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domingo, 31 de marzo de 2019

Delitos sexuales en el terrorismo de Estado: violencia de género en los centros clandestinos

A 43 años del 24 de marzo de 1976, hay 892 personas condenadas por delitos de lesa humanidad, de las cuales 98 fueron responsabilizadas por delitos sexuales: 95 hombres y tres mujeres.

La Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad dio a conocer cifras del proceso histórico de Memoria, Verdad y Justicia vinculadas al juzgamiento de los delitos sexuales cometidos en la última dictadura cívico-militar en la Argentina.

A 43 años del 24 de marzo de 1976, hay 892 personas condenadas por delitos de lesa humanidad, de las cuales 98 fueron responsabilizadas por delitos sexuales: 95 hombres y tres mujeres.

Las agresiones sexuales cometidas en centros clandestinos consistieron en violaciones, abusos, abortos forzados, desnudez, tocamiento. La Procuraduría señaló que a marzo de 2019, solamente el 12% de las sentencias incluye este tipo de delitos (26 de 219). En esos fallos, se reunieron los casos de 86 víctimas: 75 mujeres y 11 hombres.

Parte de las violencias contra las mujeres fueron los partos en cautiverio y el robo y apropiación de bebés. Hasta ahora, las Abuelas de Plaza de Mayo pudieron encontrar 128, en su mayoría nietos y nietas a quienes se les restituyó su identidad. Pero la búsqueda continúa y toda la sociedad tiene que ser parte.

Los testimonios de sobrevivientes, el trabajo de las querellas y fiscalías, y el avance de las causas permitieron que ese tipo de delitos puedan pasar a ser considerados autónomos de otros cometidos por los genocidas. Así, las agresiones sexuales pudieron ser distinguidas de las torturas, lo que permite dimensionar la violencia de género en los crímenes de lesa humanidad.

Los delitos sexuales fueron parte del cotidiano en los centros clandestinos que funcionaron en el país. Llevó muchos años poder dimensionar la funcionalidad de esta práctica en la planificación del terrorismo de Estado y poder poner en palabras no solamente la memoria, sino también la denuncia. Fue necesario un gran trabajo de abogadas y abogados, sobrevivientes, familiares y testigos para que en el Poder Judicial se empezaran a producir algunos cambios necesarios para contener a las víctimas de esos crímenes, cuando los culpables habían estado sueltos e impunes durante décadas. ¿Qué víctima sobreviviente podía sentirse segura con su violador caminando por las calles?

Los crímenes de violencia sexual no estuvieron aislados del plan represivo general de los genocidas: fueron parte.

Las mujeres, botín de la dictadura argentina

Una exposición en la que fuera la sede de la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA), el mayor centro clandestino de detención de la Dictadura, muestra la violencia sexual ejercida contra las detenidas desaparecidas.

Los delitos sexuales perpetrados contra las mujeres secuestradas estuvieron silenciados durante décadas. Comenzaron a conocerse de a poco, como casos sueltos, ante los tribunales, pero desde 2011 se investiga su uso "como un mecanismo sistemático, no aislado", en palabras del juez de instrucción Sergio Torres. El magistrado participó este jueves en la inauguración de una muestra que relata los abusos sufridos por las detenidas en la Escuela Superior de Mecánica de la Armada.

"En 1976, el abuso sexual era lo habitual. No se salvó ninguna compañera. Algunas pudieron decirlo, otras enloquecieron", asegura Graciela García Romero, sobreviviente de la ESMA. García Romero tiene el rostro serio y las manos empapadas de sudor. Es la segunda vez que regresa al lugar donde sufrió torturas, malos tratos y permaneció dos años detenida, junto a numerosos compañeros que al día de hoy siguen desaparecidos. Dudó hasta el último minuto, pero al final se presentó animada por la necesidad de enfrentar "un tabú". Hoy el lugar funciona como un museo dedicado a la memoria.

García Romero ha denunciado a Jorge Eduardo "El Tigre" Acosta por abusar de ella en un lugar ajeno a las instalaciones militares, donde era trasladada cada cierto tiempo junto a otras mujeres. "No fue una situación de violencia porque no era imprescindible, ya estaba secuestrada. La situación de violencia la vivía todos los días. De ahí me volvieron a llevar a los grilletes y a las esposas", relató ante el tribunal del segundo juicio por los crímenes perpetrados por la ESMA.

Ser obligadas a desnudarse frente a sus secuestradores, no poder ducharse después de haber sido violadas, recibir golpes en sus partes íntimas y tener que entregarles su ropa interior empapada en sangre para que les diesen una limpia son otras de las violencias descritas por las 28 supervivientes incluidas en la muestra Ser mujeres en la ESMA.

Las actuaciones en la causa que investiga estos delitos contra la integridad sexual tienen carácter secreto y el nombre de casi todas las víctimas se mantiene en reserva "para evitar exponerlas y revictimizarlas", dice el juez Torres.

lunes, 20 de noviembre de 2017

El juicio ESMA III revisa por primera vez la mecánica de los vuelos de la muerte.

La historia de un documento clave en la megacausa ESMA
“El traslado conducía a la muerte”

A pocos días del fallo en el juicio, PáginaI12 reconstruye la gestación y el alcance del “testimonio de París”, de 1979, donde tres mujeres sobrevivientes describieron el funcionamiento de la ESMA, los vuelos de la muerte y la apropiación de bebés.
Por Alejandra Dandan
Imagen: Helen Zout

“Somos tres mujeres argentinas, unas de las pocas sobrevivientes de un campo de concentración militar de nuestro país. Nosotras venimos del infierno”, así comienza el testimonio brindado en octubre de 1979 por Sara Solarz de Osatinsky, Alicia Milia de Pirles y Ana María Martí ante la Asamblea Nacional francesa. Es uno de los testimonios más importantes de la causa ESMA, elaborado durante meses y concluido en un apart hotel de Madrid con máquinas de escribir alquiladas y un grupo de sobrevivientes más amplio. Un texto al que aquellas mujeres le pusieron la voz y el cuerpo cuando estaban en libertad pero aún perseguidas por la Armada. El testimonio de París, como se lo conoce, reconstruyó con tanta precisión la dinámica del centro clandestino que hoy se lo considera como el primer intento nunca superado de sistematizar la arquitectura de la ESMA y contiene cierto carácter anticipatorio en su modo de organizar la información. El listado de quince mujeres que dieron a luz en el centro clandestino no equivocó hasta ahora ni un sólo sexo de los niños y niñas nacidos y robados de la ESMA, identificados recién años más tarde. Tampoco hay equívocos en lo que fue la primera y muy discutida reconstrucción de los “traslados”, el nombre que los marinos le pusieron a lo que más tarde se conoció como vuelos de la muerte.

A días de la sentencia del megajuicio ESMA III, prevista para el 29 de noviembre, con elementos para condenar a decenas de imputados, con final cada vez más incierto y en un debate que revisa por primera vez mecánica y responsabilidades en los vuelos de la muerte, Páginai12 reconstruye la historia de ese documento a partir de los testimonios de las tres mujeres en ocasión de los juicios y de un escrito preparado por una de ellas, al que accedió este diario, que da cuenta de los miedos y las discusiones que atravesaban la época. Para los investigadores, el listado que se lee como uno de los orígenes del modo de reconstrucción de pruebas que desde entonces elaboran los sobrevivientes adquiere mayor entidad con el paso del tiempo. En su alegato, los ex fiscales del juicio Mercedes Soiza Reilly y Guillermo Friele sumaron a este testimonio otros 24 listados hechos en los primeros años de liberación por quienes salieron del infierno. También fue una forma de homenaje. “El aporte realizado en el año 1979 por tres mujeres sobrevivientes de la ESMA fue esencial en la reconstrucción probatoria: en él se da cuenta de los detalles, del modo en que operaba el grupo de tareas –señalaron Soiza Reilly y Friele–. Estas mujeres, en este documento, relatan lo vivido dentro de la ESMA, listan a sus compañeros de cautiverio, mencionan la existencia de los vuelos de la muerte, de los nacimientos clandestinos, del actuar represivo y hasta del robo de bienes como parte del entramado ilegal desplegado. Es a partir de la valoración de estas huellas que la Justicia juega un rol importante en la construcción de la verdad.”


