martes, 21 de octubre de 2014

La estructura que se oculta detrás de los vuelos de la muerte

UN HALLAZGO QUE SALIO A LA LUZ EN EL JUICIO SOBRE LA ESMA

La reconstrucción de la estructura burocrática y secreta de la Armada. El rol del Comando de Operaciones Navales (COOP), el área encargada de distribuir recursos, es decir, aviones y tripulantes. El redefinido lugar de la Prefectura.

 Por Alejandra Dandan

En el juicio ESMA se están reconstruyendo las estructuras de la Armada que abastecieron de aviones y de tripulantes a los vuelos de la muerte. Se trata de una investigación que explica cómo hizo la Escuela de Mecánica de la Armada para contar con una aeronave los días de “traslados” de prisioneros. Así, se desentrañó el rol del Comando de Operaciones Navales (COOP), el área encargada de distribuir recursos, máxima autoridad de la “guerra” y ubicada inmediatamente abajo del jefe de la Armada. Del COOP dependían dos áreas clave en el manejo de aviones: el Comando de Aviación Naval de la Armada (COAN) –con escuadrillas de Electras, DC3 y helicópteros– y la División de Aviación Prefectura (DAVI), a cargo de los Skyvan. Todas esas aeronaves se usaron en los vuelos de la muerte y cumplían con dos condiciones principales: autonomía de vuelo y capacidad de lanzar cargamento en vuelo. La forma en la que Prefectura intervino en esta trama y cómo sus Skyvan llegaron a trasportar a los prisioneros de la ESMA son datos que surgieron en este juicio, en el que tres de los seis acusados por participar en los vuelos son, justamente, prefectos.

“El aparato organizado de poder involucró a todos sus estamentos: la Marina encarnó su cometido utilizando a sus patotas. Los secuestros, asesinatos, tormentos, abusos y hasta el robo de niños fueron parte de este plan. Para culminar pedirían apoyo a las escuadrillas aeronavales”, evalúa una de las partes acusadoras. “Lo que debemos preguntarnos es cómo se materializaron esos aportes, cómo pensamos el rol de cada escuadrilla, porque en este último tramo –llámese disposición final o asesinato– esas escuadrillas facilitaron las aeronaves al grupo de tareas que funcionó dentro de la ESMA.”

Los datos para llegar hasta acá, para rearmar desde el polvo la estructura burocrática y secreta de la Armada, surgieron de varios de trabajos. Uno fue el análisis de archivos de las Fuerzas Armadas que se hace desde 2003 en el Ministerio de Defensa y otro, del mismo tenor pero más reciente, es el realizado en los archivos de la policía, Prefectura y Gendarmería del Ministerio de Seguridad. María Laura Guembe coordinó el equipo de la Armada en Defensa y ahora hace esa tarea en el Ministerio de Seguridad. La semana pasada declaró en el juicio ESMA: “La información no está en un único lugar. La tarea es producir información en el cruce de documentos. Leer los reglamentos y los planes y la documentación para ver cómo eso se transformó en acciones”, explicó.

Los equipos estudiaron distintos papeles: legajos, actuaciones de Justicia, memorias de las distintas fuerzas y libros de actas. Cruzaron los datos con una pieza todavía clave: el Plan de Capacidades Internas de la Armada Argentina (Placintara) del año 1975, un documento secreto conocido desde el Juicio a las Juntas pero que continúa siendo fuente de información y es releído como base del rompecabezas de la Armada.
El Comando de Operaciones Navales

El Placintara reorganizó la estructura de la Armada en una faz institucional y en una faz operativa para combatir lo que llamaron “lucha contra la subversión”. Así, a partir del Placintara, la estructura de la Armada quedó dividida en 11 Fuerzas de Tareas (FT) con anclaje jurisdiccional. Las FT se dividieron Grupos de Tareas (GT), divididos a su vez en Unidades de Tareas (UT) y luego en Elementos de Tareas (ET). La Fuerza de Tareas 3 de la agrupación Buenos Aires tuvo al menos 7 GT según el informe de Defensa: la ESMA era el GT 3, y como estaba en la FT 3 se la nombró GT3.3. Todas las Fuerzas de Tareas dependían de un área clave, hoy entendida como estructurante de los “tiempos de guerra”: el Comando de Operaciones Navales (COOP), ahora central para la lógica de la provisión de aviones.

Los vuelos son el único tramo de la ESMA sin sobrevivientes. La mayor parte de los marinos en juicio fueron vistos o denunciados por sobrevivientes. Luego, los papeles de la burocracia respaldaron sus posiciones dentro de la estructura. Pero con los vuelos no sucede lo mismo. El GT 3.3 no tenía aviones. Y los tripulantes de los vuelos no pasaron por la ESMA. Ninguno de los acusados por vuelos tuvo comisiones en el centro clandestino ni estuvo como “enlace” en la ESMA. Esto, que antes podía parecer un problema, es, a partir de la interpretación de las estructuras, casi una obviedad.

“Quienes planeaban las muertes pedían un avión y lo tenían”, señala la misma parte acusadora. “Eso explica por qué los pilotos no tienen como destino ESMA, no era lo que estaba previsto en los planes. Las escuadrillas de helicópteros como aquellas de Sostén Logístico Móvil dependían del Comando de Operaciones Navales, no de la ESMA. Por eso los pilotos no son vistos por los sobrevivientes dentro del campo y en los legajos no aparecen referencias vinculadas a dicha Escuela. Si el GT necesitaba una aeronave no sería ni el jefe del Grupo ni el director de la ESMA quienes decidían qué tipo de aeronave se iba a usar: la aeronave iba a ser enviada desde el Comando de Operaciones Navales y debía estar preparada para trasladar personas y descargarlas durante el vuelo. Por eso, en el juicio que se desarrolla es necesario determinar las características de las aeronaves. Su posibilidad de tirar carga en vuelo, de autonomía y, por supuesto, si para la época esas aeronaves estaban en actividad.”

En tiempos de paz, el Comando de Operaciones Navales (COOP) era una estructura semidormida pensada para la instrucción y el adiestramiento. Un casillero por abajo del jefe de la Armada y en paralelo al Estado Mayor. A partir del Placintara, el COOP permaneció abajo del jefe, pero desplazó al Estado Mayor a un puesto de consulta y ad hoc para ocuparse políticamente de la distribución de recursos de la Armada, explicó Guembe. Por allí pasaron como jefes los verdaderos capos de la Armada, como Oscar Antonio Montes o Antonio Vañek. Hoy se entiende que del COOP salieron tres áreas claves para vuelos:

1. las Fuerzas de Tareas, entre ellas el FT3 y la ESMA;

2. la División de Aviación de Prefectura (DAVI) con los Skyvan;

3. el Comando de Aviación Naval (COAN) de la Armada con los Electra, DC3 y las escuadrillas de helicópteros.

Uno de los datos más nuevos en ese esquema es el rol que tuvieron la DAVI y Prefectura, profundizados por Guembe en la audiencia.
La Prefectura

Hasta ahora se creía que la Prefectura dependía del jefe de la Armada tanto en tiempos de paz como a partir del Placintara. Ahora se sabe que con el Placintara la Prefectura, que estaba nucleada en la Fuerza de Tareas 4, no actuó atada a una jurisdicción territorial específica, como ocurrió con el resto de las FT. El prefecto principal, dijo Guembe, pasó a depender del Comando de Operaciones Navales (COOP) porque la FT4 completa se trasformó en un recurso más dentro del conjunto de las Fuerzas de Tareas. Esto que no es poca cosa explica por qué se conectaron dos Fuerzas de Tareas: la FT4 y la FT3. O cómo un avión de las FT4 (Prefectura) llegó a la FT3 (ESMA).

