jueves, 13 de septiembre de 2018

4º TRAMO CAUSA ESMA INFORME Nº 2

Reiteramos parte del primer informe. Con diez imputados y 800 casos aproximadamente comenzó el 13 de agosto el cuarto tramo de la causa Esma. 27 de los casos son nuevos.
Cinco de los imputados gozan del beneficio de prisión domiciliaria. Otros cuatro permanecen en prisión (U31) y otro se encuentra internado en el Hospital Naval.

Luego de las bravuconadas a las que nos tiene acostumbrados uno de los abogados defensores continuó la audiencia con la acusación (requerimiento) fiscal a los 10 imputados.
En la  audiencia del  27 de agosto a las 14 hs. se escucharon las indagatorias de los genocidas Zanabria, Carrillo, Iturri y Vallejos.

En la audiencia del 3 de septiembre se continuaron las indagatorias con Castellví, Ferrari, Cabral, Conde y Ocaranza.
El imputado Ferrari intentó en forma reiterada  tergiversar su responsabilidad en los hechos que se lo acusa. Descarga dicha responsabilidad en otra persona que tiene su mismo apellido. Rechaza pruebas presentadas, dice que se encuentra preso injustamente a pesar de estar en su domicilio.
Considera ilegal el juicio politizado y no confiable. Esconde su responsabilidad figurando su destino en el destructor Rosales. Manifiesta que fue vicepresidente del Centro Naval.
Se remite a la segunda guerra mundial diciendo que a pesar de los 40 millones de muertos hubo 611 procesados y sólo 17 condenados.

En la audiencia del 10 de septiembre se completan las indagatorias con los dichos de Zanabria quien manifiesta que fue destacado a un domicilio donde retiraron pertenencias de personas desaparecidas en la noche anterior. Dichos bienes fueron depositados en el pañol del casino de oficiales de la Esma.
Ferrari nuevamente interviene a instancias del abogado defensor para saturar la audiencia con elementos que tienden a confundir su responsabilidad. Registros de navegación, libros de nomenclaturas propias de la Armada, Boletines Generales de Traslados y Mensajes Navales,etc.

Vuelve a descalificar al tribunal y la instrucción judicial e insiste en la supuesta confusión con un homónimo.

En la misma audiencia y luego de las maniobras dilatorias del abogado defensor pudimos escuchar la voz de los sobrevivientes del Centro Clandestino de Detención (CCD).
Con la valentía propia de quienes no olvidan a sus compañeros y mantienen sus convicciones intactas Mario Moran y su compañera Elba Guerrero prestaron sus testimonios que no dejaron dudas sobre su cautiverio en la Esma.

También mencionaron a otros compañeros con los que compartieron detención. Surgen de esta forma nuevos cautivos y nuevos casos en el futuro juicio.
Resulta preocupante la ausencia de público en la sala y mayor difusión en los medios.
La próxima audiencia continúa con nuevos testimonios el día lunes 17 de septiembre a las 09.30 hs. en la Sala SUM.

Comisión juicio Esma.

miércoles, 15 de agosto de 2018

Comenzó el juicio ESMA IV: 800 víctimas, 10 imputados y un prófugo

Se trata del proceso con mayor cantidad de víctimas que revisa lo sucedido en uno de los más grandes centros clandestinos de detención durante la última dictadura cívico militar. "Todos los casos están probados", señaló Carlos Loza, integrante de la Comisión de Ex Detenidos Desaparecidos.

Redacción Canal Abierto | Este 13 de agosto arrancó el cuarto juicio contra genocidas de la ESMA. El proceso aborda los casos de más de 800 víctimas de delitos de lesa humanidad cometidos en el centro clandestino de detención, tortura y exterminio que funcionó durante la última dictadura cívico-militar. Están acusados diez represores, integrantes de esa fuerza, de la Policía Federal, el Batallón 601 del Ejército.

Tras dos postergaciones, el juicio está a cargo del Tribunal Oral Federal en lo Criminal Nº 5, integrado por Daniel Obligado, Adriana Palliotti y Gabriela López Iñíguez. El juez sustituto será Javier Ríos. Las audiencias se desarrollan en los Tribunales de Av. Comodoro Py 2002, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

De los diez imputados, la mitad goza de la prisión domiciliaria, y uno de los represores, Claudio Vallejos se encuentra prófugo de la justicia, por lo que el tribunal ya ordenó su captura. El ex integrante del Servicio de Inteligencia Naval está acusado del secuestro de un pianista brasileño que tocaba con Vinicius de Moraes. También habría participado del asesinato de cinco sacerdotes y seminaristas en la Iglesia de San Patricio.