 Ana Maria
“Antes de dejarme salir, el Tigre Acosta me hizo firmar un papel. Decía que yo me había entregado voluntariamente. Nos dijeron que ya sabíamos lo que teníamos que hacer: que no olvidemos que nuestra familia estaba en Argentina, que nos iban a controlar, que teníamos que llamar de tanto en tanto a la ESMA, cosa que hice cuando llegué a Madrid”, dijo Martí en uno de los juicios. Ana María, casi dos años secuestrada, el último mes en compañía de sus hijos de 7 y 9 años, capturados en un operativo del Ejército. Cuando ella se enteró que ellos estaban secuestrados “pedí, mejor dicho imploré, que mis hijos sean entregados a mi padre, pero me respondieron que el Ejército quería retenerlos como anzuelo para detener a mi marido”. El 17 de noviembre la llevaron a una quinta operativa y al día siguiente le entregan a sus hijos. Habían permanecido en una comisaría. “Los hacían trabajar en tareas tales como revisar los bolsos de los familiares que visitaban a las detenidas. Mi hija Carmela de 7 años sabía perfectamente qué cosas podían entrar y cuáles no a la comisaría.” El 19 de noviembre de 1978 finalmente se tomó un vuelo a Madrid pagado por la Armada. Viajó con sus hijos pero también con Sara Solarz de Osatinsky. 

Sara
Sara declaró en innumerables ocasiones. Su testimonio sobre quince nacimientos a los que asistió en la ESMA fue una de las pruebas fundamentales del juicio por la apropiación de bebés. Lo que vivió, sin embargo, al salir del centro clandestino es uno de los relatos menos conocidos. Luego de aterrizar en Madrid, viajó a Valencia con Ana María y los niños y poco después tuvo que volver a la ESMA. 

“Desde el aeropuerto en Madrid, tenía que enviar, y envié, una tarjeta a una casilla de correo: llegamos bien, decía. Nada más. Era la única indicación que nos dieron. Nos quedamos en Madrid hasta las Navidades, el 24 viajamos a Valencia y después del 25 conseguimos un departamento a unos 12 kilómetros de ahí. Desgraciadamente, la dirección que había tenido que dar era la de la persona que consiguió el departamento.” El día 3 de enero de 1979, la persona llevó a alguien de visita a la casa de Valencia.

– Miren a quién les traigo –les dijo–: es un amigo de ustedes que no tenía la dirección, y buscaba a Valeria.

Sara era Valeria Linares. Los marinos le habían hecho un documento falso a nombre de una persona fallecida. Del otro lado de la puerta, estaba el prefecto Héctor Febres, encargado de las embarazadas y por lo tanto también parte de la estructura para la apropiación de bebés, quien murió envenenado con cianuro en la cárcel, cuando concluía el primer juicio a la ESMA, en el que el único imputado era él. “Febres entró y se adueñó de la casa, de la misma manera que se adueñaba de uno. Caminaba, abría la heladera. Además una de las cosas que nos contó, no delante de los chicos, era que venía por una operación que habían decidido realizar en el exterior: habían conseguido la dirección para matar a Jaime Dri, que se había escapado de la ESMA.” Lo que Febres decía, “todas las cosas que nos contaba ya desde antes en la ESMA, era la manera de ensuciarnos, no sólo de ensuciarnos, sino de comprometernos”. Al día siguiente, con los chicos muy alborotados porque sabían que ese hombre era parte de los que habían secuestrado a su madre, Sara le dijo que se fuera.

–Bueno –respondió él–, pero te vas conmigo y vamos a Roma. 

La obligó a viajar a Roma, por tierra, a bordo del auto que era de ellas. Ana María quedaba de alguna forma de rehén. “Habíamos quedado que yo hablaba por teléfono a Valencia y avisaba que había llegado bien. Y entonces cuando pasamos por una telefónica, estoy queriendo hablar y le digo a Febres ‘hay alguien que conozco’, para irme. Y entonces él, por supuesto, también quiere irse. Febres era cagón, no sé si estaba sólo, ni si iba a querer quedarse sólo. Nos fuimos. Empezamos a caminar y bastante lejos en una calle oscura se aparece la persona que vi en la telefónica.” Esa persona era Armando Croatto, un militante perseguido por la dictadura, la Marina había intentado secuestrarlo en Madrid a mediados de 1978. Finalmente lo mataron en septiembre de 1979. Cuando los vio en esa calle oscura, le dijo a Febres: “Largala, dejála libre, largala”. Febres le preguntó quién era, intentó matonearlo y Croatto insistió: “Tenés que largarla, dejarla en libertad. ¿Que es lo que querés?” Volvieron al hotel. Y una vez que levantó la operación, Febres llevó a Sara de nuevo a Valencia.

Poco después, ella volvió a Madrid, también obligada por la Armada. Y al intentar regresar a Valencia, le robaron todo lo que tenía en el aeropuerto. Entre todo, su pasaporte. Y ahí comenzó una odisea para conseguir sus papeles. Además del pasaporte falso, ella tenía uno argentino con otro nombre pero sin sellos de entrada al país. Necesitaba sellarlo. Así que le hicieron tomar contacto con un agente de la ESMA en el Museo del Prado para ponerle los sellos. Viajó a Buenos Aires. La llevaron a la Policía Federal para hacerle un pasaporte nuevo en el día y cuando volvió al avión para irse, la nave volvió a aterrizar en Ezeiza por un problema en las turbinas. “En Ezeiza, realmente no salía de nuevo el avión ya ese día. Salió al día siguiente. Pero yo no tenía posibilidad de quedarme en Ezeiza, me iba a secuestrar cualquier otra fuerza. Estaba en manos de ellos. Seguía en manos de ellos. Fue algo terrible. Tuve que hablar a la ESMA para decir lo que me había pasado. Y no sé si fue un guardia o un suboficial, alguien, me viene a buscar y me lleva a la ESMA. Y me llevan delante de Acosta, y me hacen esperar. No vi. Creo que me llevan al sector del Dorado. Me hacen esperar un rato y luego Febres me lleva nuevamente a un hotel y al otro día puedo salir a la mañana y vuelvo a Valencia. Esta es una de las partes que, bueno, no puedo decir que le sentí confianza, no puedo decir que sentí desconfianza. Creo que, no sé qué es lo que sentí. Sí puedo decir que fue algo muy terrible”.

Marzo de 1979. Las chicas ya habían decidido organizar una conferencia de prensa con un grupo de compañeros para cuando estuviesen en libertad. Febres todavía las controlaba. Sara debía escribir cartas pero en abril no escribió más. “Por eso, recibo una carta de Febres llena de palabras obscenas, como gritando, como si lo sintiera gritar. ¿Qué se piensan? ¿Qué creen? Estoy preocupado. Quería saber qué estaba pasando.” Sara contestó. Le dijo que trataba de rehacer su vida. “Que por favor no me molesten más, que tengo necesidad de eso, que habían pasado bastantes cosas y necesitaba paz.” En junio, entonces, comenzó a reunirse con un grupo de compañeros. Entre ellos, Ana María Martí y Alicia Milia de Pirles.

Alicia
Alicia dejó la ESMA el 19 de enero de 1979 con otro pasaje que pagó la Armada. “No recibo ningún tipo de dinero –dijo en el juicio–, la Armada solo me paga el billete. Escribo una tarjeta postal y nunca tengo contacto con ningún marino, nunca vi a nadie, nunca me contacté con nadie, sé que llamaban a la casa de mis padres, pero yo nunca volví a ver a ninguno hasta el día que los vi acá en la lectura de los cargos.”

Hacia el final del invierno europeo de 1979, los que habían salido de la ESMA con destino a Europa desde fines de 1978 se fueron encontrando en Madrid o en alguna ciudad de España, contó en unas notas preparadas en ocasión del juicio ESMA III. “Necesitábamos vernos, hablar, tratar de completar, confirmar los datos que cada uno había sacado, guardarlos en la memoria. Necesitábamos buscar explicaciones. Repensar lo vivido. Hallar la forma de transmitirlo, hacer conocer la experiencia. Hacer aparecer los nombres de los compañeros con los que habíamos compartido el cautiverio para orientar la búsqueda. Que se supiese dónde habían estado.” Hubo intercambios que iban y venían por correo con quienes habían salido a Venezuela. “Una voluntad compartida –explicó–: cómo comunicar no lo que sabía cada uno en forma aislada sino tramar los primeros nudos de una recopilación colectiva de los datos de lo atravesado en la ESMA.”

Luego de discutir si viajar a declarar a Estados Unidos surgió la alternativa de hacerlo ante la Asamblea Nacional francesa. En ese contexto, maduró la idea de organizar una conferencia de prensa en París.

Los vuelos
Las tres mujeres y otros compañeros se reunieron en un apart de Madrid con máquinas de escribir alquiladas. Escribieron y tacharon un documento “discutiendo como posesos”, contó Alicia, pero con el deseo de que el testimonio recogiera todas las memorias acumuladas. “Cada uno fue evaluando en qué condiciones estaba para afrontar el momento y si bien por distintas cuestiones personales varios fueron desistiendo, todos contribuyeron con sus experiencias, sus datos, sus sugerencias.”