“La Prefectura se empezó a organizar en 1975 para participar de las actividades que ellos mismos llamaron antisubversivas”, dijo Guembe. “Se reestructuraron en cuanto a la jerarquización de algunas dependencias, aumentaron el presupuesto para el despliegue en el territorio y aportaron el adiestramiento necesario para el personal.” Los datos constan en los libros de Memorias Anuales, en reglamentos y expedientes diversos. “Como el comandante de Operaciones Navales era el que disponía de todos los recursos para los operaciones, la Prefectura en cierto modo termina siendo un recurso más, encarnado en la figura de las Fuerzas de Tareas.”

“¿Qué podía ofrecer la Prefectura al Comando de Operaciones Navales para esa guerra?”, le preguntó la fiscal Mercedes Soiza Reilly a Guembe durante la audiencia. Y Guembe habló de dos cosas: la Prefectura aportó “enlaces” y también aviones.

Los enlaces eran, en general, personal de inteligencia que unía dos dependencias. “No tenían una ‘comisión’, sino que cumplían con la tarea encargada en otra dependencia, volvían y continuaban con sus labores. El ‘enlace’ iba y volvía y a partir de la tarea que desarrollaba involucraba a su dependencia de origen en esa actividad. Unía dos entidades.” En la ESMA esos roles los cumplieron personajes conocidos: Héctor Febres, Juan Antonio Azic, Jorge Manuel Díaz Smith y Roberto Rubén Carnot, los tres últimos acusados en este juicio. “Ellos son buen ejemplo de esto”, explicó la mujer. “Eran integrantes del Servicio de Inteligencia de Prefectura y cuando van a la ESMA no dejan de revistar dentro de Prefectura. No es lo mismo que las comisiones como las del comisario (Ernesto Frimón) Weber de la Policía Federal, que va en comisión a la ESMA y su destino es la ESMA: el enlace es un integrante del Servicio de Inteligencia que va a cumplir funciones conjuntas con otro destino.”

El otro aporte de Prefectura fueron los aviones. La Prefectura tenía la División de Aviación Prefectura (DAVI), un área con jerarquía de División hasta 1979 y luego rejerarquizada a departamento. Entre 1976 y 1979 la DAVI tuvo cinco Skyvan, uno de los dos tipos de aviones que tripuló el marino Adolfo Scilingo. Los Skyvan son P51, P52, P53, P54 y P55. Eran los únicos aviones de Prefectura. Y como parte de la DAVI dependían funcionalmente de las órdenes del COOP. Entre los documentos analizados no se encontraron conexiones de la DAVI con ESMA de modo directo, pero hay papeles que al analizarlos pueden sugerirlas. Algunos de ellos son los siguientes:

1) Un anónimo que envió a la Conadep en 1984 un grupo autodefinido como la “oficialidad joven y no corrupta de la Prefectura Naval”. El anónimo ya apuntaba en ese momento a la cabeza de la DAVI, pero nunca se valoró judicialmente. Uno de los nombres que mencionó era el de “aviador” “Hilario Ramón Fariña” y señalo que “era el que se encargaba de arrojar desde los aviones Skyvan al mar la gente secuestrada y torturada en la ESMA” (ver imagen). ¿Quién era Fariña? Uno de los jefes de la DAVI entre 1976 y 1978.

2) Datos de los legajos de personal. Guembe señaló el legajo de un suboficial llamado Aníbal Enrique Donato Agolti, mecánico. Bajó de un vuelo que según las planillas tuvo como destino y regreso “Miramar - Miramar”, mismo punto de origen y de destino, como los sospechados como vuelos de la muerte. Y había sido piloteado por el oficial Alejandro D’Agostino, actualmente en juicio. Cuando el suboficial llenaba la documentación de las planillas tuvo un ataque de epilepsia. A partir de ese momento tuvo una licencia que duró más de lo reglamentario. Años después tuvo un cambio de escalafón, asumió tareas administrativas, pero continuó con los problemas hasta su retiro. La explicación que dieron los peritos en su legajo es que sus afecciones comenzaron porque estaban piloteando un vuelo con la puerta abierta. En la versión de los peritos, dijo Guembe, hacían lanzamiento de paracaidistas; marcaban que era la primera vez que el suboficial se subía en un avión y que eso podía haber provocado el trastorno. “Lo curioso de eso es que las planillas de vuelos no dan cuenta de eso –explicó– porque hay varias planillas anteriores en las que él figura como mecánico de vuelo, en los mismos supuestos vuelos de lanzamientos de paracaidistas.”
–¿Entonces no era la primera vez que Agolti subía a una aeronave?

–Las planillas dicen que no. Pero esas cosas son las que encontramos: que ahí pasaba algo que los papeles no dicen. No hablan de vuelos de la muerte, no hablan de tirar personas. Pero tenemos todas estas grietas que hacen que uno se formule todas estas preguntas.

3) Las Memorias Anuales de Prefectura. A diferencia de las Memorias de la Armada, la Prefectura tiene Memorias muy abiertas en información, dijo Guembe. Una vez al año cada dependencia de Prefectura hacía su Memoria, que se juntaba en lo que hoy es el Departamento de Planeamiento. Ahí producían una Memoria Unificada con una selección de lo más relevante de cada dependencia. El Libro de Memorias Anuales está dividido en temas: Organigrama con sus cambios; datos del ceremonial y una sección Operativa que dividía las actividades “antisubversivas” de las policiales cotidianas. Una de las Memorias analizadas es de 1977. En el apartado Antisubversivo dieron cuenta de actividades llevadas a cabo por orden del COOP. Es decir, dijo Guembe, “son tareas que uno puede presumir que tienen ese estilo y es lógico, porque el COOP en términos del Placintara podía darle órdenes a una unidad de la Prefectura”.

4) Uno de los acusados del juicio es el piloto Julio Poch. En su legajo aparecen datos sobre su participación en llamados Operativos Sirena. El piloto dijo que eran operativos de entrenamientos sin vínculos con lo que llamaron “lucha antisubversiva”. Guembe sugirió lo contrario. Explicó que de esos operativos hablan tanto las Memorias de la Armada como las de Prefectura. La Armada los mencionan como un ejercicio combinado con las Fuerzas Armadas paraguayas, y la Prefectura lo informa en el apartado AntiSubversivo. En algunos legajos hay felicitaciones por el bombardeo de objetivos en tierra. Cuando la fiscalía le preguntó si se pudo establecer qué tipo de actividades eran las del Operativo Sirena, ella repitió que se dedicaban al “control poblacional” y que eso “no solamente era saber quiénes poblaban un lugar, sino identificar personas y detenerlas y llevarlos detenidos a determinados lugares”. Al parecer eran operativos de rastrillajes que se hacían en lugares de difícil acceso, como islas o en zonas rurales muy extensas.

