jueves, 28 de noviembre de 2013

Causa ESMA III Crónica del 27 de noviembre de 2013

Hoy declararon seis testigos: dos sobrevivientes, Luis Carmelo Achurra Ulibarri y el conscripto Alejandro Lopez, y cuatro familiares de compañeros que estuvieron cautivos en la Escuela de Mecánica de la Armada y aun permanecen desaparecidos.

Miguel Cagnoni vino a prestar declaración por el caso de su hermano, Ricardo Cagnoni, todavía desaparecido. Pero el del propio Miguel es un caso "nuevo” que sale a la luz en el curso de las audiencias. En este tramo de la "mega causa" Esma, ya contabilizamos 35 situaciones de estas. Quienes cuestionan la cifra de 30 mil desaparecidos, deberían tomar nota de esto.

Miguel comenzó su relato contando que el 3 de marzo de 1977 por la noche se despertó con un hombre apuntándole con un arma mientras una patota de la Armada invadía su domicilio buscando a su hermano Ricardo.

Ricardo y su familia pudieron escapar por el fondo de la casa. Miguel, en cambio, fue capturado y llevado a la Esma. Fue torturado desde el mismo momento en que lo arrancaron de su casa. A la mañana siguiente, luego de un simulacro de fusilamiento, los represores lo liberan. Meses después, Ricardo fue secuestrado en la estación de Constitución por los mismos personajes que se habían llevado a su hermano. Cuando su padre preguntó qué estaba pasando, obtuvo como respuesta un culatazo en la cabeza.

Ricardo, militante montonero y trabajador de Ford, fue visto en Esma por sobrevivientes del exterminio. Continúa desaparecido. Su hermano terminó su testimonio diciendo: “cuando se pierde toda esperanza lo único que queda es el honor. A los que  han perdido el honor antes de hoy, no les queda nada.”

Las búsquedas, las investigaciones, la consecución de pruebas, están perennemente a cargo de los familiares y sobrevivientes. El aporte y contención del Estado son inexistentes. Ellos mismos fueron víctimas del terrorismo de los genocidas.

Alberto Roque Krug, estudiante de sociología y militante gremial del Banco Nación y militante de la juventud peronista, estuvo presente en la audiencia de hoy a través del sentido testimonio de su hermano, Carlos Krug.
Alberto Krug fue secuestrado el 2 de diciembre de 1976 junto a sus compañeros Diego Beigbeder, Norita Friszman y Guillermo Orfanó en la puerta del edificio del barrio de Once donde vivía. Los represores los iban atrapando uno a uno a medida que llegaban, relató el compañero de departamento de Alberto, que pudo escapar de la ratonera. Tanto Carlos Krug como Miguel Cagnoni relataron que los secuestradores les daban pistas falsas sobre sus hermanos, un juego perverso para atormentar a los familiares.

 Otro caso que se ventiló fue el de Alejandro López. En el año 1976, era conscripto, destinado en la Escuela de Mecánica de la Armada. Estando allí, fue llevado al Casino de Oficiales y fue picaneado, acusado de haber con Sergio Tarnopolsky, un militante montonero que realizaba la conscripción en Esma y puso un artefacto explosivo dentro del campo de exterminio. (Cuando los genocidas lo descubrieron, fue secuestrado junto con toda su familia; permanece desaparecido).

Alejandro estuvo secuestrado desde  13 de julio de 1976 por cinco días en "Capuchita", como se denominaba el altillo de Esma donde se hacinaban los prisioneros y donde no estuvo ajeno a las golpizas y torturas que sufrían los cautivos. Pudo identificar a Savio y al Tigre Acosta. De Esma, fue trasladado a una casa ocupada por la Armada, que quedaría en Del Viso. Pasó por la comisaría 2° de la Policía Federal antes de ser liberado junto a otros 5 conscriptos. Allí, otro de los imputados en esta causa, Ernesto “220” Weber, les dijo: “esto es para contárselo a sus nietos, ustedes estuvieron presos en Seguridad Federal”. Lopez siguió cumpliendo el servicio militar hasta agosto de 1977. Pudo dar cuenta que lo que ocurría dentro del Casino de Oficiales, dijo que era vox populi, conocido por todos los que diariamente transitaban por la ESMA.

Lopez contó con lujos de detalle el manejo en el sector automotores, desde donde partían los operativos, y cómo se reparaban los vehículos que robaban a los secuestrados y sus familias. También pudo contar sobre la presencia de grandes helicópteros que aterrizaban en la Plaza de Armas, y desde donde se llevarían adelante también vuelos de la muerte.

En el horror de su relato,  Alejandro recordó que en el Campo de deportes de la Esma se encontraban restos humanos. Allí, es donde se hacían los famosos "asaditos", como los llamaban en su jerga los represores. El kirchnerismo no ha tomado nota del agravio que significa para los sobrevivientes la "apropiación" del término y la usurpación de este espacio de memoria colectiva para el proselitismo de La Cámpora.
Alejandro declaró que de la Esma, "o te ibas por 'vuelo' o por 'parrilla'”.

La "parrilla" había sido construida en la misma herrería de la Escuela, y era trasladada desde automotores, donde cargaban combustible para encender la batea donde incineraría los cuerpos. Alejandro dijo que, desde donde él se encontraba, veía el humo de los “asaditos”. “En su momento, vi algunas vértebras en la orilla. Tiene que ser fines del 76”, agregó.

También habló de una camioneta con camastros conectados a baterías, que tenía criquets que fijaban la carrocería al piso, y que era utilizada para torturar. Una suerte de sala de torturas móvil.

Por su presencia en el sector de ingeniería -ligado a automotores-, conoció al "teniente Vaca", un civil que participó del genocidio y que, en democracia, fue abogado de los represores.

El defensor oficial Lopez Robbio, rescatando la ley de obediencia debida, le preguntó al ex conscripto si  “se podía negar a cumplir una orden de sus superiores”. Lopez, categórico, le respondió que "no debía, pero se podía.” El defensor tuvo que bajar la cabeza.

 A su turno, declaró Alicia Peirano, hermana de Edith, que fue secuestrada el 15 de abril de 1977.  Edith era novia de Rolando Jeckel, quien también se encuentra desaparecido al día de hoy. Edith era abogada y militante de la Juventud Peronista. A partir de una incansable reconstrucción familiar y de testimonios de sobrevivientes, se pudo determinar que estuvo cautiva en la Esma junto a su compañero, Rolando.

De la reconstrucción, surge que Edith estuvo en Esma entre el 15 de abril y el 25 de mayo. Su hermana declaró en el estrado que “a uno como familiar le interesa la fecha. Uno no tiene nada, pero quiere la fecha. Quiere la certeza, quiere el dato. Quiere justicia. Eso quiero”.

Por su parte, Luis Achurra, contó sobre los 15 días que estuvo secuestrado en un lugar que sería la Esma, de acuerdo a lo que pudo calcular por el tiempo de viaje que cubrió cuando lo secuestraron. Fue torturado y las ataduras de sus piernas le produjeron una gangrena que le hizo perder la noción del tiempo y del espacio. Una vez en libertad, tuvo una larga y penosa recuperación.

Finalmente Graciela Sanchez, esposa de Roberto “Pipo” Stéfano, declaró que el 3 de marzo de 1977 su marido fue visto por última vez. Pipo era militante montonero, estudiante de sociología y trabajador del Banco Nación. Había tenido una gran actividad sindical en La Bancaria.  Según los trascendidos, Pipo cayó en un bar de Palermo por una cita "cantada". Dos ex detenidas dijeron haberlo visto muerto. Tenía 28 años.
(APEL)

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