En la mesa estuvieron muchos otros. Nilda Orazi, sobreviviente de la ESMA que había pasado por el campo clandestino del Atlético y había hecho su primera denuncia pública poco antes en Ginebra. Estuvieron Lila Pastoriza, Pilar Calveiro, Alberto Girondo, Andrés Castillo, Norma Burgos, Martín Gras y Graciela Daleo. Los sobrevivientes escribieron el documento, durante un período en el que fueron hablando con la Comisión Argentina de Derechos Humanos (Cadhu), es decir con Eduardo Luis Duhalde y Gustavo Roca, entre otros. Con ellos se organizó la presentación en París. 

“Había tantas cosas por decir –continuó Alicia–: individualizar a los compañeros y compañeras: sus nombres legales, sus apodos cuando no conocíamos otro, la fecha de caída, hasta cuándo los vimos o supimos de ellos. Y si no teníamos ni nombre ni apodo poníamos datos significativos que aparecían en el recuerdo de alguien: ‘tenía trillizos’; ‘era colectivero’; ‘ella nació en Jujuy’. Denunciar lo que sucedía con las compañeras embarazadas y con las criaturas que daban a luz en la ESMA, las sospechas y las certezas que fuimos teniendo de que esos niños nunca eran entregados a sus familiares. Testimoniar sobre Norma Arrostito, la fuga de Horacio Maggio, el Nariz; el secuestro de Oscar Degregorio, el Sordo Sergio, en Uruguay y su asesinato en la ESMA; el operativo que logró la caza de Rodolfo Walsh; los secuestros de madres, familiares y las monjas francesas. Y uno de los puntos más discutidos y difíciles: hablar del destino final de los compañeros con casi una total certeza: la muerte, que los represores llamaban traslados”.

Ese es uno de los puntos que, a 38 años de aquel documento, hoy cobra mayor relevancia en el juicio. Bajo el título de “Traslados”, escribieron:

“Los días miércoles, excepcionalmente los jueves, se realizaban los traslados. En un principio se nos decía que a los secuestrados se los llevaban a otras dependencias o campos de trabajo que decían estar cerca del penal de Rawson. Nos costó convencernos de que, en realidad, el traslado conducía a la muerte. El día del traslado reinaba un clima muy tenso. Los secuestrados no sabíamos si ese día nos iba a tocar o no. Los guardias tomaban medidas mucho más severas que de costumbre. No podíamos ir al baño. Cada uno de nosotros debía permanecer rigurosamente en su sitio, encapuchado y con los grilletes puestos, sin hacer ningún gesto para poder mirar lo que pasaba. Tampoco podíamos hablar ni llamar a los guardias. Todo eso ocurría en Capucha o Capuchita. El sótano era desalojado rigurosamente a las 15.30. Si algún secuestrado estaba siendo torturado, se lo subía al tercer piso. Aproximadamente a las 17 horas, en Capucha se comenzaba a llamar a los detenidos por un número de caso. Se los formaba en fila india tomados uno del otro por los hombros, ya que iban encapuchados y con grilletes. Los bajaban de a uno. Sentíamos el ruido que hacían los grilletes al caminar acercándose a la puerta, que se abría inmediatamente y se volvía a cerrar. Cada uno llevaba consigo solo la ropa que tenía puesta (...) Eran llevados a la enfermería del sótano donde los esperaba un enfermero, que les aplicaba una inyección para adormecerlos, pero que no los mataba. Así vivos eran sacados por la puerta lateral del sótano e introducidos en un camión. Bastante adormecidos eran llevados a aeroparque, introducidos en un avión que volaba hacia el sur mar adentro, donde eran tirados vivos (...) De los miles de detenidos que se fueron en los traslados colectivos nunca supimos más. Muchas veces encontramos la vestimenta que tenían los compañeros el día del traslado en una piecita –pañol–, donde se ponían la ropa que usaban los secuestrados.”

En las notas, Alicia explica que se dividieron los temas por grupos y después volvían a leerlos. Que, con “especial empeño”, decidieron “exponer los nombres y apellidos de los (marinos) que llegamos a conocer, a veces exactos, otros por fonética. Y si no, sus apodos, alguna señal que los individualizara: la voz, la tonada, un rasgo físico, gustos, formas de caminar. Su ubicación en la estructura del grupo de tareas, el grado, las acciones en las que participaron (...) Un documento colectivo que se había comenzado, tal vez sin expresarlo, a pensar y murmurar dentro de la ESMA”, explicó. Y que el 12 de octubre de 1979, en París, salió a la luz.

A Suiza
Luego de la conferencia de prensa salieron en tren a Suiza con todo lo que significaba el miedo a lo que podía pasar. “En esa conferencia nos hacían preguntas gente de revistas como Somos y otras de Argentina, preguntas comprometedoras –explicó Sara en la declaración–. Unos hombres inmensos que eran de la custodia de Mitterrand nos sacaron en autos y motos y nos llevaron hasta un lugar donde nos dejaron. Ahí firmamos cada hoja de las declaraciones de las tres”. 

Y entonces Ana María y Sara llegaron a Suiza.

En la ESMA, los marinos se pusieron como locos. Carlos Muñoz, uno de los testigos de esa furia, contó que discutieron la posibilidad de matarlos a todos. 

jueves, 5 de octubre de 2017

La venia de un genocida para la Gendarmería


Astiz usó sus últimas palabras en la causa ESMA para defender a la fuerza de seguridad

El represor Alfredo Astiz habló en el juicio por la megacausa ESMA III. A su repertorio habitual de reivindicación del terrorismo de Estado sumó ahora un intento de vincular la lucha armada de los 70 con la resistencia mapuche y relativizó el operativo en el que desapareció Santiago Maldonado en Chubut. “La guerra contra el terrorismo es sin tiempo", amenazó.

Para Astiz, la RAM es un peligro mayor que la desaparición de Maldonado. 
Alfredo Astiz tomó el micrófono hoy al momento de decir sus últimas palabras en el juicio que investiga 789 crímenes de lesa humanidad. Además de revindicar el terrorismo de Estado, como suele hacer en sus alegatos, ensalzó a la Gendarmería por la supuesta amenaza de "movimientos secesionistas" en la Patagonia y minimizó la desaparición de Santiago Maldonado.

“La guerra contra el terrorismo es sin tiempo, únicamente se pueden ganar batallas”, aseguró el ex capitán de fragata, responsable de infiltrarse en la Iglesia Santa Cruz para secuestrar a las monjas francesas Alice Domon y Leonnie Duquet y a  las principales referentes de las primeras Madres de Plaza de Mayo, entre otros delitos.

”Nuestro país no tenía riesgo de recibir ataques contra nuestra soberanía, sin embargo, últimamente han aparecido en el sur del país movimientos secesionistas que escudándose en ficticias reivindicaciones ancestrales pretenden crear una nación independiente apropiándose de nuestro territorio", expresó hoy Astiz ante el Tribunal Oral Federal 5 de Comodoro Py.

Según Astiz hay una supuesta influencia del Foro de San Pablo que “permanentemente reivindica los movimientos terroristas ocurridos en Sudamérica en los años 70”, y que “casualmente en su última reunión celebrada en Nicaragua  recomendó potenciar en nuestro continente los movimientos indigenistas”.

Para el genocida “es contradictorio” el reclamo por la soberanía en el Atlántico Sur y que al mismo tiempo “ignoremos estos movimientos que pretenden apoderarse de una parte de nuestro territorio continental”. Y no dudó en afirmar que “los movimientos separatistas” pusieron “en evidencia” a “la clase política” por “los errores que cometió en el pasado en la política de defensa, persiguiendo a las instituciones armadas de nuestro país”. Lo cual llevó, según su análisis, a que esa clase política “esté tratando de disimular su negligencia y egocentrismo minimizando el riesgo de esos movimientos”.

Allí pasó a referirse al caso Maldonado, por omisión: "En los últimos graves hechos producidos por los movimientos secesionistas en la provincia de Chubut el principal tema de debate de los políticos en los principales medios no era cuál era el movimiento, ni cuál era su objetivo. El principal tema de debate era si un Gendarme tenía una piedra en su mano o no".

En su alegato, además de trazar una supuesta genealogía entre la guerrilla de los 70 y la resistencia mapuche, Astiz se encargó de decir que no pedirá perdón por los crímenes cometidos en la ESMA. "Los organismos de derechos humanos son grupos de persecución y venganza, nunca voy a pedir perdón", afirmó. También cuestionó la política de derechos humanos del kirchnerismo y afirmó que hubo  "inseguridad jurídica".

El genocida, condenado en 2011 a prisión perpetua por los crímenes del grupo de tareas que integró, habló en el marco de la megacausa ESMA III. Es el tercer juicio por crímenes cometidos en la Escuela de Mecánica de la Armada y el primero que juzga los vuelos de la muerte. Astiz está acusado -entre otros crímenes- por el asesinato de la joven sueca Dagmar Hagelin, secuestrada en 1977 y por cuyo caso hasta ahora sólo fue condenado Emilio Eduardo Massera durante el Juicio a las Juntas.  Hay 63 procesados ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N° 5. Además de Astiz, figuran, entre otros, Jorge “Tigre” Acosta, Ricardo “Serpico” Cavallo (extraditado de México), Jorge Rádice, Antonio Pernías y Juan Carlos Rolón. Todos cumplen condena por el histórico juicio de hace seis años.