Del Comando de Operaciones Navales dependía otra área: el Comando de Aviación Naval (COAN), una estructura semejante a la DAVI pero de la Armada. Entre 1976 y 1983 el COAN estuvo dividido en tres Fuerzas Aeronavales (ver aparte). En el juicio actualmente hay seis acusados por vuelos: tres prefectos y otros tres que confesaron ante testigos la participación en los vuelos. A partir de la reconstrucción de las estructuras, cada uno de ellos puede ser relacionado con el lugar que ocupó dentro de ellas.
El anónimo que recibió la Conadep en el que se hablaba de la Prefectura.

Los acusados


    Enrique José De Saint Georges
: Subprefecto. Piloto de Skyvan. Integró la División Aviación de la Prefectura Naval (DAVI) y tuvo como destino el Aeroparque Jorge Newbery entre 1976 y mediados de 1978. Fue piloto comercial en Aerolíneas Argentinas.

    Alejandro Domingo D’ Agostino
: Oficial retirado de Prefectura. Piloto de Skyvan. Integró la División Aviación de la Prefectura Naval (DAVI), destinado al Aeroparque Jorge Newbery entre 1976 y 1979.

    Mario Daniel Arru
: Oficial dado de baja de la Prefectura. Piloto de Skyvan. Entre 1976 y principios de 1979 integró la División de Aviación de Prefectura, destinado en el Aeroparque Jorge Newbery. También fue piloto comercial en Aerolíneas Argentinas.

    Emir Sisul Hess: Capitán de Corbeta retirado de la Armada. Piloto naval especializado en helicópteros. Para la época de las imputaciones, voló dos tipos de helicópteros, Alouette y Seaking, según surge de su legajo. Entre 1976 y 1979, la Armada tuvo una sola escuadrilla de helicópteros cuya matriz estaba ubicada territorialmente en la base aeronaval Comandante Espora de Bahía Blanca. Se acusa a Sisul Hess de haber hecho vuelos desde la ESMA. Sisul Hess dice que los helicópteros no tenían autonomía de vuelo para llegar de Bahía Blanca a la ESMA. Los expertos explican que los helicópteros podían haber dormido en la ESMA, pero además que la “matriz” no definía que una aeronave esté atada a un determinado lugar. Que en la ESMA hubo helicópteros lo dicen los sobrevivientes que los escucharon y también los conscriptos que declararon en la causa.

    Rubén Ricardo Ornello
: Suboficial retirado de la Armada. Mecánico aeronáutico. Perteneció a la Segunda Escuadrilla Aeronaval de Sostén Logístico Movil (EA52) con aeronaves Fellowship Fokker F-28, Hawker Siddeley HS-125 Domine y Douglas DC-3. La escuadrilla pertenecía a la Fuerza Aeronaval 3, con asiento en la base Aeronaval 3 de Ezeiza (BAEZ).

    Julio Poch
: Teniente de fragata retirado de la Armada. Fue aviador naval. Se le imputa que formó parte de la escuadrilla de caza y ataque. Su lugar en la estructura estaba dentro de la base Espora de Bahía Blanca, como parte de la Tercera Escuadrilla Aeronaval. Pero además tenía capacidad para pilotear aviones de transporte como los Beachcraf C 45 y U 16 Albatros. Poch no fue ajeno a las solicitudes del Comando de Operaciones Navales. Su legajo tiene una felicitación de Antonio Vañek, jefe del COOP.

domingo, 12 de octubre de 2014

El testimonio de Jorge Bicocca sobre la desaparición de su hermana Lelia

Fotos para preservar la memoria

Lelia Bicocca integraba la Asociación Cristiana de Jóvenes de San Martín y militaba en el PRT-ERP. Se la llevaron de la casa de sus padres el 31 de mayo de 1977. Su hermano Jorge contó ante la Justicia detalles de su secuestro y acompañó su relato con fotos.

 Por Alejandra Dandan

Dijo que había traído unas fotos. Uno de los jueces, como acostumbrado a esos tesoros que se van develando en los juicios, se apuró, para acompañarlo. “¿Las tiene ahí? –preguntó, animándolo– ¿Tiene las fotos? ¿Quiere mostrarlas?” En la sala, bien atrás, donde empieza la línea del público, una señora, Teté, de rodete muy bien peinado, dijo algo, como si el otro pudiese escuchar, como si fuese un tema del que cada uno de los que están ahí pudiera contar algo.”¡Lo que debe haber guardado esas fotos! –suspiró, encantada– ¡Pero mirá vos!” Y miró a uno y otro lado. Público casi no había. Miró atrás. Alguien escuchó. También los pocos de adelante. Una Madre de Plaza de Mayo, pañuelo blanco, uno de los integrantes de la iglesia Santa Cruz. Muchos de los de siempre, sentados, como en las celebraciones de una comunidad, en una misa. “¡Esos papeles!”, volvió a decir la mujer. “¡Seguro los ha guardado durante cuánto tiempo! Y mirá...”, dijo por fin, cuando las imágenes en blanco y negro de Lelia Margarita Bicocca, que su hermano Jorge llevó al juicio oral por los crímenes de la Escuela de Mecánica de la Armada, empezaron a proyectarse en la pantalla. “Mirá esa mantilla que tiene puesta, debe de estar en la misa”, agregó la mujer.

Lelia Bicocca tenía 42 años cuando la secuestraron. Militaba en el PRT-ERP y formaba parte de la Asociación Cristiana de Jóvenes de San Martín. Jorge Bicocca guardó esas fotos durante años y declaró el jueves frente a los jueces del Tribunal Oral Federal No 5 a cargo del juicio oral por las violaciones a los derechos humanos en la Escuela de Mecánica de la Armada.

Lelia en las fotos viste de blanco y negro. En la primera está con un chico del barrio, él de pantalones cortos. En la segunda, tiene la mantilla en el pelo; en la siguiente habla con el cura local.

“Yo soy el único que quedó para dirigenciar todo lo que se pudo hacer para llegar a este momento”, dijo Jorge, pelo blanco, entregado. Preguntaron qué hacía su hermana. “Aparte de hacerles bien a todos –dijo– tenía un pequeño negocio de librería.” Contó también que militaba políticamente como su padre, “que era demócrata progresista, no era ningún pecado trabajar para una idea”.

–¿Algún vínculo con la Iglesia? –preguntó uno de los abogados, sobre uno de los datos más importantes de la causa. Lelia, que era San Martín y del PRT-ERP, estuvo en la ESMA, cuando la mayor parte de los integrantes de esa organización pasó por Campo de Mayo. En la ESMA dos sobrevivientes hablaron de una “catequista de San Martín”. Se cree que en ese espacio de curas se haya vinculado con Montoneros o la JP.

Jorge habló de la filiación con la Asociación Cristiana de Jóvenes, de “la cual tengo fotos acá”, insistió. “Ella trabajaba en la Iglesia y daba catecismo en mi casa. Les enseñaba a los chicos qué era eso.”

El hermano, ahora grande, lloró. En la cuarta foto se ve un bautismo. “El bebé que está presente en esa foto –dijo–, está acá en la sala; es uno de mis hijos cuando fue bautizado.”

A Lelia se la llevaron el 31 de mayo de 1977 de la casa de sus padres. Jorge vivía a dos cuadras. Tomó aire cuando su relato llegó a ese momento. “No puedo evitar estar así cuando llegó a este punto, pero ya me voy a reponer”, dijo. “Entran a la una de la mañana. Entran a la casa, mi padre abre la puerta, suben y van diciendo que venían a detener a Lelia Bicocca, que no le iba a pasar nada. Que luego la iban a devolver a su domicilio. En esa época nadie sabía. No se sabía. No trascendía que estos señores se llevaban a las personas, las mataban y las desaparecían.”