“Es una causa del presente, no del pasado”, señaló Carlos Loza, integrante de la Comisión de Ex Detenidos Desaparecidos, en diálogo con el programa radial Sobre la Hora. “La pata civil del genocidio durante la última dictadura fueron las empresas que hoy figuran en los famosos cuadernos: es decir, Techint, Pescarmona, Socma. Ellos fueron los beneficiarios de aquella masacre que permitió el saqueo posterior”.

Antes delegado en la Administración General de Puertos, a los 23 años Loza fue secuestrado. Estuvo privado de su libertad en la ESMA durante 21 días. “Durante ese tiempo, entre quienes estábamos allí, nos prometíamos que el que pudiera salir iba a contar ese horro”, contó.

“En caso de ser condenados, estaríamos hablando de nuevos genocidas tras las rejas”, explicó.

Los imputados son:

-Carlos Mario Castellví, alias “Lucas”: oficial retirado de la Armada, integró el área de Inteligencia del Grupo de Tareas 3.3.2 de la ESMA desde el 11/4/1979 hasta el 1/3/1980.

-Néstor Eduardo Tauro: ex cabo de la Armada, ex jefe de pelotón de fuego de la ESMA, integró el Grupo de Tareas 3.3.2 de la ESMA desde el 24/3/1976 hasta el 20/12/1976.

-Ramón Roque Zanabria: ex cabo de la Armada, integró el Grupo de Tareas 3.3.2 de la ESMA, desde el 24/3/1976 hasta el 20/12/1977.

-Carlos Néstor Carrillo, alias “Cari” o “El salteño”: ex suboficial de la Armada, operador de comunicaciones del Grupo de Tareas 3.3.2 de la ESMA desde el 13/3/1979 hasta el 15/11/1979 (era estudiante en la ESMA al momento de los hechos).

-Raúl Armando Cabral, alias “Tiburón”, ex agente de Policía, integró el Grupo de Tareas 3.3.2 desde el 7/1/1977.

-Miguel Conde, alias “Carames” o “Cortez”: personal civil de Inteligencia del Batallón 601, integró el área de Inteligencia del Grupo de Tareas 3.3.2 de la ESMA desde el 14/10/1976 hasta el 31/3/1979.

-Horacio Luis Ferrari, alias “Pantera” o “Diego”: contraalmirante retirado de la Armada, integró el Grupo de Tareas 3.3.2 de la ESMA desde marzo de 1977 hasta enero de 1978.

-Jorge Luis María Ocaranza, ex suboficial de la Armada: ex jefe de grupo de tiradores de la ESMA, integró el Grupo de Tareas 3.3.2 desde el 24/3/1976 hasta el 1/8/1977.

-José Luis Iturri: ex cabo de la Armada, integró el Grupo de Tareas 3.3.2 de la ESMA desde el 24/3/1976 hasta el 15/11/1976.

-Claudio Vallejos: ex integrante del Servicio de Inteligencia Naval.

martes, 29 de mayo de 2018

Campaña : GENOCIDA SCILINGO: “PERSONA NON GRATA” EN EL AYUNTAMIENTO DE SOTO DEL REAL


El genocida Adolfo Scilingo, ex capitán y partícipe de los “vuelos de la muerte” durante la última dictadura argentina (1976-1983) fue condenado en 2005 por la Audiencia Nacional de España a 640 años de prisión, en aplicación de la justicia universal para procesar los delitos de crímenes de lesa humanidad y genocidio. En 2007 el Tribunal Supremo confirmó su condena, elevándola a 1.024 años de cárcel por delitos de lesa humanidad con el resultado de 30 muertes, con agravante de alevosía, tortura y 256 secuestros seguidos de detención ilegal cometidos por él en la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA).

Scilingo cumple condena en la cárcel de Soto del Real, y en la actualidad disfruta de beneficios penitenciarios con salidas transitorias en el pueblo madrileño de Soto del Real.

Estas salidas de un genocida responsable de crímenes especialmente graves y violentos suponen una seria ofensa y crean alarma social para las víctimas y sus familiares, así como para el conjunto de las vecinas y vecinos del pueblo.