La ESMA fue el mayor campo de concentración de la dictadura. Por allí pasaron cerca de cinco mil personas, la mayoría de las cuales están desaparecidas. Además de torturas y asesinatos hubo violaciones, reducción a servidumbre y robo de bebés y propiedades de los secuestrados. La acción judicial contra los represores se continúa desde la anulación  de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida.

lunes, 28 de marzo de 2016

MEGACAUSA ESMA: ALEGATO DE JUSTICIA YA! BUENOS AIRES 30, 31 de marzo y 4 de abril

ALEGATO DE JUSTICIA YA : 
Finalmente y debido a las demoras y dilaciones por parte del Tribunal Oral Federal nº 5,  la querella de "JUSTICIA YA!”, presentará su alegato en  la megacausa ESMA Unificada  los días 30 y 31 de marzo, y 4º de abril; a partir de las 10 hs., en los tribunales de Comodoro Py.

En este juicio que se inició el 28 de noviembre de 2012 quedó demostrada la participación de 56 genocidas por secuestro y desaparición de 789 compañeros. Justicia Ya donde solicitará prisión perpetua y efectiva, en cárcel común, por el delito de genocidio.

La participación de ustedes y todos las compañeras y los compañeros que puedan asistir a los alegatos de Justicia Ya, es una forma de acompañar la dedicación y compromiso realizado por compañeros, sobrevivientes, organismos y familiares. Se trata de una de las pocas veces en que se está juzgando con un método que comprende la desaparición forzada por colectivos de militantes polÍticos, sindicales, territoriales, religiosos, culturales y solidarios, etc. Lo que implica reconocer que el golpe del 24 de marzo, tuvo como objetivo un genocidio de destrucción sistemática de los portadores de un proyecto de la solidaridad, la creatividad, la justicia y la igualdad como valores propios de nuestro pueblo.

Juicio y castigo a todos los genocidas
Justicia por todos los compañeros.
No olvidamos, no perdonamos y no nos reconciliamos

30000 compañeros detenidos desaparecidos ¡presentes, Ahora y siempre!

AEDD
Enrique Fukman 11 553372868
 APEL
Liliana Alaniz 11 30136387

martes, 23 de febrero de 2016

La familia Abriata presentó un pedido al presidente Francois Hollande por la extradición de Sandoval

El presidente de Francia, a punto de iniciar una visita a la Argentina, recibió una carta donde la familia Abriata pide la extradición desde Francia del represor de la ex ESMA Mario Alfredo “Churrasco” Sandoval.

  Por Alejandra Dandan

Beatriz Cantarini de Abriata cumplió 89 años en diciembre y lleva 40 años pidiendo justicia por el secuestro y de- saparición de su hijo Hernán, un joven de 25 años, militante de la JUP, estudiante de Arquitectura de la UBA, secuestrado y trasladado a la Escuela Mecánica de la Armada en octubre de 1976. Beatriz acaba de reunirse con el embajador de Francia en Buenos Aires, Jean-Michel Casa para entregarle una carta dirigida al presidente François Hollande, a punto de iniciar su visita oficial a Buenos Aires. En la carta exige el compromiso del estado francés con la demorada extradición del ex oficial de Coordinación Federal, Mario Alfredo Sandoval, conocido con el alias de Churrasco, responsable del secuestro de su hijo y reciclado en Francia donde desarrolló una red de relaciones en círculos ligados al poder. Argentina lleva cuatro años haciendo el reclamo a través de la Justicia y de las vías diplomáticas. Jean-Michael Casa se comprometió a entregar personalmente la carta a Hollande. Y durante el encuentro, reconoció como un avance que los jueces de su país hayan admitido en uno de los escritos que a la hora de los crímenes, Sandoval no era ciudadano francés.

“Este año 2016 tan significativo, cumpliéndose el 30 de octubre 40 años del secuestro de nuestro Hernán, y de los crímenes de estado más atroces de la historia argentina, esperamos un mínimo alivio y resarcimiento: ustedes señores, deben tomar la decisión de extraditar al genocida Sandoval para que sea juzgado como corresponde y tener una reparación después de tantos años”, señalaron en la carta la madre de Hernán, pero también sus hermanas y su esposa. “Nos encontramos en una situación preocupante –explicaron– por la dilación de los tiempos jurídicos y la falta de pronunciamiento ante estos hechos aberrantes. A casi un año (del último pronunciamiento de la justicia francesa en juicio que se sustancia en ese país) necesitamos una respuesta, un gesto, una señal, para comprender y tener la esperanza de que existe voluntad política y el compromiso ideológico con la justicia en resolver estos crímenes de lesa humanidad.”

Como los familiares recordaron en la carta que será entrega el miércoles 24 de febrero, el juzgado federal de Sergio Torres a cargo de la investigación de las causas de la ESMA en Argentina solicitó la extradición de Sandoval en el año 2012, por un total de 602 hechos. Durante los años 70, Sandoval actuó como policía en Coordinación Federal y participó del Grupo de Tareas de la ESMA. Entre los 602 hechos imputados, está el secuestro de Hernán a quien se llevaron de su casa durante la madrugada en un operativo conducido por Sandoval. Este es el único hecho por el que la justicia francesa finalmente aceptó comenzar el juicio por extradición que hasta ahora tuvo dos pronunciamientos. Uno, el 28 de mayo de 2014 de la Cámara de Instrucción de París que falló de modo favorable. Y otro, el 18 de febrero 2015 de la Cámara de Casación que anuló el dictamen de instrucción y consideró que debía ser juzgado nuevamente en otro distrito, por la Cámara de Apelaciones de la Corte de Versalles.

Acaba de cumplirse ahora un año de ese dictamen. Durante este tiempo la causa prácticamente no tuvo avances ni existe una fecha de audiencia programada.

Mónica Dittmar de Abriata estuvo en la entrevista con el embajador. Ella era la compañera de Hernán y fue la persona que abrió la puerta del departamento la noche en la que un hombre vestido de fajina verde entró a buscar a su esposo. “Se presentó con un carnet de identificación, entró al departamento y me dijo: ‘Yo soy inspector oficial Sandoval de Coordinación Federal’”, recuerda ahora tal como la familia lo denunció a comienzos de los 80 durante la Conadep. “También me dijo que este era un procedimiento de rutina y que al día siguiente podíamos tener información de lo que estaba pasando. Así que yo lo vi directamente, y también lo vio la madre de Hernán, el padre y la hermana porque antes había pasado por su casa. Sandoval caminaba a cara descubierta, caminó por toda la casa. Por eso está mas que visto acá y allá. En mi departamento estuvieron mas de una hora.”

En el año 1997, Sandoval tomó la ciudadanía francesa. Sophie Thonon es la abogada francesa que lleva adelante en Francia la causa por la extradición pedida por el gobierno argentino. En una vieja entrevista con este diario, explicó que Churrasco se especializó y obtuvo un diploma en Francia sobre espionaje e inteligencia en lo económico, militar y estratégico. “Escribe mucho y se puede ver lo que escribe en Internet. A raíz de su relación con las cámaras de comercio desarrolló toda un especie de red de conocimiento y relaciones en círculos ligados, de cerca o de lejos, con el poder. Pero nada más que eso. Asumió algunos cargos universitarios. En esos ámbitos, una vez presentó como ejemplo de la inteligencia estratégica el Plan Cóndor, lo que suscitó todo un escándalo entre los estudiantes”. Hoy es una duda el tema de saber cómo obtuvo su ciudadanía en Francia y qué significa el hecho de que el gobierno francés esté diciendo ahora que para la época de los hechos no era ciudadano francés.