Los padres de Jorge corrieron las dos cuadras hasta su casa. Luego a la Regional de San Martín. Esa noche había cola en la calle porque se habían llevado a “un montón de gente”. Al otro día buscaron en otros lugares: “Salimos a buscar el paradero de mi hermana porque ¡no creíamos lo que era el Estado, la Justicia, secuestraba a la gente!”

Mandaron cartas documento “con retorno” al Primer Cuerpo del Ejército; a Guillermo “Pajarito” Suárez Mason, a Albano Harguindeguy, a la Escuela de Caballería. “Yo tengo todas las constancias en una carpeta y volvían las cartas diciendo que no tenían conocimiento de nada.”

Jorge estuvo en Campo de Mayo convencido intuitivamente de que su hermana estaba ahí. Lo echaron. Pasado el tiempo, muchos de los sobrevivientes de la ESMA que vieron a Lelia en el centro clandestino dijeron que la catequista, “flaquita y nerviosa”, había estado antes en Campo de Mayo. La vio Ana María Martí, también Lila Pastoriza, entre otros, además de una pareja de sobrevivientes. Uno de ellos, Ricardo Camuña, dejó en la instrucción de la causa unas fotocopias de dibujos y escritos realizados por Lelia en servilletas de papel. Contó que la catequista, a quien conocían como Haydée, había ayudado a su compañera Beatriz Mercedes Luna. Les conseguía lápices, hilo y otros elementos.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Los desaparecidos del proyecto Belén en el Bajo Flores

El 6 de agosto declaró Catalina Cassinelli de Lugones en el juicio por los crímenes de lesa humanidad cometidos en la ESMA durante la última dictadura cívico-militar. Fue la primera vez que se sentó ante un tribunal para ser escuchada. Cada vez que habla de su hijo César Armando Lugones y de su nuera María Marta Vásquez Ocampo, los nervios la traicionan. Los dos están desaparecidos.

María Marta tenía 23 años y César 26 al momento de su secuestro por una patota de uniformados. Con 91 años, Catalina le contó al tribunal que decidió declarar porque “se lo debo a mi hijo”. 

César Lugones y María Marta Vásquez de Lugones
Toda su familia fue atravesada por la violencia dictatorial. “Lita Boitano es parienta mía, se llevaron a sus dos hijos. Ana María Boitano es parienta mía, se llevaron a su hijo. Yo llevé a la morgue la horma de la dentadura de mi hijo que me dio el dentista para buscarlo y ahí me dijeron ‘no, acá hay una María Mercedes Lugones’, era hermana de mi marido”. Habían ido a la casa donde vivía con su hija y el esposo buscando a su nieto, que no vivía con ellos. María Mercedes estaba sola. “Me contó la encargada que tres días antes entraron a la casa, estuvieron tres días y el tercer día parece que alguien tocó el timbre. Eran dos chicos que no eran nietos de ella, y ella cuando sintió que tocaron les pegó un grito y ahí la mataron y balearon todo desde la puerta y mataron a los dos chicos que nunca supe quiénes eran”.

Cuando Catalina encontró el cuerpo de su cuñada en la morgue, avisó a sus sobrinos. Para retirarla debieron hacer trámites en la ESMA. “Y ahí fue la hija y la detuvieron, la tuvieron tres meses. Ella, pobre, no sabía nada, no estaba enterada de nada, después la soltaron. Lo que sí, se quedaron con un auto que era un 0km de ella, le dijeron que lo tenían que tener por todos los daños que ellos habían causado”.

María Eugenia Cassinelli, la abuela de Macarena Gelman y una de las doce fundadoras de la asociación Abuelas de Plaza de Mayo, es prima hermana de Catalina. “Fuimos una familia muy muy castigada en todo sentido”.

César era maestro y médico veterinario y María Marta psicopedagoga. Se conocieron en el Club Ateneo de la Juventud y se casaron cuando César se recibió en la facultad. Militaban en la “villa del Bajo de Flores, en la parte Belén, con Horacio Pérez Weiss –que era el hijo del director del Ateneo, Pérez Madrid–, con su señora Betty Carbonell y con Mónica Mignone. Todos chicos que yo conocía, que venían a mi casa, chicos excelentes, chicos de familia, chicos estudiosos, chicos solidarios”. Todos fueron secuestrados y continúan desaparecidos. “Ahí en Belén estaban el padre Yorio, el padre Jalics y la hermana Luisa del colegio donde yo me eduqué, que trabajaban todos juntos”.

“El 14 de mayo de 1976 hacía diez días que había fallecido mi marido de una larga enfermedad, de un cáncer de dos años. En horas de la madrugada se los llevaron de su casa, que vivían en Parque Chacabuco, en la calle Mitre al 1200. Lo que se presentaron, según dijo el encargado, se presentaron como gente del Ejército y se lo llevaron. De ahí no supimos más nada”. La familia se movilizó pero ningún hábeas corpus tuvo respuesta positiva. Tampoco estaban en las comisarias ni en los penales. “Y después el doctor Emilio Mignone y el papá de Marta, el doctor José María Vásquez, hicieron grandes averiguaciones y se enteraron que estaban en la ESMA. Ahí permanecieron no sé hasta cuándo, ni cómo ni…”.

jueves, 14 de agosto de 2014

Acerca de la resignificación de la ESMA y el proyecto de modificación del Casino de Oficiales

"Es como si un prisionero no sólo tuviese la intención de fugarse, cosa que tal vez fuese posible, sino que además, y simultaneamente, quisiera convertir la prisión en un suntuoso castillo para sí.
Si realiza la fuga, no podrá construir el castillo, y si lo construye, no podrá fugarse.

FRANZ KAFKA
PUBLICADO EN 1952

domingo, 3 de agosto de 2014

El museo ‘clandestino’ que se construye en la ESMA

Bloqueado por la Justicia por denuncias de Organismos de DDHH

El museo ‘clandestino’ que se construye en la ESMA
Tras recuperar el control del predio, el Gobierno avanza con un proyecto por el que ya otorgó dinero sin concurso.
Por Diego Rojas

Polémica por el proyecto museográfico | Foto: Cedoc Perfil

La Ciudad traspasó la ESMA al Gobierno nacional acompañada por Boudou, Cristina inauguró el museo de Malvinas

El pasado es un espacio de disputa. Así, la memoria se construye en los campos de batalla de la historia a través de mediaciones sociales, institucionales, estatales. Esta noción se puede percibir severamente al repasar el camino que recorrió el proyecto de Museo de la Memoria, que el gobierno nacional intenta erigir en el casino de oficiales de la ex ESMA, centro del mayor campo clandestino de exterminio de la dictadura. Hoy se encuentra interrumpido por orden de la Justicia, cuya Cámara de Casación debe expedirse por las objeciones planteadas por varios ex detenidos desaparecidos y organismos de derechos humanos. Sin embargo, el secretismo que rodea a la planificación museográfica –con cláusulas de confidencialidad para sus participantes– y la designación directa de sus realizadores plantean la posibilidad de que el Gobierno intente realizar una apropiación estatal de la memoria.