Por esta razón, pedimos el apoyo para la solicitud que se presentará ante el pleno del ayuntamiento de Soto del Real, exigiendo que se declare “persona non grata” a Scilingo, y no se permita que un genocida conviva libre e impunemente en el pueblo.
El único lugar para los genocidas es la cárcel

Mandar adhesiones individuales y colectivas, indicando nombre/apellidos y organización) a: casapueblos@nodo50.org

martes, 5 de diciembre de 2017

Después de la sentencia de la megacausa fueron liberados cinco represores de la ESMA

Las consecuencias de las penas bajas

El tribunal autorizó la libertad condicional de cinco condenados, dos ya estaban con prisión domiciliaria. Todos recibirán una pulsera electrónica. La fiscalía y las querellas se quejaron de la falta de proporcionalidad de las penas en relación con los delitos.

Por Alejandra Dandan - imagen: Leandro Teysseire

Llegó el primer efecto de las condenas bajas de la ESMA. El Tribunal Oral Federal 5 liberó a cinco integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2 condenados la semana pasada a penas de entre 8 y 11 años de prisión. Los cinco formaron parte del Grupo de Operaciones Especiales de la Armada (GOEA), la estructura operativa que a partir de 1981 se integró al GT. Y todos son conocidos como parte del Informe Basterra, aquel trabajo presentado por Víctor Basterra ante la Justicia en 1984 que reúne datos y las fotos que les hizo a los represores mientras estaba como prisionero en el centro clandestino de la Armada. El TOF tomó la decisión de excarcelarlos luego de una audiencia convocada de modo urgente a pedido del Ministerio Público Fiscal. A la audiencia concurrieron todas las partes. Fiscalía y querellas plantearon oposiciones sobre la base de la nueva ley que protege la vulnerabilidad de las víctimas de crímenes aberrantes y explicaron allí la decisión de apelar el monto de las penas porque las consideran desproporcionadas frente a la magnitud de los crímenes. Uno de los liberados –Héctor Francisco Polchi– fue condenado a 11 años por 65 secuestros y 67 tormentos cuando la pena prevista para un robo con arma, por ejemplo, tiene una escala prevista de 5 a 15 años de prisión. 

“Yo no hablé desde lo jurídico sino de lo que significa que estos genocidas estén en libertad para nuestra seguridad como sobrevivientes”, dice Carlos Lordkipanidse luego de la audiencia y a poco de terminar su presentación frente a los jueces. “Hay que ponerse en el lugar de Víctor Basterra porque cada uno de los tipos que largaron, cada uno de ellos, fue posible reconocerlo solamente por las fotos que él sacó. También estuvo todo el trabajo que hicimos nosotros desde la Asociación (de ex Detenidos) porque al comienzo sólo tuvimos una foto y un apodo, y después hubo que identificar quién era quién, hacer reconocimiento de fotos, buscarlos, porque en muchos casos el poder judicial no se dedicó a hacerlo ”. 

La preocupación por las libertades comenzaron la semana pasada, en el mismo momento que el tribunal leía la sentencia. Al escuchar estas condenas, fiscales y querellas explicaron el problema que se venía: primero por el monto de una parte de las penas y segundo porque sonaron desproporcionadas frente a los hechos imputados. Y ese dato fue confirmado durante la misma lectura de la sentencia por las disidencias que se iban escuchando en el fallo en minoría de uno de los jueces, Daniel Obligado. Obligado dictó en todos los casos penas más altas con los parámetros del juicio anterior, concluido en 2011. 

Pero el miércoles, en la sala, se escucharon las primeras voces de alarma. Una de ellas fue la del coordinador de la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad, Jorge Auat. Y ayer en diálogo con este diario la fiscal Angeles Ramos explicó la desproporcionalidad. “La consecuencia del veredicto es que la pena se volvió desproporcional en relación a la magnitud del daño causado”, dijo. “ Lo que se advirtió en el veredicto es que se perforó por muy poquito los montos por encima de los mínimos para la cantidad de hechos que el Tribunal probó”. Los fundamentos deberán explicar lo que el jueves quedó esbozado: la relación entre hechos y penas.

En este caso, el beneficio alcanzó a: Héctor Polchi, condenado a once años, Patricio Oscar Altamira, de la Sección Operaciones del GT 3.3.2, condenado a 8 años y seis meses de prisión por 23 secuestros, 25 tormentos y 2 casos de privación ilegal de menores de edad; Daniel Humberto Baucero, del GT, condenado a 10 años por 34 secuestros, 36 tormentos y 3 casos de privación de un menor; Juan de Dios Daer, condenado a 8 años por 6 secuestros y 7 tormentos y a Antonio Rosario Pereyra, condenado a 10 años por 12 secuestros y 11 tormentos. Todos ellos integraron lo que la acusación fiscal denominó GOEA. “En el año 1981 existió lo que se llamó el Grupo de Operaciones Especiales de la Armada, que sumó a la estructura represiva trabajando coordinadamente con la Jefatura de Inteligencia Naval (JEIN). Los legajos de la Armada desclasificados señalaron que sus integrantes realizaron tareas ‘operativas, riesgosas, secretas y militares’. Basterra declaró sostenidamente en todas las instancias que le tocó que el GOEA ‘era lo mismo con otro nombre’. Y se dividía como todo Estado Mayor con sus cuatro departamentos”, señalaron en el juicio los fiscales Mercedes Soiza Reilly y Guillermo Friele. 