“No es la primera vez que el embajador nos recibe”, dice Mónica Dittmar a este diario sobre el encuentro con el representante de Francia. “Esta es la tercera vez que lo vemos, lo hacemos desde que está acá en el año 2013. El día que asumió nosotras ya estábamos paradas en la puerta. Él se sorprendió en aquella ocasión y nos hizo pasar. En este momento se los ve muy al tanto de la causa. Tenemos que decir que el embajador tuvo siempre una atención muy directa con nosotros, sobre todo con la madre de Hernán. Beatriz está grande y con dificultades para escuchar. Y en esta ocasión él fue muy atento para que ella entendiera la postura de la embajada: nos dijo que el presidente Hollande no puede dar una respuesta por el caso porque tiene que hacerlo la Justicia. Claro que nosotros insistimos. Le dijimos que necesitamos tener al menos la sensación de que están trabajando en el tema porque para la madre de Hernán es muy importante. El asumió esto como propio. Nos recibió con la carta que le habíamos hecho llegar en la mano y nos dijo que el mismo le daría la carta la presidente.”

viernes, 6 de noviembre de 2015

“Il Capuchino”: la historieta que cruzó los muros de la ESMA

El arte de “la catequista”, como la llamaban sus compañeros de cautiverio
Fue sacada por sobrevivientes. Allí Leila Bicocca habla de su cautiverio y del de sus compañeros. Los originales de esos dibujos están en expediente que llegó a juicio oral, donde se juzgan 789 hechos y tiene 56 acusados entre los que están Alfredo Astiz y Jorge “El Tigre” Acosta.
  • Reproducciones de dibujos de Leila Bicocca
  • Reproducciones de dibujos de Leila Bicocca
  • Reproducciones de dibujos de Leila Bicocca

Por: Juan Carrá
El trazo simple delinea un hombre hecho de palotes. En una de las viñetas estira los brazos con dedos de esqueleto y muestra el grillete que lo tiene cautivo. En otros le falta un pie o la pierna entera. También, el esqueleto de palotes, aparece metido en una tumba con cruz. Frases de El Principito, de El Martín Fierro y otras como “Amigo es aquel con quien se puede pensar en voz alta”, acompañan los dibujos. Así se ve el único ejemplar de “Il Capuchino”, la historieta hecha en la Escuela de Mecánica de la Armada por Lelia Bicocca hoy aún desaparecida. Diez páginas que salieron del centro de exterminio en manos de sobrevivientes. Diez páginas –a las que Infojus Noticias tuvo acceso– que hablan, que gritan, una historia de resistencia. Diez páginas que forman parte del expediente de la Causa ESMA unificada y que ayer fueron expuestas por la fiscal Mercedes Soiza Reilly en la continuidad de su alegato como una prueba irrefutable del paso de Lelia por las mazmorras de la Armada.
En la primera página de Il Capuchino, Lelia presenta su editorial. Dice que la edición es de “grilletes unidos” y que los autores son “esposas varias”. La impresión hecha en los “Talleres gráficos: Cucha-cucha”. También deja la marca de temporalidad que necesita toda edición: “Se terminó de imprimir un día a la tarde, temperatura primaveral, olores varios. Luz artificial del año 1977”. Y basta con leer estos breves textos para encontrar el mensaje que trascendió los muros: Lelia habla de su cautiverio, del de sus compañeros. De lo que les tocó vivir dentro de la ESMA. Incluso desde su título alude al sector “Capucha” lugar donde eran retenidos los detenidos desaparecidos. En una de las viñetas al esqueleto le falta un pie. Gotea sangre de la extremidad incompleta. Abajo la letra de Lelia dice: “perrito lindo ¿no?”. 
El próximo lunes seguirá alegando en el juicio conocido como “Causa Esma unificada”, a cargo del Tribunal Oral en lo Criminal Federal N° 5 de la Capital iniciado en marzo de 2013. En él se ventilan 789 hechos y tiene 56 acusados entre los que están Alfredo Astiz y Jorge “El Tigre” Acosta. En el proceso se unificaron diferentes tramos de la megacausa ESMA, identificados con los números de causa 1282, 1349, 1415, 1492, 1510, 1545, 1668, 1689 y 1714, en los que se investigan el período del año 1976 en adelante y la investigación denominada “Vuelos de la muerte”.
Paloma mensajera
Poco y nada sabía Jorge Bicocca de su hermana. De nada habían servido las cartas y las visitas a cuarteles. Lilia era una más de los miles que habitaban ese lugar incierto que el terrorismo de Estado había fundado como mecanismo de aniquilamiento: Lilia era una desaparecida. Pero él no bajó los brazos. Siguió buscando y supo que un matrimonio sobreviviente de la ESMA había hablado de ella. Ese mismo matrimonio era el que, por medio de una amiga, le hizo llegar a Jorge una paloma hecha con miga de pan con el mensaje de que Lelia la había hecho durante su cautiverio en la ESMA
Il Capuchino y la paloma no fue lo único de Lelia que traspuso los muros de la ESMA. Una muñeca de trapo salió en brazos de la sobreviviente Beatriz Mercedes Luna. Ella y su compañero de entonces, Ricardo Antonio Camuñas, fueron los que atesoraron esos fragmentos de memoria.
En noviembre del año pasado, en una video-conferencia que unió Londres con los tribunales de Comodoro Py, Beatriz contó su cautiverio y habló de Lelia: “Me trasladaron a la zona de mujeres. me hicieron acostar en el suelo, creo que había una pequeña colchoneta, estaba en unos compartimentos que en la jerga se llamaban ´cuchas´”, contó Beatriz y la referencia a los “talleres gráficos cucha-cucha”, que Lelia marcó en Il Capuchino se hace notable.  La sobreviviente contó que a su lado había una mujer a quien llamaban internamente ´Haydée´. “Ella me contó que su verdadero nombre era Lelia Bicocca”, dijo.
También contó que Lelia fue la persona con la que más habló durante sus diez días de cautiverio.  “Era una persona espectacular, un ser humano íntegro, que inmediatamente me adoptó, me cuidó. Yo tenía 22 años, pero representaba físicamente mucho menos. Ella fue para mí de una condición humana única, tenía una actitud de protección todo el tiempo, me explicaba cada una de las cosas que sucedían ahí adentro”, relató y confirmó además que antes de estar en la ESMA, Lelia había pasado por Campo de Mayo".
Letras y arte
Lelia tenía 44 años cuando se la llevaron de la casa de Calle 56  N 5817 en San Martín. Ahí vivía con su padre. La madrugada del 31 de mayo de 1977 un Grupo de Tareas era del Ejército, que tenía entre sus filas a miembros de la Brigada Zona Centro de la Policía, entró a la casa sin orden y con violencia. La buscaban a ella. Su militancia en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) la había convertido en blanco para el terrorismo de Estado. También su labor pastoral como catequista de la Asociación de Jóvenes Cristianos de San Martín. Lelia estaba cerca de la gente. Y eso para la dictadura cívico militar era peligroso.
Jorge declaró en el juicio que los miembros del GT subieron las escaleras de la casa diciendo que iban a “detener a Lelia Bicocca, que no le iba a pasar nada, que iba a estar en averiguación de antecedentes y que luego la iban a devolver a su domicilio”. Jorge vivía a dos cuadras de ahí, su padre fue a buscarlo apenas la patota salió con Lelia secuestrada. “Fuimos a la Regional de San Martín, había como veinte vehículos que habían sido utilizados para un operativo, porque esa noche se llevaron un montón de gente de San Martín. Al día siguiente empezamos a buscar el paradero de mi hermana”, relató Jorge ante el Tribunal que juzga el caso de la desaparición forzada de su hermana.
Lelia era dueña de una librería en la zona de la estación Tropezón del Ferrocarril Urquiza, ahí, en el límite de los partidos de San Martín y Tres de Febrero trabajaba cada día. A Lelia le gustaban los libros, el arte. Y eso sobrevivió a la barbarie. Su letra, su arte.
JC/PW

jueves, 15 de octubre de 2015

Angela Urongo Raboy sobre los juicios y la reconstrucción de las historias personales

“La verdad sale a la luz”

Como sus sobrinos, Angela Urondo Raboy pasó por un hogar de menores durante la última dictadura, en su caso en Mendoza. “De a poco nos vamos dando cuenta del dominio que tenían las fuerzas represivas sobre los espacios de menores”, señala.

 Por Alejandra Dandan

El 17 de junio de 1976, Angela viajaba con sus padres Francisco “Paco” Urondo y Alicia Raboy, y con René Ahualli en el auto que fue interceptado y atacado a balazos en Mendoza. A Urondo lo asesinaron a golpes. Alicia fue secuestrada y trasladada a la D-2, está desaparecida. René escapó. Angela pasó por la D-2 y fue encontrada veinte días después por su familia en la Casa Cuna. En ese momento, ella tenía once meses, poco menos que sus sobrinos secuestrados en diciembre de ese año por una patota de la ESMA en Buenos Aires y trasladados a un instituto de menores en Moreno (ver nota central). “De a poco nos vamos dando cuenta de esto: del dominio que tenían las fuerzas represivas sobre los espacios de menores. Los hogares de menores eran parte del Estado. El Estado era un Estado genocida. Y ahí había partícipes también de la Justicia.”

En Comodoro Py acaba de terminar el alegato con la reconstrucción del asesinato de su hermana mayor, Claudia Josefina Urondo de Koncurat; de su cuñado El Jote Mario Koncurat, y el traslado de sus sobrinos durante 40 días al hogar de menores.

–¿Qué significó escuchar el alegato?