Extraña cláusula. El proyecto comenzó a materializarse en mayo de 2013, cuando se firmó un convenio entre la Secretaría General de la Presidencia de la Nación –a cargo de Oscar Parrilli–, la Secretaría de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia –encabezada por Martín Fresneda– y la Universidad de San Martín –cuyo rector es Carlos Ruta–, a la que la Nación le otorgaba 500 mil pesos, sin concurso previo, para desarrollar un proyecto museográfico en las instalaciones de la ex ESMA. El convenio incluía una extraña cláusula de confidencialidad sobre el proyecto y presentaba un escollo, luego superado, ya que en ese momento la jurisdicción del sitio pertenecía a un ente bipartito entre la Ciudad de Buenos Aires y la Nación, razón por la que no podían realizarse acciones unilaterales en tal lugar. Con la derogación del Instituto Espacio para la Memoria (IEM), esa dificultad estaría salvada.

La disolución del IEM contó con el rechazo de organismos de derechos humanos que denunciaron en ese momento un pacto entre el macrismo y el kirchnerismo para que el Gobierno usufructuara la memoria histórica de acuerdo con sus objetivos. Finalmente, la Legislatura porteña y el Congreso aprobaron la disolución del IEM y allanaron el camino para el proyecto museográfico, que estaría dirigido por la museóloga Alejandra Naftal, una ex detenida desaparecida que participó en varios proyectos de memoria.

Silencio stampa. “Le escribí a la curadora Alejandra Naftal y me explicó que por la cláusula de confidencialidad no podía dar a conocer el proyecto”, cuenta Hugo Vezzetti, académico y especialista en temas de memoria, autor, entre otros libros, de Pasado y presente. “Toda la historia del proyecto es de una irregularidad extrema, al punto que cuando se le pagó a la Universidad de San Martín el edificio todavía estaba bajo la órbita del IEM, que era administrado por la Ciudad y por Nación. Luego se disolvió y se emprolijó un poco más la cuestión, pero ya había comenzado irregularmente. Resulta extraño que se designe a una sola universidad para desarrollar un proyecto de esta naturaleza, sin abrir el espacio para la participación de otros actores, desde otras universidades, a especialistas y organismos de derechos humanos”. PERFIL se contactó con Naftal, pero no recibió respuesta.
Para que se allane el camino del museo, debía sortearse el inconveniente de la existencia del IEM, algo que se logró en una muestra de cómo funciona el “macristinismo”, denominación utilizada para señalar las asociaciones entre el PRO y el kirchnerismo cuando sus intereses convergen. Los legisladores macristas de la ciudad cedieron el control sobre el espacio de la ex ESMA sin mayor debate en una sesión en la que hubo incidentes debido a la presencia de organismos de derechos humanos que protestaban por el proyecto, que quitaba independencia para otorgarle todo el control del sitio al Ejecutivo nacional. Los debates también se reflejaron en el Parlamento nacional, donde la senadora Norma Morandini, del Frente Cívico cordobés, expresó su dramática oposición en la Cámara alta, replicada en Diputados por expresiones de la oposición, como Néstor Pitrola, del Frente de Izquierda, que habló de “la privatización de los derechos humanos”. De todas maneras, la disolución del IEM fue aprobada.

El relato. “Se trata de la ostentación de poder por parte del Gobierno para poder construir un relato propio del pasado histórico”, explica Carlos Lorkparnidse, miembro de la Asociación de ex Detenidos Desaparecidos y que interpuso un recurso de amparo para detener las obras del Museo de la Memoria en el campo de concentración donde él mismo estuvo detenido. “Hay que tener en cuenta los antecedentes del Gobierno en esta materia. Si fueron capaces de poner a Hebe de Bonafini junto a César Milani en la tapa de su revista, no me quiero imaginar lo que podrían hacer con el casino de oficiales”.

—¿Por qué objetan este proyecto museográfico?
—Hay varias razones. En el campo de la memoria, debido a la cláusula de confidencialidad, no podríamos aprobar o rechazar porque el proyecto era oficialmente secreto. Pero no sólo lo rechazamos organismos de derechos humanos. Originalmente iba a ser realizado por la Comisión Nacional de Monumentos, Museos y Lugares Históricos, pero fue rechazado por su carácter extemporáneo y faraónico. Entonces firmaron el convenio con la Universidad de San Martín. La confidencialidad del proyecto implica que no se den a conocer los presupuestos para la realización del proyecto, de elevadas sumas. Pero también implica inconvenientes jurídicos, ya que actualmente se está llevando adelante la megacausa ESMA, y hay víctimas que todavía no regresaron al campo de concentración, que debe ser preservado como espacio para el reconocimiento y elaboración de pruebas. Salvo Abuelas y el CELS, que convalidaron el proyecto de museo, todos los demás querellantes nos opusimos a que se realizaran las modificaciones y presentamos recursos para evitarlo.

Disney en Núñez. “La Secretaría de Derechos Humanos había pedido permiso al juez Sergio Torres para realizar el museo, pero las partes querellantes en gran mayoría nos opusimos a esta posibilidad y apelamos la propuesta, y se nos dio la razón para que no se innove respecto a ese proyecto”, explica Liliana Alaniz, abogada querellante y miembro de la Asociación de Profesionales en Lucha. “Ya en la causa ESMA la secretaría había dicho tenía el apoyo de los organismos e incluso proyectaban la participación de Víctor Basterra, un ex detenido que rescató material fotográfico del campo de concentración, pero Basterra mismo expresó su rechazo a que se modifique un lugar de prueba para la Justicia”, agrega.

Bautizado irónicamente “el Disneylandia de Fresneda” por Hijos La Plata –por sus características tecnológicas y el uso de efectos de luz–,  muestra el derrotero político de la memoria, bien social que hoy el Estado disputa para un uso funcional a los intereses del kirchnerismo, una de las formas más extremas de la construcción del “relato”, que no sólo modifica las pulsiones del presente, sino que también  acomoda las del pasado.

Secreto, como la seguridad presidencial

El polémico convenio con la Universidad de San Martín –firmado por el rector, Carlos Ruta; el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli; y el secretario de Derechos Humanos, Martín Fresneda, el 16 de mayo de 2013– establece la adjudicación directa de una partida de 500 mil pesos para “desarrollar un proyecto museográfico integral del Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio de la ex ESMA-Casino de Oficiales, a inaugurarse el 24 de marzo”.

El convenio prevé partidas adicionales para la realización del proyecto. La cláusula décima señala la “confidencialidad” del proyecto: “Las partes se avendrán a las pautas de seguridad y confidencialidad propias de la seguridad presidencial, manteniendo siempre el decoro y la reserva necesarias sobre toda información que por su naturaleza revista clasificación de seguridad. (...) La obligación de reserva o confidencialidad seguirá vigente aun después de concluido el presente”. El proyecto, elaborado por la curadora Alejandra Naftal y de circulación reservada, tiene 307 páginas y detalla los fundamentos del proyecto y sus necesidades técnicas ítem por ítem, aunque no adjunta un presupuesto. Ana Castellani, secretaria de Relaciones Institucionales de la Universidad Nacional de San Martín, señala que la partida de $ 500.000 se utilizó para pagar los honorarios de un equipo interdisciplinario de cerca de 30 profesionales y que una parte de esos fondos también se utilizó para elaborar la carpeta del anteproyecto museográfico. El proyecto se encuentra detenido por orden de la Justicia, que aguarda la resolución de la Cámara de Casación.