Las condenas probaron que el grupo existió, pero también están diciendo que les quitaron las acusaciones por homicidios imputados para esa época, entre ellos el asesinato de Jorge Julio Villar. Para todos ellos la fiscalía había pedido perpetuas. “La audiencia de ayer se fijó a pedido del fiscal Abel Córdoba para que las víctimas puedan dar su opinión de acuerdo a la nueva ley de víctimas”, explicó Liliana Alanís, de Justicia Ya! “La ley dice que para todas las cuestiones que tienen que ver con la libertad debe escucharse a las víctimas. Nosotros dijimos que la ley está vigente. Que corresponde escuchar a las víctimas. Y también adelantamos que nos oponíamos a la excarcelación. La fiscalía le pidió al Tribunal un informe de riesgo sobre la situación de todas las víctimas antes de tomar una decisión. Pero eso era muy difícil en un proceso de excarcelaciones con 24 horas tiempo. Planteamos que no podían ser excarcelados porque están en juego crímenes aberrantes en un proceso que duró cinco años con 40 años de espera. Dijimos que víctimas y testigos son agredidos y amenazados y que si damos la libertad a los genocidas, en vez de ser el juicio más grande de la historia, se iba a transformar en el juicio de la impunidad. Pero el problema también es otro: el haber dictado penas tan bajas, inevitablemente lleva a que al momento de cumplirlas, sean dadas por purgadas”. En la audiencia estuvo el Cels. Y habló el abogado Rodolfo Yanzón sobre la cobertura mediática que aún tienen los detenidos. 

A las cinco de la tarde, el TOF había tomado la decisión de otorgarles la libertad condicional. Pereyra y Altamira ya estaban con domiciliaria. Todos recibirán pulsera electrónica para monitoreo. Los votos fueron de Obligado y Adriana Palliotti. Leopoldo Bruglia está de viaje desde el viernes pasado. 

viernes, 24 de noviembre de 2017

29/11 : Sentencia ESMA : 29/11 - 14 hs. : NI UN GENOCIDA SUELTO !!!


 
 Convocamos a acompañar la lectura del veredicto y a movilizar en las puertas del Tribunal, Comodoro Py

291/11  14 hs.




Contra todos los genocidas


POR TODOS LOS COMPAÑEROS


NI OLVIDO NI PERDÓN NI RECONCILIACIÓN

30.000 compañeros detenidos-desaparecidos : PRESENTES !!



 ASOCIACION 

EX DETENIDOS DESAPARECIDOS


lunes, 20 de noviembre de 2017

El juicio ESMA III revisa por primera vez la mecánica de los vuelos de la muerte.

La historia de un documento clave en la megacausa ESMA
“El traslado conducía a la muerte”

A pocos días del fallo en el juicio, PáginaI12 reconstruye la gestación y el alcance del “testimonio de París”, de 1979, donde tres mujeres sobrevivientes describieron el funcionamiento de la ESMA, los vuelos de la muerte y la apropiación de bebés.
Por Alejandra Dandan
Imagen: Helen Zout

“Somos tres mujeres argentinas, unas de las pocas sobrevivientes de un campo de concentración militar de nuestro país. Nosotras venimos del infierno”, así comienza el testimonio brindado en octubre de 1979 por Sara Solarz de Osatinsky, Alicia Milia de Pirles y Ana María Martí ante la Asamblea Nacional francesa. Es uno de los testimonios más importantes de la causa ESMA, elaborado durante meses y concluido en un apart hotel de Madrid con máquinas de escribir alquiladas y un grupo de sobrevivientes más amplio. Un texto al que aquellas mujeres le pusieron la voz y el cuerpo cuando estaban en libertad pero aún perseguidas por la Armada. El testimonio de París, como se lo conoce, reconstruyó con tanta precisión la dinámica del centro clandestino que hoy se lo considera como el primer intento nunca superado de sistematizar la arquitectura de la ESMA y contiene cierto carácter anticipatorio en su modo de organizar la información. El listado de quince mujeres que dieron a luz en el centro clandestino no equivocó hasta ahora ni un sólo sexo de los niños y niñas nacidos y robados de la ESMA, identificados recién años más tarde. Tampoco hay equívocos en lo que fue la primera y muy discutida reconstrucción de los “traslados”, el nombre que los marinos le pusieron a lo que más tarde se conoció como vuelos de la muerte.