–Me llevo la síntesis de todos los granitos de arena que fuimos aportando a lo largo del juicio. Cuando sufrimos la desaparición de mi hermana y de mi cuñado, teníamos las sospechas de que habían llegado muertos a la ESMA por algunos dichos, pero además tuvimos que buscar a mis sobrinos que quedaron en un hogar de menores con un nombre falso. Hasta ahora teníamos la hipótesis de que podría haber un nexo entre el Hogar Riglos y la ESMA. Esto se fue confirmado a través del testimonio de Torres de Tolosa. Por el Riglos pasaron un montonazo de chicos y creo que esto abre la puerta para que se empiece a investigar un poco mas fuerte la responsabilidad del genocidio sobre estos chicos que estaban judicializados.

–¿Cómo fue eso?

–No puedo dejar de hacer un paralelo con mi propio caso en Mendoza ya que a mí me pasó algo prácticamente igual. Yo también estuve en un hogar de menores después de haber estado en un centro clandestino. Después del operativo por el cual matan a mi papá y desaparecen a mi mamá. Hace 15 años tuve oportunidad de estar en ese hogar y encontré que no figuraba en el libro de entradas, pero que el libro de entradas estaba adulterado. Le habían arrancado las tres primeras páginas, las habían reconstruido y habían simulado algunos poquitos ingresos durante los años de la dictadura. Y yo no figuraba. La primera respuesta que me dieron es que yo no había estado ahí. Insistí porque tenía recuerdos de ese lugar y apareció un legajo que confirmaba que yo había estado ahí y entonces se dieron cuenta de que había un montón de información que no estaba bien socializada. Que había muchos chicos que iban a preguntar por su historia. De a poco nos vamos dando cuenta de esto: el dominio que tenían las fuerzas represivas sobre los espacios de menores. Yo sé que mientras estuve en el hogar hubo custodia armada. Sabían perfectamente quién era yo, sin embargo eligieron ponerme un nombre ficticio: Marisol, llamarme NN y no devolverme inmediatamente a mi familia sino esperar a que la familia me encuentre de casualidad. Encuentro una relación estrecha entre estas modalidades: los hogares de menores eran parte del Estado. El Estado era un Estado genocida. Y ahí había partícipes también de la justicia. No digo que todos. Porque está claro que (Gonzalo) Torres de Tolosa lo era, pero tengo mis dudas sobre el juez que fue quien publicó el pedido de paradero de los familiares de estos nenes.

–¿Qué cambia saber esto?

–Mis sobrinos figuraban como niños abandonados hasta hace muy poco. Hasta que en este juicio empezamos a atar los cabos. Pienso que hay muchos que pasaron por hogares y están bajo esta misma forma y no es real. Yo misma figuraba como abandonada por mis progenitores en mi causa de adopción.

–¿Creés entonces que continúa habiendo correlato entre la verdad y la justicia?

–Estos juicios sacan la verdad a la luz, ¡por supuesto! A mí me pasó personalmente, los testimonios de mi familia los escuché antes. Los charlamos siempre, sin embargo en el momento de declarar siempre aparecen cosas nuevas. Una fibra mas finita del entramado. Cada vez que escucho testimoniar a alguien sobre nuestros familiares descubro cosas que no había encontrado antes. Cada cual aporta su granito de arena y quizá cuando uno ve separados los fragmentos no encuentra el valor que en realidad tienen en su marco de contexto. Está claro que uno no tiene conciencia del valor que tienen las cosas hasta que encuentra ese correlato en el relato de otro. Está claro que acá no hay ninguna forma de espectacularización: estamos construyendo las historias acá, en este momento, in situ. Y la verdad va saliendo a la luz, por eso es tan importante la Justicia: porque mas allá de que nosotros pudimos ir reconstruyendo parte del entramado a nivel social, el marco del Estado es importantísimo, el marco de la Justicia le está dando esta formalidad a los hechos y nos ayuda a entender.

–En el caso de tu hermana, hay documentos que muestran la persecución sobre ella y sobre su esposo desde 1971. Digo, hay un Estado aportando datos sobre ese pasado.

–El Estado enjuiciando al Estado es todo un paradigma, con sus contradicciones, pero es un paradigma de esta época, un significante positivo de la democracia. La democracia no es democracia hasta que no ocurren estas cuestiones. Mientras el Estado permitió el período de impunidad tan largo que tuvimos que vivir después del genocidio... siempre los pienso como crímenes aparte. El genocidio fue un crimen de la dictadura, pero la impunidad un crimen de la democracia. El genocidio es un crimen irreparable pero la impunidad evidentemente no. Desde lo simbólico, claro. Se nos murieron un montón de genocidas y de querellantes. Pero desde lo simbólico estamos insistiendo en la historia del genocidio de este país y me parece que eso le hace bien a la democracia, le hace bien al mundo, porque estamos a la vanguardia del juzgamiento ya que no existe país que haya juzgado tan profundamente sus crímenes de Estado. Los años de impunidad estuvimos con las tragedias personales entre las manos, haciéndole el reclamo a la sociedad y al Estado de que esto era una tragedia colectiva y me parece que con los juicios esto vuelve a circular, vuelve a hacer parte de todos.

jueves, 9 de julio de 2015

La historia desconocida de Rodolfo Walsh que reveló la causa ESMA



Se armó una cadena testimonial impresionante", dijo la abogada de la familia Walsh
"Lo que más me interesa de ello es que se llevaron el último cuento que mi padre había escrito «Juan se iba por el río». Durante el juicio les pedí a los represores en la cara que me lo devolvieran", señaló Patricia Walsh a este medio.

Gracias a los testigos del juicio, salieron a la luz datos inéditos sobre los meses previos a su homicidio; el predio en donde podrían estar sus restos
Por Maia Jastreblansky  | LA NACION

La causa ESMA no sólo hizo justicia con la familia de Rodolfo Walsh al condenar a prisión perpetua a los responsables de su muerte. También echó luz sobre aspectos desconocidos sobre los meses previos a su desaparición. Además, les dejó una esperanza: la posibilidad de descubrir el paradero de sus restos.

Tras el golpe de marzo de 1976, Walsh había pasado a la clandestinidad como Norberto Pedro Freyre, gracias a una cédula apócrifa que le había facilitado un amigo policía. Ya había falsificado su identidad por la de Francisco Freyre cuando investigó los fusilamientos de José León Suárez (relatados en Operación Masacre) pero, llegada la Junta Militar, decidió cambiar su nombre de pila y camuflarse bajo un aspecto senil.

A pesar de su disfraz, el 25 de marzo de 1977, en la esquina de San Juan y Entre Ríos, un grupo de militares le hizo una emboscada, lo acribilló e hizo desaparecer su cuerpo.

En el veredicto dictado el pasado miércoles por el Tribunal Oral 5°quedó probado que Walsh fue asesinado por el Grupo de Tareas (GT) 3.3.2. de la ESMA, un hecho por el que fueron condenados, entre otros, Alfredo Astiz y Jorge "El Tigre" Acosta. Lo que hasta entonces figuraba como "desaparición", pasó a llamarse "homicidio".

"Se armó una cadena testimonial impresionante", dijo la abogada de la familia Walsh

Pero además en el juicio pudo comprobarse que parte del GT, bajo el comando directo de Acosta, venía siguiendo la pista de Walsh desde septiembre de 1976, y que personas sin vínculo con el periodista fueron detenidas y torturadas con la intención de obtener datos. En tanto, gracias a las declaraciones de sobrevivientes, la Justicia ordenó preservar un predio en donde podrían estar los restos del escritor.

"Por lo pronto, no nos podemos quedar con la duda así que reclamamos que se hagan peritajes en ese terreno", señaló la hija del periodista, Patricia Walsh en diálogo con LA NACION. Su abogada, Myriam Bregman, explicó acerca del juicio: "Fuimos reconstruyendo espacios en blanco. A partir de un testimonio pedimos más testigos y se armó una cadena testimonial impresionante".
La casa del Delta

Uno de los hechos que salieron a la luz fue el operativo que el "Tigre" Acosta llevó a cabo en el Delta del Tigre. Allí Walsh había adquirido dos casas de fin de semana, "Lorelei" y "Liberación".

A esta última se dirigieron los militares bajo orden de la Marina a buscar al periodista el 19 de septiembre de 1976. Al llegar se encontraron con la casa vacía, situación que no les impidió irrumpir violentamente. Se trata del famoso "allanamiento" de la casa de Tigre al que el periodista se refiere en el primer párrafo de la Carta Abierta a la Junta Militar.

"Sólo con el tiempo algunos entendieron que fueron detenidos porque buscaban a mi padre", dijo la hija de Walsh

En una propiedad vecina residía un matrimonio que al momento del operativo recibía la visita de otra pareja. Los cuatro fueron capturados y trasladados encapuchados en lancha-colectivo hasta la costa y luego hacia la ESMA. Allí fueron sometidos a torturas y vejaciones, interrogados sobre el paradero de Walsh, a quien no conocían. Luego de unos días, fueron liberados.