Informes: Jimena Andrade

domingo, 20 de julio de 2014

Leticia Locio declaró en la causa ESMA

Leticia Locio declaró en la causa ESMA

Leticia Eva Locio viajó desde Necochea para declarar en el juicio de la ESMA por la desaparición de su mamá, Norma Batsche Valdés, y el asesinato de su papá, Carlos Bayón. A Leticia los militares la secuestraron dos veces cuando era una niña de casi tres años, en diciembre de 1976. En ambas oportunidades fue devuelta a la familia biológica primero y después a un matrimonio amigo de su mamá. El viernes pasado recibió la citación del Tribunal Oral Federal 6 para declarar en el juicio que juzga a 65 imputados por delitos de lesa humanidad. Para este momento se preparó los últimos seis años y pensó que no iba a suceder.

Carlos y Norma eran militantes peronistas y se separaron cuando Leticia tenía un año, en 1975. Norma estudió Medicina en la Universidad de La Plata y trabajaba en el área de comunicación de la agencia clandestina de noticias ANCLA, que dirigía Rodolfo Walsh. En diciembre de 1976, Norma tenía 28 años y Carlos 25. Volvió a formar pareja con Flora Bagú. Los dos también trabajaban para ANCLA.

La mañana del 15 de diciembre de 1976, Norma y su hija Leticia salieron de su casa de Don Bosco y llegaron a la casa donde vivía Marta Delía García, la “Tía Pata”, en Avellaneda. Ahí las tres fueron secuestradas y trasladadas a la ESMA.
A las tres de la mañana del día siguiente un operativo militar irrumpió en la casa de la hermana de Norma, Carmen Batsche Valdés. La tía de Leticia estaba sensible por la desaparición de su hermana y porque tenía una beba de un mes. Los militares le revolvieron la casa buscando papeles y rompiendo cosas. También le hicieron un simulacro de fusilamiento. Después le dijeron: “Tome, acá tiene a su sobrina”. Y le entregaron a Leticia.

“Después del secuestro de mi mamá, Flora me contó que mi papá se aferró a mí, me llevaba a todos lados”, les contó Leticia a los jueces. El 23 de diciembre de ese año, un Grupo de Tareas de la ESMA interceptó en la calle a Carlos con su hijita. A él lo mataron en ese momento. Según testigos, en la ESMA, los militares se dieron cuenta que esa nenita de dos años y nueve meses, rubia y con rulos, ya había estado en la ESMA. Horas después los marinos le entregaron la nena a la familia Locio, amigos de Norma.

Cuando desapareció Norma, su hermana Carmen y la madre de ambas, Maximina, presentaron habeas corpus y buscaron información de su paradero. Las tres eran guatamaltecas. En 1954, Maximina huyó de su país con sus hijas a la Argentina. En 1982, la madre de Norma volvió a su país y fue secuestrada y desaparecida. Su caso forma parte del juicio contra el dictador José Efraín Ríos Montt, proceso judicial que empezó en 2013 en Guatemala.
“Los Locio me cuidaron y contuvieron. Nos tuvimos que ir a vivir a un pueblito de La Pampa. Los primeros tiempos yo vivía angustiada, tenía pesadillas. A los ocho años me anoté con su apellido y no lo cambié más”, dijo Leticia a Infojus Noticias. Durante toda su vida la mujer reconstruyó su historia y la de su familia, que no se limita a los lazos de sangre, sino a todos los que formaron parte de su vida.

Compañeros de militancia de Norma y Carlos
Después de 40 minutos de declaración, Leticia salió de la sala de audiencia acompañada por su marido Hernán. Se abrazó con su prima, la hija de la tía Carmen, que tenía un mes cuando los militares le destrozaron la casa. También saludó a Martina, la hija de Flora Bagú, que la fue a acompañar. Durante treinta años, Martina buscó a Leticia. Quería reencontrarse con esa niña con la que jugaba con “botones”, imitando el trabajo de su mamá en Ancla. “Tenía otro apellido, por eso no la encontraba”, le contó a Infojus Noticias Martina.

También la esperaban dos hombres, compañeros de militancia de sus papás: uno era Carlos Loza, de 60 años, que estuvo secuestrado los mismos días que Norma en la ESMA. El otro era Teobaldo Altamiranda, de 83 años, que la apretujó apenas pronunció su nombre. Con los ojos cerrados y llenos de emoción le contó que había sido compañero de su mamá y que cuando Leticia era bebé él la tuvo muchas veces en brazos. Después, en la confitería del noveno piso de Comodoro Py, le susurró algo que solo Leticia escuchó y asintió. Teobaldo fue parte de la Resistencia Peronista y uno de los pilotos del avión que trajo a Juan Perón en su regreso al país, en 1973. Además, es un Abuelo de la Plaza de Mayo: su hijo Rubén Omar, militante peronista, fue secuestrado el 13 de enero de 1977, a los 24 años y está desaparecido.

Estos últimos días, Leticia los repasó mentalmente para contarle su historia a los jueces. También seleccionó fotos de sus familia. En la audiencia mostró una en la que ella está en brazos de su papá y en otra en una plaza con su mamá. A Infojus Noticias le contó que también estuvo ocupada organizando el cumpleaños de su hija de cuatro años.
Al final de la audiencia, el juez Daniel Obligado le ofreció a la testigo decir unas últimas palabras. “No me parece justo tener como primer recuerdo el de mis padres muertos. Es espantoso. Me parece muy importante esta posibilidad de declarar y contar lo que me pasó”, dijo con un hilo de voz.

martes, 17 de junio de 2014

TESTIMONIOS. "Ni olvido ni perdón: quiero condena individual y social a tanta infamia"

Fue la exigencia de Elena Monti en la audiencia de hoy. También declararon Dante Barcos, Claudia y Mónica Dittmar, Juliana Abriata y Lidia Frank.

Los casos de la familia Donadío

El testimonio de Elena Monti
Su madre, Ana Catalina De Monti, apareció asesinada, tras ser secuestrada de su casa. Su compañero, Ricardo Sáenz (510), y su primo, Alberto Donadío (467), siguen desaparecidos, tras haber estado en la ESMA.

Sobre Clarín
Elena relató los daños que sufrió su familia, causados por el terrorismo de Estado de la última dictadura cívico-militar. Luego contó que “el 22 de junio de 1983 tuve que leer una noticia publicada por el diario Clarín, que se titulaba: `No hubo irregularidades en la morgue´. Decía que lo había establecido la Cámara, después del estudio de 106 casos. En esa nota estaba mi madre. También decía que había sido muerta en un enfrentamiento. Yo me pregunto todavía qué pasó con esas dos informaciones. La autopsia decía `paro cardio respiratorio´ y el diario Clarín decía que había sido una subversiva y que no había habido irregularidades en la morgue”.

“El Topo” 
Así lo apodaban a Ricardo. Fue Lázaro Gladstein (caso 507) quien le contó a Elena que Ricardo “estaba muy enojado y triste por la muerte de mi mamá, que él sabía lo que le había pasado, que la habían torturado y que se había quedado en la tortura. También me cuenta que cuando los llevan a todos a la isla del Tigre (“Del Silencio”), y al regresar se dan cuenta de que El Topo no estaba allí, lo primero que hacen es preguntar por él, porque él había sido muy importante para los compañeros. Él había podido tranquilizarlos, hacerlos reír un poco, había logrado algunos beneficios de parte de algunos guardias. Me dicen que cuando regresan de la isla del Tigre preguntan por El Topo y un guardia les dice que se había puesto muy loco y lo tuvieron que mandar para arriba”.
Antes de finalizar la audiencia, se exhibió la foto de Ricardo y Elena cuenta que “es el de la izquierda, el de la sonrisa, yo me quedé con la sonrisa”.