A días de la sentencia del megajuicio ESMA III, prevista para el 29 de noviembre, con elementos para condenar a decenas de imputados, con final cada vez más incierto y en un debate que revisa por primera vez mecánica y responsabilidades en los vuelos de la muerte, Páginai12 reconstruye la historia de ese documento a partir de los testimonios de las tres mujeres en ocasión de los juicios y de un escrito preparado por una de ellas, al que accedió este diario, que da cuenta de los miedos y las discusiones que atravesaban la época. Para los investigadores, el listado que se lee como uno de los orígenes del modo de reconstrucción de pruebas que desde entonces elaboran los sobrevivientes adquiere mayor entidad con el paso del tiempo. En su alegato, los ex fiscales del juicio Mercedes Soiza Reilly y Guillermo Friele sumaron a este testimonio otros 24 listados hechos en los primeros años de liberación por quienes salieron del infierno. También fue una forma de homenaje. “El aporte realizado en el año 1979 por tres mujeres sobrevivientes de la ESMA fue esencial en la reconstrucción probatoria: en él se da cuenta de los detalles, del modo en que operaba el grupo de tareas –señalaron Soiza Reilly y Friele–. Estas mujeres, en este documento, relatan lo vivido dentro de la ESMA, listan a sus compañeros de cautiverio, mencionan la existencia de los vuelos de la muerte, de los nacimientos clandestinos, del actuar represivo y hasta del robo de bienes como parte del entramado ilegal desplegado. Es a partir de la valoración de estas huellas que la Justicia juega un rol importante en la construcción de la verdad.”


 Ana Maria
“Antes de dejarme salir, el Tigre Acosta me hizo firmar un papel. Decía que yo me había entregado voluntariamente. Nos dijeron que ya sabíamos lo que teníamos que hacer: que no olvidemos que nuestra familia estaba en Argentina, que nos iban a controlar, que teníamos que llamar de tanto en tanto a la ESMA, cosa que hice cuando llegué a Madrid”, dijo Martí en uno de los juicios. Ana María, casi dos años secuestrada, el último mes en compañía de sus hijos de 7 y 9 años, capturados en un operativo del Ejército. Cuando ella se enteró que ellos estaban secuestrados “pedí, mejor dicho imploré, que mis hijos sean entregados a mi padre, pero me respondieron que el Ejército quería retenerlos como anzuelo para detener a mi marido”. El 17 de noviembre la llevaron a una quinta operativa y al día siguiente le entregan a sus hijos. Habían permanecido en una comisaría. “Los hacían trabajar en tareas tales como revisar los bolsos de los familiares que visitaban a las detenidas. Mi hija Carmela de 7 años sabía perfectamente qué cosas podían entrar y cuáles no a la comisaría.” El 19 de noviembre de 1978 finalmente se tomó un vuelo a Madrid pagado por la Armada. Viajó con sus hijos pero también con Sara Solarz de Osatinsky. 

Sara
Sara declaró en innumerables ocasiones. Su testimonio sobre quince nacimientos a los que asistió en la ESMA fue una de las pruebas fundamentales del juicio por la apropiación de bebés. Lo que vivió, sin embargo, al salir del centro clandestino es uno de los relatos menos conocidos. Luego de aterrizar en Madrid, viajó a Valencia con Ana María y los niños y poco después tuvo que volver a la ESMA. 

“Desde el aeropuerto en Madrid, tenía que enviar, y envié, una tarjeta a una casilla de correo: llegamos bien, decía. Nada más. Era la única indicación que nos dieron. Nos quedamos en Madrid hasta las Navidades, el 24 viajamos a Valencia y después del 25 conseguimos un departamento a unos 12 kilómetros de ahí. Desgraciadamente, la dirección que había tenido que dar era la de la persona que consiguió el departamento.” El día 3 de enero de 1979, la persona llevó a alguien de visita a la casa de Valencia.

– Miren a quién les traigo –les dijo–: es un amigo de ustedes que no tenía la dirección, y buscaba a Valeria.