El matrimonio vendió su casa y jamás quiso regresar al lugar. "Sólo con el tiempo estas personas comprendieron que habían estado en la ESMA, porque asociaron los ruidos de los aviones y los murmullos, y que en realidad buscaban a mi padre", relató Patricia Walsh.

La reapertura de la investigación los motivó a brindar testimonio en el juicio que finalizó el pasado miércoles. Tras su declaración, durante las audiencias, el "Tigre" Acosta reconoció ante el Tribunal haber encabezado la operación.
 Lorelei, una de las casas de Walsh en el Tigre // Foto: Luciano Zito - LUPA FILMS.

El botín de San Vicente

A los represores además, se les imputó el delito de "robo con armas, en lugar poblado y en banda", en perjuicio de los bienes de Walsh. Cuando en marzo del 1977 el periodista fue capturado, llevaba un maletín con el boleto de compra venta de un terreno en San Vicente.

Allí se dirigió el grupo de tareas para realizar la tarea que se hacía con la mayoría de los desaparecidos: llevarse un botín. Los militares ingresaron en su casa de San Vicente y la vaciaron de pertenencias, que fueron depositadas en el llamado "Pañón" de la ESMA, donde se acumulaban los bienes de las víctimas.

"Lo que más me interesa de ello es que se llevaron el último cuento que mi padre había escrito «Juan se iba por el río». Durante el juicio les pedí a los represores en la cara que me lo devolvieran", señaló Patricia Walsh a este medio.
 La casa de San Vicente donde fueron robadas sus pertenencias // Foto: Luciano Zito - LUPA FILMS.

El campo de deportes, una sospecha a despejar

En uno de sus párrafos de la sentencia que leyó el tribunal se hace mención a un campo de deportes sobre el cual se pide "preservar la prueba". Se trata del predio "Cabo Primero Ernesto del Monte" que la Armada posee en el barrio de Núñez.

Allí hace 19 años se realiza un torneo deportivo del que participan los miembros de las Fuerzas Armadas. Fútbol, voley y atletismo son algunas de las disciplinas que se practican en la competencia, cuya última edición tuvo lugar en septiembre último.

Según lo que indujo la hija de Walsh a raíz de los testimonios, ese podría ser paradero de los restos de su padre. Dos de los sobrevivientes, aseguraron además haber visto al cuerpo Walsh ser trasladado en camilla en el sótano del llamado casino de oficiales, el espacio central de alojamiento y tortura de los secuestrados de la ESMA.

"No me puedo quedar con la duda del paradero de sus restos", manifestó Patricia Walsh

"Los testigos dijeron que las víctimas que fueron cremadas eran enterradas en ese lugar. Mi padre fue baleado por lo que hay grandes posibilidades que sea su caso, a diferencia de otros cuyo destino fueron los «vuelos de la muerte»", relató Patricia Walsh.

Ese podría ser además el lugar donde se enterró el cuerpo de Raimundo Villaflor, protagonista del libro de Walsh "¿Quién mató a Rosendo?", según el reclamo que también hizo su hija, Laura Villaflor. Ambas mujeres harán mañana una nueva presentación judicial sobre el tema.

"Es grave hacer de cuenta que no sucedió nada y llevar a ese lugar a practicar deporte sin explicar lo que allí sucedió", manifestó Patricia Walsh. Tras la disposición de la Justicia, espera que el Equipo Argentino de Antropólogos Forenses (que ha recuperado cientos de cuerpos de personas desaparecidas), haga los rastrillajes pertinentes en el lugar.

martes, 9 de junio de 2015

El crimen de la hija de Urondo

Un civil imputado dijo que Claudio Urondo y Mario Koncurat fueron asesinados por marinos.
En una declaración que generó sorpresa y dudas, el abogado Gonzalo Dalmacio Torres de Tolosa, acusado en la causa ESMA, aseguró que Claudia Urondo y Mario Koncurat fueron asesinados por entre doce y catorce marinos en diciembre de 1976, en Colegiales.

 Por Carlos Rodríguez


Un civil que integra la lista de imputados en la causa por los crímenes de lesa humanidad ocurridos en la ESMA sorprendió a todos con un relato acerca de la forma en que habrían muerto Claudia Josefina Urondo, la hija mayor del poeta Francisco “Paco” Urondo, y Mario Lorenzo Koncurat, su pareja. De acuerdo con la versión que dio el abogado Gonzalo Dalmacio Torres de Tolosa, en la tarde del 3 de diciembre de 1976 la pareja fue sorprendida y rodeada por una patota de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), en el barrio de Colegiales. La hija de Urondo y su compañero mantuvieron un enfrentamiento “por horas” con un grupo de tareas de la Armada integrado por doce o catorce marinos, encabezados por el capitán Jorge Eduardo Acosta, a quien llamaban El Tigre, jefe de Inteligencia del centro clandestino de detención.

Un rato antes de lo sucedido, Claudia había dejado a sus dos hijos, Sebastián y Nicolás, en una guardería. Ese mismo día, Nicolás, el menor de los hijos de la pareja, cumplía dos años. Claudia le había prometido hacerle una fiestita en casa de la abuela materna. La promesa no pudo ser cumplida porque los niños nunca más vieron a sus padres y recién cuarenta días después se reencontraron con su abuela paterna, luego de haber estado en un instituto de menores.

Torres de Tolosa es uno de los 61 imputados en la causa ESMA y su declaración provocó sorpresa, y dudas sobre su credibilidad, en la Fiscalía y los querellantes. Durante la dictadura militar, el imputado se desempeñó como secretario del juzgado de menores 9, a cargo de Oscar Hermelo, pero en los ratos libres iba a la ESMA para almorzar con su amigo El Tigre Acosta. Justificó esas visitas afirmando que en el mayor centro clandestino de detención de la Capital Federal “se comía muy bien”. Con el retorno de la democracia, Torres de Tolosa consolidó sus vínculos con integrantes de los grupos de tareas de la dictadura militar, ya que fue por un tiempo abogado del secuestrador y torturados Juan Antonio del Cerro, alias Colores, fallecido en abril de 2006, cuando estaba detenido por crímenes ocurridos durante la dictadura en el centro clandestino conocido como El Olimpo, en el barrio porteño de Floresta.

Al igual que Torres de Tolosa hoy, Del Cerro realizó, en 1996, una presentación ante la Justicia señalando con nombre y apellido a decenas de represores que habían actuado con él en distintos centros clandestinos de detención. Con el tiempo, el abogado de Colores cruzó la estrecha vereda por la que venía caminando y él fue denunciado por haber participado en al menos dos de los llamados “vuelos de la muerte”, que consistían en arrojar al mar o al Río de la Plata a detenidos- desaparecidos.

La denuncia contra el abogado fue realizada por el capitán de corbeta Adolfo Scilingo, quien reveló que Torres de Tolosa era conocido, en la ESMA, como el “teniente Vaca”. Las investigaciones judiciales confirmaron los vuelos de la muerte, luego de revisar más de 2700 planillas de operaciones aéreas con aviones Shorts CS-7 Skyvan, de la Prefectura Naval Argentina. Entre los pilotos figuraba el nombre del abogado que dio su versión acerca de la forma en que murieron la hija de Urondo y su marido.

Torres de Tolosa, que cumple prisión domiciliaria por tener problemas de salud, relató ante los miembros del Tribunal Oral Federal N°5 que el oficial de la Armada Francis Whamond, quien supuestamente integró el grupo que rodeó al matrimonio Urondo-Koncurat, le contó que “el marido y la mujer se enfrentaron a doce o catorce integrantes del grupo de tareas de la ESMA. Durante varias horas se estuvieron tiroteando. Murieron los dos, eran oficiales muy importantes” de Montoneros.

El imputado hizo su relato, pero aclaró que no iba a responder ninguna pregunta ni de la Fiscalía ni de las querellas. Los que escucharon las declaraciones tienen algunas dudas que no pudieron ser confirmadas ni desmentidas, por la postura de Torres de Tolosa de no contestar ninguna consulta sobre sus dichos. Durante la exposición, el acusado interrumpió su testimonio en tres oportunidades por ataques de llanto de los que nadie supo dar fe si eran auténticos o simulados.

“Voy a hablar sólo sobre los chicos Koncurat”, advirtió de entrada, para luego dar una versión de los hechos con detalles desconocidos acerca de la muerte de los dos militantes de Montoneros. También se refirió al recorrido que tuvieron que sufrir los hijos de la pareja, Sebastián y Nicolás Koncurat, desde la guardería en la que los había dejado su madre, pasando por el Instituto de Menores ubicado en la localidad bonaerense de Moreno, hasta el reencuentro con sus abuelos paternos.