Las consecuencias en las familias

Elena pidió referirse “un poquito a las consecuencias que yo siento, además de la desaparición de los seres queridos, las consecuencias que yo sufro son familiares. Es el día de hoy que no me relaciono con mi hermano, porque él piensa que soy responsable de lo que le pasó a mi madre. En lo laboral, estuve 10 años sin poder laburar de lo que había estudiado y era mi vocación. Me jubilé en el año 2010 como docente”. Luego se refirió a su hijo, Martín: “sufrió indiscutiblemente, lo que a esa altura de la vida no se le puede explicar a nadie. Sentimos tanto miedo, tanta inestabilidad, no teníamos lugar donde vivir, donde estar. Eso le provocó una complicación en su desarrollo emocional, que fue superando a lo largo del tiempo, luego de un costoso tratamiento. Por suerte hoy es un hombre bueno, que no buscó venganza, pero que se perdió vivir con un padre como el que tuvo. Si mis seres queridos hubiesen tenido el juicio que le dan a los asesinos, la historia hubiera sido diferente”.
“Lidia”
“Agradezco que me ayuden a dar visibilidad a esta mujer, porque para nosotros fue un terrible misterio. En su declaración, Liliana Pellegrino comenta que se encontraba en el lugar con una mujer, que era fonoaudióloga, que después supo que su apellido podía ser Batista, que tenía dos hijos, que su esposo trabajaba en un negocio familiar en la calle Florida. Yo agradezco poder decir que Lidia era parte de esta familia, de nosotros. Cuando leo el testimonio, leo lo siguiente, que es que ella no sabía cómo contactarse con la familia y va contando lo que pasó con Lidia. Era el 7 de diciembre, la vienen a buscar, la llevan a Lidia para liberarla. La van a liberar. Al rato la escucha llorar. Reconoce el llanto, le pide al guardia que por favor la deje hablar. Le cuenta que estaba muy triste porque estaba preocupada porque no podía dormir. La pararon contra la pared. Le dispararon un dardo en la ingle, y le muestra un agujerito negro y un moretón. Le pregunta a un guardia y Lidia le comenta a Liliana Pellegrino que como ella tenía problemas de insomnio, tomaba 15 miligramos de Valium todas las noches, que se había despertado en un lugar rodeada de muchos otros compañeros que estaban vomitando, tosiendo, que les dice a los guardias que estaba despierta, le pegan y la llevan a ese lugar con Liliana”.

Para finalizar, Elena dijo: “Voy a hacer mías unas palabras que dijo Liliana Pellegrino. Nunca les voy a perdonar el tiempo que me robaron con mi hijo. Cuando sobrevivir es tan difícil y soñar y reír nos cuesta tanto, pienso en vos y quisiera regresarte, haberme hundido yo en ese espanto. Dame ese perdón tan necesitado. Me enseñaste la entrega y el cuidado. Con ese capital, me abandonaste y no pude avanzar a ningún lado. Siempre te vi valiente, festejando con alegría y afecto. Cuántas cosas me quedaron pendientes de decirte, honrarte. Fuiste y sos mi luz. Entregaste tu vida para dejarme a salvo… eso fue lo que nunca he merecido… no he podido lo suficiente con lo que hicieron esos desalmados. Gracias mamá por ser tan generosa. Ni olvido ni perdón: quiero condena individual y social a tanta infamia”.

Los casos de Claudio César Adur y Bibiana Martini (785 7 786)

El “Turco”, quien era periodista, y Bibiana fueron privados ilegalmente de la libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, el 11 de noviembre de 1976 a las 4:00 horas, en su domicilio, en la Ciudad de Buenos Aires. El operativo fue realizado por al menos diez personas vestidas de civil, fuertemente armadas, quienes se movilizaban en dos vehículos: una camioneta verde oliva y un auto Ford Falcon. Las dos víctimas fueron llevadas a la ESMA, donde permanecieron en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida, con los números 49 y 50. Claudio y Bibiana siguen desaparecidas.

El testimonio de Dante Raúl Barcos

El testigo contó que “estaba cursando el colegio secundario nocturno y compartía el departamento con un compañero del trabajo y un amigo”. Se fueron a dormir cerca de la medianoche y a las pocas horas sonó el timbre: “mi amigo se levantó y cuando fue a abrir se encontró con un fusil que le pusieron en la cara y le hicieron abrir la puerta. Me despertaron con dos ametralladoras en la cara. No sabía qué pensar. Después de muchos insultos y gritos, me hicieron vestir y caminar con un bastón. Me sacaron el bastón y me hicieron bajar por el ascensor. Se escuchaba mucho silencio”. Dante declaró que después de caminar por la calle, lo subieron a un auto, y lo llevaron a un lugar, con los ojos vendados. Al llegar al destino, le asignaron el número “098”. “Me dijeron que escribiera todos los nombres de las personas que conocía vinculadas con gente que andaba en cosas así, `guerrilleros´ los llamaban ellos. No tenía idea de nada de eso. De la forma en la que me lo pedían, parecía que significaba un problema para mí. Después, ha pasado tanto tiempo que no sé precisar si fueron horas, si fue en el mismo día o en el siguiente, porque se pierde la noción total del tiempo, me llevaron para arriba, por un ascensor”, sostuvo el sobreviviente.
Luego narró que en ese lugar le dijeron que él conocía a Mónica, pero que recién supo quién era un rato después, cuando el guardia le levantó la capucha y “vi a varias personas, a mi amigo (Mario Salvatierra) y su novia, que la conocía de haberla visto algunas veces, y había otra chica, que era Mónica (Laffitte de Moyano, caso 671), ahí conocí quién era Mónica, pero no la conocía de antes”. Dante recordó que escuchó a Mario y a Claudio Adur conversar ahí, ya con las capuchas puestas nuevamente, sobre Filosofía. “Claudio Adur le decía a Mario que los griegos eran los culpables de todas las confusiones del Occidente, por eso me quedó grabado”.
Un aniversario en la ESMA 
“Hay algo que me llamó la atención, fue muy emotivo por las circunstancias en las que estábamos. Nos daban de comer un miñoncito chiquitito con un churrasquito. Yo me comía hasta las miguitas que se caían al piso. Este muchacho (Claudio Adur) había juntado las miguitas y había fabricado un muñequito, que no sé qué simbolizaba, pero estaba conmemorando una fecha de pareja, entonces le regaló a ella ese muñequito que había construido. Fue tan emocionante, que nos hizo olvidar por un momento el mal momento que teníamos”, recordó Dante.

El testimonio de Claudia Dittmar, cuñada de Hernán Abriata
“El sábado 30 de octubre estábamos durmiendo en la casa de mis padres, mis hermanos, los familiares de Juliana Abriatta y yo. A las 2:00 de la madrugada suena una explosión que rompe parte de los vidrios de la casa. En ese momento, todos habían salido y quedamos dentro de la casa Juliana y yo. Por ser militantes de la UES, teníamos material, revistas y volantes. Le dije a Juliana que teníamos que esconder esa documentación. Vimos que había personas en la terraza. Nos aproximamos a la última habitación. Había una cantidad de uniformados con armas largas”, recordó Claudia.