Sara era Valeria Linares. Los marinos le habían hecho un documento falso a nombre de una persona fallecida. Del otro lado de la puerta, estaba el prefecto Héctor Febres, encargado de las embarazadas y por lo tanto también parte de la estructura para la apropiación de bebés, quien murió envenenado con cianuro en la cárcel, cuando concluía el primer juicio a la ESMA, en el que el único imputado era él. “Febres entró y se adueñó de la casa, de la misma manera que se adueñaba de uno. Caminaba, abría la heladera. Además una de las cosas que nos contó, no delante de los chicos, era que venía por una operación que habían decidido realizar en el exterior: habían conseguido la dirección para matar a Jaime Dri, que se había escapado de la ESMA.” Lo que Febres decía, “todas las cosas que nos contaba ya desde antes en la ESMA, era la manera de ensuciarnos, no sólo de ensuciarnos, sino de comprometernos”. Al día siguiente, con los chicos muy alborotados porque sabían que ese hombre era parte de los que habían secuestrado a su madre, Sara le dijo que se fuera.

–Bueno –respondió él–, pero te vas conmigo y vamos a Roma. 

La obligó a viajar a Roma, por tierra, a bordo del auto que era de ellas. Ana María quedaba de alguna forma de rehén. “Habíamos quedado que yo hablaba por teléfono a Valencia y avisaba que había llegado bien. Y entonces cuando pasamos por una telefónica, estoy queriendo hablar y le digo a Febres ‘hay alguien que conozco’, para irme. Y entonces él, por supuesto, también quiere irse. Febres era cagón, no sé si estaba sólo, ni si iba a querer quedarse sólo. Nos fuimos. Empezamos a caminar y bastante lejos en una calle oscura se aparece la persona que vi en la telefónica.” Esa persona era Armando Croatto, un militante perseguido por la dictadura, la Marina había intentado secuestrarlo en Madrid a mediados de 1978. Finalmente lo mataron en septiembre de 1979. Cuando los vio en esa calle oscura, le dijo a Febres: “Largala, dejála libre, largala”. Febres le preguntó quién era, intentó matonearlo y Croatto insistió: “Tenés que largarla, dejarla en libertad. ¿Que es lo que querés?” Volvieron al hotel. Y una vez que levantó la operación, Febres llevó a Sara de nuevo a Valencia.

Poco después, ella volvió a Madrid, también obligada por la Armada. Y al intentar regresar a Valencia, le robaron todo lo que tenía en el aeropuerto. Entre todo, su pasaporte. Y ahí comenzó una odisea para conseguir sus papeles. Además del pasaporte falso, ella tenía uno argentino con otro nombre pero sin sellos de entrada al país. Necesitaba sellarlo. Así que le hicieron tomar contacto con un agente de la ESMA en el Museo del Prado para ponerle los sellos. Viajó a Buenos Aires. La llevaron a la Policía Federal para hacerle un pasaporte nuevo en el día y cuando volvió al avión para irse, la nave volvió a aterrizar en Ezeiza por un problema en las turbinas. “En Ezeiza, realmente no salía de nuevo el avión ya ese día. Salió al día siguiente. Pero yo no tenía posibilidad de quedarme en Ezeiza, me iba a secuestrar cualquier otra fuerza. Estaba en manos de ellos. Seguía en manos de ellos. Fue algo terrible. Tuve que hablar a la ESMA para decir lo que me había pasado. Y no sé si fue un guardia o un suboficial, alguien, me viene a buscar y me lleva a la ESMA. Y me llevan delante de Acosta, y me hacen esperar. No vi. Creo que me llevan al sector del Dorado. Me hacen esperar un rato y luego Febres me lleva nuevamente a un hotel y al otro día puedo salir a la mañana y vuelvo a Valencia. Esta es una de las partes que, bueno, no puedo decir que le sentí confianza, no puedo decir que sentí desconfianza. Creo que, no sé qué es lo que sentí. Sí puedo decir que fue algo muy terrible”.

Marzo de 1979. Las chicas ya habían decidido organizar una conferencia de prensa con un grupo de compañeros para cuando estuviesen en libertad. Febres todavía las controlaba. Sara debía escribir cartas pero en abril no escribió más. “Por eso, recibo una carta de Febres llena de palabras obscenas, como gritando, como si lo sintiera gritar. ¿Qué se piensan? ¿Qué creen? Estoy preocupado. Quería saber qué estaba pasando.” Sara contestó. Le dijo que trataba de rehacer su vida. “Que por favor no me molesten más, que tengo necesidad de eso, que habían pasado bastantes cosas y necesitaba paz.” En junio, entonces, comenzó a reunirse con un grupo de compañeros. Entre ellos, Ana María Martí y Alicia Milia de Pirles.