Desde su desaparición en diciembre de 1976, nada se sabe sobre el destino de Claudia Urondo y Mario Konkurat. En una de sus declaraciones en la causa, Torres de Tolosa contó que algunas veces, cuando salía del juzgado, se iba a almorzar a la ESMA con su amigo, el capitán Acosta. Hace unos meses, Torres de Tolosa intentó que lo apartaran del juicio por su estado de salud. Los peritos del Cuerpo Médico Forense determinaron que estaba en sus cabales y que debía seguir. Lo que no queda en claro es el por qué del relato que hizo sobre un hecho que ocurrió hace casi cuarenta años. Llegó a decir que su intención era la de haberlo contado “mucho antes” y aclaró que no lo hizo porque su defensor oficial, Mariano Klumpp, se lo había “prohibido”.

Torres de Tolosa viene realizando acciones que muchos creen que están dirigidas “nada más que a embarrar la cancha”. Hace dos semanas había planteado ante los jueces que tenía pruebas de que la acusación en su contra la había planificado el abogado querellante Rodolfo Yanzón junto con fiscales y jueces.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Jorge Castro Rubel, el último nieto en recuperar su identidad, declaró en el juicio por los crimenes en la ESMA

“Es indignante haber nacido en ese lugar”

El hijo de Hugo Castro y Ana Rubel habló ante los jueces del proceso por el cual recuperó su identidad y contó que fue a conocer la ex ESMA, donde su madre dio a luz. Dijo que era un sitio “contrario a la dignidad humana”.

 Por Alejandra Dandan

Cuando terminó su testimonio, de no más de media hora, el presidente del tribunal preguntó, como usualmente lo hace, si deseaba agregar algo más. Jorge Castro Rubel habló, así, en primerísima persona, de una de sus últimas experiencias, al haber vuelto a la Escuela de Mecánica de la Armada. “Sí –dijo–, quiero simplemente reforzar el malestar y el dolor que uno tiene al tomar conocimiento de las condiciones en las que mi mamá y muchas otras compañeras llevaron adelante el embarazo. Y el malestar e indignación que me genera haber nacido en un lugar tan paupérrimo, tan contrario a la dignidad humana. Lugar que tuve la oportunidad de conocer, del cual salí con un grado de impacto muy importante. Simplemente eso.”

Jorge Castro Rubel declaró en una de las últimas audiencias testimoniales del juicio oral que se lleva a cabo en los tribunales de Comodoro Py por esos crímenes aberrantes de la Escuela de Mecánica de la Armada. Es el último nieto identificado por Abuelas de Plaza de Mayo. Recuperó su identidad en diciembre de 2014 y es hijo de Ana Rubel de Castro y Hugo Alberto Castro. Son tres de las cientos de víctimas de esta causa, historias de las que él mismo fue hablando, y listados en los que él hasta ahora había sido situado como NN.
La búsqueda

La sala AMIA de Comodoro Py estaba repleta. Madres, integrantes de HIJOS, de Abuelas y también quienes lo conocen tanto como para decirle que lo veían más tranquilo a él en esa silla que lo que estaban todos ellos allí. Jorge es pausado. Sociólogo, trabaja sobre temas vinculados con la dictadura desde antes de conocer su historia. Y en esa clave habló de su vida, de “dictadura cívico-militar” o de “plan sistemático” cuando se refirió al robo de niños.

“Antes que nada le hago una aclaración”, le dijo la fiscal Mercedes Soiza. “En este proceso estamos juzgando tres casos. Uno de ellos es usted. Sabíamos que usted era un NN, ahora recuperó su identidad, las preguntas que le vamos a dirigir son además sobre Ana Rubel y Hugo, sus padres, que forman objeto de este juicio. Lo primero que le voy a pedir es, de hecho, que nos relate quién es usted y quiénes eran sus padres. ¿Qué pudo saber en esta construcción muy reciente?”

“Sí –dijo Jorge–, efectivamente fue muy reciente porque hoy se cumplen tres meses del día en el que tomé conocimiento de esto. A mediados del año pasado, el 14 de agosto, me reúno con una familiar en una cita previamente pactada en la que ella me dice, me informa, que yo no era hijo biológico de las personas que me habían criado.”

“En ese momento le pregunto a ella si conocía mi procedencia, me dijo que no. Simplemente que era adoptado. Con esa información me acerco a mis padres de crianza y les pregunto. Les cuento y les pido más información. Y ahí me informan que no conocían mi procedencia, más allá de lo siguiente: mi padre es médico. Trabajó más de cuarenta años en Casa Cuna, o ex Casa Cuna, que hoy es el Hospital Pedro Elizalde, como médico del servicio de endocrinología, y con una guardia semanal, los días miércoles. En una de esa guardias llegaron dos personas, de entre 20 y 30 años, una con bigotes, con un bebé en muy malas condiciones, que era yo.”

El bebé parecía estar debajo de los dos kilos y medio de peso. Y estaba “cianótico”, con un tinte azul, tal como contaron las sobrevivientes de la ESMA que ayudaron a su madre en el parto. Los hombres dejaron al bebé y se fueron. “Y bueno, en esa situación, estuvo de llevarme y criarme como hijo propio”, contó. A partir de eso, “más del conocimiento de la realidad previa, de lo que fue la última dictadura cívico-militar en la Argentina y conociendo detalles del plan sistemático del robo de bebés y habiendo nacido en 1977 entendí que el camino lógico era presentarme antes en Abuelas de Plaza de Mayo”.

Dijo que “asimiló” la noticia después de la “conmoción” que le generó, y al mes y medio llamó a Abuelas. Contó breve. Lo citaron. Se presentó. Siguió los pasos de rutina. Chequearon una copia de la partida de nacimiento. Encaminó una vía en la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi). Le dieron un número de legajo. Una semana después, con los datos apócrifos identificados en la partida de nacimiento, lo llamaron para decirle que correspondía hacer el ADN. Jorge se presentó el 11 de noviembre y el 4 de diciembre recibió el llamado de Claudia Carlotto, la titular de la Conadi con la información.

“Le pregunté cuál era la familia en la cual había correspondido y me dijo Castro Rubel. Me acerqué personalmente a la sede de la Conadi y me contaron brevemente algunos datos de mis padres y me entregaron dos fotografías de mis padres.”

–¡Señor presidente! –pidió la fiscal–. Queremos ver la exhibición de las fotos.
Los padres

La causa ESMA había logrado reconstruir la historia de sus padres por testimonios de sus hermanos. Sobre todo estuvo muy presente su madre, Ana Rubel, desde las primeras declaraciones de las sobrevivientes en 1979.

Jorge siguió: “Se me informa que no tenía abuelos con vida. Y que yo había nacido en el sótano de la ESMA”. En ese momento estaba Alicia Milia, una de las sobrevivientes secuestradas que con Sara Osatinsky ayudó en el parto de Ana. “Por supuesto accedí a verla. Ella es una de las dos personas que asistieron el parto de mi madre y mi nacimiento. Ella se encontraba muy emocionada, al igual que yo. A partir de ahí me empecé a vincular con la familia de origen y a conocer a quienes habían sido mis padres y cómo era mi familia.”

Ana, su madre, nació y se crió en Resistencia. Hizo la secundaria en la Escuela Normal, y más tarde tres años de economía en la UNE. Su hijo cree que ahí empezó a participar en el movimiento estudiantil. Viajó a Buenos Aires, al parecer con un hermano del PRT-ERP que posteriormente fue asesinado en 1974. Ana militaba en las FAL, “que tuvieron tres denominaciones, si no me equivoco –explicó su hijo–: Frente Argentino de Liberación, Fuerzas Argentinas de Liberación o Fuerzas Armadas de Liberación. Creo que fue una de las tres formas”.

Respecto de Hugo, dijo que “era de La Lucila, había hecho el secundario en el Otto Krause y había trabajado como maestro mayor de obras y también se había vinculado con la militancia en esta misma organización”. Jorge cree que su padre pasó por la Ford de Pacheco y que estuvo en Córdoba trabajando en una funeraria.

Los secuestraron el 15 de enero de 1977. Ana estaba embarazada de dos meses. Hasta ahora se creía que había dado a luz con un embarazo de siete meses, pero las fechas testeadas hacen pensar que el niño nació a término. “Mi papá lo que tiene es la certeza de que me recibe en una guardia del 6 de julio que termina el 8 de julio a la mañana –dijo al referirse al hombre que lo crió–. Y me recibe en horas de la noche. Mis condiciones de salud concuerdan con el relato de las sobrevivientes, es decir que yo me encontraba cianótico. Y tenía muy bajo peso, entiendo que hubo una confusión por el tema de los siete meses hasta ahora. Digamos que las cuentas cierran, que yo nací a los nueve meses con un embarazo a término o cercano a término. Y evidentemente estaba así por las condiciones paupérrimas en las que mi madre llevó a término su embarazo. Así es lógico que su hijo tuviera bajo peso.”