Luego contó que, ante la insistencia para que salieran de la casa, “Beti, la mamá de Juliana, dice que esperen, que éramos sólo unas nenas, que ya íbamos a salir. Intentamos romper el montón de revistas y volantes, pero no pudimos. Lo meto en el caño del inodoro. Cuando salimos a la calle, nos apuntan con un arma en la cabeza”. Durante el operativo pudieron escuchar que buscaban a Hernán Abriata (caso 115). 

Después de un rato, los atacantes se fueron de la casa. Al día siguiente, la familia supo que “acaban de llevarse a Hernán”, contó Claudia. “El lunes yo iba al Liceo 9, por la tarde, fui a la escuela. En la esquina me para Javier Urondo y me dice que no puedo ir a la escuela, que tengo que dejar la escuela. Faltaba sólo un mes para terminar el año. Fui con él a su casa, vivía con su mamá, Graciela Murúa. Me quedé con Javier dos semanas, hasta que un día Chela nos dice que Claudia Urondo y el Jote habían caído y había que levantar la casa. 

Los casos de Adriana Gatti (caso 683), Ricardo Carpintero Lobo (249), Eduardo Testa y Norma Masuyama

Claudia habló sobre Ricardo, porque había sido novia de su hermano Pablo, y acudió a él en busca de un lugar para quedarse. Así fue como estuvo durante un tiempo en la casa de una prima de ellos. Luego, Ricardo fue secuestrado. Su compañera, Adriana, se mudó con Norma y Eduardo: “El 8 de abril de 1977 son baleados los tres”. Adriana y Norma estaban embarazadas de 8 meses cuando fueron asesinadas. El certificado de defunción de Adriana decía que tenía una “herida de bala en la cabeza, otra en el abdomen y otra en el pecho”. 

El testimonio de Mónica Dittmar, compañera de Hernán

La testigo relató que estaban con Hernán en la casa, cuando alrededor de las 2:30 horas de la madrugada “golpean la puerta y escuchamos la voz del padre de Hernán diciendo: `Es papá´. Hernán se levanta, tiran la puerta. Tito venía esposado, lo traían con un antifaz que le cubría la vista. Me levanto. Lo ponen en un rincón, a mí también. Veo pasar a varios hombres vestidos de una manera extraña, con chaleco, municiones, armas largas, boina”.
“Se lo llevan (a Hernán)”, contó Mónica, quien pudo ver a “esta persona, que me dice que es de rutina, que al día siguiente íbamos a tener información y datos. Veo un carnet verde con la foto de él, lo miro, miro la foto, lo miro a la cara y me dice: `Soy el subinspector Mario Alfredo Sandoval, estoy en la Superintendencia de Seguridad Federal, al mediodía pueden tener información”. Mario Alfredo Sandoval  - Apodado “Churrasco”, fue oficial de Coordinación Federal. Días atrás se aprobó el pedido de extradición desde Francia, pero para ser juzgado en la Argentina solamente por el caso de Hernán Abriata, quedando excluidos los de las otras más de 600 víctimas por las que está acusado.

La carta de Hernán
“La traje”, dijo Mónica, en referencia a un escrito que le entregó una persona, que dijo que ser un guardia “que se había encariñado”. “Es su letra, muy amorosa, cuánto me extraña, me quiere, a su familia, mis hermanos. Hay partes tachadas, que hemos tratado de ver si decía algo, pero están tachadas. Termina diciendo que me vaya bien en la Facultad, que cuide a mis hermanos. Manda besos y cariños para la familia. Es una carta muy amorosa”.
Testimonio

“Traje fotos. Quiero disfrutar este testimonio. Fueron muchos años de pensar que uno puede llegar a este momento, por los compañeros, por Hernán, por todos. Es muy importante. Decirme que estoy leyendo es una falta de respeto al testigo. Vine con mis fotos, cuento la historia que me pasó a mí, nadie me la tiene que contar”, dijo Mónica como respuesta a uno de los abogados defensores, quien le preguntó si estaba leyendo su declaración.
Luego, a pedido de la testigo, se exhibió una foto de Hernán Abriata, quien tenía 24 años de edad cuando fue desaparecido.
“Sobre todo por los compañeros, por todos los que no tienen historias, los relatos, los testimonios: pido justicia, que llegue pronto. Muchos compañeros y familiares ya estamos viejitos”, dijo Mónica al concluir su testimonio.

El testimonio de Juliana Abriata, hermana de Hernán
Juliana relató el mismo hecho que Claudia Dittmar y también identificó a Sandoval como miembro del operativo en su casa. “Pasaron mucho años sin hablar de esto, parece que la memoria quiere apagar todo. A mí se me apagó mucho, pero con esa reapertura fui recordando en estos años todas las caritas de estos chicos. Era toda gente muy buena, que quería hacer un mundo mejor.  Supongo que deber haber pasado con todas las familias que sobrevivieron: nos destrozaron, nos transformaron en personas tristes, enojadas, quedamos muy heridos. Esta semana vi unas fotos de Adriana Gatti y de su compañero, me acordaba las caras de ellos. Agradezco que se esté haciendo el trabajo de ustedes, que no los borren. Lo único que querían era una Patria justa y soberana. A los que mataron, a todos estos 30.000 compañeros que mataron, militaban por amor, no nos olvidemos”, dijo al finalizar. 

Los casos de Ricardo Alberto Frank, Laura María Mina y Sergio Antonio Martínez (479, 480 y 481)
Ricardo era estudiante de Arquitectura en la UBA, oriundo de Trenque Lauquen. El 10 de noviembre de 1978, pasada la medianoche, fue privado ilegalmente de su libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, en la casa en la que vivía con su madre, Lidia Juana Antonia Huarte de Frank, en la Ciudad de Buenos Aires. Ricardo fue llevado a la ESMA, donde permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida y sigue desaparecido.

Laura y Sergio, apodado “Yoyi”, fueron secuestrados en el mismo lugar, horas más tarde. Ambos fueron llevados a la ESMA. Laura fue liberada, pero Sergio sigue desaparecido.
El testimonio de Lidia Frank, hermana de Ricardo
“En ese momento yo pensé que no lo iba a ver más a mi hermano, porque si bien en Trenque Lauquen ya había habido desapariciones, yo recordé la última conversación con mi hermano, en el último viaje que hizo en agosto. Los estudiantes desaparecen y no aparecen, dijo”.
Ricardo

Él tenía 21 años de edad cuando fue desaparecido y llevado a la ESMA. Su sobrino, hijo de Lidia, ya tiene 36: “tiene los años de su secuestro”, dijo Lidia en la audiencia. Luego leyó la última carta que le escribió Ricardo y además de las fotos compartió recuerdos: “tocaba la guitarra y se reunía con sus amigos”.
“Yo recalco la importancia del testimonio de hoy, porque es la primera vez que se toma como caso el de mi hermano”, dijo la testigo, y luego habló sobre las “consecuencias de esa desaparición en la familia, porque si bien fue hace 36 años, fue para toda la vida”. 
“Quiero dedicar mi declaración y mis años de militancia a los sobrevivientes, que son los que nos trajeron la verdad. Al Estado le pido que se haga justicia. Nosotros vamos a seguir luchando por la memoria, la verdad y la justicia. La justicia depende de ustedes, señores jueces”, dijo Lidia y luego pidió leer un escrito de su hermano.