podía imaginar y sentir concretamente cómo se estaba ahí. Sin nada más. En este momento le pusieron un piso flotante, donde ya te está separando del piso y de golpe ese piso tiene unas salidas hacia el lugar donde estaban las capuchas, donde estábamos nosotros con las colchonetas, pero lo que hicieron fue hacer un cajón, o sea cortan el piso flotante, lo dejan con un cajón y dicen ‘en un cajón como este estaban los secuestrados desaparecidos’. O sea, ya nos metieron en un cajón. Falta que pongan la tapa y nos maten”.

Fukman afirmó que en el momento en que vio este tipo de intervenciones sintió que se había desnaturalizado ese espacio tan importante: “nos han metido en un cajón y falta la tapa y ya está. Quizás eso también haya que unirlo con otras cosas que están sucediendo en ámbitos judiciales, cuando diferentes jueces, fiscales quieren declarar muertos a los desaparecidos, casi aparece de vuelta el tema de la muerte presunta, que en un momento quisieron imponer, y nosotros decimos desde siempre que si están muertos que nos digan quién los mató y dónde está su cuerpo. Siempre hemos dicho que ese era un paso hacia la reconciliación del pueblo con sus propios verdugos, y esta intervención al Casino de Oficiales de la Escuela de Mecánica de la Armada es un paso justamente en esa dirección”.

En este sentido, Fukman remarcó que siempre que avanza una causa judicial referida a los delitos cometidos en la ESMA se hace una visita o inspección ocular en el predio: “ahí puede llegar a haber un compañero que cuando entra diga ‘yo no entré por este lugar, acá no estuve’, o peor cuando vea las cosas le agarre un síncope y se quede ahí. La intervención que hicieron en el Casino de Oficiales obviamente es la culminación de todo lo que están haciendo en el predio, esa banalización que se está haciendo en el predio para que deje de ser el espacio de memoria, y es interesante porque lo llaman museo, una cosa estática, en donde el discurso lo pone el curador, y no un espacio donde el lugar interactúa con el que va. No hay nada que te interpele, mucho menos si en medio de eso ingresás y está una murga o alguien te da un choripán cuando salís”, afirmó.

Entre las modificaciones observadas en el sótano del Casino de Oficiales, Fukman señaló que volvieron a colocar imágenes de los compañeros secuestrados allí: “nosotros siempre lo hemos planteado, e incluso en su momento fue un acuerdo de todos los organismos, pero parece que algunos han sufrido amnesia, que lo que tiene que estar, pero no ahí adentro, es la historia de vida de todos los detenidos desaparecidos que pasaron por la ESMA para que las nuevas generaciones se puedan apropiar de eso, quiénes eran, qué hacían, tenían padre, madre, esposa, hijo, amaban, jugaban a la pelota, trabajaban, y militaban, por qué y en dónde. Si uno recorre hoy la ESMA va a ver que hay muy poco de ese material y muy seleccionado, son los que ellos empiezan a colocar y que tienen que ver más que nada con padres, familiares de funcionarios”.
 
Al respecto, el integrante de la AEDD agregó: “cuando nosotros hace un año y medio atrás empezamos a denunciar esto y hacemos unas intervenciones culturales afuera de la ESMA, no adentro justamente, la respuesta fue poner esas historias de vida en algunos lugares e insisto son muy pocas. No sé si llegan a 20 de los 5.000 compañeros que pasaron por la ESMA; de los cuales más de 1.000 tenemos nombre y apellido. Y eso no figura, pero lo que sí han hecho es meterlos de nuevo adentro del sótano, aquel lugar donde era el primer lugar donde pasabas, yo digo que es el lugar de la bienvenida que te daban y con la forma en que te daban la bienvenida en la ESMA que era con la tortura. Es decir, los volvieron a meter en el lugar de la tortura. Un lugar que tampoco se va a poder reconocer bien, porque le han puesto un techo, a un lugar que estaba todo abierto. 