Alicia
Alicia dejó la ESMA el 19 de enero de 1979 con otro pasaje que pagó la Armada. “No recibo ningún tipo de dinero –dijo en el juicio–, la Armada solo me paga el billete. Escribo una tarjeta postal y nunca tengo contacto con ningún marino, nunca vi a nadie, nunca me contacté con nadie, sé que llamaban a la casa de mis padres, pero yo nunca volví a ver a ninguno hasta el día que los vi acá en la lectura de los cargos.”

Hacia el final del invierno europeo de 1979, los que habían salido de la ESMA con destino a Europa desde fines de 1978 se fueron encontrando en Madrid o en alguna ciudad de España, contó en unas notas preparadas en ocasión del juicio ESMA III. “Necesitábamos vernos, hablar, tratar de completar, confirmar los datos que cada uno había sacado, guardarlos en la memoria. Necesitábamos buscar explicaciones. Repensar lo vivido. Hallar la forma de transmitirlo, hacer conocer la experiencia. Hacer aparecer los nombres de los compañeros con los que habíamos compartido el cautiverio para orientar la búsqueda. Que se supiese dónde habían estado.” Hubo intercambios que iban y venían por correo con quienes habían salido a Venezuela. “Una voluntad compartida –explicó–: cómo comunicar no lo que sabía cada uno en forma aislada sino tramar los primeros nudos de una recopilación colectiva de los datos de lo atravesado en la ESMA.”

Luego de discutir si viajar a declarar a Estados Unidos surgió la alternativa de hacerlo ante la Asamblea Nacional francesa. En ese contexto, maduró la idea de organizar una conferencia de prensa en París.

Los vuelos
Las tres mujeres y otros compañeros se reunieron en un apart de Madrid con máquinas de escribir alquiladas. Escribieron y tacharon un documento “discutiendo como posesos”, contó Alicia, pero con el deseo de que el testimonio recogiera todas las memorias acumuladas. “Cada uno fue evaluando en qué condiciones estaba para afrontar el momento y si bien por distintas cuestiones personales varios fueron desistiendo, todos contribuyeron con sus experiencias, sus datos, sus sugerencias.”

En la mesa estuvieron muchos otros. Nilda Orazi, sobreviviente de la ESMA que había pasado por el campo clandestino del Atlético y había hecho su primera denuncia pública poco antes en Ginebra. Estuvieron Lila Pastoriza, Pilar Calveiro, Alberto Girondo, Andrés Castillo, Norma Burgos, Martín Gras y Graciela Daleo. Los sobrevivientes escribieron el documento, durante un período en el que fueron hablando con la Comisión Argentina de Derechos Humanos (Cadhu), es decir con Eduardo Luis Duhalde y Gustavo Roca, entre otros. Con ellos se organizó la presentación en París. 

“Había tantas cosas por decir –continuó Alicia–: individualizar a los compañeros y compañeras: sus nombres legales, sus apodos cuando no conocíamos otro, la fecha de caída, hasta cuándo los vimos o supimos de ellos. Y si no teníamos ni nombre ni apodo poníamos datos significativos que aparecían en el recuerdo de alguien: ‘tenía trillizos’; ‘era colectivero’; ‘ella nació en Jujuy’. Denunciar lo que sucedía con las compañeras embarazadas y con las criaturas que daban a luz en la ESMA, las sospechas y las certezas que fuimos teniendo de que esos niños nunca eran entregados a sus familiares. Testimoniar sobre Norma Arrostito, la fuga de Horacio Maggio, el Nariz; el secuestro de Oscar Degregorio, el Sordo Sergio, en Uruguay y su asesinato en la ESMA; el operativo que logró la caza de Rodolfo Walsh; los secuestros de madres, familiares y las monjas francesas. Y uno de los puntos más discutidos y difíciles: hablar del destino final de los compañeros con casi una total certeza: la muerte, que los represores llamaban traslados”.