Por ejemplo, en el lugar en el que cuando hacíamos las visitas íbamos a bajar al sótano, siempre uno le remarcaba a la gente que ese lugar cuando se hacen las modificaciones a mediados de 1979, pasa a ser el lugar de ingreso al sótano porque habían cerrado el anterior, eran las modificaciones que hicieron cuando vino la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y ese lugar pasó a ser el ingreso pero antes de eso ese lugar era donde se ponía la culata del camión y adormecidos por el pentotal hacían subir a los compañeros para después trasladarlos a los vuelos de la muerte. O sea fue en el lugar por el que muchos compañeros salieron por última vez, hoy en día es casi imposible imaginarse que por ahí iba de culata un camión, porque está totalmente intervenido y no hay forma que un camión vaya de culata, hasta eso han cambiado. Quizás como decía los otros días un compañero, justamente en el ’79 se modificó el Casino de Oficiales para que no lo pudiera reconocer la Comisión Interamericana en su visita al país, ahora este gobierno lo vuelve a modificar para que no lo pueda reconocer el pueblo”.

A pesar del dolor, la bronca, y la preocupación, Enrique Fukman aseguró que no piensan bajar los brazos: “pensamos seguir peleando convencidos de que así como nos costó más de 30 años pero finalmente, no todos, pero varios de los genocidas empiezan a ir a la cárcel, finalmente vamos a lograr construir esa memoria, que nos permita transformar nuestro presente. Por suerte están todos los medios de la Red Nacional de Medios Alternativos difundiendo las informaciones sin toda esa cáscara que le colocan desde los otros medios para que el pueblo nunca se pueda enterar”, finalizó

domingo, 17 de mayo de 2015

Desde la Fiscalía piden imputar a 39 represores de ESMA por delitos sexuales

LA SOLICITUD DE LA FISCAL SOIZA REILLY ALCANZA AL "TIGRE" ACOSTA Y A DONDA

La fiscal federal Mercedes Soiza Reilly requirió ayer que se amplíe la acusación por delitos sexuales a casi 40 de los acusados en el megajuicio por delitos en la ESMA.

Gerardo Aranguren


La fiscal federal Mercedes Soiza Reilly requirió ayer que se amplíe la acusación por delitos sexuales a casi 40 de los acusados en el megajuicio por delitos en la ESMA. Tras el pedido, semanas atrás, de la querella de Justicia Ya, Soiza Reilly reclamó ante el Tribunal Oral Federal 5 que se acuse también por violaciones y abusos sexuales a 39 imputados, entre ellos Jorge "Tigre" Acosta, Alfredo Astiz y Adolfo Donda, por los casos de cinco mujeres detenidas en ese centro clandestino de la Armada.
"Durante el transcurso de las audiencias hemos escuchado a personas que permanecieron cautivas dentro de la ESMA mencionar la ocurrencia de delitos de índole sexual", comenzó la fiscal, al destacar que los delitos sexuales cometidos por el terrorismo de Estado "fueron frecuentemente silenciados por la justicia y de difícil abordaje".

Durante el juicio oral, que lleva ya más de dos años y se encuentra en la etapa final, cuatro mujeres han declarado por primera vez sobre la violencia sexual a que fueron sometidas dentro de la ESMA. A esos casos se suma el de Laura Dabas de Correa, quien pudo relatar los hechos ante la Conadep y a su esposo, quien declaró en el juicio oral.

Consideró necesario, para evitar la revictimización de sobrevivientes y sus familias, ampliar la acusación en este tramo de juicio para evitar que esas mujeres deban declarar una y otra vez. "En el entendimiento de que deben primar cuestiones de economía procesal y estos testimonios no pueden ser remitidos a una causa en la que inexorablemente se volvería a revictimizar a estas mujeres, la petición efectuada debe tener acogida favorable", sostuvo la fiscal.

"La prueba producida en el debate permite vincular el primer tramo delictivo secuestro y aplicación de tormentos con la premeditada y organizada forma en que las mujeres fueron sometidas a delitos sexuales", explicó en su pedido.