Ese es uno de los puntos que, a 38 años de aquel documento, hoy cobra mayor relevancia en el juicio. Bajo el título de “Traslados”, escribieron:

“Los días miércoles, excepcionalmente los jueves, se realizaban los traslados. En un principio se nos decía que a los secuestrados se los llevaban a otras dependencias o campos de trabajo que decían estar cerca del penal de Rawson. Nos costó convencernos de que, en realidad, el traslado conducía a la muerte. El día del traslado reinaba un clima muy tenso. Los secuestrados no sabíamos si ese día nos iba a tocar o no. Los guardias tomaban medidas mucho más severas que de costumbre. No podíamos ir al baño. Cada uno de nosotros debía permanecer rigurosamente en su sitio, encapuchado y con los grilletes puestos, sin hacer ningún gesto para poder mirar lo que pasaba. Tampoco podíamos hablar ni llamar a los guardias. Todo eso ocurría en Capucha o Capuchita. El sótano era desalojado rigurosamente a las 15.30. Si algún secuestrado estaba siendo torturado, se lo subía al tercer piso. Aproximadamente a las 17 horas, en Capucha se comenzaba a llamar a los detenidos por un número de caso. Se los formaba en fila india tomados uno del otro por los hombros, ya que iban encapuchados y con grilletes. Los bajaban de a uno. Sentíamos el ruido que hacían los grilletes al caminar acercándose a la puerta, que se abría inmediatamente y se volvía a cerrar. Cada uno llevaba consigo solo la ropa que tenía puesta (...) Eran llevados a la enfermería del sótano donde los esperaba un enfermero, que les aplicaba una inyección para adormecerlos, pero que no los mataba. Así vivos eran sacados por la puerta lateral del sótano e introducidos en un camión. Bastante adormecidos eran llevados a aeroparque, introducidos en un avión que volaba hacia el sur mar adentro, donde eran tirados vivos (...) De los miles de detenidos que se fueron en los traslados colectivos nunca supimos más. Muchas veces encontramos la vestimenta que tenían los compañeros el día del traslado en una piecita –pañol–, donde se ponían la ropa que usaban los secuestrados.”

En las notas, Alicia explica que se dividieron los temas por grupos y después volvían a leerlos. Que, con “especial empeño”, decidieron “exponer los nombres y apellidos de los (marinos) que llegamos a conocer, a veces exactos, otros por fonética. Y si no, sus apodos, alguna señal que los individualizara: la voz, la tonada, un rasgo físico, gustos, formas de caminar. Su ubicación en la estructura del grupo de tareas, el grado, las acciones en las que participaron (...) Un documento colectivo que se había comenzado, tal vez sin expresarlo, a pensar y murmurar dentro de la ESMA”, explicó. Y que el 12 de octubre de 1979, en París, salió a la luz.

A Suiza
Luego de la conferencia de prensa salieron en tren a Suiza con todo lo que significaba el miedo a lo que podía pasar. “En esa conferencia nos hacían preguntas gente de revistas como Somos y otras de Argentina, preguntas comprometedoras –explicó Sara en la declaración–. Unos hombres inmensos que eran de la custodia de Mitterrand nos sacaron en autos y motos y nos llevaron hasta un lugar donde nos dejaron. Ahí firmamos cada hoja de las declaraciones de las tres”. 

Y entonces Ana María y Sara llegaron a Suiza.

En la ESMA, los marinos se pusieron como locos. Carlos Muñoz, uno de los testigos de esa furia, contó que discutieron la posibilidad de matarlos a todos. 

jueves, 2 de noviembre de 2017

Informe nº 17 Megacausa ESMA

1° de noviembre de 2017.

El Tribunal Oral Federal Nº 5 continuó con la audiencia semanal de los miércoles, donde los 54 imputados toman la palabra para decir sus últimas palabras. Hasta el momento sólo 11 lo han hecho.

Entre audiencias donde son convocados muy pocos imputados y de desarrollo temporal efímero, asistimos a una forma más de prórroga de la impunidad.
Transitamos audiencias de 15 minutos, de 40 minutos, de 1 hora y la de hoy de 17 minutos en salas vacias, sin ningún horario fijo. Reducidas a una vez por semana.

Nos preguntamos:
¿ Cual es la finalidad de prorrogar indefinidamente la sentencia?
¿ Responderá a la subordinación negacionista del Ejecutivo macrista?
¿ Responderá al inhumano próposito de perpetuar el dolor de familiares, sobrevivientes, compañeros y amigos de las 789 víctimas de la causa?
¿Hasta cuando abusarán de nuestra paciencia?

En nombre de todas las víctimas y simbolizadas en la Madre de Plaza de Mayo Pepa NOIA, fallecida esperando justicia por su hija Lourdes y por todos los detenidos-desaparecidos, decimos:
Señores Jueces, el mundo los está observando y ustedes solo tienen que trabajar.Queremos arribar al veredicto a la mayor brevedad.
La próxima audiencia será el 08 de noviembre a las 11 hs.

ASOCIACIÓN DE EX-DETENIDOS DESAPARECIDOS